Por: MSc. Vladimir Gutiérrez Gómez.
Este 1 de julio del 2019 estaremos festejando el 84 aniversario de otorgado el título de Historiador de la Ciudad de La Habana al Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, condición merecida por sus aportes a la Historia local y nacional, por ser gestor de los Congresos Nacionales de Historia y por resultar un ejemplo para los que en este gremio trabajamos. Por este motivo la Unión de Historiadores de Cuba y su membresía, reconocen este día como el de los historiadores, en Cuba. Pero pocas veces se debate sobre la labor del historiador o se limita a la docencia, la investigación o a la presunción de un conocimiento enciclopedista.
Todo lo anteriormente mencionado es parte de las acciones que desempeña un historiador, incluso varias a la vez. Pero ¿cuál es el papel del historiador en la sociedad?, ¿Cuál sería o es la función actual del historiador? Estas preguntas pueden generar gran debate, sobre todo entre los historiadores y esa es la idea de este pequeño escrito. ¿Se puede hoy reducir las funciones de historiador a un cúmulo de funciones que limitan o amplían las cuestiones referentes a sus aportes a la cultura, a las artes de un territorio determinado? No es posible, en el oficio de ser historiador, ese que no se limita a dar recorridos por las ciudades, a contar historias, a narrar las emociones de un pueblo o la vida de un patricio, está el sentido de la identidad, del humanismo y la constante lucha por salvar el pasado.
Pudiera parecer una tarea de heroínas y héroes y así lo es. En esa batalla salen a relucir los sentimientos que han sido inculcados por familiares, sobre los valores de una nación, por las destacadas maestras de la primaria que desde los simbólico muestran a sus pupilos la forma de rendir tributo a la bandera, el escudo, y así hasta llegar a la adultez donde la formación no termina sino que continúa en un centro de estudio o de trabajo, donde lo fundamental es tener el sentido de la vida, del territorio de los subjetivo, de lo sublime, y de lo que no se puede describir con palabras porque para ello hacen falta olores, sabores, sensaciones que son provocadas por ambientes, por vocaciones, y es ahí donde se genera una de las atmosferas más completas del historiador. Tratar de mostrar una época, con la magia de las palabras, de los ritos, de las acciones.
El historiador vela por la preservación de las esencias, de las cuestiones intrínsecas de una nación, de un territorio de una localidad. El historiador busca en las personas su pasado enaltecedor, busca en las personas sus esencias fundamentales, en esas personalidad sobre las cuales se edifican historias de grandes y cotidianos hechos, pero también de los llamados sin historias, de ellos es la batalla cotidiana por la construcción de una sociedad, por eso el historiador se asombra tanto de los datos de las grandes personalidades como de las personas más humilde e intenta descubrir en ellas las aspiraciones de la nación, intenta ver los anhelos. Pero el historiador sufre mucho cuando trata de plasmar como ciencia que es, lo que ha podido constar más allá de documentos, de fotos, de pruebas fácticas porque lo esencial no siempre es visible y queda un mundo de expresiones ocultas para el que investiga. Muchos han limitado el trabajo de historiador al pasado, en papeles amarillos, en anaqueles que casi nadie accede o en formatos que ya no son usados, pero encerrar al historiador en el pasado es un gran error, la Historia ha demostrado que conocerla permite hacer aportes al futuro, describir tendencias, y proyectar, como pocos, el futuro.
El oficio de historiador es un oficio del presente, donde atiende y entiende las particularidades de una sociedad, en constante cambio pero que no debe perder sus esencias, de una juventud que busca respuestas a sus realidades, como los jóvenes de hace cien, doscientos o quinientos años, pero que enfoca en mejoras, donde pretende enaltecer a esos mismos grupos que otrora no eran el centro de la sociedad, las instituciones que han aglutinado a grupos de personas con fines comunes, a todo lo que para el bien de la humanidad ha dejado huellas.
Reconocer a los historiadores como constructores de futuro desde el pasado, como avivadores de esperanzas, de sueños, de proyectos, como personan que luchan por el manteniendo de la identidad, de lo nacional de las esencias. Es un trabajo muy loable, muy hermoso pero que sobre todo nos hace sentirnos parte del pueblo al que pertenecemos.
Que este día sirva para apoyar esa labor de la cual todos somos parte por ser sujetos y objetos de la historia, de tú historia, de mi historia de la de todos. “Honrar honra” como dijo el Maestro, José Martí.





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