Remedios colonial: El precio de la vanidad y el tratamiento de don.

En la Colonia, algunas familias de San Juan de los Remedios buscaron alternativas para diferenciarse en el aspecto social con el título de don.

Por: Lic. Gerardo Rojas Fuentes. Miembro de la Sección de Base de la UNHIC en Remedios.

En la reunión del Comité Ejecutivo de la UNHIC, el 7 de diciembre de 2019, el Presidente de la República hizo referencia a la importancia de la historia como elemento sustantivo para el presente y futuro de la nación, y para enfrentar la arremetida de EE.UU. y sus aliados en el continente. También enfatizó en la necesidad de visibilizarla aún más en los medios de difusión, en las redes sociales y mostrarla como patrimonio nacional.

Con esa intencionalidad pretendo rescatar la memoria histórica del primer período de los tres en que se divide la Historia de Cuba: colonial, neocolonial y revolucionario. Período, además, en que Remedios ha devenido en villa primada de la gestación de la nacionalidad  en el centro norte de nuestra actual provincia de Villa Clara.

Este trabajo, Remedios colonial, y otros que le sucederán, constituyeron acuerdos del Cabildo que merecen pasar a la historia, según el historiador remediano Manuel Martínez Escobar.

Algunas de las antiguas familias de la Villa sobresalieron por su poderío económico y por consiguiente, político, determinando, también, en no pocos casos, el rumbo de la misma. No obstante buscaron alternativas para lograr diferenciarse de sus iguales, en el aspecto social. He aquí la oportunidad de recibir, oficialmente, otro tratamiento diferenciado: el de don.

 El título honorífico de don estaba reservado a muy pocas personas. Una ley de Felipe III, de 3 de enero de 1611, dispuso que solamente podían usar el don los obispos, las personas que ostentaran títulos de nobleza y sus esposas e hijos. Ávidos de obtener esa distinción, de todos los municipios llovieron exposiciones al Rey, pidiendo autorización para anteponer a sus nombres esa palabra, justificando su limpieza de sangre, o sea, que esta no tenía mezcla de “hereje, mora o negra”. Esas exposiciones no obtuvieron respuesta, excepto algunas recomendadas por personas influyentes. Ante la avalancha de solicitudes, determinó el Gobierno del Rey Felipe IV, dictar otra ley, el 3 de julio de 1664, para obtener provecho económico de esa debilidad, concediendo, mediante precio, las gracias interesadas. El uso individual del don costaba 200 reales. Por dos generaciones, 400. Perpetuos, trasmisible de padres a hijos, 600. Así pudieron numerosos remedianos proporcionarse ese placer. Entre los que primero usaron el don figuran los miembros de las  prominentes familias de la Villa, restauradoras del Cabildo en 1696, Bartolomé del Castillo y Pedro Cabrera del Castillo, abuelo este último del notable abogado Rafael Antonio Cabrera y Manso de Contreras.

Las principales familias remedianas promovieron, a ese efecto, expedientes de limpieza de sangre. La que figuraba en primer término, por su linaje y por su posición social, fue, indudablemente la de Bartolomé Manso de Contreras, nacido en Granada, España, que poseyó numerosas haciendas y fue el terrateniente más acaudalado de Remedios.

Otras familias remedianas que estuvieron ligadas a la de los Manso de Contreras, no menos antiguas en Remedios, como las de Cabrera, Pérez de Prado, y Hernández de Medina, procedente esta última de Bayamo, promovieron, igualmente, sus respectivos expedientes de limpieza de sangre.

Así era Remedios, así era aquella sociedad. Una sociedad en que predominaba la vanidad y el trato discriminatorio a sus ciudadanos. El Cabildo clasificaba a la población de la villa, oficialmente, como personas distinguidas y como personas no distinguidas. Claro, de acuerdo a su patrimonio.

 Fuente Bibliográfica:

Martínez Escobar, Manuel: “Historia de Remedios”. Jesús del Monet Ed., La Habana, 1944, pp. 180-181.

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