El asalto definitivo

En diciembre se conmemora el 60 aniversario de la Batalla de Santa Clara, uno de los hechos más trascendentes en la Historia de  la Cuba contemporánea.

 

Autora: Migdalia Cabrera Cuello.

En los días finales de diciembre de 1958, la ciudad de Santa Clara vivió los momentos finales de una larga batalla de más de un siglo por su definitiva liberación. Su pueblo apoyaba a los combatientes del Ejército Rebelde para obtener la victoria.

Al amanecer del 28 de diciembre, las fuerzas de la Columna No. 8 Ciro Redondo, que dirigía el Comandante Ernesto Che Guevara, partieron de la Universidad Central. Habían llegado en horas de la madrugada a este lugar, en el que su jefe había establecido la comandancia para comenzar las operaciones sobre la ciudad de Santa Clara.

La marcha inicial, con el pelotón de vanguardia al frente, se vio interrumpida por la presencia de una patrulla enemiga, con la que se intercambiaron los primeros disparos. Poco después se enfrentaban con un carro blindado. En este encuentro cayeron los primeros combatientes: Luis Aníbal Arceo Fonseca, Israel Santos Santos, y Miguel Diosdado Pérez Pimentel, los dos primeros invasores de la Columna N° 8 Ciro Redondo.

Las acciones continuaron cuando los pelotones rebeldes avanzaron hacia las alturas de El Capiro, donde estaban atrincherados soldados de la tiranía que viajaban en un tren blindado, ubicado en la vía férrea central, al pie de la citada elevación. Este enfrentamiento continuó hasta las primeras horas de la tarde del día veintinueve, costó la vida a Ramiro Santiago Rodríguez, invasor, y Antonio Pérez González integrante de la columna 8.

El mismo día 28, las tropas del Directorio Revolucionado, que formaban parte de las fuerzas atacantes, junto con las del Movimiento 26 de Julio, avanzaron por la carretera que une a Manicaragua con Santa Clara, y comenzaron su asedio al Cuartel No. 31 de la Guardia Rural y al Cuartel de Vigilancia de Carreteras (Caballitos), en la intercepción de la Doble Vía y la Carretera Central.

El día 29 ocurrió el descarrilamiento y toma del tren blindado, luego de que las fuerzas de la Columna No. 8 desalojaron de las alturas de El Capiro a las tropas enemigas, y el convoy militar trataba de retornar hacia la ciudad. La captura del tren permitió la adquisición de un importante número de armas y pertrechos militares, lo que reforzó el armamento de los combatientes revolucionarios. Este hecho militar fue, además, un importante golpe moral para los soldados del régimen.

A la vez que estas importantes acciones se producían, los pelotones rebeldes penetraban hacia el centro de la ciudad y comenzaban a atacar posiciones militares y otras edificaciones, donde la jefatura militar de la ciudad ubicó agrupaciones armadas. Así se producían tos ataques a la Jefatura de la Policía, el Gobierno Provincial, el Gran Hotel, la Cárcel y la Audiencia.

Entre tanto la población, movilizada por las organizaciones revolucionadas, y con la participación de las milicias urbanas, respaldaba las operaciones al obstruir tas calles para impedir el movimiento de los blindados, apoyaba a los grupos que actuaban dentro de la capital villareña, daba alimentación a los combatientes y guiaba a los pelotones, muchos de cuyos integrantes, y hasta los propios jefes, no conocían el entramado urbano de Santa Clara.

En medio de la batalla, la población civil sufría los continuos ataques de la aviación del régimen, movilizada desde la mañana del día 28, y de los disparos indiscriminados de las tropas de la tiranía, Lo que acrecentaba el peligro para los ciudadanos, aun aquellos que permanecían en sus viviendas sin salir a las calles.

Combates particularmente encarnizados se libraban en algunas instalaciones, como el Cuartel No. 31 de la Guardia Rural y la Jefatura de la Policía. Varios combatientes cayeron en esos encuentros, entre ellos Los capitanes Roberto Fleites y Roberto Rodríguez, El Vaquerito. Este último era el jefe del Pelotón Suicida de la Columna No. 8. De este joven valeroso apuntaría el comandante Ernesto Che Guevara en su relato sobre la batalla: «…pequeño de estatura y de edad, jefe del «Pelotón Suicida», quien jugó con la muerte una y mil veces en lucha por la libertad» [1].

De forma progresiva se rendían ante el empuje de las tropas del Ejército Rebelde los enclaves enemigos. Los soldados de la Libertad se movían por las calles de Santa Clara respaldados por su población, mientras los militares del régimen trataban de impedir la derrota final. Pero no pudieron evitar que cayeran sus posiciones unas tras otras, en manos rebeldes. Fueron tomados el Gobierno Provincial, el Cuartel de Vigilancia de Carreteras, la Jefatura de Policía y la Cárcel. En el área del barrio El Condado, donde operaba un pelotón rebelde, se paralizó la marcha de vehículos blindados procedentes del Regimiento Leoncio Vidal, que trataban de reforzar posiciones asediadas por los revolucionarios.

En el último día del año los combates se intensificaban alrededor de la Audiencia, el Cuartel del Escuadrón No. 31 y el Gran Hotel. Al amanecer del día 10 de enero, luego de la huida del tirano, izaban bandera blanca los miembros de la Guardia Rural en su cuartel, y poco después se rindieron los militares ubicados en el Palacio de Justicia. También fueron desalojados y hechos prisioneros los que estaban acantonados en el Gran Hotel, donde habían resistido los miembros de los cuerpos más represivos de la tiranía. De igual modo deponían las armas, pero en este caso sin haber combatido, los soldados ubicados en la clínica Marta Abreu y el Aeropuerto. En la mañana del primer día de enero, la ciudad estaba prácticamente tomada. Solo se mantenían sobre las armas los miembros del ejército en el Regimiento Leoncio Vidal.

Desde su comandancia, situada desde el día 29 en el local del Distrito de Obras Públicas en la Carretera a Camajuaní, el comandante Guevara ordenaba establecer conversaciones con la jefatura del citado Regimiento para exigir su rendición, la que quedó acordada luego de dos sesiones de discusión. En este proceso para obtener la rendición enemiga, la jefatura rebelde mantuvo en todo momento su firme determinación de continuar las acciones bélicas si no se producía la entrega del enclave que ocurrió pasado el mediodía del 1ro de 1959. Así Santa Clara quedaba definitivamente libre. La población, que había resistido con estoicismo los combates, los ataques de la aviación, la falta de luz, de agua y alimentos, festejaba en las calles la liberación.

Santa Clara fue la única capital de provincia atacada y tomada durante La Guerra de Liberación. A pesar de lo amplio de las acciones desarrolladas en una ciudad de casi cien mil habitantes, del número de fuerzas implicadas en las operaciones y de los ataques aéreos, el número de pérdidas humanas solo llegó a cincuenta y seis personas, desglosadas en la forma siguiente: trece combatientes revolucionarios, dieciocho de las fuerzas de la tiranía y veintitrés de la población civil [2].

En general, la batalla de Santa Clara, una de las más importantes acciones bélicas de la lucha de liberación, y de extraordinaria importancia en la victoria final contra la tiranía, no dejó un saldo mayor de pérdidas humanas debido a la inteligencia y audacia del Che en la dirección de sus tropas y las medidas tomadas para preservar a la población civil.

Con el triunfo de las armas rebeldes en el ataque a la ciudad de Santa Clara, concluía un ciclo histórico iniciado el 20 de julio de 1876, cuando las tropas mambisas asaltaron por primera vez esta población, sin poder tomarla como tampoco lo logró Leoncio Vidal con su hombrada en 1896. En esta victoria se rendía tributo a aquellos que, en otras condiciones históricas, pero con igual coraje y valor, asaltaron en dos ocasiones a la capital villaclareña durante las guerras por la independencia, y a los combatientes de todos los tiempos, que sembraron de sueños, coraje y sacrificios la villa gloriosa.

Notas

[1] Ernesto Che Guevara. La batalla de Santa Clara. Relato del Comandante Ernesto Che Guevara. En: La Batalla de Santa Clara (compilación). Santa Clara, Editora Política, 1988, p. 23.

[2] Aremis Hurtado Tandrón y Migdalia Cabrera Cuello. La Batalla de Santa Clara: nueva investigación sobre pérdidas humanas. En Islas No. 124. Abril-mayo, 2001. p. 58.

Tomado de: Cabrera Cuello, Migdalia (2010): Santa Clara, hechos y vidas. Editorial Capiro. Santa Clara.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.