Fidel Castro y la educación antimperialista del pueblo cubano

Autores: Dr. C. Ileana María Echevarría Aldama y MSc. Lorenzo Alonso Gallardo.

Introducción

La obra de Fidel Castro Ruz como revolucionario táctico y estratega, líder multifacético y educador social ha tenido proyecciones que desbordan las fronteras  de su tiempo histórico y el limitado espacio territorial del archipiélago cubano, para erigirse en una de las personalidades mundiales más relevantes de los últimos dos siglos. De particular relieve es el desarrollo de una oratoria política sistemática en la que ha abordado disímiles temas, con el fin de educar a su pueblo, explicar el proyecto transformador y fundamentar la política en función del mismo. En tan magnas tareas la posibilidad se ha hecho realidad gracias a su condición de intelectual de amplísima cultura humanística y la asimilación de la herencia y las mejores tradiciones del pensamiento cubano y universal, lo cual refleja en el conjunto de sus textos.

Se convirtió en un educador social, que contribuyó ampliamente a la educación del pueblo cubano a través de sus textos, generalmente orales y expuestos en la tribuna pública. De esta forma desarrolló una obra educacional en el sentido amplio de esta, como fenómeno social caracterizado por la transmisión de experiencias, en este caso de un individuo a un pueblo, como factor necesario para un cambio trascendental en la vida y desarrollo de la sociedad cubana.

Se identifica como textos de Fidel Castro al conjunto de sus intervenciones públicas y documentos escritos, partiendo del concepto de Holiday, citado por Ruiz Iglesias “Un texto es un acto oral o escrito, ideacional, discursivo e interpersonalmente coherente”[1] – que en el pensamiento del líder de la Revolución cubana remarca la consagración a la liberación social en sus vínculos con los enemigos históricos de Cuba, particularmente el imperialismo.

Fidel Castro ha hecho de la lucha antimperialista el propósito de su vida, pues tempranamente comprendió que esta debía ser la condición precedente  fundamental para la consecución de una patria decorosa, justa y próspera; en esencia nueva, en consonancia con lo expresado por Roig de Leuchesering (1961): “… un estado de pleno decoro nacional, de soberanía total, en que la independencia política se sustente en la independencia económica. Y que sean los adalides de este gran movimiento de liberación aquellos que no ciñan su concepto antimperialista a las fronteras de la tierra natal, sino que sintiendo, como Martí sintió “con entrañas de humanidad” quieran el fin de todo sojuzgamiento, de todo  imperialismo…”[2]

Visto a partir de estos antecedentes, se asume el antimperialismo como: la oposición al reaccionarismo burgués del imperialismo ya sea en sus expresiones  económicas, políticas o ideológicas; a todo tipo de colonialismo, neocolonialismo o dependencia y el rechazo a la tutela política, la injerencia y el militarismo frente a la Patria  y la humanidad, asumiendo la necesidad de derribar la dominación imperialista.

La presencia sistemática y recurrente del pensamiento antimperialista es eje temático del pensamiento y la acción de Fidel Castro. Es en la dirección de la relación de este antimperialismo y cómo sus reflexiones al respecto contribuyen a la educación del pueblo en este valor, durante su larga estancia al frente de los destinos de la revolución que propone encauzarse el siguiente trabajo, como precedente de  empeños mayores, pues en este como en otras facetas del pensamiento fidelista existe una fuente de inagotables posibilidades para el ejercicio del estudio y el análisis histórico, que permitan develar el proceso de contribución a la conformación de una conciencia antimperialista.

La utilización de la historia de Cuba en la educación antimperialista del pueblo cubano

Para este análisis es necesario partir del concepto de conciencia, que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua es “la propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta, el conocimiento interior del bien y del mal y el conocimiento reflexivo de las cosas”.[3]

De otra parte, “La conciencia  -según Guadarrama, P,- citando a Carlos Marx… nunca podrá ser otra cosa que el ser concientizado, y el ser de los hombres es el proceso real de sus vidas”.[4] Es así que Fidel Castro se levantó por encima de las demandas de su situación particular individual de hombre para consagrarse al cumplimiento de fines sociales, lo que explica la dejación de lo propio y la capacidad de ofrendar la vida –incluso,- en función de ideales patrios e internacionalistas.

Si bien en Cuba fueron  apreciables las manifestaciones del pensamiento antimperialista  desde antes de la presencia martiana en la lucha y en particular a través del ideario, la obra y la acción de figuras tan prominentes de nuestra historia posterior como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras Holmes, es presumible afirmar  que en el pueblo como masa no había una conciencia antimperialista a partir del conocimiento amplio y profundo de este fenómeno económico y político y sus efectos para  el país: de ahí la importancia que se atribuye  a la labor de Fidel Castro para lograr el  conocimiento del mismo por el pueblo, en sus largas, y exhaustivas peroraciones al respecto, una vez que triunfó la Revolución cubana en 1959.

Fidel Castro se formó como hombre e intelectual cuando en Cuba se imbricaban las ideas de independencia nacional con lo más avanzado del pensamiento universal, el marxismo leninismo. Contó con una sólida educación general integral, un conocimiento profundo de la obra de José Martí, de la Historia Universal y de Cuba y tuvo la  experiencia vital de la explotación del hombre por el hombre y sus expresiones en el campo cubano, así como el sometimiento al imperialismo en el plano económico y el papel lacayístico de los gobiernos de turno.

Todo ello le permitió formarse con un sentido de rechazo a la dominación imperialista que Cuba padeció durante más de seis décadas y poder trasmitir sus ideas al pueblo cubano a través de sus textos orales y escritos, fundamentalmente una vez que llegó al poder al frente de una revolución triunfante.

Sin lugar a dudas desde la tribuna ha contribuido a la educación antimperialista del pueblo cubano. En el alegato de autodefensa en el juicio que se le siguiera por los hechos del Moncada el 26 de julio de 1953 ya se aprecia esta contribución. En el citado documento, sin mencionar la palabra antiimperialismo es observable ese sentimiento, expresado en el análisis de los problemas que padecía el país y las medidas y leyes revolucionarias que adoptaría el movimiento que dirigía si llegaba a triunfar. Muchas de las problemáticas se vinculaban a la dominación imperialista en las peculiares condiciones de un país dependiente con estructuras neocoloniales que exigía transformaciones profundas.

En este orden son destacables los pronunciamientos acerca de la ley de reforma agraria, la industrialización, la nacionalización y otras medidas que era imposible adoptar sin una acción que afectara los intereses del imperialismo norteamericano en el país, pues eran las grandes compañías yanquis las principales dueñas de las riquezas de este.

Quienes no vieron esto en aquel documento y hablan de revolución traicionada estaban ciegos o no quisieron ver, porque al decir del propio Fidel Castro en fecha tan temprana como el 1 de enero de 1961

 “La Revolución cubana tenía que chocar, necesariamente, con el imperio poderoso. ¿Hay algún ingenuo en este mundo que se crea que se podía hacer una reforma agraria, privar de la tierra a las grandes compañías imperialistas sin chocar con el imperialismo? ¿Había algún ingenuo en este mundo que creyera que se podían nacionalizar los servicios públicos sin chocar con el imperialismo? ¿Había algún ingenuo que creyera que se podía aspirar a tener una economía independiente y una vida política independiente sin chocar con el imperialismo? [5]

Así, pone en evidencia la inevitabilidad de la confrontación al estar en presencia de una revolución verdadera y de un imperialismo que antepone sus intereses a cualquier opción que de alguna manera afecte los intereses de los grandes monopolios, verdadero poder en las naciones ricas del planeta.

Su rechazo al reaccionarismo burgués del imperialismo se ha expresado a través de importantes reflexiones acerca del significado de la política imperialista a lo largo de la historia de Cuba, al leer sus textos se aprecia el rechazo a la tutela política impuesta a Cuba por los Estados Unidos durante la ocupación militar que se derivó de la intervención durante la guerra de independencia. Para el caso de Cuba se confirmaban las tendencias advertidas por Lenin. V. I.: la reacción en toda la línea y la intensificación del yugo colonial, dominación en vez de libertad, todo ello combinado con el poder del capital financiero y la sustitución de la democracia  burguesa por la reacción política, acompañada de corrupción, soborno, venalidad y violencia al descubierto.

Expresión clara de ello es su alocución al pueblo el 2 de enero de 1959 cuando ante el golpe militar en la capital expresó:

    “… esta vez no será como en el 95, que vinieron los americanos y se hicieron dueños del país; intervinieron a última hora y después ni siquiera a Calixto García, que había peleado durante 30 años, lo dejaron entrar en Santiago de Cuba…”[6]

En su memorable discurso en el centenario del inicio de las luchas por la independencia expresó refiriéndose a estos hechos:

“Al pueblo no se le hizo verdadera conciencia de eso, ¿quién podía estar interesado en hacerle conciencia de esa monstruosidad? ¿Quiénes?… ¿Qué nos enseñaron en la escuela? ¿Qué nos decían aquellos libros de historia sobre los hechos? Nos decían que la potencia imperialista no era la potencia imperialista, sino que lleno de generosidad, el gobierno de Estados Unidos, deseoso de darnos la libertad, había intervenido en aquella guerra, y que como consecuencia de eso éramos libres”.[7] Ello era una ironía, a todas luces, si se considera el modelo de actuación imperialista, que partía de un experimento continental a fines del siglo XIX e inicios del XX.

Este tema fue recurrente en varias intervenciones públicas con el fin de esclarecer el papel de Estados Unidos en la historia de Cuba, educar al pueblo en la idea de que no fueron salvadores, sino oportunistas, y despertar el sentido de la dignidad ante la afrenta a Calixto García.

Con mucha fuerza explica cómo fue impuesta al país la  Enmienda Platt como mecanismo que cercenó la soberanía cubana, y cómo fue utilizada para frenar toda acción  de lucha contra los gobiernos de turno ante la amenaza de intervención, convirtiéndola en un mecanismo paralizante.

Sobre ella argumentaba:

“… Y se implantó la Enmienda Platt, que, o nos portábamos bien, bien en el sentido y en el concepto que le interesaba  al país extranjero, o nosotros, pues perdíamos nuestra soberanía, pues los Estados Unidos tenían el derecho de intervenir en Cuba”.[8] En reiteradas ocasiones abunda en lo que esto significó para el país en términos de soportar la corrupción de los gobernantes, pues quien se opusiera corría el peligro de ser tachado de no ser patriota ya que otra actitud llevaría a la intervención, es decir se promovía un espíritu conformista ante la dictadura.

En esta línea de pensamiento también se aprecia la preocupación del Líder cubano de desenmascarar la política económica de Estados Unidos con respecto a Cuba. En este sentido destaca cómo funcionó la política inversionista norteamericana que le permitió apoderarse de las mejores tierras, centrales azucareros y muchos otros renglones, llega incluso a recordar las posiciones de Manuel Sanguily en oposición  a la venta de tierras a los extranjeros,  a tal punto que afirma que no se concibe un país libre cuya economía es de extranjeros; expone con cifras la evolución de esta economía para demostrar cómo se fueron apoderando de todo lo que pudiera rendir beneficios. En fin considera esta política como una nueva colonización de Cuba, ahora por los Estados Unidos, y bajo el manto de la Enmienda Platt que le otorgaba derechos excepcionales de intervención en los asuntos cubanos.[9]

Un lugar significativo lo tuvieron en su oratoria las  largas reflexiones acerca del funcionamiento de los instrumentos de dominación más importantes utilizados por Estados Unidos en Cuba, como los Tratados de Reciprocidad Comercial de 1903 y 1934, sobre ellos destacó cómo estos pusieron en manos norteamericanas todo el comercio en total desventaja para la nación, explicando el tema a partir de las cifras de las rebajas arancelarias que tanto les beneficiaron y convirtieron a Cuba en un apéndice estadounidense.

Las interioridades de la Ley de Cuotas y su funcionamiento en favor de los intereses del imperio en el colofón del ciclo revolucionario de los años treinta. En relación con este tema destacan sus análisis sobre la política azucarera expuesta con detalles al pueblo en ocasión de las agresiones yanquis de los primeros momentos los que le permitieron demostrar cómo esta había sido utilizada en reiteradas ocasiones para el beneficio de los poderosos y no del pueblo y ahora era esgrimida de nuevo como un arma de presión y chantaje, que eran expresiones del reaccionarismo burgués.

Estos aspectos eran de raro dominio por el pueblo cubano, y su tratamiento por el líder revolucionario ponía en evidencia la verdadera esencia de la dominación imperialista durante más de 60 años en la combinación sojuzgamiento económico- vasallaje político.

Sobre este asunto volvió en una de sus más largas y enjundiosas reflexiones publicada en 2007 El Imperio y la Isla Independiente en la que hace un exhaustivo análisis de las circunstancias y condiciones en que se produjo la intervención imperialista en Cuba, la imposición de la Enmienda Platt y la Base naval en Guantánamo, y enfatiza cómo su presencia ha sido utilizada con un sentido de humillación para el pueblo cubano. Además, abunda acerca de la utilización de esta en distintos momentos de nuestra historia, incluso hasta una fecha reciente como después de derrumbe de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

Las relaciones Estados Unidos- Cuba constituyen también un tema recurrente en los textos de Fidel Castro, y las analiza desde la historia de su desarrollo en distintos momentos, se destacan los análisis que realiza de la posición de aquel país con respecto a la independencia de Cuba, ya fuera que esta procediera de la solidaridad bolivariana, o de la lucha del pueblo, así como la actitud adoptada frente a la actividad de los revolucionarios cubanos en diferentes épocas.

Destaca el apoyo norteamericano a la corriente anexionista, el no reconocimiento de la beligerancia de los cubanos durante la Revolución del 68 y los hechos y circunstancias en que se produjo la intervención durante la de 1895, donde el compromiso asumido sirvió solo para demostrar una dicotomía en la posterior actuación.

Otra línea de pensamiento que contribuyó al desarrollo de una conciencia antimperialista en el pueblo cubano desde los primeros momentos del triunfo revolucionario fue la denuncia del apoyo que de Estados Unidos recibiera el dictador Fulgencio Batista, argumentando cómo recibió la colaboración del imperialismo norteamericano en cuanto a proporcionarle armamento moderno que fue utilizado para agredir a la población, en particular a la campesina, a través de los bombardeos en la Sierra Maestra durante la guerra liberadora,  que tantas vidas costó entre la población civil.

Para Fidel Castro la lucha contra el imperialismo se convirtió en el más fuerte propósito de su vida, al contemplar aquellas imágenes. Así lo expresó en memorable carta a Celia Sánchez Manduley donde afirmó:

“Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.[10]

Sus denuncias de la política imperialista también se expresaron con relación a la posición de los organismos  internacionales, pues en reiteradas ocasiones aludió ante el pueblo cómo nunca se reunió la Organización de Estados Americanos (OEA) para condenar al régimen de Fulgencio Batista y mucho menos para sancionarlo por su política de genocidio contra el pueblo cubano y sin embargo es utilizada esta para acusar y agredir a la revolución triunfante que solo ha tomado medidas de beneficio popular y definido una política propia, renunciando a la tutela de Washington.

Otro tema de interés esencial expresado por Fidel Castro en torno a la política imperialista hacia Cuba está relacionado con la política cultural: que a todas luces trataba de imponer por diversas vías lo que para los círculos de poder de Washington era un modelo superior y de forzar un sentimiento de inferioridad como complejo, venida ya de larga data.  Calificó a esta política como colonialista, al afirmar:

“…La gran realidad es que había un sistema entero dedicado a dirigir la mente de nuestros conciudadanos en el sentido que más convenía a determinados intereses y que la influencia cultural que recibíamos era tan evidentemente antinacional y anticubana, que los cubanos hemos vivido bajo influencias extrañas…” [11] y que en respuesta a ello había que fomentar la dignidad.

El antimperialismo fidelista ante todo tipo de colonialismo, neocolonialismo o dependencia en rechazo a la tutela política, la injerencia y el militarismo frente a la Patria   y la humanidad.

En cada momento del desarrollo de la Revolución Fidel Castro analizó ante el pueblo la política norteamericana, sus incidencias en la vida nacional y las motivaciones de estas en cada uno de los momentos vividos. Estos textos son hoy testimonios insoslayables de la historia de las relaciones entre ambos países y de la política de principios seguida por Cuba y su máximo líder a partir de 1959.

En ellos aparecen importantes valoraciones del líder de la Revolución acerca de las actitudes del imperialismo con respecto a la vida política, económica y social cubana dada la permanente confrontación ante la pertinaz idea de destruirla o de ejecutar un cambio de régimen por llamarle como peyorativamente se dice hoy.

No es posible estudiar la historia de la revolución en el poder sin recurrir a estos materiales, verdaderos testimonios de uno de los actores más significativos de su desenvolvimiento

En ellos se encuentran las bases y argumentos necesarios para conocer la política de principios de la Revolución cubana en cada una de sus etapas, y las posiciones con respecto al reaccionarismo de su política hacia esta, en cuanto a hechos económicos, políticos y sociales.

En los años iniciales de la Revolución, dígase 1959 y la década  1960 dejó testimonio de la política norteamericana hacia Cuba, explicó cada uno de sus pasos para interferir el normal desarrollo del país, aun cuando las decisiones revolucionarias no afectaran directamente sus intereses en el país, y fue alertando acerca de estas, denuncia la intromisión en los asuntos internos y los intentos de revertir los profundos cambios introducidos en la vida económica y social.

Significativas son sus denuncias acerca de las medidas de carácter económico que dirigidas a la reducción de la cuota azucarera, primero y su supresión después, así como la conspiración junto a las compañías Esso, Texaco y Shell para dejar al país sin combustible y por tanto hacerlo infuncional y las advertencias acerca de la necesidad de defenderse ante tales acciones ponen a la población y al mundo ante los argumentos que justifican las medidas de respuesta.

De igual forma procede cuando denuncia las agresiones, ataques piratas, violaciones de la soberanía, el papel del imperialismo en la formación y avituallamiento de bandas armadas en el interior del país, y sin embargo es el agredido quien sufre las sanciones de organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos.

Punto culminante de esta serie de denuncias la tiene su largo y recordado discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde denunció la hostilidad de Estados Unidos hacia la Revolución cubana, detalló las agresiones de que el país estaba siendo objeto y hasta anunció las posibles respuestas de Cuba ante ellas.

Principales denuncias presentadas:

  • El abrigo dado en Estados Unidos a los principales criminales que habían ensangrentado al país.
  • El apoyo de Estados Unidos a la dictadura derrotada.
  • Amenazas de reducción o suspensión de las compras de azúcar que Estados Unidos hacía  a Cuba.
  • Lanzamiento de bombas sobre centrales azucareros y población civil.
  • La posición de la Organización de Estados Americanos (OEA) que en lugar de condenar al agresor condenaba al agredido.
  • La subversión organizada y financiada por el imperialismo contra el país.

Esta posición fue reiterada en sus diferentes intervenciones públicas, poniendo al pueblo al tanto de la política de hostilidad y planteando respuestas contundentes que fueron desde dichas denuncias hasta la adopción de las más importantes y trascendentales medidas que fueron rompiendo las ataduras neocoloniales que padecíamos y transitando hacia un modelo socialista de forma acelerada.

La tribuna pública fue el escenario democrático que avaló por grandes masas de pueblo la política interior y exterior de la Revolución, una de las principales muestras de ello fueron la I y II Declaración de La Habana. En la primera Fidel  denuncia la política imperialista y los métodos utilizados para lograr la condena a Cuba en la reunión de la OEA en Punta del Este y reitera la colonización de que fue víctima el país desde la ocupación militar norteamericana en 1899 con la imposición de la Enmienda Platt como principal mecanismo de control para la naciente república.

No solo refiere la política norteamericana hacia Cuba sino que también aborda la  oposición al reaccionarismo burgués del imperialismo, a todo tipo de colonialismo, neocolonialismo o dependencia y el rechazo a la tutela política, la injerencia y el militarismo frente a la Patria  y la humanidad, a través de múltiples referencias a la historia de los países latinoamericanos y caribeños, cuando rememora las agresiones yanquis a México, Nicaragua, Santo Domingo, Haití y Guatemala, este último objeto de una acción indirecta al utilizar las fuerzas reaccionarias internas lideradas por Castillo Armas, quien actuó al servicio norteamericano, en particular de la United Fruit Company.

Deja sentado que Cuba no es una excepción, solo que en ella ha triunfado una verdadera revolución que cada vez sabe defenderse mejor.

También denuncia  las agresiones de distinto tipo que sufren los países de Asia y África, con énfasis en el ejemplo de Vietnam, tema recurrente en sus intervenciones públicas, con expresiones de reconocimiento a la valentía de su pueblo y sus líderes, así como la disposición de Cuba de dar por ese pueblo hasta su propia sangre.

Aunque en los años setenta del siglo XX se vivió un período de distensión en las relaciones internacionales, reflejados en la política de Estados Unidos hacia Cuba, durante el gobierno de James Carter, con la apertura de oficinas de intereses en ambos países, la posibilidad de comercio de las compañías subsidiarias de Estados Unidos en otros países y otras de este signo, no podemos pensar que el conflicto cesa. Ahora ya Fidel Castro aborda menos los temas internacionales en la tribuna, el pueblo ha ido ganando en educación, comprende mejor los problemas y la dirección de la Revolución también ha madurado y algunos temas ya no son de tratamiento público, pero mantiene la utilización de la denuncia como arma política y medio para la educación popular.

Significativas son también sus luchas y análisis sobre el tema de la deuda externa desarrollados durante la década de 1980, dirigidos a demostrar el carácter expoliador de este mecanismo, al demostrar que cada país había pagado varias veces la cifra adeudada y por tanto eran sostenedores de las grandes potencias, países que transferían capital hacia los grandes centros de poder en lugar de ser  receptores.

En los años 2000 dedicó amplias reflexiones a analizar la política imperialista y las posiciones de Cuba ante ellas, en particular se destacan las dirigidas a alertar sobre los peligros de guerra, los daños ecológicos al planeta y otras que denuncian la política anticubana del imperio y la decisión de Cuba de resistir en las nuevas circunstancias, así como la ingobernabilidad del mundo a partir de la política hegemónica imperial.

Estas reflexiones son esenciales en la Cuba de hoy, cuando estamos urgidos de contribuir a la educación antimperialista de las nuevas generaciones y encontramos en la obra de Fidel Castro  un ejemplo de cómo emprender esta tarea a partir de argumentos sólidos, expuestos razonadamente

Conclusiones

La historia universal y de Cuba cuyo conocimiento se ha completado a partir de su protagonismo en su decurso ha servido a Fidel Castro para contribuir al desarrollo de la conciencia antimperialista del pueblo de Cuba, movilizando sentimientos de dignidad y rechazo a los intentos de dominación imperialista y realzando el patriotismo como fenómeno masivo en el pueblo de Cuba.

Solo una personalidad portadorade los rasgos que distinguen al líder de un proceso revolucionario en las condiciones de Cuba: pensamiento táctico y estratégico, multifacético y educador de masas con proyecciones que desbordan las fronteras  de su tiempo histórico y el limitado espacio territorial, puede erigirse en una de las personalidades mundiales más relevantes de los últimos dos siglos al contribuir a la educación de su pueblo y la humanidad ante los peligros pasados, presentes y futuros de la existencia del imperialismo.


Citas y Referencias

[1] Magalys Ruiz Iglesias (1995). La enseñanza comunicativa de la lengua y la literatura. Ediciones INAES AC. México. DF.

[2] Emilio Roig de Leuhsenring. (1961) Martí antimperialista. La Habana, Ministerio de Relaciones Exteriores. p.134-135

[3] Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Digital.

[4] Colectivo de Autores. (1992). Lecciones de Filosofía Marxista- Leninista. Tomo 1. Ciudad de La Habana. Editorial Pueblo Y Educación. P. 230

[5] Fidel, Castro Ruz, Fidel. (1967). Aniversarios del Triunfo de la Revolución. Editora Política, La Habana.  p.44

[6] Academia de las FAR General Máximo Gómez. (1983). La Revolución Cubana 1953- 1980. Selección de Lecturas. Segunda Parte. Carta de Fidel Castro a Celia Sánchez. Ediciones La Habana. p.3

[7] Fidel Castro Ruz. (1978). Discurso en el centenario del inicio de la lucha revolucionaria en nuestra patria. En: De la Damajagua a Girón. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. p. 78

[8] Academia de las FAR General Máximo Gómez. (1983). La Revolución Cubana 1953- 1980. Selección de Lecturas. Segunda Parte. Carta de Fidel Castro a Celia Sánchez. Ediciones La Habana. p.5

[9] Fidel Castro Ruz. Comparecencia por radio y televisión. La Habana, 24 de junio de 1960. En El Pensamiento de Fidel Castro. Selección Temática. Tomo I, volumen 1. Editora Política. La Habana, 1983. p. 69-83

[10] Academia de las FAR General Máximo Gómez. (1983). La Revolución Cubana 1953- 1980. Selección de Lecturas. Segunda Parte. Carta de Fidel Castro a Celia Sánchez. Ediciones La Habana. p. 99

[11] Fidel Castro Ruz. Discurso en la cena martiana organizada por el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda. La Habana, 27 de enero de 1960. En El Pensamiento de Fidel Castro. Selección Temática. Tomo I, volumen 1. Editora Política. La Habana, 1983. p. 28- 29

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