Autor: Gerardo Rojas Fuentes. UNHIC. Remedios.
Según el Diccionario, ruina es sinónimo de destrucción, de devastación, de desastre, de cataclismo, de calamidad… y eso fue precisamente lo que vimos con dolor, con vergüenza, y por qué no, con indignación, el poeta amigo y yo cuando visitamos el pasado miércoles 14 de noviembre el histórico Fuerte de Tetuán
Fortificación militar construida por el Gobierno Español como parte del sistema defensivo de la villa de San Juan de los Remedios durante la Guerra de los Diez Años. Ubicado a unos dos kilómetros de Viñas y cercano a la localidad rural de Rojas, sobre el antiguo Camino Real de Remedios a Puerto Príncipe.
Fue construido entre finales de 1868 y principios de 1869. La fortificación respondía al trazado de un reducto cerrado, compacto y cuadrangular, en forma de torre y con una sencilla distribución en planta cuadrada, con sólidas paredes de ladrillo y mampuesto ordinario con cubierta de madera y tejas. Contaba con dos plantas, con una puerta en la planta baja y tres aspilleras horizontales por cada una de sus caras en la planta alta. También funcionaban como aspilleras para el tiro los espacios entre las soleras de remate de los muros y la estructura de madera dura del techo. Sus muros de cierre exterior eran más gruesos en la base y se hacían más estrechos a partir de unos dos metros de altura para volver a aumentar el grosor a la altura del remate de los muros en forma de moldura en una composición visual que los integraba a los aleros de la cubierta de madera y tejas. La estructura del entrepiso y la escalera de acceso al mismo eran de madera dura.

La toma de este fuerte, además de su efecto inmediato como victoriosa acción de guerra, fue una acción militar estratégica al abrir la libre circulación para las tropas insurrectas por el norte de las provincias de Las Villas y Camagüey. Por esta misma razón el ejército español siempre fue celoso de su defensa, no obstante, a pesar de su fortaleza constructiva y de la intencionada ubicación de sus aspilleras, el 23 de septiembre de 1874 cayó en manos de las tropas mambisas, dirigidas por el entonces Comandante Francisco Carrillo. Siendo el héroe de esa acción el valeroso teniente Jesús Crespo Moreno.
Martí inmortalizó al Fuerte Tetuán y al héroe de esta acción con su relato “El teniente Crespo”, basado en los recuerdos de Carrillo contados al Apóstol.
“El día grande, que en piedra se ha de escribir, fue el de la toma del fuerte de Tetuán. A Carrillo le dolía que el fuerte aquél, que se alzaba orgulloso en el limpio, camino del Príncipe, tuviera de defensores a los hombres remedianos. Que el de afuera oprima, bueno, porque es de afuera; pero ¡que un hermano se ponga al servicio del que acuchilla a su hermano! De breña en breña se van descolgando, sigilosos, los noventa hombres de Carrillo, agachándose, saltando, alargándose los fusiles, hasta que acaba el seborucal, donde se ve ya el fuerte. Era pelea de lujo, y Carrillo iba con Crespo al lado, deslizándose por las piedras, con el oído puesto al aire. Una cerca, la saltan. Por entre tiros llegan al fuerte que ha cerrado las puertas…Allá, al pie de uno de los torreones de la esquina, Crespo, de pie en un poyo, escala la torre con ayuda de Carrillo. Ase el borde abierto, y por la boca le dispara adentro a los remedianos el fusil; todos los rifles le apuntan, y él se echa entre ellos, “solo contra toda España”. A filo de machete se abre paso; taja la masa viva; con el puño aturde a uno, y con la hoja corta a otro; y cercado de sus enemigos, con una mano al cerrojo y otra al arma, abre la puerta. De la remetida no quedó bombero”.

Mi amigo, el poeta acompañante, miró silencioso y con cierta nostalgia aquella destrucción, aquella devastación, aquel desastre… Su cuerpo vibró, no sé si de dolor, de ira o de impotencia. De sus labios brotaron sus versos como mordidos. En mi mente o en mi corazón se clavaron para siempre estos, los que permearon mi sensibilidad: “Crecí contemplando tu erguida derrota/tu vencido orgullo/Pero estabas allí, solemne, simbólico/guardando en tu memoria tu épico pasado (…) No quiero dejar de verte, de verte erguida/Maestra, fortaleza, historia/Continente de héroes y de memorias/Te estoy agradecido/me enseñaste amar más a Martí/a odiar al mercenario/y a conocer la historia”.
Los dos callamos, y para que yo comprendiera el porqué de su estado de ánimos me extendió su mano y en ella apareció su documento de identidad: “Pedro Mesa Montes de Oca, hijo de Paulino y de Laura, natural de TETUÁN”.
BIBLIOGRAFÍA
–EcuRed Portal v 1.5. 2011-2012 (Fuerte Tetuán. Remedios)
–José Martí, Obras Completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba; 1963. Tomo 4, pp. 367-368.
–Máximo Luz Ruiz: El fuerte de Tetuán y Jesús Crespo Moreno. Página Web de Radio Caibarién.





Sobre el autor