Inicio y primeros tiempos de la Guerra de 1895 en Villa Clara.

El 24 de febrero de 1895 inició la Guerra de 1895. En el territorio de Villa Clara las acciones no se consolidaron hasta el 25 de abril en Vega Alta .  

Por: Migdalia Cabrera Cuello.

Fragmento del libro “Las luchas por la independencia en Villa Clara” de Migdalia Cabrera Cuello, publicado por la Editorial Capiro en 2007.

La Orden de Alzamiento que abría el camino para  iniciar la guerra, proponía efectuar la operación con la mayor simultaneidad posible, una vez que había fracasado el Plan de Fernandina y no podrían llegar a tiempo a Cuba las expediciones organizadas con los veteranos de la guerra anterior, principales jefes militares que debían desembarcar en lugares propicios para desencadenar con vigor las acciones armadas. Este era el caso de los Generales  Carlos Roloff y Serafín Sánchez, cuyo objetivo era la provincia de Las Villas.

La Junta Revolucionaria de La Habana acordó proponer la fecha del 24 de febrero y consultar con los jefes reconocidos del resto de las provincias para obtener su anuencia y desencadenar la lucha. Emisarios de la Junta marcharon al interior del  país, Juan Latapier a Oriente y Pedro Betancourt a Las Villas. El villaclareño Francisco Carrillo expresó el criterio de no alzarse hasta que ocurriera la llegada de Máximo Gómez a Cuba, pero Betancourt, junto al Coronel matancero Joaquín Pedroso, envió a Juan Gualberto Gómez un telegrama con el texto “Carrillo bien”, lo que fue tomado por una aceptación. Así se confirmó la fecha prevista, al ser favorable el criterio de los orientales sobre el día y preverse que en occidente también ocurriría el pronunciamiento. [1] 

El 24 de febrero de 1895 acaeció el levantamiento oriental, mientras en la zona occidental eran detenidos algunos jefes y fracasaba, en sus inicios, el intento realizado en la provincia matancera. La detención  de Francisco Carrillo ese propio día, cuando retornaba a Remedios procedente de Camajuaní, frustró la posterior incorporación inmediata de los villaclareños. [2]

El hecho de que Las Villas no aceptara producir el alzamiento para la fecha prevista por la máxima dirección de la Revolución, la captura de Carrillo, la falta de comunicación inmediata y efectiva para tomar una resolución de esta naturaleza y la espera de recursos del exterior contuvo, en los primeros momentos, el pronunciamiento simultáneo villareño, por lo que existió una aparente tranquilidad en el territorio luego del 24 de febrero.

Las autoridades españolas, conocedoras de la presencia de un gran fermento revolucionario en esta parte de la isla, acentuaban la vigilancia y el reforzamiento de sus efectivos militares en prevención de alzamientos. El 24 de marzo, el gobernador militar publicó un bando donde el Capitán General de la isla decretaba el estado de guerra en la provincia de Santa Clara. Al día siguiente el gobernador militar de este territorio, Agustín Luque, dirigió una alocución donde se trataba a los que se lanzaban al campo de batalla como individuos que practicaban el bandolerismo amparados en la “repugnante” política del separatismo.   [3]

Los intentos del régimen colonial por impedir la incorporación de los villareños a la guerra, fracasaron. En lo que corresponde a la provincia de Villa Clara, los principales comprometidos estaban cada día más presionados por las autoridades coloniales. El médico habanero Juan Bruno Zayas, uno de los principales conspiradores villaclareños, advertido en dos ocasiones por el gobernador militar provincial, determinó que era imperioso marchar hacia el campo de batalla, por lo que tomó el camino de las armas el día 25 de abril, desde el poblado de Vega Alta, actual municipio de Camajuaní, hasta formar su primer campamento en la finca “Dolorita”. Comenzó así a manifestarse la conmoción revolucionaria en Villa Clara [4].

La incorporación a la lucha continuó en las semanas que siguieron con la participación  de los principales comprometidos. El día 3 de junio partió con 50 hombres de la finca “Clavellinas” el sagüero José Luis Robau y en esta región también se alzó en armas Francisco Peraza, combatiente de las gestas precedentes. (Ver Anexo No. 3. Biografías). El día 5 ocurrió el levantamiento de un numeroso grupo de remedianos, unos 47 hombres que se unieron a Pedro Díaz Molina, que se encontraba oculto en el área rural. [5]

En estos primeros levantamientos, y en los que ocurrieron después, era considerable la presencia juvenil, la vanguardia en esta nueva etapa de lucha contra la metrópoli, y la que con su energía y pujanza contribuyó a la integración de las diversas clases y sectores de la sociedad a la guerra, al estar exenta de los prejuicios que arrastraban todavía muchos combatientes de la anterior contienda. Este hecho fue un factor importante en la idea de integrar a todos los cubanos a la causa independentista, sin las negativas manifestaciones de regionalismo, fraccionalismo y caudillismo que lastraron el anterior empeño. La Revolución maduraba, tanto en su ideología, como en el desarrollo de la experiencia combativa que se gestó desde los primeros días de la guerra.

Las fuerzas libertadoras aumentaban en territorio villaclareño. El 15 de junio marchó a la manigua, en la zona de Camajuaní, Gerardo Machado Castellón y ese propio día Rafael Casallas en Vueltas, quien condujo al campo de la Revolución a un escuadrón de voluntarios. El 20, después del alzamiento de los hombres que él había organizado, Leoncio Vidal salió de Camajuaní rumbo al campo insurrecto. [6]

En la jurisdicción de Villa Clara hubo también incorporaciones importantes como la del Teniente Carlos Aguilar en la zona de Bernia, los hermanos Betancourt de Seibabo y la muy importante del General del 68, Manuel Suárez, el 15 de junio de 1895, en compañía de alrededor de 50 personas de Santa Clara, entre ellas Francisco López  Leiva. La guerra entraba en un amplio proceso de generalización en todas Las Villas, y en Villa Clara, alcanzaba a sus tres jurisdicciones. [7]

La presencia del General Suárez en los campos villareños con su experiencia y reconocida capacidad como jefe militar, dio a la guerra en este territorio la necesaria cohesión y organización para poder emprender esfuerzos superiores en el empeño libertador. Con él marcharon al campo insurrecto, o se alzaron poco después, otros conspiradores significados como José Braulio Alemán  y  José de Jesús Monteagudo.

El General Suárez comenzó una actividad organizativa encaminada a emprender, con las fuerzas disponibles, operaciones militares que tuvieran efecto sobre el poderoso dispositivo desplegado por el gobierno español en el objetivo   de frenar el impulso tomado por la insurrección. Con ese propósito creó tres brigadas destinadas a operar en Sagua, Villa Clara y Cienfuegos.

Las primeras acciones combativas habían demostrado el arrojo de las tropas cubanas, pero a la vez, quedaba en evidencia que faltaba la experiencia de la gran mayoría de los soldados, la que solo ganarían con el decursar de la guerra. Encuentros importantes ocurrieron en Provincial, San Diego del Valle, zona del ingenio Ramona; en Los Pesqueros, cerca de San Juan de los Yeras, en el ingenio San José, donde murió el Coronel Casallas el 22 de junio de 1895, y en otros lugares.

En el mes de julio un importante acontecimiento contribuyó a acrecentar las acciones bélicas en la región central cubana; llegó a la costa sur de Las Villas, por Tayabacoa, una poderosa expedición dirigida por los Mayores Generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff. En ella viajaban otros importantes jefes, algunos de arraigo en la zona. Esta expedición, llegada el 24 de julio, condujo a un grupo de 150 hombres con jefes veteranos al frente y 300 fusiles, 200 machetes, 1 400 cápsulas y otros útiles de guerra que venían a reforzar a las tropas villareñas. [8]

La expedición  Sánchez-Roloff, primera llegada del extranjero, propició el auge de la incorporación de los villareños a la lucha, anhelo de los líderes de la Revolución y necesidad imperiosa para el buen desarrollo de la contienda. La noticia del desembarco, por otra parte, sembró el temor y la confusión entre las fuerzas españolas que fueron de inmediato reforzadas con el envío de la mayor parte de los 25 000 soldados llegados de España en esa época.

A pesar de estas medidas la insurrección crecía, por el número de combatientes incorporados y por la progresiva organización de las tropas. El 13 de agosto los Generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez acordaron, junto a otros oficiales, la organización primaria y provisional de las fuerzas en Las Villas, hasta tanto el General en Jefe, Máximo Gómez, dispusiera la definitiva. Esta agrupación de tropas integraría el Cuarto Cuerpo de Ejército Libertador, estaba al mando del Mayor General Carlos Roloff, cubriría la provincia de Las Villas y la integrarían dos divisiones con sus respectivas brigadas.  

La Primera División estaba al mando del Mayor General Serafín Sánchez, con las brigadas de Sancti Spíritus, Trinidad y Remedios. La Segunda División, dirigida por el General Manuel Suárez, abarcaba las brigadas de Villa Clara, Cienfuegos y Sagua. El territorio de la Villa Clara actual lo cubría la brigada de su nombre, dirigida por el Coronel Juan Bruno Zayas; las de Sagua y Remedios, estaban al mando de los Coroneles Fernando Cortiña  y Pedro Díaz respectivamente.[9]

Las operaciones militares desarrolladas en los primeros meses de la guerra, no incluyeron grandes combates, pero pusieron en evidencia la capacidad de los jefes, muchos de ellos jóvenes inexpertos, aunque con gran disposición, que adquirían la preparación militar en el propio campo de batalla.

Por otra parte, la jefatura del Cuarto Cuerpo tomaba las disposiciones para cumplir dos objetivos esenciales de la Revolución en aquellos momentos: afianzar la guerra en el territorio y formar fuertes contingentes armados, bien organizados y disciplinados y además extender la guerra hacia occidente. Este segundo propósito tuvo su manifestación práctica en el intento invasor efectuado desde territorio de Villa Clara e iniciado en agosto de 1895.

Con ese fin fue organizado un grupo armado al mando del General José María Rodríguez e integrado por tropas dirigidas por el Coronel Francisco Pérez Garoz, que partió de Guamá, al norte de  Santa Clara, el 20 de agosto. El General Rodríguez debió desistir de su empeño debido a que las heridas de una pierna podían ser un obstáculo en el cumplimiento de su misión. Llegada la agrupación al área   de operaciones de la brigada de Sagua integraron la marcha el Coronel José Lacret Morlot, recién llegado a la zona, junto  a José Luis Robau, Roberto Bermúdez y otros oficiales [10].

Este contingente marchó hacia el suroeste, irradió la insurrección en territorios de la jurisdicción de Cienfuegos, pasó a la Ciénaga de Zapata, estableció relación con fuerzas cubanas que actuaban en la zona y concentró las tropas matanceras. Con este núcleo  quedaron creadas las bases para la constitución posterior del 5to. Cuerpo del Ejército Libertador, y aunque algunos oficiales como Bermúdez y Robau retornaron a Villa Clara, ya estaba en proceso de consolidación la avanzada del Ejército Libertador en occidente. [11]

Por su parte, en Las Villas, el General Roloff, desde su jefatura, se ocupaba de preparar las tropas para empeños superiores, así cumplía las órdenes del General en jefe Máximo Gómez que exhortaba

a preparar  “… un cuerpo de Ejército respetable, para la ocupación  de occidente, que deberá moverse en breve”. También instaba Gómez a: “Procurar mantener siempre vivas nuestras fuerzas, y vivo en espíritu, no comprometer combates con el enemigo cuyo éxito sea dudoso…” e insistía en que “… el cuerpo del ejército invasor encuentre fácil y expedito el camino”  .[11]

El cumplimiento de estas disposiciones signó el desarrollo de la guerra en Las Villas, y   dentro de ella, en Villa Clara, a fines de 1895.  Esta parte de Cuba constituía, en gran medida, una frontera entre las zonas del oriente y el occidente cubanos, objetivo final este último del Ejército Libertador. Así, en esos meses, primó un trabajo organizativo, unido a algunas acciones combativas que ocurrieron en todo el ámbito provincial.

Como parte de las actividades de organización estuvo la formación de una retaguardia segura y así surgieron las prefecturas que darían una estructura política y administrativa a las jurisdicciones. Las prefecturas aseguraban servicios importantes como el correo, suministros, información, respaldadas por pequeños grupos que respondían, igual que el Prefecto, al jefe militar que operaba en la zona.

Importancia singular tuvo el desarrollo de los vínculos entre las tropas y los patriotas de las ciudades, organizados en clubes revolucionarios, sobre todo desde fines de 1895 cuando tomaron auge algunos ya existentes en la fase preparatoria de la guerra, y surgieron otros,  movidos por el interés de ayudar a los combatientes. Hombres y mujeres prestaron una efectiva colaboración, que se perfeccionó creció y  ajustó en el desarrollo de las hostilidades, de   acuerdo con las necesidades de la lucha.

Entre esos grupos que operaban en la clandestinidad, estaban el Club “Juan Bruno Zayas” de Santa Clara; el de Sagua la Grande, donde desarrollaba su labor Elvira del Monte Lamar;  el de Remedios con Antonia romero Loyola y el de Caibarién donde actuaban María Escobar Laredo, Antonio Gavilán (El Pájaro) y Federico Pedroso, entre otros patriotas. Estas agrupaciones contribuían a estructurar la lucha con firmeza y a establecer sólidas bases para asegurar la victoria.

No todos los intentos por organizar la contienda y dirigirla al cumplimiento de sus objetivos centrales tenían similares resultados. Un elemento contrapuesto a la buena marcha de la guerra fue la actitud del Coronel Fernando Cortina, como jefe de la brigada de Sagua, que no supo mantener la organización en el seno de esta agrupación, desarrolló solo escasas operaciones y permitió que hubiera signos de desmoralización en las tropas.

Sin embargo, otros jefes cumplían estas órdenes con celeridad y firmeza, y libraban operaciones con provechosos resultados. Así actuaban Juan Bruno Zayas, Pedro Díaz, Leoncio Vidal, José B. Alemán, Rego  y Monteagudo, quienes dirigían sus ataques a las áreas que más podían socavar el poder económico de España y destruir aquello que más riquezas aportara a la metrópoli. También sostenían el orden y la disciplina de las fuerzas y creaban sólidas bases para el avance posterior de la guerra.

Para esta fecha la contienda, inciada el 24 de febrero, extendida ya de Las Villas a Oriente y con algunos avances en Matanzas, había organizado sus estructuras de gobierno y se había dado una Constitución en la Asamblea efectuada en Jimaguayú, en septiembre de 1895. Como delegados a esta Asamblea fueron elegidos como representante del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador los villareños Raimundo Sánchez, Severo Pina, Santiago García Cañizares y Francisco López Leiva, el que actuó como Secretario de la mesa de dicha reunión. En el Consejo de Gobierno electo en aquella ocasión ocuparon responsabilidades García Cañizares, como Secretario del Interior y el Mayor General Carlos Roloff, como Secretario de Guerra. [13]  

En aquellos momentos Roloff se desempeñaba al frente del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador, por  lo que  fue necesario elegir otro jefe para este cargo, elección que recayó en Serafín Sánchez, a quien se le reconocía, además, su grado de Mayor General y que ocupó sus funciones el 1º de diciembre de 1895.

En  ese momento la provincia ya  estaba lista para dar su aporte al plan de invasión a occidente, planificado por Gómez y Maceo, y considerado como la operación estratégica más importante a desarrollar en esta guerra, a partir de las enseñanzas de la contienda anterior. Era esta parte del país, aún en estos años de fines de siglo, la que encerraba la mayor  riqueza azucarera, que sería preciso destruir para eliminar uno de los pilares económicos del gobierno colonialista español. Además, la extensión del campo de operaciones a lo largo de  la isla, produciría la inevitable dispersión de las tropas españolas, elemento que iba en detrimento de su capacidad ofensiva y las hacía más vulnerables a los ataques de las fuerzas cubanas. En esta parte de la isla estaba la capital de colonia, la ciudad de La Hababa, sus principales dependencias y la gran número de tropas dispuestas para su defensa.

En esta ocasión la gesta invasora logró cumplir sus objetivos económicos, militares y políticos, y esa magna y épica  hazaña, tuvo su repercusión en territorio villaclareño, con su tránsito por las faldas montañosas próximas a Manicaragua, hacia el sureste de esta población, y por la incorporación de varios centenares de sus hijos a la impetuosa marcha. El tránsito invasor por Villa Clara comenzó el 9 de diciembre, cuando las tropas, con Gómez y  Maceo  al frente, acamparon en Quemado Grande. Desde este lugar avanzaron por abrupta zona en su cruce por Manacal, Boca de Toro, El Quirro y  La Siguanea.

En el recorrido hubo importantes enfrentamientos con una gruesa columna española compuesta, según Gómez, por unos 4 000 hombres. Desde el día 11 comenzaron los enfrentamientos en las alturas de Manacal, sin que los enemigos pudieran tomar las posiciones cubanas. La marcha fue difícil por lo escabroso del terreno, caminos estrechos y a veces boscosos. Estas propias condiciones facilitaron la ubicación de emboscadas escalonadas que afectaron severamente a las tropas peninsulares. Los enfrentamientos más fuertes ocurrieron en Boca de Toro y El Quirro, hasta el camino de La  Siguanea, los días 12  y  13  de diciembre, y la persecución concluyó en este último sitio donde acamparon las huestes libertadoras. [14]

En su Diario de Campaña, Máximo Gómez señaló el objetivo que perseguían él y Maceo en este tránsito por pleno monte, en un medio tan accidentado y expresaba:

“Nos proponíamos obligar al enemigo a internarse, para desviarlo de nuestro itinerario, y nos favorecía la situación del camino que íbamos a emprender, pues su primera

dirección era el Este, del que aparentábamos retroceder, después variaba al sur y finalmente al Occidente, para bajar por La Siguanea.” [15]

De la zona manicaragüense entraron las tropas en la jurisdicción de Cienfuegos, donde libraron el importantísimo combate de Mal Tiempo, el día 15 de diciembre. La columna invasora continuó su avance hacia el oeste y el 18 hizo campamento en Jagüey, actual municipio de Santo Domingo, y después, por última vez  en la Provincia de Las Villas, en Cabeza del Toro, de donde partieron para cruzar el río Hanábana,  internarse en la provincia de Matanzas y continuar su marcha indetenible.

Esta etapa final del recorrido villareño de la columna, entre los territorios de Cienfuegos y Villa Clara, estuvo matizado por la acción constante de la tea incendiaria, desde Cruces hasta los límites con la región matancera. De esos días de marcha decía el jefe de la escolta de Máximo Gómez, Bernabé Boza: “…el sol es abrasador y marchamos envueltos en una espesa nube de humo de la candela que a derecha e izquierda vamos dando a los cañaverales”  [16]

El General en Jefe utilizaba así una de las armas más importantes de la contienda y que desarrollaría en su transcurso, la quema de la principal riqueza del país, la industria azucarera, sostén económico de la metrópoli y cuyo centro principal comenzaban a transitar las fuerzas que marchaban hacia occidente, a partir de su entrada en parte de la región cienfueguera.

Los villaclareños dieron un importante aporte a la estrategia general del Ejército Libertador cuando, luego del combate de Mal Tiempo, una fuerza de 700 hombres se unió al contingente invasor. Estas tropas pertenecían al Cuarto Cuerpo y los dirigía el  Coronel Juan Bruno Zayas, y las  Integraban 200 combatientes de Remedios, al mando del también Coronel Pedro Díaz y 500 de Sagua, bajo las órdenes del jefe de igual graduación, Roberto Bermúdez. [17]

Así marcharon hasta los confines de occidente, de donde muchos no regresarían, mientras los hombres que quedaron en este territorio, aunque menguados por la contribución hecha al ejército invasor, estarían encargados de sostener el espíritu bélico en la región y realizar actividades de distracción que ocasionaran las mayores pérdidas económicas y humanas a la metrópoli.

Citas y Bibliográficas

[1] Ibrahim Hidalgo. Op. Cit. p. 163-164.

[2] Carrillo fue hecho prisionero, trasladado a La Habana y encerrado en la fortaleza de La Cabaña. De allí salió por una reclamación del gobierno norteamericano, pues poseía ciudadanía de ese país. Carrillo regresó a Cuba en la expedición del Horsa, el 16 de noviembre de 1895.

[3] “Habitantes de la provincia de Santa Clara”. Alocución del Gobernador Milita de la Provincia General don Agustín de Luque. Archivo Provincial. Fondo García Garófalo.

[4] Abelardo Padrón. Juan Bruno Zayas: El General más joven. La Habana, Ediciones UNEAC, 1984. p. 11.

[5] Dora Boada. Las Guerras de independencia en la región de Sagua la Grande. Universidad Central de Las Villas. 1978. Trabajo de Diploma y     José A. Martínez Fortún. Anales y efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción. 1888-1896. t. 1. p. 41.

[6] Consejo Científico Municipal. Historia del municipio de Camajuaní. 1996. (Inédito)

[7] Enrique Collazo. Op. Cit. p. 177.

[8] Apuntes biográficos del Mayor General Serafín Sánchez. Perfil Libre. La Habana, Ediciones UNEAC, 1988. p. 91.

[9] Ibidem. P. 96-97

[10] Rolando Álvarez Estévez. José Lacret Morlot. Ensayo biográfico. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1983. p. 56.

[11] Idem.

[12] Citado por Rolando Álvarez Estévez en: Mayor General Carlos Roloff Mialofsky. Op. Cit. p. 201-202

[13] Cuba. Academia de la Historia. Constituciones de la República de Cuba, 1956. p. 28-30.

[14] José Miró Argenter. Crónicas de la Guerra. La Habana, Editorial Ciencias Sociales. 1970. p. 130-136

[15]  Máximo Gómez Báez. Diario de Campaña. La Habana, Instituto Cubano del Libro. 1968. p. 298

[16] Bernabé Boza. Mi diario de la Guerra. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1974. t. 1. p 61.

[17] Abelardo Padrón. Op. Cit. p. 33

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