Cuando la Revolución entró en Santa Clara

Autoras: MSc. Ibeity Cruz Reyes. Email: ibeity@uclv.edu.cu

                   MSc. Arelys María Pérez Ruiz. Email: arelyspr@uclv.cu

Dirección de Historia y Marxismo, Departamento de Historia de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Cuba.

Introducción.

El primero de enero de 1959, la Caravana de la Libertad entró en Santiago de Cuba y se dirigió a la emisora radial CMKC. Fidel dispuso que se convocara a los santiagueros a un acto masivo en el parque Céspedes donde se informaría, oficialmente al pueblo de Cuba, el triunfo de la Revolución, la conducta a seguir y la proclamación de Manuel Urrutia Lleó como presidente de la República.

Ya avanzada la noche, Fidel se dirigió al pueblo y expresó: “¡Al fin hemos llegado a Santiago! Duro y largo ha sido el camino pero hemos llegado (…) la Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros, sobre todo en esta inicial(…)” [1]

Al concluir su intervención, Manuel Urrutia Lleó prestó juramento como presidente de la República. Mientras, Fidel partió hacia Bayamo y la Caravana de la Libertad tomó su rumbo hacia La Habana para entrar victoriosa en la ciudad capital, justo una semana después, el 8 de enero de 1959. Sus principales líderes, acompañados del pueblo, habían recorrido cientos de kilómetros por poblados y ciudades, siendo vitoreados y aclamados por miles de cubanos que confiarían y se entregarían a transitar por la empresa dura y llena de peligros, como había calificado Fidel a la naciente Revolución Cubana.

Tan importante acción ha sido referenciada por la Historia de Cuba como uno de sus momentos trascendentales. Fragmentos de películas, documentales, fotos aparecidas en periódicos y revistas de la época contribuyen a salvaguardar en la memoria histórica de la nación el recorrido de la Caravana de la Libertad. También es una tradición que jóvenes destacados y representantes del pueblo de diferentes provincias y localidades, reediten el hecho histórico.

Sin embargo, la experiencia de la entrada de la Caravana de la Libertad en la ciudad de Santa Clara y las memorables palabras que concedió el líder histórico de la naciente Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, aparecen poco referenciadas en las bibliografías básicas y de consulta de la asignatura Historia de Cuba, a las cuales deben acceder los estudiantes en sus diferentes niveles de enseñanza.

Desarrollo.

La ciudad de Santa Clara tuvo la primacía de recibir a Fidel y a la Caravana de la Libertad al mediodía del 6 de enero de 1959. Ya en la sede del Gobierno Provincial, hoy Biblioteca Provincial Martí, Fidel concedió una entrevista al periodista de la NBC, Giles S. Gianelloni donde hizo alusión a diferentes temas que se correspondían con el cumplimiento de la Historia me Absolverá o Programa de la Revolución. Al respecto señaló como prioridades: la Ley de Reforma Agraria, el desarrollo agropecuario e industrial, la carrera de Administración y la Reforma del Poder Judicial.

Sin embargo, las mayores emociones estuvieron reservadas para cuando, cerca de las tres de la tarde, Fidel subió a una improvisada tribuna frente al parque Leoncio Vidal y se dirigió al pueblo. Cuentan los testimoniantes que no fue un discurso largo, más bien una intervención esclarecedora acerca de cómo se pensaba hacer la Revolución en su etapa inicial. No fue un regalo de reyes sino un sueño hecho realidad: la “Revolución había llegado a Santa Clara”.

En su alocución, el papel de retroalimentación y de confianza mutua entre el pueblo y su Revolución, el deber de la Revolución de ponerse a disposición del pueblo y la responsabilidad que este adquiriría con ella, se convirtieron en elementos esenciales reiterados de disímiles maneras. Comenzó refiriendo que: “He venido a conversar con ustedes un rato. Desde que el pueblo manda hay que introducir un nuevo estilo: ya no venimos nosotros a hablarle al pueblo, sino venimos a que el pueblo nos hable a nosotros. El que tiene que hablar de ahora en adelante, el que tiene que mandar de ahora en adelante, el que tiene que legislar de ahora en adelante, es el pueblo; es el pueblo el que sufre, es el pueblo el que sabe lo que necesita, es el pueblo quien conoce los abusos y los atropellos que se han cometido contra él. Por algo nuestra Revolución ha triunfado. Ha triunfado porque desde el primer instante el pueblo comprendió que se iba a derrocar la tiranía no para poner otra tiranía, que no se trataba de un cambio de hombres, porque hasta este momento, en los 56 años de casi república, el pueblo no ha gobernado nunca”. [2]

En sus palabras también evidenció que su confianza en el triunfo de la Revolución y por tanto, la apertura de una nueva etapa histórica para su pueblo no eran una utopía ni una quimera inalcanzable. Más bien, era resultado de la obra de un grupo de hombres que comenzó siendo pequeño después del desembarco del yate Granma y del revés militar de Alegría de Pío pero que día a día fue acrecentando su moral; pequeño gigante grupo de rebeldes, que para lograr el anhelado triunfo confió en el hombre y confió en el pueblo. De ahí la gran valía de su reflexión cuando apuntó: “Y cuando una tarde, después del primer revés, me vi con dos hombres y dos fusiles, y estuve 15 días antes de hacer contacto con mi hermano que se apareció con otros cuatro hombres y cinco fusiles, y fueron siete en total los fusiles que volvieron a aparecer, yo estaba tan tranquilo como estoy hoy, porque estaba seguro de que íbamos a ganar la guerra. Sencillamente por una cosa, por una razón: ¡porque creía en el pueblo!; sabía que el pueblo se sumaría, sabía que el pueblo nos prestaría toda la colaboración posible, sabía que miles de jóvenes imitarían nuestro ejemplo, sabía que por cada combatiente que cayera se unirían cien más dispuestos a morir también.” [3]

A pocas días de haber triunfado la Revolución, Fidel se dirigía por vez primera a los santaclareños y les aseguraba que el pasado sombrío de atroces maltratos, persecuciones y asesinatos que habían enlutecido a miles de familias, no volvería a repetirse. Al leer sus palabras, es evidente que el recuerdo de las denuncias hechas al gobierno tiránico de Fulgencio Batista así como a los crímenes cometidos tras los sucesos del Moncada, resumidos magistralmente en su alegato: la Historia me Absolverá, estaban presentes en su memoria cuando rememora que: “Y eso, esas cosas que hemos estado viviendo y sufriendo, se tienen que terminar, porque para eso nos hemos sacrificado, se han sacrificado ustedes. Ahora todo el mundo se interesa por la política, es lógico, porque aquí todo el mundo ha sido insultado por la tiranía. Al que no le han dado un golpe le han dado una bofetada, al que no lo han insultado le han asesinado un hermano, un hijo, un pariente, un amigo, y al que no se lo han asesinado, se ha pasado siete años temiendo que se lo asesinen cualquier día, temor que ya desapareció por completo en nuestra Patria. Por eso hoy todo el pueblo está aquí, porque el pueblo está muy interesado en los problemas de Cuba; y está aquí porque sabe que está gobernando ahora, está aquí porque sabe que tiene que decir la última palabra sobre todas las cuestiones”.  [4]

Coincidentemente Fidel estaba sentando las bases de un conjunto de medidas y transformaciones radicales y de índole sociopolíticas que la naciente Revolución pondría en marcha desde su etapa inicial. En sus palabras a los santaclareños quedaba el aliento de que serían disueltos los partidos políticos y grupos represivos al servicio de la tiranía, el viejo ejército y la policía. Simultáneamente, se iniciaría la depuración del aparato oficial y judicial. Fidel haría partícipe del proceso a su pueblo, anteponiendo al viejo Tribunal de Urgencias el naciente Tribunal de Cuentas y creando los Tribunales Revolucionarios para juzgar y sancionar a los esbirros, chivatos, torturadores y criminales de guerra que amparados en diferentes dictaduras masacraron y asesinaron a miles de cubanos.

Sin embargo, otras medidas muy anheladas le serían anunciadas al pueblo. En breve tiempo, el 7 de febrero de 1959, se establecería la Ley Fundamental de la República que mantendría vigente los postulados básicos de la Constitución de 1940, aquella que a pesar de su carácter burgués también era democrática y popular y garantizaba un conjunto de derechos al pueblo que serían recibidos con beneplácito. Justo un mes después de la entrada de la Caravana de la Libertad y de su líder Fidel en Santa Clara, comenzarían oficialmente a reponerse a sus empleos quienes habían sido despedidos y que tanto habían aportado a la Revolución. El hombre humilde, negro, pobre, podría disponer de un empleo digno al abrirse nuevas plazas. La mujer se dignificaría, podría estudiar, trabajar y al menos ya no tendría que prostituirse para subsistir. Aun faltando algunos meses para que Fidel firmase la más radical y trascendental de las primeras leyes revolucionaria: la ley de Reforma Agraria, se implementaría la ley #3: “Sobre el derecho de los campesinos a la tierra”, la cual había sido aprobada desde la Sierra Maestra, el 10 de octubre de 1958. De ahí el gran significado de sus palabras cuando en el citado discurso citó:

“Y, por lo tanto, esta vez, el gobierno tiene que ser el gobierno del pueblo.  Aquí el que manda de ahora en adelante es el pueblo, y el pueblo tiene que ponerle fin a toda la sinvergüencería. Y vamos a empezar aquí por los municipios:  se acabaron las “botellas”, los privilegios, los favoritismo, se acabó la bolita, se acabó el juego prohibido, se acabó el sargento que cobra cinco pesos, el capitán que cobra diez y el comandante que cobra veinte pesos por la bolita”. [5]

En sus palabras también anunció otras importantes medidas. Entre ellas informó la necesidad de conformar un ejército de pueblo y para el pueblo, representado por el Ejército Rebelde y que el pueblo tendría las armas y sería entrenado en el manejo de estas para defender su Revolución. Refirió como una prioridad, la inmediata conformación de las Milicias Nacionales Revolucionarias y al respecto expresó:

“De la Sierra Maestra vienen conmigo 3 000 guajiros, armados, veteranos de la guerra de liberación, y van para La Habana, y con ellos se va a organizar la división blindada del nuevo ejército de la república, van a tener los tanques y los cañones… Yo les digo a los rebeldes que ninguno de nosotros sabemos nada todavía y que tenemos mucho que aprender…  Porque si ellos hicieron lo que hicieron sin saber nada, ¡cuánto no podrá esperar la patria cuando sepan más de lo que saben hoy!”

(…)ahora todo el mundo va a aprender a manejar un fusil para que el Ejército de la Revolución no tenga 20 mil ni 10 mil, sino tenga seis millones de cubanos dispuestos a defenderla; ¡qué por algo hemos demostrado que en Cuba hasta las mujeres pelean, y pelean bien y pelean a la altura de los hombres!”. [6]

Refiriéndose a los futuros cambios en las instituciones armadas explicó con total transparencia las funciones personales que desempeñaría en los tres cuerpos de las Fuerzas Armadas, además del Ejército Rebelde y expuso que: “El propósito es hacer un nuevo Ejército de la Revolución, tarea que considero que puedo realizar, por la experiencia que he adquirido en estos años de lucha y el conocimiento que tengo de los hombres, y el apoyo que tengo de estos combatientes…por lo tanto, lo que nos interesa, primero, es la razón; segundo, el pueblo; y en último término la fuerza para ponerla junto a la razón y al pueblo..”[7] Así era Fidel, modesto y sencillo en cuanto a méritos y certero en la confianza que sentía por los hombres de pueblo que lo acompañarían en la misión de iniciar la Revolución.

En esa intervención al pueblo santaclareño, Fidel también hizo gala de sus dotes de estratega y gran pensador político cuando mencionó algunas tareas iniciales que tendría la Revolución una vez tomado el poder político y refirió que: “Ahora es cuando la Revolución tiene que empezar, ahora; se acabó la guerra y comienza la tarea conflictiva; ahora es cuando tenemos que lanzar nuestras columnas revolucionarias hacia la toma de todas aquellas posiciones que la Revolución debe trazarse como meta, hacia todos los objetivos en el campo de los obreros, en el campo de los campesinos, en el campo de los trabajadores y en todos los sectores de nuestro país donde hay mucha injusticias que reparar”. [8]

Si bien es cierto que sería para el 15 de octubre de 1960, la fecha en que Fidel daría por cumplido, en lo esencial, el Programa del Moncada, ya desde su histórica alocución al pueblo de Santa Clara, refiere aspectos que demuestran que lo prometido en la Historia me Absolverá, no había quedado en el olvido. Aspectos como el concepto de pueblo, la situación de los distintos grupos sociales, su denuncia a los crímenes de la tiranía antes y durante el Moncada nuevamente serían abordados. Así refirió que: “El tirano ha huido cobardemente y con la tiranía será derrotada no solo el terror, no solo el crimen, sino que serán erradicadas de nuestra Patria las causas que lo originaron, las inmoralidades y las lacras que hicieron posible la permanencia durante siete años de un régimen tan criminal y oprobiosoTenemos que acabar con todas esas lacras y todos esos vicios, para empezar, porque después tenemos que continuar; esto no es nada más que para empezar.  Pero por lo pronto hay que darle una garantía al pueblo de que, en lo adelante, las armas estarán a su servicio; de que, en lo adelante, nunca más en su vida un ciudadano sin armas va a ser agredido por un ciudadano con armas, porque de ahora en adelante todos somos ciudadanos, nada de civiles y militares”.[9]

Sin embargo, una medida de carácter muy popular fue anunciada por Fidel, evidenciando que con la entrada de la Caravana de la Libertad también entraba la Revolución a Santa Clara. Desde ese momento se pensaba en una Campaña de Alfabetización y quizás haya sido por vez primera que el líder cubano lo refiriese como algo imprescindible cuando apenas nacía la Revolución. Al respecto señaló: “La reforma del sistema de enseñanza en Cuba es muy necesaria (…) yo considero que hay que reformar los sistemas de enseñanza (…) hacer un estudio cabal y adoptar planes de estudio ajustados a las necesidades de un Estado moderno, en el siglo XX, y no un método de enseñanza anacrónico por completo” (…). Aquí hay que lanzar un programa de alfabetización. Aquí no debe estar nadie, ningún maestro tranquilo mientras haya un solo ciudadano que no sepa leer y escribir, porque eso es una vergüenza. No puede ser un ciudadano plenamente útil a la patria, aquel que no sepa leer y escribir. Hay que acabar con el analfabetismo para que todo el mundo sepa y conozca sus derechos y, sobre todo, porque el que no sabe leer ni escribir, ¿quién es? El hombre pobre, el hombre humilde, el hombre que más necesita de la Revolución”. [10]

Bien dijo José Martí que quería echar su suerte por los pobres de la tierra y Fidel se encargó de cumplir su precepto. Solo habían pasado seis días del triunfo de la naciente Revolución Cubana y con toda su hidalguía y capacidad de pensamiento se aventuraba a proponer medidas que golpeasen hasta sus cimientos a los reductos del viejo régimen dictatorial que había sumido en la ignorancia, la pobreza y la desesperanza a millones de cubanos. Bastaría que Fidel y la Revolución entrasen en Santa Clara para que miles de personas recobraran la fe en un porvenir mejor y más digno para todos los cubanos. 

        Conclusiones.

  1. El discurso realizado por Fidel durante la entrada de la Caravana de la Libertad en Santa Clara, sintetizó un conjunto de transformaciones, que con inmediatez pondría en práctica la naciente Revolución Cubana.
  2. Importantes medidas quedaron expuestas destacando: la depuración del aparato judicial, gubernamental y militar al servicio de la Revolución, el castigo ejemplar a los criminales de guerra, la confianza en el pueblo y su rol para defender la Revolución, la posibilidad de conformar las Milicias Nacionales Revolucionarias y fundamentalmente, a decir de Fidel: “Yo considero que hay que reformar los sistemas de enseñanza (…) Aquí hay que lanzar un programa de alfabetización”.
  3. Para octubre de 1960 Fidel daría por cumplido, en lo esencial, el Programa del Moncada; sin embargo a solo seis días de haber triunfado la Revolución Cubana, importantes transformaciones y medidas demostrarían su dialéctica renovadora y comenzaría desde entonces, el cumplimiento de sus esencia social.

          Bibliografía

  1. Álvarez. M. y Sergio Ravelo. La victoria de la esperanza. 1958. Editora Política. La Habana. 2009.
  2. Luis. M y Reinaldo Suárez. Gobierno Revolucionario Cubano. Primeros pasos. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 2004.
  3. Cantón J. C y Arnaldo Silva. Historia de Cuba. 1959-1999: liberación nacional y socialismo. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. 2009.
  4. Castro F. Discurso de Fidel del 6 de enero de 1959. Versiones taquigráficas de la oficina del Consejo de Estado y de Ministros. Sitio digital
  5. Colectivo de autores. Historia de la provincia de Villa Clara desde las comunidades aborígenes hasta 1990. Oficina de Asuntos Históricos del Comité Provincial del PCC de Villa Clara. Editorial Feijóo, 2015
  6. M. El Juicio del Moncada: La Historia me Absolverá. Editorial de Ciencias Sociales e Instituto Cubano del Libro. La Habana. 1973
  7. A. Breve Historia de la Revolución Cubana. 1959-2000. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. 2005.
  8. Periódico Vanguardia. 5 de enero del 2019. Artículo: Un Día de Reyes inolvidable. P5.

Citas:

[1] Luis M. Buch y Reinaldo Suárez. Gobierno Revolucionario Cubano. Primeros pasos. P 44.

[2]Discurso de Fidel de 6 de enero de 1959. Versiones taquigráficas de la oficina del Consejo de Estado y de Ministros. P 1

[3] Ibídem. P 2

[4] Ibidem. P 4

[5] Ibídem p 4.

[6] Martha Verónica Álvarez y Sergio Ravelo. La victoria de la esperanza. 1958. P 186.

[7] Ibídem

[8] Ibídem. P 187

[9] Discurso de Fidel de 6 de enero de 1959. Versiones taquigráficas de la oficina del Consejo de Estado y de Ministros. P 6

[10] Martha Verónica Álvarez y Sergio Ravelo. La victoria de la esperanza. 1958. P 186.

 

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