Julio Antonio Mella y su pensamiento revolucionario

Autora: Ana Karla Hernández Cabrera Estudiante de 4to año de Lengua Inglesa de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

La UNHIC Filial Villa Clara se une a las celebraciones por el 58 aniversario de la UJC para compartimos, en el blog de los historiadores villaclareños, artículos elaborados por estudiantes de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas relacionados con diferentes aspectos de la historia de Cuba, especialmente vinculados al papel de los estudiantes en los procesos revolucionarios. Sea este un homenaje desde la Unión de Historiadores a nuestra juventud, la cual demuestra cada día que “Somos Continuidad”.

Introducción

Al decir de Pablo de la Torriente Brau, “Mella era la síntesis perfecta de la audacia y la abnegación en la lucha por la justicia social…y el ejemplo formidable de lo que debe ser un joven revolucionario”. Desde el año 1923 en que surgió a la vida pública, hasta su caída en tierra mexicana, Mella desarrolló una intensa y fecunda actividad contra los gobiernos imperialistas de Cuba y se convirtió en una de las personalidades más relevantes de la lucha por la liberación nacional de la isla, en favor de la independencia de los pueblos de América Latina y por el socialismo.

“Se da en Mella el ejemplo del joven luchador que, sin haber venido de la clase obrera, la abraza y dirige”. Poseedor de una concepción impecable de la realidad cubana de su tiempo, supo luchar por sus convicciones sin más armas que su voz y su coraje y demostró a todos los que en él confiaron, que sólo con el cambio profundo de las estructuras sociales cobraría existencia la República soñada por José Martí.

Desarrollo

Durante la década de 1920 las inversiones de capital yanqui en América Latina se incrementaron. En Cuba se encontraban la mayor cantidad de inversiones y Estados Unidos monopolizó gran parte de los sectores económicos de la isla. Además, desde los primeros años de la intervención estadounidense, como variante del dominio imperialista, se inició el colonialismo cultural, el cual se manifestó principalmente en la propaganda sobre las bondades del modo de vida norteamericano.

Fue por ello que la lucha de los trabajadores y estudiantes radicales contra la dominación económica y política del imperialismo, se vinculó con el movimiento de la intelectualidad progresista, en defensa de la cultura nacional.

En el panorama internacional, el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia propició el auge de las ideas progresistas en el continente latinoamericano y el estudiantado cubano manifestó su simpatía y adhesión con el primer país socialista.

El movimiento reformista en la Universidad de La Habana surgió bajo la influencia de los movimientos estudiantiles que se habían gestado en Argentina, Perú, Chile y México puesto que la universidad presentaba características similares a las del resto de las instituciones de enseñanza superior en estos países: carencia de laboratorios, escasa preparación de los profesores, política de corrupción por parte del gobierno y participación nula de los estudiantes en las decisiones de la universidad.

El 10 de diciembre de 1922 los estudiantes lanzaron un manifiesto en el que anunciaron su intención de llevar a cabo la renovación universitaria y también de crear un órgano que los unificara. Diez días después, el 20 de diciembre, se reunieron en el local de la Asociación de Estudiantes de Derecho, los alumnos de las diferentes asociaciones de la Universidad y designaron formalmente el directorio unificador, con lo que surgió la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU).

En la reunión eligieron como presidente a Felio Marinello, estudiante de ingeniería quién ocuparía el cargo hasta el 20 de febrero de 1923, y como secretario general a un joven en cuyos documentos universitarios aparecía como Nicanor McPartland y ya era llamado corrientemente Julio Antonio Mella.

En referencia al movimiento estudiantil, Mella declaró:

“La revolución universitaria es la continuación del movimiento iniciado en Córdoba y que hoy viene por ley histórica a sufrir sus efectos en esta república”.

El día 12 de enero de 1923, se celebró en el Aula Magna la gran asamblea de profesores y alumnos, a la cual concurrieron dos funcionarios del gobierno de Alfredo Zayas. En dicha asamblea Mella se proyectó por la depuración profesoral, y expresó:

“Sangre son mis palabras y herida está mi alma al contemplar la Universidad como está hoy (…) no habré de callarme ante la coacción ni ante la amenaza (…) y pondré al descubierto todas las lacras que hay en la Universidad”.

Sin embargo, Mella se percató rápidamente que no podía cristalizar una auténtica reforma universitaria en un país sometido al dominio colonial del imperialismo cuyos estudiantes poseían una conciencia burguesa y defendió su convicción al expresar:

“En lo que a Cuba se refiere, es necesario primero una revolución social para hacer una revolución universitaria”.

Su clarividencia consistió en advertir a tiempo el fenómeno que acontecía y antes de abandonar la vida universitaria, se lanzó a buscar en los sindicatos la verdadera revolución. Figuraba como administrador de la revista Alma Mater que publicó sus primeros artículos sobre el movimiento reformista en Argentina y colaboraba además en el Boletín semanal de la FEU.

El 15 de octubre de 1923 inició sus labores en el Aula Magna el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, organizado por Mella con la aprobación unánime del Directorio de la FEU. La presencia de las representaciones del alumnado de los colegios privados demostró el afán unificador de Mella, ajeno a todo sectarismo y armado de una extraordinaria autoridad moral. El congreso adoptó el lema elegido por Mella: ‘Todo tiempo futuro tiene que ser mejor’.

Durante las sesiones se presentaron treinta y tres ponencias relacionadas con la reforma universitaria y otros aspectos. Mella redactó una de ellas titulada: El deber del estudiante ante la situación internacional de America Latina.

Entre los resultados del congreso se acordó crear la Universidad Popular José Martí así como el inicio de una campaña nacional contra el analfabetismo. El día 17 fue aprobada la Declaración de Derechos y Deberes del Estudiante, cuyo autor fue Mella y que proponía fomentar una nueva sociedad libre de parásitos y tiranos.

En otra de las sesiones, fiel a su pensamiento internacionalista, Mella propuso estrechar las relaciones con el estudiantado latinoamericano y en la revista Juventud, que fundó y dirigió, plasmó su convicción revolucionaria, se proyectó también contra la discriminación racial y combatió a los malos profesores que medraban en la Universidad habanera:

“Con distintas armas el mismo guerrero continúa la lucha”.

En dicha revista propuso también la búsqueda de un mecanismo que coordinara las acciones de los estudiantes para combatir por la independencia de los países de América martirizados por las dictaduras. En un viaje realizado a México expresó su anhelo de unir ese país al nuestro puesto que vislumbraba el propósito yanqui de dominar ambas naciones:

“Los pueblos hermanos, que un loco tenaz descubriera, son presas del águila estrellada”.

En su trabajo La única salidaalerta sobre el peligro que representaban los Estados Unidos para las naciones latinoamericanas al presentarse como una gran potencia económica con intereses más que conocidos en todo el hemisferio. Duda del significado del tan empleado término patriotismo puesto que todos aquellos que se autoproclamaban patriotas, servían vilmente a los intereses injerencistas del vecino del norte y añade que en toda la América la situación era igual pues ningún país se sostenía sin el apoyo yanqui. Igualmente, critica a los gobiernos entreguistas de la época, así como el carácter meramente comercial que había adquirido la sociedad. Aboga por defender la integridad del ciudadano que se encontraba derrotado y en total desventaja frente una moneda que controlaba todo un continente: el dólar. Por ello, incita a la revolución, a la defensa de las naciones que durante tanto tiempo fueron subyugadas y que aún no habían abrazado la verdadera independencia.

“El dominio yanqui en la América (…) es de absoluta dominación económica con garantías políticas cuando son necesarias (…) La sociedad está hecha para ser gobernada por el Dólar y no por el ciudadano (…) Hay que hacer, en fin, la Revolución Social en los países de la América”.

Propone entonces seguir el ejemplo de la Revolución Socialista que había dado tantos frutos y había inspirado a tantos luchadores. Convoca a la creación de un movimiento coherente de enfrentamiento contra el imperialismo yanqui, enemigo común de los pueblos. Exalta principalmente el papel de las Ligas Antimperialistas y señala que constituyen un frente único de lucha donde todas las fuerzas revolucionarias de la sociedad: obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales, son invitadas a participar en una batalla sin precedentescontra un enemigo común:

“La hora es de lucha, de lucha ardorosa, quien no tome las armas y se lance al combate pretextando pequeñas diferencias, puede calificarse de traidor o cobarde. Mañana se podrá discutir, hoy sólo es honrado luchar”.

El escenario político de la isla era desolador. Pese a los esfuerzos del movimiento obrero y estudiantil por combatir los males de los gobiernos títeres de la época, la corrupción persistía y la burguesía continuaba en defensa de los intereses monopolistas de Estados Unidos para evitar a toda costa, un enfrentamiento con este país.

La Enmienda Platt representaba aún una amenaza latente. Al respecto Mella sostenía que no éramos ya colonia de España sino colonia de una plutocracia norteamericana.

Desde 1904, un puñado de especuladores procedentes del oeste central de los Estados Unidos, compró a muy bajo precio extensos eriales de tierras en la Isla de Pinos. Las compañías yanquis pagaron aproximadamente cuarenta mil dólares por los títulos que las pusieron en posesión de las dos terceras partes de la mencionada Isla. Además de terrenos, los norteamericanos eran dueños de otras propiedades como hoteles, almacenes, etc.

La controversia por la posesión de la Isla de Pinos no cesaba, y entre los años 1923 y 1925 este tema fue blanco de debate nacional. Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos proclamaba abiertamente su supuesto desinterés sobre las propiedades territoriales en América. Sin embargo, era evidente que no deseaban deshacerse de la Isla de Pinos: “la perla más brillante arrancada a la corona de España”.  El 13 de marzo de 1925, el Senado norteamericano ratificó, con algunas reservas, el Tratado Hay-Quesada, mediante el cual se reconocía definitivamente el derecho de Cuba a la soberanía sobre Isla de Pinos.

Varios sectores y movimientos estudiantiles se opusieron a tamaña hipocresía por parte del gobierno, puesto que dicho territorio pertenecía por derecho a Cuba. El Comité Antimperialista de la Universidad, presidido por Mella, publicó un manifiesto en el que señalaba que el acto de ‘cedernos’ la Isla de Pinos no era motivo de asombro para nadie, pues siempre nos había pertenecido, salvo para los gobiernos injustos que se regocijaban ante dicha eventualidad. Afirmaba además que Cuba no era libre y que Estados Unidos no había otorgado la independencia a ninguna de las colonias que poseía en el resto del continente, por lo que no existía razón alguna para celebrar. Y al concluir el manifiesto, exhorta a los estudiantes a oponerse al imperialismo:

“Estudiantes, gritemos: ¡Abajo el imperialismo yanqui! ¡Viva nuestra dignidad de hombres libres!”.

Mella continuó su actividad política durante el gobierno de Alfredo Zayas y predijo el carácter opresor que tendría el gobierno de Gerardo Machado al que denominó ‘Mussolini Tropical’ por las atrocidades acontecidas durante su mandato. Mella fue fundador de la Liga Antimperialista donde desplegó una activa campaña para lograr la devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo por el gobierno estadounidense. Fue además designado miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y responsable de las tareas de educación marxista y de la atención a la prensa.

Su vida se encontraba en inminente peligro y era necesario preparar con urgencia las condiciones para que pudiera escapar del país. Una vez en el exilio continuó su actividad política mientras crecía la admiración y el respeto que por él sentían los trabajadores y militares antimperialistas.

Mella seguía con mucha atención el curso de los acontecimientos en Cuba. Machado había desatado una feroz represión contra los líderes estudiantiles y sindicales y, la Universidad de La Habana, que durante tres años se había convertido en un potente foco de rebeldía, fue víctima de la conjura reaccionaria. 

En diciembre de 1926, vio la luz su folleto Glosas al pensamiento de Martí, en el cual recordaba el deber de la nueva generación de escribir un libro sobre el apóstol. En este breve ensayo indicaba el camino para llegar a entender la obra martiana.

“El estudio debe terminar  con un análisis de los principios generales revolucionarios de Martí, a la luz de los hechos de hoy. Él, orgánicamente revolucionario, fue el intérprete de una necesidad social de transformación en un momento dado. Hoy, igualmente revolucionario, habría sido quizás el intérprete de la necesidad social del momento.” 

Para Mella, así como para Martí, el internacionalismo significaba la liberación nacional del yugo extranjero imperialista y, conjuntamente, la solidaridad, la unión estrecha con los oprimidos de las demás naciones.

“No ha habido –afirmaba– otro revolucionario de los finales del siglo pasado que amase más al Continente y que lo sirviese mejor con la pluma, con la palabra y la espada (…) Tuvo, sin duda, el concepto del internacionalismo (…)”.

En relación con Martí y el proletariado, aseguraba que esta era una de las facetas más apasionantes del gran cubano, destacando cómo por ser amigo de la revolución contra el yugo del imperio español, y contra todos los yugos imperialistas, había sido también amigo del pueblo trabajador. Alertó además, como Martí en su momento, del peligro de Estados Unidos en los pueblos de América y lamentó la pérdida que sufrió Cuba de tan valeroso hombre:

“Conveniente sería que hubiese vivido hasta nuestros días. ¿Qué hubiera dicho y hecho ante el avance del imperialismo, ante el control de la vida política y económica por el imperialismo, ante las maniobras de éste entre los nacionales, y para salvaguardar sus intereses?”.

Conclusiones

En nuestra realidad, el pensamiento de Mella alcanza su máximo esplendor. Los pueblos latinoamericanos que supo defender, marchan a la culminación de su segunda independencia. Ni su desvelo ni su sacrificio han sido en vano. Sus sueños se hicieron realidad en la Revolución Cubana. La fecundidad de su ejemplo invita a los jóvenes de hoy a la imitación creciente de su abnegación y coraje.

Bibliografía:

  • Cabrera, Olga. El Antiimperialismo en la Historia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1985.
  • Cuba ¡¿República?! Primera Parte 1902-1952. Documentos y artículos. Compilación. Editorial Félix Varela.  La Habana, 2003.
  • Dumpierre, Erasmo. Julio Antonio Mella. Biografía. La Habana. Secretaría de trabajo ideológico. Comisión Nacional de Historia UJC, 1975.
  • Instituto de Historia de Cuba. LA NEOCOLONIA: Organización y crisis. Desde 1899 hasta 1940. La Habana. Editora Política, 1998. Capítulo V: Primeras manifestaciones de la crisis del sistema colonial (1921-1925).
  • López Civeira, Francisca. Cuba entre 1899 y 1959. Seis décadas de historia. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 2007.
  • Mella: Documentos y Artículos. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales, 1975.
  • Núñez Machín Ana. Rubén Martínez Villena. La Habana. UNEAC, 1971.
  • Pichardo Viñals Hortensia. Documentos para la Historia de Cuba. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales, ICL, 1973.  Tomo 3.

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