Santa Clara, con 330 años de fundada, ha tenido en cada época quien se ocupe de preservar su historia. Personalidades como Manuel Dionisio González o Manuel García Garófalo tuvieron la capacidad de hacer perdurar, desde la historiografía, los valores intangibles de la villa y su gente.
La MSc. Hedy Águila Zamora ha seguido la tradición de ese grupo de investigadores que dedicaron su vida al estudio de nuestra historia local. Con más de tres décadas en esta labor, su trayectoria y capacidad han sido reconocidas al ser nombrada, el pasado 21 de abril como Historiadora de la Ciudad de Santa Clara
«En la ciudad tuvimos un primer historiador en el siglo XIX, Manuel Dionisio González, al cual nadie nombró historiador, sino que la propia dinámica de su trabajo y el propio pueblo lo convirtieron en ello. Eso sí, escribió una historia con calidad, por eso se le considera el primero.
«Esa Memoria histórica de Santa Clara se terminó en el 1858, se publicó dos años más tarde y luego no se habló nunca más de este tema hasta que, a principios del siglo XX, el gobierno local le dio a Manuel García Garófalo Morales, que era el bibliotecario de la primera biblioteca pública de la ciudad y periodista que trabajaba el tema de la historia, la tarea de escribir una historia que partiera de donde Manuel Dionisio la había dejado. Desde entonces, no existe un estudio de la ciudad hasta mucho tiempo después.
«Después hubo otras personas a las que el pueblo consideraba historiadores, como Florentino Martínez. Era un trabajador del Ayuntamiento, encargado de atender las comisiones pro-monumento y escribió varios libros de historia local, entre los que destaca la mejor biografía que existe de Marta Abreu. Fue un buen historiador realmente, pero no se conoce que hubiese una decisión gubernamental de oficializarlo como tal».
— ¿Cuál fue el tratamiento de la historia local luego del Triunfo de la Revolución?
— Con el triunfo de la Revolución se crearon Comisiones de Historia en los Partidos provinciales y municipales. En nuestra ciudad hubo una comisión que escribió una Historia de Santa Clara. Ese texto fue un magnífico trabajo que se mecanografió con lujo de detalles, pero nunca se publicó. Pasaron muchos años y desde finales de la década del ochenta en que se terminó esa investigación, se quedó engavetada. De hecho, estaba en la Sala de Fondos Raros de la Biblioteca provincial y todo el que quería lo consultaba, algo que deterioró muchísimo el documento. Hasta que en el año 2010 se publicó por la Editora Historia del Instituto de Historia de Cuba, como parte de un proyecto que comprendía todas las historias provinciales y municipales.
«Completar esa Síntesis histórica municipal de Santa Clara fue bien difícil, porque muchos de los especialistas que habíamos trabajado en la anterior, no estaban presentes. Debimos revalorizar algunos hechos históricos y personalidades, a partir de nuevos estudios, pero se tuvo en cuenta el gran trabajo anterior para la esencia de este. Eso es lo que existe hoy como historia oficial de la ciudad. Se presentaron ambas — municipal y provincial— en un gran evento en el Teatro La Caridad».
— ¿Cómo surge la idea de tener un historiador de la ciudad?
— La figura del historiador de la ciudad se expande a raíz de que, al morir Emilio Roig de Leuschering, Eusebio Leal asume esa posición de Historiador de La Habana y, como parte del mismo proyecto surge la idea de ubicar uno en cada una de las primeras villas de Cuba. Esto tuvo un gran apoyo por parte del Comandante en Jefe y se ejecutó así. También ha influido mucho el hecho de que, a partir de los años setenta del siglo pasado, se les presta mucha atención a las historias locales, pues se sabe que a partir de estas se pueden revalorizar algunos aspectos importantes de la historia nacional.
«Por la importancia de Santa Clara como ciudad capital de provincia y una de las más grandes del país, la Unión de Historiadores de Cuba comienza a pedir que existiera un historiador aquí. A causa de ello se propone a Ovidio Cosme Díaz Benítez, especialista del archivo local y profesor de Historia.
«Aunque el gobierno local estuvo de acuerdo y se creó su plaza adscrita a la Dirección Municipal de Cultura, nunca se creó una sede para el historiador y su equipo, a causa de las carencias económicas del país. Hubo varias propuestas, pero nunca se concretó ninguna. Ovidio hacía el trabajo en su casa o en el archivo, donde pudiera, y por eso creó una Comisión de Colaboradores, de la cual yo formaba parte».
— ¿Cuál era su función durante el tiempo en que se manejó la figura de Díaz Benítez como historiador?
— Yo fui la más cercana a él, por ser profesora del Centro de Superación para la Cultura y trabajar cerca del archivo. Todo el tiempo libre que tenía se lo dedicaba a las investigaciones de la ciudad, en una época donde era bien difícil realizar este tipo de trabajo, pues no había computadoras, ni la mitad de las comodidades que ahora tenemos. Cuando Ovidio decidió trasladarse hacia La Habana por una necesidad familiar, yo me quedé con ese proyecto, porque era quien impartía clases de Historia Local. Reorienté mi trabajo a esa tarea, hice una preparación en el Instituto Superior de Arte y me mantuve en esa línea hasta que llegó mi jubilación y pasé a ser coordinadora de la Unión de Historiadores.
«En el 2015 pasé a trabajar en la Dirección Municipal de Cultura, ocupando una plaza que se creó para promotores culturales desde la Historia en específico. Durante ese tiempo, la colega Esther Almeida y yo retomamos el proyecto de la Oficina del Historiador, sin nombramiento alguno y de una manera un poco anónima, podría decirse. Simplemente queríamos hacer el trabajo y la Dirección de Cultura nos dio la autorización para ello. Junto con Adrián Pastor Quesada —subdirector del sector y uno de los candidatos que propusimos en su momento para ser el Historiador— revisamos el proyecto otra vez y desde entonces hemos trabajado en la historia local, priorizando siempre los temas más necesarios».
— ¿Cuáles son algunos de estos temas tratados?
— Estuvimos un año entero trabajando los conmemorativos, luego nos enfocamos en los aniversarios cerrados y uno de ellos era la Escuela Normal para Maestros, que no tenía historia escrita y cumplía su centenario. De esa manera, hemos completado algunos objetivos que nos trazamos al comienzo de este proyecto, pero desde el punto de vista de la actividad sociocultural: en las escuelas, en las bibliotecas, en la Casa de la Ciudad y otros lugares que las personas han solicitado.
«También creamos, en el 2017, la Cátedra Marta Abreu, un viejo sueño de la época de Ovidio. Esta tiene una serie de actividades y una de ellas está bien consolidada: se realiza todos los días 13 de cada mes en el Parque Vidal con la participación de los alumnos de la Escuela de Arte. El principal objetivo es refutar algunas informaciones falsas que circularon durante un tiempo, las cuales desacreditaban la figura de la benefactora y su esposo Luis Estévez».
— ¿Qué mecanismos se siguieron para proponerla como historiadora de forma oficial?
— Yo soy miembro del ejecutivo provincial de la Unión de Historiadores de Cuba y, en ocasiones, sus objetivos de trabajo coinciden con mi labor como investigadora dedicada a estudiar la ciudad. Por eso, esta institución siempre me apoyó como propuesta de historiadora. Yo incluso me dediqué a conversar con personas que para mí reunieron los requisitos para este cargo. Debía tener una trayectoria larga en este tipo de estudios, porque esto no se aprende en dos días. Por ejemplo, yo llevo 32 años impartiendo docencia con estos temas y esto me ha ayudado mucho. Incluso hoy, tengo dudas y busco su aclaración con otras personas. Uno no se lo sabe todo, ojalá pudiera. Ojalá la vida me alcanzara para aprender todo lo que me falta.
«La Unión de Historiadores hizo la propuesta al gobierno municipal. Todos sus miembros dieron sus criterios. Mi currículo llegó a sus manos para ser analizado. Es muy largo, no porque sea muy buena, sino porque soy vieja (sonríe). Ellos aprobaron que fuera yo la que ocupara este cargo.
«Yo no tenía ni idea de lo que sucedía, sólo me habían pedido el currículo. Luego me explicaron cuál fue el proceso que siguieron. La dirección municipal de cultura también aprobó la decisión, porque es nuestro órgano de relación. Un día por la mañana me llaman para que esté lista al día siguiente para una actividad en el centro de convenciones Bolívar. En esa asamblea se trató un punto destinado a dar a conocer públicamente la decisión del gobierno de Santa Clara con respecto a su historiador. Así, el 21 de abril fue mi designación oficial en el puesto».
— ¿Sorprendida por la decisión?
Como es a eso a lo que me dedico no me sorprendió tanto que me escogieran. Yo acepté esta responsabilidad porque a mí me gusta mucho trabajar la historia de la ciudad. Es a lo que orienté mi vida. Agradezco mucho esa confianza.
— ¿Se siente lista para enfrentar semejante reto?
Algunas personas estuvieron preocupados por mi edad. Mientras tenga salud a mí no me preocupa, pero sí sé que debo preparar mi equipo y para que sigan este trabajo. Esto no es tema para ponerse triste. Pero sí preparo a una joven de mi equipo, que recién terminó su adiestramiento, para que pueda seguir esta labor cuando yo no pueda.
— ¿Qué pasos siguen al de definir un historiador?
Lo que he hecho durante muchos años en el plano personal ahora pasa a ser un trabajo desde una institución como la oficina del historiador. Esa oficina aún no está, es asunto del gobierno dar ese paso que, por lo que tengo entendido, debe ser en la Casa de la Ciudad. Luego sabremos la cantidad de personas que formarán parte de la oficina, aunque ya tengo mi equipo.
— ¿Qué acciones está realizando su equipo de trabajo ya luego de su designación como historiadora en el marco del 330 aniversario de la fundación de Santa Clara?
— Llevamos alrededor de cuatro años con el tema de informatizar las investigaciones para la docencia. Así podemos utilizar otras técnicas para llegar a los más jóvenes. En estos momentos estamos impartiendo un curso sobre Historia local en saludo al 330 aniversario de la ciudad.
«Todos los jueves estamos abiertos a los interesados en la biblioteca provincial para darle nuevos conocimientos al pueblo sobre la ciudad. Hasta el momento ha tenido muy buena acogida e incluso han venido personas de otros municipios. Es un curso muy moderno basado en elementos audiovisuales y contenido digital.
«Quiero aclarar una cosa porque existen nociones erróneas sobre este trabajo. El tema del historiador ha despertado una expectativa alrededor del sistema constructivo de la ciudad. Nosotros llevamos la historia, no la arquitectura, la limpieza o el embellecimiento, aunque incidimos en ellos. Existen las instituciones que tienen estos objetivos de trabajo como el centro de patrimonio y sus arquitectos, comunales y otras instituciones. Claro está que deben consultarnos cuando se traten temas históricos. Por ejemplo, una vez que funcione la oficina del historiador, no se debe de velar una tarja sin que se nos consulte. El objetivo es que el lugar sea el indicado históricamente.
«Por ejemplo, ya mandamos a hacer una tarja en la casa natal de Ramón Leocadio Bonachea. También estamos trabajando con una gran cantidad de sitios históricos de la ciudad que no tienen señalamiento y no se conoce su importancia. Además, nos interesa mucho tener una vinculación con la prensa para dar a conocer estos temas. A mi equipo de trabajo no le compete construir un edificio, ese es contenido de otras instituciones, aunque sí nos interesa respetar la historia de un lugar que se restaura».
— ¿Cómo celebra nuestra historiadora este aniversario de la ciudad?
— Si vamos a ver la cifra habitantes de la fundación, de 174 a 175 personas aproximadamente, hoy somos 246,067 habitantes en el municipio. La villa que luego se convirtió en ciudad, el 12 de mayo del año 1867, ha evolucionado mucho. Esta expansión demuestra que Santa Clara crece con su historia. Volver a la historia no te permitirá crecer por sí solo, pero nunca debemos olvidar esos orígenes, nuestro nacimiento.
«Nuestra ciudad nació el 15 de julio de 1689 y ese lugar debe ser sagrado para nosotros. El 330 tiene una peculiaridad: antes el 15 de julio no llegaba a todos los consejos populares, a la periferia. Este año las actividades se extienden a la mayoría de los barrios. El nacimiento de la ciudad es de todo el mundo. Es una historia que no es sólo del historiador de la ciudad, pertenece a todos porque todos aportan a ella».
«Nuestra ciudad nació el 15 de julio de 1689 y ese lugar debe ser sagrado para nosotros. El 330 tiene una peculiaridad: antes el 15 de julio no llegaba a todos los consejos populares, a la periferia. Este año las actividades se extienden a la mayoría de los barrios. El nacimiento de la ciudad es de todo el mundo. Es una historia que no es sólo del historiador de la ciudad, pertenece a todos porque todos aportan a ella».
Artículo tomado del Sitio “4 Caminos”
Muy buena entrevista, como las cosas de la nueva antigua historiadora de la ciudad. Desde aquí un beso y sabe cuanto la queremos.
Vladimir





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