La salud mambisa: la asistencia de los clubes revolucionarios contra las enfermedades en campaña.

Autora: MSc. Adriana Mani Benítez

Durante la Guerra Grande, las enfermedades que afectaron a la población y a los ejércitos contendientes fueron la viruela, el cólera, la fiebre amarilla, el paludismo y la disentería. Estas dos últimas menciones fueron las más recurrentes entre los insurrectos. Se contaba con la vacuna que prevenía la viruela pero, que se haya logrado determinar, durante la Guerra de los Diez Años no se organizó un servicio de vacunación similar al organizado en 1895. Por su parte, la tuberculosis se extendía favorecida por las condiciones deficientes de vida y alimentación de las tropas de ambas nacionalidades. También originó numerosas bajas la enfermedad no contagiosa el tétanos provocado por las heridas contraídas en combate.[1]

En campaña mambisa durante la Guerra Necesaria, las condiciones en las que vivió el mambí- mala alimentación, mala vestimenta, el hacinamiento, el clima húmedo, las fuertes lluvias y el frío- produjeron, en primer lugar, una pésima higiene y a su vez originaron la propagación de enfermedades como: el paludismo, tifus, cólera, fiebre amarilla, anemia, viruela, tuberculosis y disentería. Dentro de las mencionadas, las que más afectaron a las tropas cubanas fueron: cólera, paludismo y viruela. Esta última, se extendió como epidemia en 1896 en el Primer y Segundo Cuerpo del Ejército Libertador, en el Oriente del país. El paludismo se expandió a lo largo de la Isla-una de las zonas más afectadas fue Las Villas. En general, las principales causas de muerte fueron las heridas resultado de las acciones militares, aunque en determinados períodos las enfermedades contagiosas provocaron innumerables bajas al ejército. 

Para remediar estas circunstancias nacionales, existieron varias leyes reguladoras para organizar y perfeccionar la Sanidad Militar mambisa durante la Guerra Necesaria.[2] Pero las características de la guerra irregular cubana produjeron que las reglamentaciones mambisas no siempre se cumplieran en la práctica. Por lo cual, la situación sanitaria en el Ejército Libertador fue deficitaria.

En varias brigadas, divisiones y cuerpos de ejército se mantuvieron vacantes plazas de médicos durante la gesta. Además, los letrados no podían llevar los informes de heridos y bajas, por falta de papel. En el transcurso de la gesta los abastecimientos de material sanitario fallaban y los cuerpos del ejército nunca suplían completamente sus necesidades. Ante esta última situación, los mambises obtenían los abastecimientos médicos arrebatados al enemigo, de los asaltos y tomas a poblados y ciudades. Además, de las remisiones de los clubes revolucionarios en el exterior mediante las expediciones y las donaciones enviadas por los laborantes internos.[3]

Ejemplificando en el caso de la Segunda División del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador- conformado por la Primera Brigada de Santa Clara, la Segunda Brigada de Cienfuegos y la Tercera Brigada de Sagua la Grande de la provincia Las Villas- los clubes revolucionarios[4] de las cabeceras regionales de Santa Clara, Cienfuegos y Sagua la Grande, es decir las denominadas Villas Occidentales, enviaron más variedad de productos para la cura de los heridos y la mayor cantidad de envíos fueron los de quinina. Dicho medicamento sirve para curar el paludismo, enfermedad que mediante la correspondencia entre los miembros de los clubes y los jefes insurrectos, se comprende que fue el padecimiento que más afecto a la Segunda División.

Además, remitían medicinas para enfermedades comunes respiratorias y estomacales como: el elixir paregórico y tintura de opio  para tratar las diarreas frecuentes en los mambises, por comer alimentos en mal estado. A las cuales se le suman las que tienen múltiples funciones, por ejemplo el extracto de quina que sirve para curar el paludismo, la anemia y mejorar la digestión. La tintura de belladona que se usa como analgésico y para los cólicos y espasmos.

Los médicos mambises tuvieron que asumir la medicina verde, la cual apoyaron los clubes revolucionarios con las remisiones de ruibarbo-planta que alivia la gastritis, gastroenteritis y se puede utilizar también como laxante- sagú, jarabe de güira, y la ipecacuana- planta medicinal que sirve para curar enfermedades en el sistema respiratorio y digestivo. En menor medida, enviaban anástesicos, analgesicos y utensilios quirúrgicos.

Por otra parte, a la Segunda División llegaban cuantiosos suministros de cigarros, papeles de cigarros, picadura y tabaco, para degustar por los mambises en los campamentos y para engañar el hambre que existía en la manigua. Curiosamente, también existieron envíos de cigarros para los enfermos en los hospitales, manifestado en un fragmento de un periódico mambí cienfueguero: “tuvo el señor Morúa Delgado el honor de acompañar a la señorita Emilia Córdova en la distribución de los cigarros que para los enfermos traían” miembros del club Panchito Gómez que realizaban una visita en el campamento.[5]

La tarea fundamental de las asociaciones femeninas[6] era ayudar a los enfermos y heridos como argumenta Monteagudo en la misiva a los miembros del club Hermanas de Juan Bruno Zayas que: “espera que el objetivo de ese club, sea única y exclusivamente  socorrer a los heridos y enfermos de las fuerzas”[7]. Ejemplo de esta labor, suministran a los hospitales- que eran ranchos de madera y pencas de guanos- además de alimentos y medicinas, vestimenta para los enfermos, goteros, colchoneta, armadura de catre, almohadas, sábanas y cubiertos, para mejorar las condiciones de estos lugares.

En el caso de los clubes masculinos, varios de sus miembros eran médicos y practicantes y se dedicaban a recolectar medicamentos o comprarlos en las farmacias de los poblados tomados por los españoles y luego trasladarlos en pequeñas porciones a la manigua y también de  atender  a  heridos  conducidos  a  lugares  cercanos  a  la  ciudad.[8]

En el último año de la gesta, se acrecentaron el hambre y las enfermedades en el Ejército Libertador, influenciado por el hacinamiento de las tropas y por el bloqueo naval impuesto por los norteamericanos. En este momento, el apoyo brindado por los clubes revolucionarios de las ciudades de Santa Clara, Cienfuegos y Sagua la Grande, con el envío de alimentos, medicinas y otros víveres, fue significativo para la supervivencia de las tres brigadas de la Segunda División, que permanecían acampadas esperando  la determinación del futuro político de la Isla[9].

Los insurrectos en la manigua con escasez de alimentación, de medicinas y de recursos sanitarios enfrentaron diversas enfermedades contagiosas y epidemias durante las gestas anticoloniales decimonónicas. En la lucha por la supervivencia mambisa, la remisión de recursos por los clubes revolucionarios -aunque no dieran abasto a las necesidades-  fue esencial para solventar las dificultades de salud de los soldados cubanos, ejemplo de ello, la asistencia brindada por los clubes de Las Villas Occidentales a las tropas de la Segunda División del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador.  

Notas y Citas Bibliográficas

[1] Pérez ,L. La organización y desempeño de la sanidad militar mambisa durante la Guerra del 95 en la región Cienfuegos/ Samuel Sánchez tutor.—Trabajo de Diploma, UCF, Cienfuegos, 2012.-p.p.15-17.

[2] Las leyes dictadas durante la Guerra Necesaria fueron: Ley Orgánica de Sanidad Militar (1896); Reglamento de Sanidad Militar (1898), además de incluir secciones de Sanidad en las cuatro leyes de Organización Militar. Para profundizar en el tema consultar las fuentes: El Ingenio del Mambí de Ismael Sarmiento Tomo II y la tesis de Diploma: La organización y desempeño de la sanidad militar mambisa durante la Guerra del 95 en la región de Cienfuegos de Lic. Lisdania Pérez Navarro.

[3] Sarmiento, Ismael. El ingenio del mambí. Tomo II. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2008. p.296-360.

[4] En correspondencia con la estructura civil y militar en las Villas Occidentales, los clubes revolucionarios que correspondían a las tres brigadas de la Segunda División, y a las ciudades cabeceras regionales fueron: los clubes Juan Bruno Zayas (fundado 2 de diciembre de 1895), Hermanas de Juan Bruno Zayas (fundado 8 de enero de 1897), el Martí y el Maceo de Santa Clara. Los clubes Panchito Gómez (fundado 19 de mayo de 1895), La Cubanita (fundado 3 de mayo de 1896), Esperanza del Valle (fundado 4 de junio de 1896), el Patriótico Incógnito de Cienfuegos (fundado 1 de junio de 1897). En Sagua la Grande existió un club masculino y otro femenino sin nomenclatura y el club José Martí.

[5] Periódico Libertad 21 de noviembre de 1898 # 10 autor Benedicto.

[6] Posterior al Bando de Reconcentración,  las juntas femeninas también auxiliaron a los reconcentrados en las ciudades de Santa Clara, Cienfuegos y Sagua la Grande, considérese ello como una nueva línea de investigación.

[7] (AHPVC)Fondo Manuel García Garófalo, Legajo 7, Expediente 415.

[8] Pérez ,L. La organización y desempeño de la sanidad militar mambisa durante la Guerra del 95 en la región Cienfuegos/ Samuel Sánchez tutor.—Trabajo de Diploma, UCF, Cienfuegos, 2012.-p. 34.

[9] Historia Provincial de Cienfuegos.—(inédita)–p.145. Venegas, H. Historia Provincial de Villa Clara.—(inédita).–p.125. Historia Municipal de Sagua la Grande. –(inédita).— p.50

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