Las elecciones de liberales y conservadores en Zulueta.

Autor: Lic. J. Gerardo Rojas Fuentes. UNHIC. Remedios

IntroducciónParque
Este trabajo pretende dar a conocer hechos protagonizados por los partidos Liberal y Conservador ocurridos en nuestra pequeña localidad de Zulueta, perdida en la geografía de Cuba, contados, fundamentalmente, por la prensa y los libros de historia locales de la época para que en ningún momento parecieran opiniones o exageraciones parcializadas del autor.

Desarrollo
El Partido Liberal surgió en mayo de 1905 como coalición de fuerzas para oponerse a la “brava” reeleccionista del presidente Estrada Palma. La candidatura liberal que resultó mañosamente derrotada fue la de José Miguel Gómez y Alfredo Zayas Alfonso, sus fundadores y máximos dirigentes nacionales.
En Zulueta surge en el mismo año y fue su fundador José Ortiz Carrillo, quien fuera el primer alcalde después de convertirse este asentamiento urbano en municipio en 1910.
La crisis fue ahondándose hasta el grado de que el 22 de septiembre de 1905 fue asesinado por el jefe de la policía de Cienfuegos, en un acto de provocación, Enrique Villuendas, que era uno de los más notorios dirigentes del liberalismo oposicionista en Las Villas. Y, otros hechos e incidentes como el incendio del Ayuntamiento de la vecina y limítrofe Vueltas vaticinaron el tipo de democracia que deparaba al cubano de aquella república muy alejada del legado martiano “con todos y para el bien de todos”.
Los candidatos para las elecciones de noviembre de 1916 fueron, por el Partido Conservador Mario García Menocal, que se reeligió para la Presidencia, y Emilio Núñez para la Vicepresidencia, y por el Partido Liberal Alfredo Zayas Alfonso como Presidente y Carlos Mendieta, Vicepresidente.
El resultado de las elecciones de 1916 era previsible, pues en comicios anteriores en numerosas localidades del país votaron más ciudadanos que en los que en realidad tenía el derecho electoral pasivo: era la consagración del fraude.
Desde el inicio de la campaña reeleccionista los liberales adoptaron una actitud amenazante. Se sucedieron los choques entre grupos de los dos bandos, a lo cual respondió el Gobierno nombrando supervisores militares. Los fraudes, las presiones y los abusos se generalizaron. Calcúlese que votaron mucho más electores que los que aparecieron, posteriormente, en el censo de 1919.
Después del 1º de noviembre comenzó a patentizarse la “brava” electoral. Se produjo el llamado “cambiazo”, porque los cómputos locales no llegaban a la Junta Superior Electoral directamente, como establecía la legislación, sino a través de la Secretaría de Gobernación. Es más, durante muchos días ni siquiera se envió parte alguno. Esto significaba que en la Secretaría mencionada se cambiaron las boletas y documentos que daban el triunfo a los liberales. Por consiguiente, hasta fines de diciembre no se dieron los resultados generales que, como era de esperar, aseguraba el “triunfo” de Menocal.
Hubo violencia de parte y parte y en muchos colegios electorales los liberales tuvieron decidido apoyo del ejército y la guardia rural, cuerpos en los que José Miguel Gómez seguía contando con vivas simpatías pese a las depuraciones que efectuó en ellos el gobierno. En un colegio de Vueltas, el presidente expulsó de la mesa al delegado del Partido Conservador y logró que los soldados que lo custodiaban impidiesen la entrada al lugar de militantes de ese partido. De ahí que al realizarse el escrutinio apareciesen en la urna doscientos votos liberales y uno solo de los contrarios.
El día 2 el Secretario de Gobernación afirmaba: Los liberales no ganaron más provincias porque no las hay. Y hasta el propio Presidente se mostró dispuesto a reconocer gallardamente su derrota. Otra era, sin embargo, la opinión de sus consejeros. Ya el propio día 2 la Secretaría de Gobernación empezaba a suplantar los partes telegráficos dirigidos a la Junta Central Electoral; se sustituyeron todas las boletas posibles y la maquinaria gubernamental abrió una ofensiva a gran escala para negar la victoria del adversario, reconocida por voceros oficiales. Pero ni aun así pudo el gobierno revertir su fracaso. Consiguió a lo sumo reducir el éxito opositor con la anulación de la votación en muchos colegios electorales. El escándalo alcanzó entonces tales proporciones que representantes de ambos partidos, al más alto nivel , concertaron un encuentro donde acordaron reexaminar en la Junta Electoral el resultado de los comicios, y la Junta reafirmó el triunfo liberal en tres provincias.
Apelaron los conservadores al Tribunal Supremo y aunque esa instancia judicial certificó la victoria de los contrarios en Oriente, Las Villas, Camagüey y La Habana la condicionó a elecciones complementarias en Oriente y Las Villas, elecciones que ratificarían de seguro las supremacías liberal. Los menocalistas armaron a los suyos y acusaron de parcialidad al Tribunal Supremo. Menocal, aseguraron, jamás entregaría la presidencia a Zayas.
El 14 de febrero de 1917 se efectuaron las elecciones complementarias en las provincias de Oriente y de Las Villas.
En esa fecha el periódico de circulación nacional LA DISCUSIÓN, expresó:
–Los Conservadores acuden con entusiasmo. –Los Liberales no se retraen.
Hoy se están celebrando las elecciones parciales en LV, tal como lo mandó el Supremo, concurriendo a ellas los conservadores con entusiasmo. Los liberales no se han retraído y, antes al contrario, van a depositar sus votos en los colegios con poca fe, pero con civismo.
Los colegios en los que se celebran las elecciones de hoy, son los siguientes:
1° de Pedro Barba, con 2445 electores.
2° de Pedro Barba, con 178 electores.
1 de Ranchuelo, con 494 electores.
1 de Yaguaramas, con 459 electores.
2 de Purial, con 399 electores.
1 de Guadalupe (El Coco), con 468 electores.
Total: 4443 electores.

Zulueta representó un papel principalísimo en ese corto período tan desastroso para la salud de la Patria; un colegio electoral de su término, el número dos del barrio de Guadalupe, situado en la finca El Coco , fue piedra de escándalo en aquellos comicios.
Ya durante el período electoral se repetían las protestas y se agriaban los ánimos, por la actitud que asumió la Junta Electoral, de la que era Presidente el Sr. Adolfo Jiménez, Juez Municipal, y Secretario Don Tomás Suárez, parciales, ambos, de los candidatos conservadores.
Los máximos dirigentes nacionales de los liberales realizaron una visita al pueblo, reuniéndose en la morada de Pepe Ortiz el General José Miguel Gómez, el Coronel Carlos Mendieta, candidato a la Vice-presidencia de la República, el Dr. Orestes Ferrara, el senador José María Espinosa y otros connotados políticos.
Mendieta y Ferrara visitaron la Junta Electoral, acompañados por los jefes de ambos partidos, candidatos a la Alcaldía, José Ortiz Carrillo y José Sierra González, con el propósito de llegar a un acuerdo para que cesaran las protestas de los liberales; pero el Secretario Suárez les hizo un recibimiento tan fuera de cordialidad que quiso oponerse a que permanecieran en el local.
Mendieta ante esa inesperada actitud del Secretario, ardió en ira; pero calmado por el Dr. Ferrara se volvieron éste, él y Pepe Ortiz para la morada de Ortiz, donde esperaba el General Gómez, impaciente, por conocer el resultado de la gestión.
Los “ilustres” visitantes se fueron de Zulueta llevándose la amargura de una decepción más, en el corazón, y el embrión de un propósito de revolución en el cerebro.
No obstante, a las elecciones concurrieron los dos partidos. Los liberales protestaron que en los colegios rurales la fuerza pública había ejercido coerción, que determinó el retraimiento de muchos de sus electores.
Entre los colegios protestados en aquellas elecciones, estuvo el de El Coco, que se anuló, y se señaló el 14 de febrero de 1917 para celebrar en él nuevas elecciones.
De más estaría referir con todos sus detalles las medidas coercitivas y los atentados a la libertad que se cometieron entonces. Pepe Ortiz, cuando vio que para las elecciones en El Coco, del 14 de febrero, se había construido un bohío de guano, en medio de una manigua, rodeado por una cerca de alambre, con un portillo que no excedía en dimensión al grosor de un hombre flaco, y que a poca distancia vivaqueaba una compañía de soldados, decidió trasladarse a la Habana a dar cuenta al Directorio del Partido Liberal de esos hechos, que prometían una derrota sin precedentes, de sus aspiraciones y de las del Directorio mismo.
Entonces se decidió allá que viniera una Comisión a estudiar sobre el terreno la situación.
Vinieron el Dr. Alfredo Zayas, Candidato a la Presidencia; el Coronel Dr. Carlos Mendieta, el general Guzmán, los senadores José María Espinosa, Berenguer y el Coronel Roberto Méndez Peñate, quienes fueron desde el central Altamira (hoy batey de María Luisa) hasta el término de la línea férrea de ese ingenio, en Zulueta, donde tomaron caballos en unión de los muchos simpatizantes que se agregaron a la comitiva, para dirigirse a El Coco.
El historiador local Alberto Ayala Fernández señala en su libro Reseña histórica de Zulueta, pocos años después:
“La llegada a El Coco fue una escena que no debe perderse en el olvido, para que las generaciones venideras más civilizadas que la nuestra, forme un concepto cabal del progreso que habrán de hacer en el orden moral.
Pepe Ortiz solicitó de la pareja que guardaba el portillo de la cerca de alambre que circunvalaba el bohío el permiso para visitar el colegio; pero el jefe de la pareja tenía órdenes terminantes de no dejar pasar a nadie y, por lo tanto, le dijo que sólo por sobre su cadáver podrían pasar. Pepe Ortiz le manifestó que los visitantes eran los candidatos a la primera magistratura de la República y del Término; pero ni con esa; el soldado, impertérrito les negó el derecho que tenían aún como simples ciudadanos.
Mendieta interrogó a Zayas, diciéndole: ¿qué podemos esperar, Dr., después de esto? y Zayas respondió: siempre he creído que no debe irse a la revolución; pero ante esta realidad, me parece que la revolución está decretada”.
En el Álbum Histórico de Zulueta, de 1952, se expresa que en el colegio electoral de El Coco se “decidió la presidencia de la República a favor del General Menocal, en su reelección”, sin hacer ningún comentario crítico sobre la realidad de este hecho fraudulento y bochornoso.
En realidad la revolución se decretó como afirmara Zayas en el colegio de El Coco con las elecciones fraudulentas de “bravas” y “cambiazos”. Los liberales, acaudillados por José Miguel Gómez, se alzaron en armas, en la llamada revolución de “La Chambelona”, contra el gobierno conservador de Mario García Menocal en febrero de 1917.
La Chambelona fue el himno de los liberales, creada en el vecino municipio de Camajuaní por Rigoberto Leiva. Esta música recorría el país de extremo a extremo inflamando los ánimos de la oposición.
Antes del 14 de febrero ya existían zulueteños alzados, porque el 12, en un acto de rebeldía, se apagó el alumbrado público de Zulueta y se alzó un nutrido grupo de liberales de este pueblo. También lo hicieron, después de lo de El Coco, José Ortiz Carrillo, candidato a Alcalde “derrotado”; el Alcalde Suplente Rafael Loyola y el Tesorero Municipal, Sr. Ángel Ruiz.
El levantamiento de Zulueta fue sonado y costó muchas vidas, algunas inocentes.
Este hecho conmovió al destacado pintor de zulueteño, Carlos Enríquez, escribiendo sobre estos sucesos el cuento La fuga, basado estrictamente en hechos, personajes y lugares reales de la localidad.
En algunos fragmentos se relatan momentos difíciles y espeluznantes vividos por hombres y mujeres de su pueblo, y también su esclarecido pensamiento:
“¿Y el General?
–¡A ese no le hacen ni pío si lo agarran! Pa nosotros hay como 20 varas de cabuya…”.
“Otro grito del Neno lo puso fuera de sí.
¡Calla a esa criatura!—rugió.
Palmenia tapó la boca, la nariz, la cara del niño, con toda su mano, con toda su fuerza. La mirada de Nacho la había estremecido. Sin voluntad, obedecía las órdenes de quien sabía listo a jugarse la vida por un capricho, pero incapaz de arriesgar inútilmente la de aquellos que aceptaban su mando. Sintiéndose culpable, enajenada, apretó aún con más fuerza sobre la tierna cara del niño. Sus ojos se nublaron como cuando se bañaba en el río y veía las cosas turbias dentro del agua, se le oprimía el corazón…y apretó más fuerte”.
Dos días después, uno de los diarios gubernamentales en La Habana, daba la siguiente noticia:
“En un feroz encuentro sostenido cerca de Pirindingo, las fuerzas del gobierno destrozaron una numerosa partida de alzados. Entre los cadáveres abandonados en el campo por el enemigo, se recogió el del bandolero y jefe de la partida, Nacho, llamado el de la Calórica por haber nacido en un cuarto de máquina en el poblado de Zulueta. El cadáver fue trasladado al citado pueblo”.
Ese mismo día, 8 de marzo del propio año 1917, cogieron a Gómez en Caicaje con toda su escolta y con muchos zulueteños, entre ellos Pepe Ortiz y Rafael Loyola. Al General le dieron un esmerado tratamiento de militar, sin tocarle un pelo. A los muertos no se les dio importancia. Meses después, en el 18, hubo una amnistía para los participantes en “La Chambelona”.
Pepín Sierra, del Partido Conservador, tomó posesión de la Alcaldía el 21 de febrero, entregándosela el único concejal que quedaba del anterior consistorio; los demás habían renunciado o se marcharon a la revolución de “La Chambelona”
En la primera sesión del nuevo Ayuntamiento el asunto más importante que se trató fue el de la adquisición de una caja de caudales, pues la existente, descerrajada ante un notario y autoridades judiciales, no ofrecía garantía de seguridad.
En esta caja se encontró $1.20 (un peso con veinte centavos) en moneda fraccionaria y algunos documentos, y según cuentas debían aparecer en ella $6381.44 pertenecientes al municipio y $1002.57 del Consejo Provincial. Lo que no se esclareció fue si el defalco del tesoro municipal lo realizó el consistorio saliente, Liberal, o el entrante, Conservador, por lo poco escrupuloso de los políticos de turnos.
Sucedieron otras elecciones con mucho más de lo mismo.
En 1920 obtuvo la mayoría de votos para la Alcaldía Agustín Sierra González, hermano del anterior Alcalde, José Sierra González, que fue elegido Representante a la Cámara. En las elecciones de ese año hubo varios incidentes lamentables, siendo el de más resonancia un encuentro entre liberales y conservadores, que se batieron a tiros en el lugar donde se encuentra hoy la shopping, frente a la farmacia, resultando gravemente lesionado el jefe de la policía Sr. Rafael Rojas. Hubo algunos civiles también heridos, tanto por la fuerza represiva como por los bandos contrarios.
También, años después, en una disputa, a mano armada, entre miembros de ambos partidos contendientes, en un bar del pueblo llamado “El Centro” intervino la guardia rural, masacrándolos, con un balance de un niño limpiabotas muerto y varias personas heridas.
Cuando asimilamos estos hechos, cuando los interiorizamos, nos damos cuenta de que estamos ante unas elecciones multipartidistas, o mejor dicho, bipartidista, donde existió un candidato presidencial por el partido Liberal y otro por el partido Conservador; que hubo un Colegio Electoral custodiado por una pareja de la Rural y una compañía acampada; que existía una Junta Electoral Municipal y una Junta Suprema. Un sistema de comunicaciones para enviar los cómputos locales a la Junta Suprema y un Tribunal Supremo a quien apelar por presuntas irregularidades
Ahora… ¿nuestro idioma castellano, español, sería capaz, resistiría conceptualmente, de llamar a eso, o calificarlo de democracia…de elecciones democráticas?
Ni por asomo. Habría que apelar a otro idioma: al de la politiquería, al de la hipocresía, al del doble rasero.
Las elecciones se sucedieron a través de los años republicanos y otros hechos similares, inherentes a aquel sistema, también se sucedieron.
Lo peor de todo, lo más lamentable, ha sido que a generaciones de zulueteños –hasta nuestros días– se les ha hecho creer que en un momento de la historia de nuestro antiguo municipio se decidieron, aquí, unas elecciones presidenciales, sintiendo un sano orgullo por ello. Y, aquel libro, de limitadísima edición, escrito por un maestro de escuela, de la época, que relata con toda veracidad aquel acto, aquel hecho bochornoso, nunca llegó, ni ha llegado a divulgarse en ninguna de nuestras instituciones locales.

Bibliografía
• Álbum histórico de Zulueta. Las Villas. 1878 a 1952.Pedro Peña Rodríguez y otros.
• Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios. José Andrés Martínez—Fortún y Foyo.
• Contar a Cuba, una historia diferente. Ciro Bianchi Ross
• Cuba. 1900 a 1952. La República dividida contra sí misma. Joel James Figarola.
• Cuentos rurales cubanos del siglo XX. Pilar A Ferreiro
• La fiesta de los tiburones. Reinaldo González.
• La república: dependencia y revolución. Julio Le Reverend.
• Reseña histórica de Zulueta. Las Villas. 1923. Alberto Ayala Fernández.
• Prensa local de la época:
– Semanario El Pueblo”.
– Heraldo de Zulueta
– La República.

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