Autor: Lic. J. Gerardo Rojas Fuentes.
La lucha por la independencia tuvo algunas manifestaciones aisladas en Cuba antes de que se produjera el gran estallido revolucionario de 1868. Fueron ellas, a principios del siglo XIX, las conspiraciones de Román de la Luz, la “Soles y Rayos de Bolívar”; de Agüeros y Sánchez y la del “Águila Negra”. Estas conspiraciones se vertebraron en sectores modestos de la población, y estuvieron alentadas por antiguas colonias españolas que acababan de conseguir su independencia: Colombia y México. Para estas repúblicas recién nacidas era un peligro que Cuba se mantuviera en paz en manos españolas, pues la Isla era el punto de apoyo que Fernando VII tenía en América para sus propósitos de reconquista. De ahí que durante estos años Colombia y México hiciesen esfuerzos por lograr que Cuba se rebelara contra España. Querían conseguir, por lo menos, que el Gobierno de Madrid se viera imposibilitado para sacar tropas de la Isla y lanzarlas sobre México o Colombia.En 1821 se inició la conspiración de “Soles y Rayos de Bolívar”, que fue descubierta en 1823, siendo Vives el Capitán General. Estaba inspirada desde Colombia y dirigida por un habanero –José Francisco Lemus—que tenía reconocido el grado de coronel en el ejército colombiano. El movimiento tenía ramificaciones en Pinar del Río, La Habana, Matanzas y en Remedios. Cuando fue descubierta ya había conseguido muchos participantes, pues los conspiradores conocidos pasaron de seiscientos. A Vives le llamó la atención, según dijo, que en él participaran “indistintamente personas decentes con pardos y morenos”. Ello pone de relieve el carácter popular de la conspiración. En definitiva, no hubo derramamiento de sangre ni condenas a prisión. Dos decenas de complicados fueron enviados al destierro. Y entre los que lograron escapar se encontraba el más grande poeta cubano de la primera mitad del siglo XIX, José María Heredia, que no había cumplido aún los veinte años.
Pedro de Rojas, desconocido para la inmensa mayoría de los remedianos, fue un ciudadano insigne, el primero, indudablemente, de los patriotas locales decididos de la independencia.– En las “MEMORIAS” de José Antonio Páez, unas de las principales figuras de la independencia de Venezuela, se expresa que envió al agente Pedro de Rojas a fin de fomentar la revolución “que en aquella isla se conoce con el nombre de Soles (y Rayos) de Bolívar”. Tomó parte muy activa en esta conspiración. Tenía un grupo de hombres en Remedios, al frente de los cuales se encontraba el valeroso remediano Miguel Monteagudo, y su cuartel general era la casa de la familia del Río Rodríguez, en la que las armas y los hombres permanecían ocultos. En esa fecha, el patriota y Masón remediano, miembro de esa familia, Alejandro del Río Rodríguez era un adolescente.
Antes, en 1819, cuando el gran incendio en Remedios, que se quemó todo el costado noroeste de la población, ya Pedro de Rojas era reconocido por las autoridades españolas de la villa como masón y liberal independentista. Pedro Martínez Escobar en su “Historia de Remedios”, escribe: “Para que la consternación del vecindario fuera mayor, circularon rumores alarmantes de que había ocurrido un desembarco de enemigos, procedentes del continente, para atacar la población… Existían, a la sazón, temores de alteración del orden,.. y de invasiones enemigas… Había comenzado ya su activa propaganda revolucionaria en Remedios el irreductible patriota D. Pedro de Rojas, en contacto con las sociedades secretas que laboraban en la sombra. Existían ya en el antiguo Cayo partidarios decididos de la independencia y simpatizantes indecisos. Esto queda demostrado en un informe del Teniente Gobernador de las Cuatro Villas, comandante de marina D. Rafael de Quesada y Morales al Capitán General cuando el ya citado incendio al expresar: “…la tropa y el vecindario de San Juan de Remedios lograron rechazar y escarmentar a los insurgentes, que los insultaron los días 26 del pasado (abril) y el 4 del corriente (mayo)…”
Tres años después, en 1922, en consonancia con los planes de la Conspiración, Rojas organizó a sus hombres en Remedios al frente de los cuales se encontraba el corajudo D. Miguel Monteagudo, y en la noche del 9 de julio provocaron una grave alteración del orden público. En actitud de rebeldía recorrieron las calles de la población, dando vivas a la libertad y a la Constitución.
Monteagudo se presentó al alcalde primero, don Joaquín Antonio Vigil de Quiñones, con un bastón de mando, con borlas, y armado de pistolas, a las siete de dicha noche, pidiéndole que le facilitara diez hombres para sorprender un contrabando. El alcalde, dándose cuenta de la gravedad del momento, le contestó con evasivas, sorteando hábilmente el peligro en que se hallaba. El grupo continuó recorriendo el pueblo con grandes gritos hasta que se retiró al campo, por haber sacado el jefe militar, don Benito de Pangua, las fuerzas públicas para perseguirlos. El Cabildo, en sesión celebrada los días 11 y 15 del propio mes, comprendiendo el fin político perseguido, condenó el movimiento como perturbador y revolucionario, haciendo protestas de fidelidad a España y a su Gobierno. A los pocos días los sediciosos volvieron al pueblo, siendo tratados con suavidad, dada la política de contemporizaciones que en ese año predominaba. “No es de creer—dijo el historiador Martínez Escobar, en la obra citada, que haya sido un gesto espontáneo de exaltación patriótica de unos cuantos. Parece más bien un movimiento encaminado a auxiliar una expedición colombiana que se suponía próxima a desembarcar, y que no llegó, preparado y dirigido por don Pedro de Rojas”.
En los albores del mando de Vives, cuando ya asomaba en España el espectáculo de la reacción absolutista que esta vez había de ser más tremenda que la anterior de 1814, fue descubierta la conspiración de los “Soles y Rayos de Bolívar”, a consecuencia de la delaciones de José Dimas Valdés y de Alejandro Campos, dos de los implicados en ella.
El jefe de ese intenso movimiento, según palabras del mismo Vive, era “un joven habanero de alta estatura y gallarda presencia, con ojos, pelo y barba negros, coronel del ejército de Colombia y de no comunes prendas como militar, hábil, astuto, amable y valiente”.
Fue sorprendido y preso en una casa próxima al convento de San Francisco, en Guanabacoa, en la madrugada del 19 de agosto de 1823 y fue encerrado en el Castillo del Príncipe. Tenía por principales asociados, entre otros, al comerciante venezolano Juan Jorge Peoli y T. Félix del Junco, a Andrés Silveira, al bachiller Francisco Correa, al Constitucional Francisco Garay, al remediano Pedro de Rojas, a Pedro Pascasio de Arias; a José de Teurbe Tolón y al Dr. Juan José Hernández.
En La Habana se instaló con gran solemnidad una comisión especial de Oidores de la Audiencia de Puerto Príncipe, que se denominó Real Sala del Crimen.
Según el Dr. Vidal Morales en su libro “Iniciadores y Primeros Mártires de la Revolución Cubana” “la Sala del Crimen, en sentencia dictada el 23 de Diciembre de 1824, condenó a ser extrañado de la Isla y remitidos con la mayor brevedad a España, a José Francisco Lemus, autor de las proclamas impresas en las que se titulaba Generalísimo de la República de Cubanacán; a Ignacio Félix del Junco, Andrés Silveira y Rodrigo Martínez… concurrieron como partícipes con Lemus a su impresión; al bachiller Don Francisco Correa, Secretario de la Junta Americana y autor de proclamas y carteles; al extranjero Francisco Bion, que se ocupaba de la enseñanza de los hijos de Don Pedro de Rojas, y al pardo Joaquín Balmaceda… a Juan Jorge Peoli, que favorecía con su dinero la empresa e hizo acopio de armas, municiones y pólvora; a Pedro Pascasio de Arias, director de la imprenta “Filantrópica”, que antes se llamó “Tormentaria”; a José Miguel de Oro, como tal, partícipe de la impresión de las referidas proclamas; a Pedro de Rojas, que repartió fusiles entre varios individuos de Regla; a Mariano Seguí, uno de los principales propagadores de la conspiración de los Soles y al pardo Antonio de Acosta, que también lo era con Balmaceda. […] de Matanzas… Manuel de Acosta, Miguel Madruga, Santiago Tuero, Juan García Niño y el pardo Francisco Herrera, los cuatro primeros como principales Soles de Bolívar… y el último como jefe en dicha ciudad de la gente de color y que se jactaba de pertenecer a la asociación de los Caballeros Racionales… Manuel Madruga y el Presbítero Domingo Hernández, Cura de Guamutas, por ser ambos los principales jefes. Al Licenciado José Teurbe Tolón, que tenía un grado superior a los demás…al Licenciado José María Heredia, que se fugó al exterior; a Francisco García Medina y a Luciano Ramos, como individuos de la tertulia central de Matanzas. […] de Guanajay… el Licenciado Martín de Mueses… titulándose Segundo de Bolívar… De los de San Antonio de los Baños… José María González, principal propagador e iniciador de “Soles y Rayos de Bolívar” en dicha Villa, siéndolo así mismo en cualquier tiempo que volviera a la Isla y se lograra su aprehensión José A. Miralla… De los complicados en Güira de Melena… a José María Delgado, jefe y propagador de la conspiración de los Soles… Finalmente, con respecto a los del Hanábana, sería remitido a España Tomás de Sotolongo, auxiliar del capitán de partido, Antonio Zembrano…”
Después de haber sido sentenciado se dictó orden de arresto contra Pedro de Rojas, por lo de Regla y por ser la figura principal en la villa de San Juan de los Remedios, pero enterado a tiempo pudo escapar a los Estados Unidos. Se le condenó en rebeldía a ser deportado a España. Se piensa que recibió el oportuno aviso de D. Manuel de Rojas, alcalde primero en aquellos tiempos, siempre de ideas conservadoras, pero familiar suyo muy allegado.
En el acta de la sesión del Cabildo de Remedios del 2 de julio de 1825 se hizo constar que en este pueblo, como en todos los demás, hay conspiradores “que titulándose liberales son desafectos al legítimo Gobierno de Su Majestad el Rey… teniendo por nuestra desgracia, entre los independientes declarados y mandado a remitir a España a D. Pedro de Rojas, hijo desnaturalizado de esta villa que anda prófugo y tiene aquí una crecida parentela”. Don Antonio María de la Torre y Rojas, que, como alcalde primero, presidía el Cabildo, era uno de los que constituía esa parentela.
Otros de los implicados en la fracasada conspiración y de los simpatizantes emigraron a México y allí constituyeron una asociación que llamaron Junta Promotora de la Libertad Cubana y de la que eran los principales jefes Antonio Abad Iznaga, José Tourbe Tolón, Roque de Lara y Pedro Lemus.
El 4 de julio de 1825, se constituyeron en junta y firmaron un acta que decía:
“Reunidos en la casa del extinguido convento de Belén y sala de sesiones de la sociedad lancasteriana todos los hijos y vecinos de la Isla de Cuba que nos hallamos en México, tomando en consideración la suerte fatal a que se hallan reducidos nuestros hermanos los habitantes de aquel rico suelo por la bárbara dominación que los tiene oprimidos con mengua del nombre de americanos, cuando todos los habitantes de la referida Isla arden en los deseos de libertad que no pueden alcanzar por la tropa que los subyuga, al menos que algunos de los nuevos Estados de la América le extienda una mano protectora, en cuyo caso no habría uno solo que no corriese a hacer causa común para proclamar su emancipación…Conociéndose que la opinión general de aquellos habitantes estaba manifestada repetidas veces, no sólo por hacer su independencia, sino hacerla con ayuda de los mexicanos, con quienes se hallan identificados por todas las simpatías que pueden ligar un pueblo con otro, considerando que no es posible que por sí mismos dé el menor paso a la preparación siquiera de los medios que los salven de la advección en que se hallan y les faciliten arribar al suspirado rango de libres, por cuanto su actual despótico gobierno vela ansioso sobre todos ellos para castigar hasta el sueño del sacudimiento; meditando además que semejante orfandad exige imperiosamente que los cubanos, que por fortuna nos hallamos en esta tierra clásica de la libertad y cuyo gobierno y habitantes se alegrarían de concurrir a romper las cadenas que ligan a sus hermanos, elevándolos a la dignidad a que ellos han subido, acordaron unánimemente suplir en México lo que en la Isla de Cuba no podían lograr, nombrando una Junta que con el nombre de Promotora de la libertad cubana trabaje, active y logre la realización de aquellas esperanzas, cerca del séptimo Gobierno de la federación en quien todos descansamos con entera confianza que conseguirá que el Águila de los Aztecas remonte su vuelo majestuoso sobre la antigua Cubanacán, en cuya virtud y a fin de llenar aquel intento del modo más solemne, y que los miembros de que esta junta halla de componerse tenga un carácter tan popular como ser pueda, y su representación lleve el prestigio y solidez necesaria, se acordó que dicha Junta contase con tantos vocales cuanto son los partidos en que se hallan dividido las dos provincias de la Habana y Cuba, figurando por cada una un diputado y dando uno más a las capitales de esa mismas provincias, de suerte que siendo las indicadas secciones políticas hasta en número de 19, han de ser 21 los diputados electos. Por consecuencia, y penetrados los cubanos presente de que los pasos y medidas que han acordado y van expresados en esta acta, eran acordes con los sentimientos de sus ya citados hermanos, y que ellos han de ratificar después lo que nosotros vamos a practicar ahora; nosotros todos en nuestros nombres y en el de nuestros hermanos, los hijos y habitantes de Cuba, descansando en la rectitud y pureza de nuestros sentimientos, y confiado en el auxilio de la providencia, vamos a dar principio a plantear nuestras ya manifiestas intenciones, y habiendo elegido Presidente a D. Juan Antonio Unzueta y secretario a D. José Fernández de Velasco, procedieron a las elecciones. Sigue luego de esta manera: J. A. Unzueta y Juan Domínguez por la ciudad de la Habana; General Manuel Gual y Antonio Mozo de la Torre, por la ciudad de Cuba; José Teurbe Tolón, por Matanzas; Antonio José Valdés, por Puerto Príncipe; Roque Jacinto de Lara, por Sancti Spíritus, Antonio Abad Iznaga por Trinidad; Tomás González, por Villa Clara; Nicolás Téllez, por Holguín; José Darío Rousset, por San Antonio; Juan Pérez Costilla, por Santiago; Antonio Ferrera, por Bejucal; Antonio María Valdés, por Guanajay; Pedro Lemus, por Bayamo; Juan Amador, por Guanabacoa; Manuel Fernández Madruga, por Güines; José María Pérez, por Jaruco; Juan de Zequeiras, por Baracoa; José Agustín Peralta, por Nueva Filipina (Pinar del Río) y Pedro de Rojas, por San Juan de los Remedios.
En su libro “Anales de la Guerra de Cuba” D. Antonio Pirala expresó: “… nombraron comisiones, y acordaron levantar un ejército de 25000 hombres, al mando del general Páez, con el que iría la flor de cubanos y portorriqueños, capitaneados por el general también portorriqueño Valero, vencedor del Callao…”
En 1826, hallándose en New York José Aniceto Iznaga, Gaspar Betancourt Cisneros, José Agustín Arango, Fructuoso del Castillo y José Antonio Miralla, de Buenos Aires, concibieron el plan de organizar una comisión para solicitar al Libertador, en ese momento en Perú, los auxilios con las armas de Colombia en la empresa de emancipar a Cuba del dominio español.
Para desempeñar esta misión cerca de Bolívar dicha Comisión eligió a José Aniceto Iznaga, acordándose que fuese a Cartagena y se entrevistara allí con las personas que estimase conveniente para el éxito de la empresa, y que el coronel Salas, del Perú,–derrotado de una tentativa que hicieron desde Jamaica para revolucionar a Cuba—se entrevistara con los cubanos de New York y explicara el Proyecto que debía llevar a cabo el trinitario independentista. Los patriotas cubanos aprobaron el proyecto y la misma Comisión envió al joven remediano Pedro de Rojas, que se encontraba exiliado en esa ciudad, para que viajara a México a informarles a los emigrantes de allí de lo que se venía tramando. El remediano era bien conocido entre los exiliados cubanos en ese país ya que la mayoría habían participado con él en la fracasada conspiración e integraba la “Junta promotora de la libertad cubana”, que se había creado el año anterior, como Diputado por la provincia de San Juan de los Remedios
Al fin pudo el trinitario Iznaga entrevistarse con Simón Bolívar, el Libertador. La entrevista duró una hora. En ella Bolívar le manifestó la oposición declarada por parte de los gobiernos de Inglaterra y de los Estados Unidos a que Colombia llevara sus armas a las islas de Cuba y puerto Rico; impedimentos que el Libertador considerable poco menos que insuperable. “Libres Cuba y Puerto Rico—añadió Bolívar—Colombia no tendría que temer de las armas españolas y estaría tranquila, reduciría su ejército considerablemente, establecería un plan de economía que disminuyese los gastos, debiendo, además, contar con los auxilios que pudieran prestarle Cuba y Puerto Rico libres”. Concluyendo con vehemencia: “Si los cubanos proclamasen su independencia, presentando siquiera un simulacro de gobierno, y pidiendo entonces auxilio al gobierno de Colombia, entonces ni el gobierno de Inglaterra ni el de Estados Unidos se opondrían, y aunque se opusieran, Colombia no se detendría”.
Iznaga, después de consultar con los miembros de la Comisión y teniendo en cuenta las circunstancias del momento, reunió a todos los cubanos, unos 25, y le manifestó que no era posible llevar a término la empresa que los había reunido allí.
Los emigrados reconocieron la verdad de lo que se les decía y se disolvieron.
Pasado estos hechos D. Pedro de Rojas se hizo menos visible en el acontecer patriótico de Remedios y del país, aunque se supone, por su biografía independentista, por su compromiso con la Patria, por su rebeldía nata y por su recio carácter, que siguiera laborando en la clandestinidad o en el extranjero, por la emancipación de Cuba.
En 1929 —al parecer de algunos historiadores locales— se acogió a la amnistía concedida a fines del año anterior con motivo del matrimonio del rey Fernando VII con Dª. María Cristina de Borbón, ya que aparece un D. Pedro de Rojas en las actas del Cabildo de ese año laborando en la villa, en su Junta de Sanidad; poco tiempo después, a causa de una epidemia de fiebre, aparece integrando una comisión junto a un alcalde y a dos miembros más del Cabildo. Esta comisión tenía como función principal inspeccionar las boticas y los establecimientos comerciales o mercantiles. No hay seguridad de lo expresado anteriormente porque su padre también se nombraba Pedro de Rojas y residía en Remedios. El hijo residía en la villa de Guanabacoa con su esposa e hijos, incluso fue sorprendido en Regla en el instante en que distribuía armas a los Soles. Era, hay que decirlo, el representante de la Conspiración en Remedios y el protagonista genuino del independentismo en la villa, un rebelde nato, fiel heredero de su clan; teniendo como su lugarteniente en el antiguo Cayo al valeroso Monteagudo. Por su trayectoria dentro y fuera de la Isla y por las declaraciones del Cabildo cuando se supo implicado en dicha conspiración, no es de pensar que ese empleado del Cabildo sea él, es más convincente que fuera su padre, D. Pedro de Rojas.
Bibliografía





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