Autora: Dr. C. Ileana María Echevarría Aldama
Hay hombres que trascienden su tiempo histórico y su ámbito de acción, y eso ocurre porque son hombres de su tiempo, su pueblo se ha puesto en ellos vibrantes y triunfantes con su hora de génesis. Y así ha ocurrido con José Martí y con Fidel Castro.
José Martí vivió en la segunda mitad del siglo XIX cuando la nacionalidad cubana era ya una realidad que había dado importantes muestras de vida, vivió la encrucijada del paso del capitalismo a su fase imperialista y pudo percibirlo en toda su magnitud. A tal punto que pudo definir algunos de sus rasgos más significativos y lo hizo antes que Lenin. Pienso que tenía un sentido del momento histórico increíble para un hombre de su entorno
Fue tan clarividente que en carta a Gonzalo de Quesada le dijo:
“…Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella?” (Martí, 1975: OC T. 1: 251) y Fidel Castro los sacó, eso no se lo podrán perdonar nunca.
Es decir, supo prever el significado de la existencia del imperialismo para la América y para Cuba, qué actuales sus palabras cuando hablaba de la famosa Unión Monetaria Americana, antecedente del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y del Acuerdo Transpacífico, explicaba que dos naciones que no tienen intereses comunes no pueden juntarse; cuando un pueblo invita a unión a otro, podrá hacerlo con prisa el estadista ignorante y deslumbrado, podrá recibirlo como una merced el político venal o demente y verificarlo con palabras serviles, pero el que siente en su corazón la angustia de la patria, ha de inquirir, y ha de decir, qué elementos componen el carácter del pueblo que convida y del convidado, no puede haber deslumbramiento en las propuestas de libre comercio, tras ellas se esconden otros propósitos y son de dominación.
Recuérdese que en memorable carta a su amigo Manuel Mercado afirmó:
“Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, – puesto que lo entiendo y tengo fuerzas con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”. (Martí, 1975, OC t.4: 167)
Los conocía muy bien.
¿Qué pensó para Cuba? Pensó o soñó con un país realmente libre, sin dependencias externas, una república democrática, con todos y para el bien de todos, pero no debemos confundirnos con esta frase, todos para Martí eran los hombres de buena voluntad, los que lucharon en el 68 y los pinos nuevos que librarían la nueva guerra, la guerra necesaria, generosa y breve. Y Fidel lo explicó de la siguiente manera en nuevas condiciones históricas:
“No puede haber patria si no es una patria para todos, como la quería Martí, porque Martí no empleó el concepto con sentido marxista, pero sí con un profundo sentido de justicia y de igualdad entre los hombres cuando hablaba de la patria de todos y para el bien de todos. ¿Qué significa el bien de todos? ¿Acaso el bien de los latifundistas, de los terratenientes, de los grandes ricos, de los grandes magnates y nada para el hombre humilde, el hombre del pueblo? ¿Cómo puede haber el bien de todos con discriminación de la mujer o la discriminación racial, con la explotación del hombre por el hombre? …” (Castro, 1992 Discurso en el XX Aniversario del Destacamento Pedagógico)
Este fue el sueño de Martí y que Fidel cumplió, dar al pueblo esa patria libre, con todos y para el bien de todos, sin ataduras a ningún poder extranjero.

Fue José Martí un hombre adelantado para su época, creó, por primera vez en la historia un partido para alcanzar la independencia, para hacer la revolución, el Partido Revolucionario Cubano, un partido, no dos, no tres. Un partido solidario, concebido para hacer la independencia de Cuba y auxiliar a la de Puerto Rico.
¡Qué bella tradición nos dejaba!
Concibió la independencia como un valladar para evitar que los Estados Unidos se extendieran por la América. Así daba prueba de su sentido de la historicidad, del tiempo histórico, de ahí que su proyecto político se convirtió en bandera de lucha de la nueva generación que emergió en Cuba en la década de 1920 del siglo pasado, no por gusto Julio Antonio Mella vivió con la idea de escribir un libro sobre él, darlo a conocer, pues el proyecto martiano de república aún estaba por hacer.
Fidel Castro aseguraba que conoció a José Martí y se hizo martiano en el bachillerato, que en ese período el pensamiento de Martí ejerció una enorme atracción hacia él. En su famosa entrevista concedida a Frei Betto, conocida como Fidel y la Religión afirmó:
“Claro, yo antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano, lo voy siendo desde el Bachillerato: no debo olvidar la atracción enorme del pensamiento de Martí. Yo fui siempre también un profundo y devoto admirador de las luchas heroicas de nuestro pueblo por su independencia en el siglo pasado”. (Betto, 85:158-159)
Prueba de esa admiración e influencia se pone de manifiesto en las acciones de la generación del Centenario del Apóstol, incansable batalladora frente a la tiranía que trata de capitalizar el homenaje al héroe, y que tiene en Fidel a su líder indiscutido. Cuando se produce el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Bayano y es juzgado por aquellos hechos no duda en afirmar en la primera sesión del juicio que el autor intelectual de los hechos era José Martí. ¿Qué implicaciones tuvo esto en los acontecimientos posteriores?
Tal impacto tuvieron sus palabras que más tarde cuando se preparaba para defenderse sus carceleros no le permitieron el acceso a libros de José Martí, como si fueran subversivos. Esto no pudo evitar que en su alegato de autodefensa lo citara alrededor de diecisiete veces. La primera para denunciar lo ya mencionado y es tal su apasionamiento y sentido martiano que dice:
“…Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos”. (Castro, 1993:34-35)
Me estoy refiriendo a uno de los momentos más duros de la vida del Líder cubano, aquel en que había sido derrotado o al menos así lo creían sus captores, que no se daban cuenta que al darle la palabra para defenderse estaba exponiendo por primera vez su programa de lucha, el que el pueblo haría suyo y más tarde bajo su guía llevaría a la práctica.
Pero si me lo permiten voy a volver atrás, voy a hacer una retrospectiva de vida. José Martí escribió a su madre el 25 de marzo de 1895, cuando se disponía a salir para Cuba, para la guerra que había invocado:
“Hoy 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Vd. Yo sin cesar pienso en Vd. Vd. se duele en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Vd. con una vida que ama el sacrificio? Palabras no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre”. (Martí, 1975 OC t.20: 475)
Creo que aquí hay una lección ética que también está presente en Fidel Castro, no por gusto en sus entrevistas a Katiuska Blanco recuerda con tanto cariño a sus padres y cómo aprendió de ellos una ética de servicio, un sentido de la justicia y de ayuda a los necesitados, algo tan presente en la vida y el actuar de Ángel Castro.
Campesino muy pobre, de Galicia, que en Cuba se hizo terrateniente y al decir de Fidel fue un hombre muy generoso, en él todos los necesitados encontraban ayuda, nunca le negó a alguien un puesto de trabajo en su finca aunque no hiciera falta, siempre trataba de ayudar y sus hijos se criaron junto a todos los niños pobres del lugar, sin muchas diferencias entre ellos.
También Fidel recibió una educación familiar que tenía por base la ética y la solidaridad, en ese medio se inició el desarrollo en él de una ética de servicio. Allí se formaron sus sentimientos y valores como la rebeldía, el sentido de la dignidad personal y de la justicia social. En aquel medio conoció la pobreza de los otros, y las injusticias del mundo, solo él pudo estudiar entre todos sus amigos de la infancia. Aquel fue el punto de partida de una autodidacta concientización revolucionaria que tuvo su primera orientación en las obras de José Martí y en la historia nacional.
Él mismo declaró que no tuvo ningún preceptor que le enseñara ideas políticas, cómo entró en contacto con las ideas revolucionarias y sus primeros conocimientos sobre la historia de Cuba y el pensamiento martiano. Al respecto señaló:
“Yo digo que en el pensamiento martiano hay cosas tan fabulosas y tan bellas, que uno puede convertirse en marxista partiendo del pensamiento martiano. Claro que Martí no explicaba la división de la sociedad en clases; aunque era el hombre que siempre estuvo al lado de los pobres, y fue un crítico permanente de los peores vicios de una sociedad de explotadores” (Betto, 85:159)
Pero también hizo suya la idea de que el deber de un hombre está allí donde es más útil, de ahí que dedicara toda su vida a la Revolución que ideó y lideró.
Su alegato de autodefensa por los hechos del 26 de julio de 1953, conocido como La historia me absolverá tiene un espíritu martiano que no solo está en las menciones a Martí y las citas a sus textos, está en el espíritu político del documento, en su carácter de denuncia, de decir y hacer solo lo que en cada momento se debe y puede hacer, lección vareliana que llegó a Martí por Mendive y a Fidel por el Apóstol cubano.
Pienso que también el texto de la autodefensa de Fidel es profundamente antimperialista sin mencionar al imperialismo. ¿Por qué afirmo esto? Pues se trata de un programa de liberación nacional, contentivo de una propuesta de leyes y medidas que iban contra la dominación imperialista en Cuba. Aquel programa proponía entregar la tierra a los colonos, sub-colonos y otros y hasta una reforma agraria, y ¿cómo hacer esto sin afectar los intereses imperialistas si las grandes compañías norteamericanas eran dueñas de miles de caballerías de tierra?
¿No resultarían afectados los intereses yanquis si el 30% de las utilidades de las empresas, incluidos los centrales azucareros, sería otorgado a los obreros y empleados? De igual forma si los colonos pudieran tener el derecho a participar del 50% del rendimiento de la caña. Y qué decir de la idea de nacionalizar el trust eléctrico y telefónico. ¿Cómo no recordar que José Martí en los documentos fundadores del Partido Revolucionario Cubano alerta sobre el imperialismo y no lo menciona por su nombre? Las tácticas son similares.

Otro aspecto no menos importante está en el basamento histórico del texto, todo sustentado en un sentido patriótico y de deuda con el pasado, con los luchadores por la independencia. Continuamente Fidel invoca a los padres fundadores de la patria, a Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo, destaca sus virtudes, narra sus hazañas, explica por qué fracasaron aquellas revoluciones. Destaca las virtudes de los héroes y como Martí les rinde permanente tributo.
Resalta un hecho muy significativo de nuestra historia, que por su carácter abominable el pueblo ha recordado siempre y al que Martí prestó una especial atención, el crimen del 27 de noviembre de 1871, cuando fueron fusilados los 7 estudiantes de medicina y con este compara los crímenes de la tiranía los días 26, 27, 28 y 29 de julio de 1953, diciendo que había sido multiplicado por diez y hasta cita los hermosos versos de Martí a ellos dedicados:
“Hay un límite al llanto sobre la sepultura de los muertos, y es el amor infinito a la patria y a la gloria que se jura sobre los cuerpos, y que no teme ni se abate ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra.
Y luego exclama en palabras también de Martí:
[…] cuando se muere
En brazos de la patria agradecida,
La muerte acaba, la prisión se rompe;
¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!” (Castro, 1993:86)
Esta denuncia de los crímenes perpetrados por la tiranía es comparable con la denuncia de lo que era El presidio político en Cuba y que magistralmente Martí realizara en texto de igual título. Lección martiana que nunca ha abandonado al líder de la Revolución y que ha sabido utilizar en disímiles circunstancias.
Este documento expresa la madurez de su pensamiento revolucionario, su creatividad, espíritu crítico, el respeto y la admiración por las tradiciones revolucionarias del pueblo cubano; así como la capacidad para articular estas con la experiencia del movimiento revolucionario marxista de la época.
Al decir de Atilio Borón “… aquel discurso es un discurso realmente martiano de vuelta hasta la médula y que me parece a mí que abre el camino luego, a una reflexión posterior que enriquece notablemente el pensamiento marxista. ¿Con qué? Con un componente ético y humanístico que ciertas versiones del marxismo habían dejado de lado verdad, cayendo en un reduccionismo economicista, productivista, que empobreció al pensamiento marxista, por eso creo que la obra de este Martí del siglo XX y parte del XXI que ha sido Fidel, ha enriquecido notablemente el pensamiento marxista dotándolo de un horizonte ético que no estaba ausente en Marx pero sí estuvo ausente en muchos de sus continuadores…” (Borón, Panel Martí y Fidel, continuación de pensamiento y acción)
Estando en prisión estudiaba las obras de José Martí y en ellas se encuentran subrayadas aquellas que más le impresionaban y que guiaban su actuación ética y revolucionaria. Al leerlas se puede ver que todas se refieren a la patria, al deber revolucionario, a la ética y eso indica total identificación, no solo de ideales, sino de vida.
Más adelante en todo el proceso revolucionario y en la vida Fidel Castro siguió la ruta política martiana, qué si no fue su recorrido por los mismos centros de la emigración que antes había recorrido Martí, como acto de simbolismo y compromiso. Cifraba sus esperanzas en el pueblo, de ahí prevendrían los recursos para la nueva guerra necesaria, no de los poderosos.
Fundó un movimiento político para hacer la revolución, sin ataduras a los partidos tradicionales y más tarde creó un partido, continuador del Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí; él ha dicho que en Cuba el Partido no hizo la Revolución, sino que la Revolución creó el Partido, y Fidel es la Revolución.
Este es el asunto más criticado y atacado por los enemigos de esta, el sistema unipartidista, el más firme e importante garante de la continuidad de la Revolución, una de las más importantes lecciones martianas, no por gusto Fidel lo recordó en el acto con motivo del centenario de las luchas de nuestro pueblo por la independencia el 10 de octubre de 1968, cuando afirmó que:
“Martí hizo un partido -no dos partidos, ni tres partidos, ni diez partidos-, en lo cual podemos ver el precedente más honroso y más legítimo del glorioso Partido que hoy dirige nuestra Revolución: el Partido Comunista de Cuba, que es la unión de todos los revolucionarios, que es la unión de todos los patriotas para dirigir la Revolución y para hacer la Revolución…” (Castro, 1973: 138)
Precedente y tradición martiana que los enemigos de la Revolución tratan de negar. La necesidad de la unidad como garantía de éxito, nuclear a los hombres y mujeres de acción dispuestos a luchar por el bien común. Algo que entronca con el concepto de pueblo expresado por Fidel en el citado documento, cuando se refiere a los trabajadores, obreros de la ciudad y el campo, pequeños agricultores, maestros, profesionales jóvenes, desempleados: la gran masa “…que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje”. (Castro,1993: 54)
En ese pueblo depositó Fidel toda su confianza, como antes lo hizo Martí, toda la estrategia de la Revolución se basó en el pueblo, en sus ilimitadas energías morales, en la enorme fuerza revolucionaria que se encierra en él. Y ese pueblo buscó los recursos y los integrantes del destacamento inicial para comenzar la lucha.
El espíritu del Héroe Nacional cubano estuvo presente en la tarea enorme de allegar los recursos y sacrificios necesarios e indispensables para el combate y la obra revolucionaria posterior. Sin embargo, no hubo un rechazo a otras clases, capas y sectores sociales en el derrocamiento de la tiranía y el restablecimiento de las libertades y derechos democráticos. Precisamente, uno de los aspectos en que presentan mayor identificación estos dos genios revolucionarios, es el de la estrategia y la táctica políticas y, en primer lugar, en el problema de la unidad de acción contra la tiranía.
No por gusto Fidel reiteradamente habló al pueblo de los avatares históricos sufridos por Cuba cuando nos ha faltado la unidad, alcanzarla, sostenerla y fortalecerla ha sido una de sus tareas más arduas y ejemplares; para ello, entre otras cosas ha valorado en múltiples ocasiones la genialidad de Martí al agrupar a todos los patriotas en un solo partido revolucionario, ha explicado como batallaron infructuosamente por la unidad los revolucionarios cubanos a lo largo del siglo XX y ha expresado que la generación de revolucionarios que lideró luchó y conquistó la unión, que es pilar y conquista de la Revolución.
Otra de las aristas del pensamiento martiano que ha marcado con creces la vida y la obra del Fidel Castro es el sentido de la justicia social, la convicción de para quiénes se realiza la Revolución, Martí planteó que echaba su suerte con los pobres de la tierra y Fidel que esta la Revolución que encabezaba era la de los humildes, por los humildes y para los humildes.
El espíritu martiano está también en la capacidad mostrada por Fidel Castro para superar y enfrentar los reveses, desde el Moncada que planteó fue una derrota militar, pero una victoria política hasta cada uno de los reveses y momentos difíciles por los que ha transitado la Revolución, no vaciló en asumir la responsabilidad por cada obra, por cada paso, aun cuando no diera los frutos esperados, como la zafra de los Diez millones.
Su confianza en el pueblo se puso de manifiesto no solo en la lucha armada, sino también en las más disímiles circunstancias, durante la construcción del socialismo. En él la idea martiana de que lo primero en política es aclarar y prever y que en política lo real es lo que no se ve se aprecia reiteradamente desde la premonición de agresiones, hasta el augurio de que la Unión Soviética podía desaparecer y cuál debía ser la respuesta y la actitud de los cubanos, los sacrificios a los que nos veríamos enfrentados y el pueblo respondió con creces y eso es espíritu martiano. Si no, recuérdese el caso de Fernandina, cuando todo parecía perdido, Martí se repuso, salió de su habitación y solo dijo: “Ahora, a otras formas. Se nos espera, y será. Yo no miro a lo deshecho, sino a lo que hay que hacer” y solo 20 días más tarde firmaba la orden de alzamiento.
En general hay una actitud ante la vida que distingue a estos dos hombres que no pueden ser soslayadas: la subordinación de su conducta a los principios revolucionarios, a los más altos valores morales; el rechazo a cuanto signifique eludir el cumplimiento del deber; la conjugación del más grande heroísmo con la más natural sencillez, y su entrega total a la causa de la redención de su pueblo, y de todos los pueblos.
En estos años de Revolución Fidel nos educó e inspiró en los principios éticos y morales martianos, en su intransigencia revolucionaria y en sus geniales enseñanzas. Con él asumimos aquellas convicciones que Martí expresara de las más diversas maneras, algunas desde temprana edad. Hoy me parece importante recordar, ante nuevos retos y la guerra de símbolos que se nos hace aquella frase que aparece en su poesía La bailarina española, “… no sé, si está la bandera, yo no puedo entrar”.
La continuidad de ambos pensamientos y vidas ejemplares debe ser objeto de estudio e inspiración permanente para los jóvenes cubanos, ellos son uno de los más valiosos tesoros con que contamos, no permitamos que sean sustituidos por símbolos sin sentido, esa es una guerra que hemos de ganar, que ellos, como símbolos mantengan un lugar cimero, que no nos pueda ser arrebatado o sustituido.
Quiero terminar con una idea de Fidel, citada por Katiuska Blanco que me pareció genial: Martí es como un árbol que crece. (Blanco, Panel Martí y Fidel, continuación de pensamiento y acción). Reguemos ese árbol para que cada día sea más grande y frondoso, mientras más lo estudiemos, más crece, y crece con Fidel Castro.
Bibliografía
Blanco Castiñeira, Katiuska. (2011) Fidel. Guerrillero del Tiempo. Conversaciones con el líder histórico de la Revolución Cubana. Casa Editora Abril. La Habana.
______________________. (2003). Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz. Casa Editora Abril. La Habana.
Borón, Atilio. Blanco C. K., Betto, Ramonet, I, Prieto, A., Mayor, F. Panel Martí y Fidel continuación de pensamiento y acción. En formato digital.
Castro Ruz, Fidel. La historia me absolverá. (1993). Edición anotada. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana.
Castro Ruz, Fidel. (1979). Discurso en el centenario de la caída en combate del Mayor General Ignacio Agramente. En: De La Demajagua a Playa Girón. Editorial de Ciencias Sociales. Ciudad de La Habana.
Guerra, F., Concepción, M, Hernández, A. (2004). José Martí en el ideario de Fidel Castro. Centro de Estudios Martianos, La Habana.
Martí, José. (1975). Carta a Gonzalo de Quesada. OC. T. 1. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
__________. (1975). Carta a Manuel Mercado. OC. T. 4. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
_________. (1975) Carta a su madre. OC. T. 20. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.





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