La enseñanza de la Historia: retos y perspectivas

En la guerra cultural, la historia y su enseñanza son factores claves para el desarrollo de una memoria histórica que trascienda la escuela y se transforme en convicciones capaces de resistir y vencer.

Autora: Dra.C. Ileana Echevarría Aldama

La necesidad del conocimiento de la historia ha sido una preocupación constante del liderazgo de la revolución cubana, Fidel Castro mostró su importancia en reiteradas ocasiones, en discursos memorables como en pronunciado en el centenario del inicio de nuestras guerras por la independencia y muchos otros, en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, su primer secretario, Raúl Castro nos llamó a reforzar el conocimiento de la historia de Cuba, la identidad y cultura nacionales, enaltecer el orgullo de ser cubano y propagar en el país un ambiente de legalidad, defensa del patrimonio público, de respeto a la dignidad de las personas, los valores y la disciplina social y en estos días lo hace el presidente de la república Miguel Díaz Canel Bermúdez, convencido de lo que esto significa para la educación en valores y patriótica.

¿Qué papel le corresponde a la educación en el cumplimiento de este mandato? A mi juicio un papel protagónico, pues en nuestras manos está la educación de todos los niños adolescentes y jóvenes, en Cuba, a diferencia de otros países del mundo la población infantil está plenamente escolarizada y contamos con un magisterio revolucionario, lo que nos permite  afirmar que contamos con las armas esenciales para enfrentar y ganar la guerra cultural en que nos encontramos inmersos.

El escenario internacional es hoy muy complicado, el mundo se debate entre las llamadas guerras contra el terrorismo y mediáticas, los golpes de estado parlamentarios, o militares, la crisis económica mundial y procesos desestabilizadores de todo tipo contra los gobiernos progresistas en cualquier lugar del planeta.

Y es en ese escenario complejo, de recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero que debemos enfrentar el desafío de ser mejores profesores, de ganar la guerra cultural de que somos objeto.

Muchos creyeron que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos llevarían a un mejoramiento sustancial de las condiciones económicas a partir de las oportunidades que esto significaría, pero no es tan sencillo y los hechos de los últimos años así lo demuestran, lejos de mejorar, bajo la administración Trump han empeorado, el estudio de la historia de Cuba permite recordar que durante más de 50 años  aquel fue el principal mercado cubano de productos como el ron y el azúcar y ¿qué significó eso para este país?, subdesarrollo, monoproducción, precios manipulados por tratados de reciprocidad comercial que no eran nada recíprocos, por leyes de cuotas para el azúcar, y otras trabas, o barreras arancelarias, que hoy serían encubiertas por exigencias ecológicas o de otros tipos.

Me permito también recordar lo que para Cuba significó la dependencia económica en términos de cesión de soberanía, a tenor de mantener las mejores relaciones con el vecino poderoso, las concesiones, la entronización de un pensamiento generador del pesimismo, de la incapacidad del pueblo cubano para gobernarse, que el profesor Wilfredo Falcón ha explicado y definido magistralmente como plattista, asunto que va más allá de la enmienda, que es todo un sistema de ideas coherentemente estructuradas que promueve y justifica la dependencia, que enaltece los valores del modo de vida norteamericano e incita  a su imitación en el sistema de relaciones en la Isla y la dependencia es su núcleo medular.

Abel Prieto desglosa los aspectos esenciales de la cultura plattista, al explicar: “…la cultura e ideología plattista fue la forma de pensar que se impone en Cuba a lo largo de la etapa neocolonial. Fue y es una ideología que resalta los valores del modo de vida norteamericano, aplaudía y aplaude los grandes logros del sistema político norteamericano, e incluso es una ideología que aboga por la imitación constante de las costumbres y la cultura norteamericana, esa es la esencia del plattismo”. (Prieto, 1994: 50-54)

Y  hoy tiene nuevas manifestaciones, expresadas en la denominada corriente neoplattista que alienta la oposición a la Revolución cubana en los Estados Unidos, prescribe para Cuba una posición subordinada y neocolonial y promueve una relectura de la historia nacional que concibe a los gobernantes del norte, como salvadores y reconstructores de una sociedad posrevolucionaria, combinada con la apología de la vida republicana y del actual “milagro de Miami”, en calidad de sostén del mito de una comunidad hispana, exitosa e integrada a la sociedad imperial, que es presentada a Latinoamérica como modelo. (Prieto, 2004: 21 y 52-53)

Durante su visita  a Cuba el presidente estadounidense Barak Obama se refirió y alabó el carácter emprendedor de los cubanos, en particular de quienes se asentaron en Miami, pero “olvidó” decir que quienes se fueron de Cuba en 1959 tenían más de mil millones de dólares en los bancos de aquel país, y que ese dinero fue extraído de Cuba, pues allí depositaban sus ganancias y esa fue la base del llamado milagro de Miami.

Tales ideas y realidades, imponen la necesidad de estudiar el desarrollo histórico de este pensamiento, la esencia e interrelación lógica de sus núcleos teóricos y su dinámica en el período neocolonial

¿Quién no ha escuchado en cualquier escenario que la economía privada es lo mejor? Que así el funcionamiento sería óptimo, que no habría tantos problemas, que no es posible vivir sin algún vínculo o subordinación a los Estados Unidos, que perseverar en la defensa de la soberanía nacional es algo del pasado. En la mayoría de las ocasiones no se dice pero se trata de una confrontación entre el socialismo y el capitalismo y ese es el combate que tenemos que ganar.

Quienes así piensan desconocen que hoy somos objeto de una guerra cultural, en un plan de subversión política ideológica perverso, que al decir de Raúl  Castro “atenta contra las esencias mismas de la Revolución y la cultura cubana, la historia y los valores que en ella se han forjado”, y que ese programa o estrategia va dirigida contra los sectores que el enemigo identifica como los más vulnerables y abarca a los jóvenes, la intelectualidad, los trabajadores asociados a las formas no estatales de gestión y las comunidades con mayores dificultades materiales y económicas. (Castro, Raúl, 2016)

De ahí los continuos llamados a profundizar en el conocimiento de la historia de Cuba, para salvaguardar la  memoria histórica de la nación y para ello debemos afianzar la “…la cultura anticapitalista y antiimperialista, combatiendo con argumentos, convicción y firmeza las pretensiones de establecer patrones de la ideología pequeño burguesa caracterizados por el individualismo, el egoísmo, el afán de lucro, la banalidad y la exacerbación del consumismo”. (Castro, Raúl, 2016)

¿Cómo enfrentar estos retos desde la enseñanza de la historia?

Y digo de la historia en general y no solo de Cuba, aunque esta sea la principal para nosotros, pero no podemos darnos el lujo de desaprovechar todas las enseñanzas que emanan del conocimiento de toda la historia. También de la historia universal emanan valores y enseñanzas que son esenciales en la educación patriótica y antimperialista y no siempre le damos el valor que tiene, sobre todo si somos capaces de imprimirle un enfoque tercermundista.

Con placer he leído los documentos del tercer perfeccionamiento educacional de la disciplina historia, en particular sus programas donde se declara que este es uno de sus de sus objetivos, piénsese que si usted enseña solo o principalmente la historia de los países ricos y olvida o minimiza la de los países del llamado tercer mundo está olvidando la historia de la mayor parte de la humanidad, está invisibilizando al sur y nuestros patrones no pueden ser los del imperio.

En los últimos tiempos se ha desatado una polémica acerca de cómo se debe enseñar la historia y cada vez son más los críticos sobre el tema, y todos creen tener la razón. Hace relativamente poco tiempo un avezado periodista me preguntó cuál era la mejor fórmula  para enseñar bien la signatura y si siempre había que hacerlo de la misma manera.

La prensa ha publicado en reiteradas ocasiones ejemplos de buenas experiencias y con más frecuencia críticas a lo que ocurre hoy en las aulas con respecto a este tema, todos desean o aspiran a que se enseñen determinados hechos, acontecimientos, fenómenos o curiosidades que consideran importantes y desconocen que cada nivel y grado tiene peculiaridades que van desde las posibilidades reales para las edades hasta la disponibilidad de tiempo para el desarrollo de los programas.

Olvidan el carácter de ciencia de la historia y piensan que solo es una crónica descriptiva, cuando esta debe educar en el razonamiento para cumplir con su papel de orientación ciudadana, si se olvidan de los contextos que rodean los hechos, las relaciones causales, temporales y espaciales que condicionan el desarrollo histórico de la humanidad y el país, deja de ser ciencia.

Cada nivel tiene su programa donde aparecen definidos los objetivos y contenidos a abordar y otros elementos didácticos de obligatorio cumplimiento y cada uno requiere un tratamiento diferente por su propia naturaleza, a lo que habría que agregar las características de los estudiantes y del propio profesor.

¿Qué no le puede faltar a ningún profesor que enseñe historia? Pues al decir del profesor Horacio Díaz Pendás “saber historia”, esa es la premisa esencial, lo que no puede faltar, si usted la conoce a profundidad siempre encontrará las vías para que sus estudiantes la aprendan.

Me atrevo a asegurar que se necesitan varias acciones para revertir la situación actual:

. Incorporar a los mejores jóvenes a formarse como profesores de esta especialidad, ampliar las matrículas para que al graduarse las escuelas tengan el personal calificado que se necesita.

. El compromiso de los profesores con respecto a su auto-superación para garantizar el dominio de sus respectivos programas.

Un profesor, en su vida profesional necesita ir acumulando lecturas, en sus primeros años debe dominar, conocer a profundidad los materiales propios de su nivel de enseñanza, con énfasis en el programa y el libro de texto y a partir de allí ir sumando lecturas de nuevos libros y diversos autores para ir ampliando su cultura histórica.

Esto le permitirá introducir el análisis de documentos, conocer nuevas informaciones sobre hechos y personalidades, anécdotas, curiosidades  que le posibilitarán hacer más atractivas las clases.

. La precisión de qué debe aportar cada nivel al conocimiento histórico, este tema es tan importante que en el 9no Congreso de la FEU los estudiantes plantearon que se les enseña la misma historia que en el preuniversitario.

Es cierto que la historia de Cuba es una sola pero cada nivel debe aportar elementos nuevos y la clase en primer lugar, y en la evaluación se deben ir elevando los niveles de exigencia  para que sin dejar de ser la misma, sea diferente, además de evaluar en correspondencia con los objetivos para cada caso.

Aunque los programas delimitan los objetivos y contenidos de cada grado y nivel de enseñanza se precisa que  maestros y profesores conozcan las exigencias de los grados, el nivel precedente y el siguiente.

Hoy existe la tendencia a que en algunas escuelas primarias se exija por encima de lo que establecen los programas y usted se encuentra a los niños enfrentados interrogantes que deben resolverse por libros cuyos volúmenes de información, estilos de redacción y nivel de profundidad no son propios de ese nivel, o no existen en la escuela y su biblioteca, lo que también ocurre en la secundaria básica.

Mientras, que en preuniversitario y en la educación superior ocurre lo contrario, pues se utilizan métodos propios de los niveles inferiores y/o los volúmenes de información son reducidos a niveles por debajo del texto básico. Para el caso de la educación superior lo más común es la no utilización de una variedad de fuentes además de la reiteración de los análisis anteriores

Este asunto es tan serio que ante preguntas similares se dan respuestas iguales en la secundaria básica, en el preuniversitario y hasta en las universidades. Se olvida que en la escuela primaria los contenidos de los programas tienen un volumen inferior de información, en el nivel medio básico se caracterizan por la sistematización y en  media superior por la  profundización.

La evaluación debe corresponderse con los objetivos de los programas y desterrar la entrega a los estudiantes de los llamados “objetivos” a evaluar que encubren los temas y preguntas a realizar en los exámenes, reduciendo el estudio a esos aspectos en detrimento del programa, y de la cultura histórica que debe lograrse en cada nivel.

. Enfatizar en la necesidad de utilizar bien el libro de texto por maestros, profesores y estudiantes. El libro es un sistema de medios pues integra al texto ilustraciones, mapas, fragmentos de documentos, datos estadísticos, fotos, tablas comparativas, actividades para el estudio independiente etc. Y debe utilizarse de forma variada dentro y fuera de la clase.

Aunque parezca una verdad de Perogrullo no puede ser sustituido por ningún otro material, él está didácticamente preparado para cumplir sus funciones. Saber utilizarlo de forma correcta requiere de un trabajo metodológico sistemático.

. Necesidad de sistematizar los conocimientos, entendida como función del pensamiento en que se opera con lo aprendido en un nivel superior, y que debe constituir un tipo de clase de consolidación, donde se presente lo estudiado de forma diferente, lo que daría por resultado la profundización de los conocimientos, con énfasis en el establecimiento de nexos entre ellos.

. Sistematizar y optimizar la utilización del pensamiento martiano a través de los cuadernos concebidos por Cintio Vitier para cada nivel y que no son aprovechados para la enseñanza de la historia en la medida necesaria, ellos son material para la auto-preparación de los profesores y maestros, deben ser objeto de trabajo metodológico, para definir en qué clases y cómo utilizarlos, para resolver tareas docentes dentro y fuera de la clase.

Martí nos legó un caudal de lecciones de historia y de cómo enseñarla que no podemos obviar bajo ningún concepto, cuánto educan sus escritos patrióticos, Un hombre de la guerra, Céspedes y Agramonte, 10 de Octubre, y tantos otros. Búsquese la significación y resignificación de los hechos narrados para los niños y adolescentes y tendremos una mejor enseñanza aprendizaje.

En su artículo Clases orales dejó a los profesores y maestros importantes ideas que no deben ser soslayadas, entre ellas se destacan, la importancia y lugar de la exposición oral en la clase, asunto de absoluta vigencia, que al decir de Horacio Díaz Pendás, bien empleada, en la clase de historia tiene una importante significación pedagógica al hacer atractivo el contenido de que se trate, a la vez que mueva el pensamiento. Decía Martí en ese artículo:

“La variedad debe ser una ley en la enseñanza de materias áridas. La atención se cansa de fijarse durante largo tiempo en una materia misma y el oído gusta que distintos tonos de voz lo sorprendan y lo cautiven en el curso de la peroración. La manera de decir realza el valor de lo que se dice:- tanto, que algunas veces suple a esto.

[…] la naturaleza humana y sobre todo, las naturalezas americanas necesitan que lo que se presente a su razón tenga algún carácter imaginativo; gustan de una locución vivaz y accidentada; han menester que cierta forma brillante envuelva lo que  es en su esencia árido y grave. No es que las naturalezas americanas rechacen la profundidad; es que necesitan ir por un camino brillante hacia ella.

[…] Los conocimientos se fijan más en tanto se les da una forma amena.

Viven las clases de la animación y el incidente. Necesita a veces la atención cansada un recurso accidental que la sacuda y reanime. […]

Frecuente es en las tierras americanas el don de la palabra, y antes es aquí difícil hallar quien la tenga penosa; la exuberancia de estos pueblos vírgenes se manifiesta poderosamente en todas las formas. Es cosa cierta que no se habla mal de aquello que se conoce bien. […]

[…] el provecho pudiera ser mayor si la forma de la enseñanza aprovechable fuera seductora y amena. (Martí, 2000: 76-79)

. También estamos llamados hoy a utilizar los textos de Fidel Castro en la enseñanza de la historia. Cuando decimos textos nos referimos a sus discursos, documentos, entrevistas y artículos periodísticos conocidos como reflexiones.

En ellos aparecen ideas educativas, pautas y puntos de vista que contribuyen a su interpretación, análisis del proceso revolucionario cubano, así como un modelo didáctico para su enseñanza.

Para Fidel Castro la historia es fundamento de la Revolución que concibió, es fuente de valores patrióticos, morales y éticos.  Además, el jefe de la Revolución nos dotó, a través de sus prédicas de un modelo de interpretación de la historia de Cuba.

Las características de su oratoria reflejan un conocimiento amplio y profundo del tema  que aborda, utiliza preguntas retóricas, la reiteración de ideas claves, un lenguaje sencillo y claro, además su alocución es vívida, conjuga conocimientos y emociones. Es decir mantiene un vínculo permanente de lo probatorio con lo emocional. En sus peroraciones están presentes los principales procedimientos de la exposición oral, utiliza el método histórico- lógico al estilo de los historiadores, desentraña los nexos causales, temporales y espaciales, con una perfecta contextualización de lo que explica. Como apunta Martí, sus exposiciones son amenas y sorprendentes.

Ofrece un modelo para la valoración de las personalidades, donde lo ético ocupa un lugar primordial. Para ello explica, argumenta, ejemplifica, califica las personalidades a través de sus cualidades, hace un retrato del personaje, destaca sus características y pone de relieve la actuación de este y su trascendencia ética. Ejemplo de ello es su brillante discurso en la velada solemne de homenaje al Che, el 18 de octubre de 1967.

Aunque defiendo la idea de que estos atributos no son solo de los discursos clásicos de contenido histórico como los pronunciados en aniversarios significativos, tenemos un valioso material en la compilación publicada por Pueblo y Educación titulada Fidel Castro: cinco textos sobre nuestra historia, que deben ser del conocimiento de todos los maestros y profesores que enseñan esta asignatura.

Aun cuando importante es educar utilizando las ideas de José Martí y Fidel Castro, considero más importante educar en el espíritu de Martí y Fidel, es decir, dar una educación martiana y fidelista que va más allá de conocer sus textos, que tiene como centro sus enseñanzas, su ética, su espíritu humanista y formas de ver y apreciar el mundo con el prisma de los pobres, de los humildes, para quienes se hizo esta Revolución.

Conclusiones

En la guerra cultural la historia y su enseñanza son factores claves para el desarrollo de una memoria histórica que trascienda la escuela y se transforme en convicciones capaces de resistir y vencer como pronosticó el Líder histórico de la Revolución durante su intervención en el VII Congreso del Partido, solo si somos capaces de formar valores patrióticos la Revolución será invencible.

En fin cuando de enseñar y aprender historia se trata es imprescindible que el centro de ella sea su esencia humana, utilizar una pluralidad de métodos, sin abandonar la exposición oral, que permite la influencia emocional, el desarrollo del pensamiento lógico y contribuye a elevar la motivación, así como concebir la clase, no solo para trasmitir conocimientos, sino también para que los estudiantes aprendan a aprender.

Bibliografía

  • Castro Ruz, Raúl. Informe al VII Congreso del Partido Comunista de cuba, La Habana, 2016. (En formato digital)
  • Díaz Pendás, Horacio (compilador). Fidel Castro: Cinco textos sobre nuestra historia. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2008.
  • Echevarría Aldama, Ileana. Historia de Cuba y didáctica en los textos de Fidel Castro: un modelo pedagógico. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2012.
  • Falcón Quintero, Wilfredo. Estudio del plattismo en el proceso de formación del profesor de Marxismo Leninismo e Historia (2014). Tesis en opción el grado de Doctor en Ciencias Pedagógicas. UCP “Félix Varela Morales”, Santa clara, 2014.
  • Martí Pérez, José. Clases orales. Obras Completas. Edición Crítica tolo 2, 1875- 1876. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2000.
  • Prieto Jiménez, Abel. Cultura, Cubanía y Cubanidad Ponencia en la Conferencia La Nación y la Emigración.  La Habana 2004

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.