Los difíciles y convulsos años de 1925 a 1935

Autoras:

María del Rosario García Alfonso. Estudiante de Lengua Inglesa 4to año UCLV “Marta Abreu”. Facultad de Humanidades.

MsC. Arelys María Pérez Ruiz. Profesora Departamento de Historia UCLV “Marta Abreu”. Presidente Unión de Historiadores Filial Villa Clara.

“(…) la Revolución del 30 constituye un momento central y un gozne en la acumulación de fuentes que posibilitaron en Cuba la opción de una Revolución como la que triunfó en 1959 y cambió al país en los años inmediatos”

Fernando Martínez Heredia.

 

Gerardo Machado en  el  poder.

La gestión del gobierno antiobrero, anticomunista, proimperialista y tiránico de Gerardo Machado evidencia la aplicación de un programa coherente que tiene en cuenta los problemas que debía resolver, de un proyecto de reformas al sistema desde los intereses fundamentales de la oligarquía  interna y externa.

En el aspecto económico, la concepción central era la búsqueda de alternativas a la dependencia del azúcar, por tanto se planteó la diversificación de la producción agrícola e industrial para el mercado interno. El equipo machadista definió tempranamente su política azucarera de restricción de la producción con vistas a mejorar los precios. Para enfrentar las consecuencias de la disminución de las zafras se aprobó entonces la Ley de Obras Públicas en julio de 1925. La Ley autorizaba un amplio plan de construcciones y reparaciones de carreteras, caminos, acueductos y alcantarillados, pavimentación de calles y obras de embellecimiento urbano. Las de mayor impacto serían la carretera central, por cubrir una necesidad real del país, la escalinata de la Universidad de La Habana y el Capitolio Nacional. La Ley actuaba como descarga para el desempleo y la disminución de salarios que provocaría la restricción azucarera. El financiamiento se aseguró por la vía impositiva con un Fondo Especial de Obras Públicas y por los préstamos bancarios a los contratistas, en este caso destinados fundamentalmente a la carretera central. El financiamiento provenía del Chase Nacional Bank, que incluyó entre sus gerentes a José Emilio Obregón, yerno de Machado. Los préstamos del Chase alcanzaron la cifra de $80 000.00.

El 3 de mayo de 1926 se aprobó la Ley Verdeja o restricción azucarera que autorizó al Ejecutivo a fijar la fecha de inicio de la zafra en 1927 y 1928, limitando la cosecha de 1926/27 al 90% del estimado de cada ingenio y facultando al Ejecutivo para el mismo procedimiento en la siguiente. Estableció también la obligación de moler en igual proporción la caña de los colonos y la de administración.  Esto implicaba disminuir la producción y, por tanto, los días de zafra, con lo que aumentaba el tiempo muerto.

El centro de la política económica radicaba en la reforma arancelaria. Esta era la medida que podía tener un alcance mayor en cuanto a la estructura económica de Cuba. El 9 de febrero de 1926 se había aprobado una ley que concedía al Presidente la más amplia facultad para revisar la ley arancelaria vigente y modificarla en un período de tres años. De acuerdo con lo estipulado en esa ley, se creó la comisión técnica arancelaria que presentó su informe al Ejecutivo el 12 de agosto de ese año. Los nuevos aranceles propuestos fueron aprobados el 19 de octubre de 1927 e introducían algunos cambios imprescindibles en el concepto arancelario, heredado de la colonia española, que establecía mayor gravamen para las materias primas que para los productos manufacturados. Por primera vez se aplicaba un criterio económico respecto a los derechos de importación, además se cambiaba el arancel de un sola columna por dos columnas, máxima y mínima, con lo que se flexibilizaba. Se exceptuaron los preferenciales otorgados a los productos norteamericanos, que no tuvieron modificación. El cambio permitió proteger algunas producciones agrícolas e industriales destinadas al consumo interno.

Desde la perspectiva política también había que enfrentar la crisis a partir del deterioro de las instituciones del Estado y de la rebeldía popular, además de acometer el programa de reformas económicas iniciado. El criterio central fue la atracción de todas las fuerzas posibles en torno al programa machadista, por lo que se desarrolló una intensa propaganda sobre lo que denominaron como la gran obra patriótica, unida a la política de concesiones a quienes se prestaran a colaborar; la otra cara de la moneda era la represión contra quienes se negaran a la cooperación, que fue inicialmente selectiva y diferenciada. De manera que se aplicó la atracción de fuerzas y la represión de manera complementaria.

La gestión machadista hundió al pueblo en la miseria por su política económica de restricciones de la zafra y aranceles seudoproteccionista, e invirtió el dinero del pueblo, extraído por impuestos abusivos en obras de lujo y festejos capitalinos.

Efectos  de la crisis de 1929-1933 en Cuba.

A partir de la gran crisis económica mundial en 1929 denominada la Gran Depresión se evidencian consecuencias desfavorables para la economía estadounidense y para la nuestra, como resultado, en nuestra condición de neocolonia. Uno de los cambios más drásticos se produce en la reducción del comercio exterior, especialmente de las exportaciones e importaciones de azúcar. Las exportaciones de 1932 alcanzaron solo un 18% de las realizadas entre 1919 y 1923. Si entre 1922 y 1926 Cuba suministraba el 52,2% del azúcar importado en los Estados Unidos, entre 1927 y 1930 esta cantidad se redujo ligeramente a un 49,4% y en 1933 el descenso fue aún mayor, cayó bruscamente a un 25,3%. En segundo lugar, se produce una reducción de la producción de azúcar que se inicia en la zafra de 1926-27 y se detiene por razón de la zafra libre de 1928-29, continuando en disminución creciente hasta 1933. La zafra de 1932-1933 representó un 50% de la zafra de 1922. Como resultado del recortamiento de la producción, hubo una disminución de los días de trabajo en los ingenios que se limitaron a 90 días en estos años y en 1933 a 66. No es entonces motivo de sorpresa que para estos años el índice de desempleo aumentara (alrededor de 250,000 jefes de familia estaban desocupados permanentemente, lo que representaba aproximadamente un millón de personas en la peor de las miserias sobre un total de 3 900 000 habitantes) y que se redujera paulatinamente el número de ingenios en actividad. En 1926 operaban 176 ingenios, y para 1933 eran solamente 135. Finalmente, con la reducción del tiempo de zafra, la producción y las exportaciones, hubo una reducción drástica de los ingresos. El ingreso promedio fue de 1933 a 1934 de $90 anuales. Los estimados de la época elevan a 60% de la población el número de cubanos con ingresos menores de $300 al año, salarios de niveles en general inferiores a los existentes en 1909-1910. Sin embargo, como en toda época de crisis, la clase baja debe enfrentar las peores consecuencias y mantener el costo de vida “heredado” del periodo de “vacas gordas” por la clase media y alta, al menos hasta 1929, hasta el momento en que ya la capacidad adquisitiva, a consecuencia de la reducción drástica del ingreso personal, había quedado reducida a una mínima expresión.

 

 Desde los primeros años del gobierno de Gerardo Machado la represión se centró en el movimiento obrero y estudiantil.

Luego de consultar el artículo El récord de Machado en cuatro años de terror blanco podemos constatar, en ejemplos concretos, que durante el mandato de Gerardo Machado, los grupos sociales más reprimidos fueron los obreros y estudiantes. Teniendo en cuenta, en primer lugar, a los obreros, Machado fue responsable de la respuesta violenta a muchas huelgas obreras como “la gran huelga de ferrocarriles”, utilizando a la policía como medio de coacción y amenaza, así como del asesinato de muchos líderes obreros como Enrique Varona, líder de los trabajadores de los centrales azucareros, Tomás Grant, líder ferroviario, en Ciego de Ávila, Baldomero Dumenigo, Tesorero de la Hermandad Ferroviaria de Cienfuegos, Alfredo López, Secretario de la Federación Obrera de la Habana, y Organizador de los Congresos Obreros Nacionales de Camagüey y Cienfuegos y al obrero ferroviario Salvador Torres Díaz en Camagüey, entre otros. Además, durante su gobierno, Machado expulsó a más de cuatrocientos obreros ilegalmente de sus centros de trabajo y clausuró muchos de los periódicos obreros y antiimperialistas, tales como “Juventud”, “Justicia”, “Lucha de Clases”, “Vulcano” y “El Cubano Libre”. El movimiento estudiantil también fue víctima clara de la represión machadista, comenzando con la disolución de la Federación de Estudiantes de la Universidad de la Habana y del Directorio Estudiantil contra la “Prórroga de Poderes”. Además, por temor a las revueltas estudiantiles, militarizó el Instituto de la Habana y los Institutos Provinciales y expulsó de la Universidad por dos, cuatro, seis y diez años a los líderes estudiantiles. Un ejemplo de estas represalias fue la expulsión del territorio nacional al estudiante cubano Gabriel Barceló por haber hablado contra el gobierno en un mitin obrero  del primero de mayo y al estudiante cubano Leonardo Fernández Sánchez, por suponerlo enviado a Cuba por emigrados de México “con fines conspirativos”.

Villa Clara entre 1925-1935:

Como afectó a Villa Clara la crisis económica de 1929 a 1933?

La provincia de Villa Clara no se vio exenta de los efectos desfavorables de la crisis económica de 1929 a 1933. Algunos ejemplos del impacto de la crisis en la población de la provincia son el cierre temporal o definitivo de algunos de los centrales y negocios de diversa índole, entre los que se vieron más afectados el Marta Luisa, de Zulueta, que cesó coma centro productor del dulce grano y las fábricas de azúcar San José de Placetas y el Constancia de Encrucijada. En la mayoría de los centrales villaclareños los salarios de los obreros industriales,   incluyendo   las labores   que   requerían   personal altamente calificado, no sobrepasaban los $0,50 centavos por día. A pesar de que las manufacturas y producciones tabacaleras villaclareñas tuvieron situaciones menos dramáticas, hubo un aumento del índice de desempleo en la provincia derivado de disminuciones productivas en tabaquerías pequeñas ubicadas en Vueltas, Remedios, Encrucijada, Ranchuelo, Placetas, Camajuaní, Manicaragua y Santa Clara.

La crisis afectó además otros renglones económicos villaclareños como por ejemplo la ganadería, la producción avícola y los llamados cultivos varios. El movimiento portuario de Caibarién e lsabela de Sagua disminuyó; hubo disminución productiva en las tenerías de Santa Clara y Caibarién, en la fábrica de hielo, en la de refrescos y en la embotelladora de aguas minerales Lobaton, de Camajuaní, así coma en la fábrica de embutidos de esa localidad. Los capitales foráneos también fueron afectados.  Por ejemplo, hubo disminuciones en la producción de la Fundición Mac Farlane de Sagua la Grande. Además, descendió el tráfico de pasajeros y de carga, especialmente el relacionado con la producción azucarera mediante los ferrocarriles, se paralizaron las obras de construcción iniciadas antes de 1929 y varios bancos y sucursales de bancos estadounidenses vieron muy reducidas sus operaciones.

Estos ejemplos demuestran que la crisis afectó, no solo al sector productivo, sino a prácticamente todos los sectores económicos de nuestro país y provincia, y que, por supuesto, se vio reflejado a nivel social en la reducción del comercio interno del territorio villaclareño, como resultado de la disminución de los ingresos de la gran parte de los habitantes, en el aumento de los despidos, la disminución de las posibilidades de empleo y el aumento de las protestas de los trabajadores.

Dentro de las características de la sociedad villaclareña en este período se destaca el racismo.

En cuanto a composición étnica, y debido a la considerable corriente migratoria española, Villa Clara contaba con una población eminentemente favorable a los blancos. Caibarién se mantuvo como la zona de mayor número de blancos en el territorio y alcanzaba el 85 % del total poblacional, mientras que Camajuaní y Placetas juntos tenían más del 70 % del promedio nacional. Por lo tanto y tristemente, uno de los problemas sociales más marcados del periodo en la provincia fue el racismo, del cual podemos citar manifestaciones concretas. En el Parque Vidal, por ejemplo, (remodelado a mediados de la década de 1920), existían dos paseos, uno principal destinado a los blancos y uno secundario para negros, mulatos y otras personas “de color”. La violaci6n de esta regla era tenida como una acción de rebeldía que podía ser castigada.

La lucha popular contra la dictadura de Machado en Santa Clara

A pesar de que Gerardo Machado era un ciudadano villaclareño y contaba con muchos simpatizantes en el territorio, hubo muchos villaclareños que se manifestaron en contra de su gobierno y medidas corruptas y radicales. Por ejemplo, en 1931 fue creada la Liga Juvenil Comunista en la parte central del país en la ciudad de Santa Clara, donde tuvo mayor cantidad de miembros en su mayoría estudiantes, y se destacaron entre ellos los de la Escuela de Comercio y la Escuela   Normal de Maestros. Un dato curioso fue la existencia de un partido local en el municipio de Santo Domingo, que se denominó Alianza Dominicana y que fue promovido por la familia González Echevarría.

En  las territorios villaclareños, a  partir del  8 de  agosto  de  1931,  las fuerzas estudiantiles se sumaron al alzamiento iniciado en La Habana, sobre todo en la zona de Seibabo , barrio de  Santa  Clara.  Hubo también  acciones  en Vueltas,  General  Carrillo,  Sagua  la Grande , Sierra  Morena,  San  Diego  del  Valle , Santo  Domingo,  Encrucijada,  El Santo,  Cifuentes  y  Manicaragua.  Los rebeldes asaltaron comercios y puestos militares e incendiaron y tirotearon instalaciones de diversa   índole.  Las acciones más sobresalientes fueron el incendio del correo de Vega de Palma, la toma de la iglesia de Vueltas y los tiroteos de zonas de Remedios, Camajuaní y Manicaragua

La actividad de las azucareros se perfeccionó con la creación, en la clandestinidad, del Sindicato Nacional de Obreros de la industria Azucarera (SNOIA) en el marco de la Primera Conferencia Nacional de la industria Azucarera, con representantes de Camagüey y Oriente. Los villaclareños también se sumaron a las llamadas “marchas de hambre” de los desocupados, convocadas por el Partido Comunista, destacándose las de Encrucijada y la de Santa Clara.

En 1933 la situaci6n era candente. En enero de ese año la Liga Juvenil Comunista de Santa Clara convocó a una manifestación en conmemoración de la muerte de Mella y en febrero de 1933 se produjo un movimiento huelguístico en el central Nazabal de Encrucijada, que concluyó con la toma de la fábrica por los trabajadores.

Características generales del gobierno de Gerardo Machado.

El gobierno de Gerardo Machado se caracterizó fundamentalmente por ser uno antiobrero, anticomunista, proimperialista y tiránico. Además, desde 1926 y en la búsqueda para prolongar su presidencia, implementó el cooperativismo, que constituyó también el más importante mecanismo dentro de la política de neutralizar a opositores y potenciales enemigos. Esta fórmula se dirigía fundamentalmente a los partidos políticos que pugnaban por el poder, pues se trataba de crear un frente único de los representantes oligárquicos para impulsar el programa de soluciones y eliminar las pugnas por el poder. En esta dirección se contó también con la participación activa de las fuerzas armadas. En marzo de 1926 se autorizó al Presidente de la República a reorganizar el Ejército y la Marina Nacional de Guerra, por lo cual se promulgaron las leyes orgánicas del Retiro Militar del Ejército y de la Marina de Guerra. La reorganización realizada permitía vincular directamente a la oficialidad con el Ejecutivo convirtiendo a los oficiales en funcionarios del Estado, además controlar la política de ascensos entre muchas otras acciones concretas para efectuar la prórroga de poderes.    Entre abril y mayo de 1928 Machado hizo reformar la Constitución y suprimió o añadió cargos y funciones, perpetuándose en el poder y, en junio de 1928, aseguró su hegemonía dictatorial por medio de la “Ley de emergencia electoral”, que prohibía la reorganizacin de los partidos políticos y propiciaba las feroces persecuciones  a  los nacionalistas,  a  los comunistas  y  a  cuantos  grupos  se  le opusieran.

Machado, debido al Cooperativismo, fue candidato único, y el 20 de mayo de 1929 tomó posesión de su nuevo periodo electoral. En esa ocasión mantuvo en su gabinete a algunos secretarios, como por ejemplo a Jesús Barranque y a Carlos Miguel de Céspedes, así como al villaclareño José Braulio Alemán. Sin embargo, fue la reelección fraudulenta, ilegal de Gerardo Machado la que produce la crisis institucional del sistema dictatorial y generaliza el movimiento opositor en todo el país.

A partir de 1930 se evidencia el desarrollo de una situación revolucionaria en Cuba.

La generalización de la lucha que se produjo a partir de los acontecimientos de 1930 presenta un cuadro muy heterogéneo en sus fuerzas y organizaciones, debido a que proliferaron las organizaciones de oposición en varias vertientes con sus propias bases ideológicas y programáticas: una vertiente de grupos revolucionarios opuestos al sistema en diversas formas y grados, y otra de políticos del sistema que deseaban obtener el poder y sus gajes, y cerrar el paso a una Revolución. Una tercera vertiente, basada en el comunismo de la Internacional, trataba de organizar y conducir a los trabajadores hacia una Revolución social contra el sistema, la cual era independiente y muy crítica de las otras.

Dentro del movimiento obrero se puede apreciar una mayor coherencia por la influencia del Partido Comunista en la CNOC y la dirección, prácticamente conjunta, de las acciones. Como se ha expresado, el programa comunista planteaba la revolución en dos etapas: agraria y antiimperialista, y socialista, dirigida por el proletariado a través de la forma soviética de obreros y campesinos.

En 1931 un grupo de estudiantes antiimperialistas, también influidos por el marxismo, se separó del DEU para fundar el Ala Izquierda Estudiantil (AIE). El movimiento estudiantil se había escindido, conservando el DEU un alto poder movilizativo con sus acciones que coincidían con los métodos del ABC aunque había perdido la profundidad programática inicial para asumir posiciones reformistas; mientras el AIE se definía antiimperialista, que era el principal punto de divergencia, de donde se desprendían otros como el papel de la clase obrera en la revolución y los métodos de lucha.

En la Alianza Nacional Feminista se había producido también un desprendimiento en 1930 que fundó Unión Laborista de Mujeres con igual influencia ideológica.

Todas las vertientes: nacionalistas, menocalistas, marianistas y otros confluyeron para producir alzamientos simultáneos el 8 de agosto de 1931. Menocal y Mendieta estarían al frente del grupo principal. Conectados con este plan, se produjeron alzamientos en distintas partes del país, como el del general Francisco Peraza en Pinar del Río, quien murió en este empeño, los del sur de La Habana, Trinidad, Cienfuegos, Santa Clara, Matanzas, Fomento y Báez; en la zona de Morón, Florida y Ciego de Ávila el campesino Juan Blas Hernández logró sostenerse durante casi dos años, en la capital se produjo un combate protagonizado por el capitán del Ejército Libertador, Arturo del Pino, y en Oriente, donde arribó a Gibara la expedición dirigida por Emilio Laurent y Carlos Hevia, hubo otros alzamientos, entre ellos el de Antonio Guiteras.

En esta coyuntura surgió, en 1931, una nueva organización que alcanzaría gran notoriedad en la lucha contra Machado. Se trata del ABC, de carácter secreto, celular, de métodos terroristas, que daría a conocer su programa en 1932 con tintes fatalistas. El ABC planteaba otro programa alternativo reformista en su vertiente más reaccionaria; con un sentido fatalista en el vínculo con Estados Unidos, era un programa emanado de sectores de la pequeña burguesía que, a partir de una explicación generacional de los problemas cubanos, trataba de encontrar espacios para una mayor participación cubana, al intentar cierta atenuación de la dependencia sin plantearse la conquista de la plena independencia. Otros grupos menores alineaban en estas tendencias fundamentalmente y algunas individualidades, como Antonio Guiteras, tenían su propia perspectiva, en este caso dentro del antiimperialismo. 

Tiranía y desastre social fueron las condiciones de la Revolución que se desplegó, como afirma Fernando Martínez Heredia. Pero esta revolución naciente, el desarrollo de la situación revolucionaria, tenía un gran desafío: el de encontrar cómo ser antiimperialistas y socialistas, es decir, patriotas antiburgueses, comunistas cubanos, cómo unificar las luchas de clases con las luchas del pueblo, cómo conciliar ideas y estrategias disímiles y a veces opuestas. Y precisamente ese fue su fracaso: al no existir durante la Revolución del 30 una conducción unificada, el lugar de las personalidades reconocidas resultó más destacado, pero sus actuaciones, a la vez, fueron menos efectivas.

Actuación del gobierno de los EE.UU. ante el auge de la lucha contra Machado.

Al examinar los documentos, en su mayoría inéditos, de la embajada de los Estados Unidos en Cuba, del Departamento de Estado y de la Inteligencia militar yanqui, saltan a la vista dos elementos novedosos y nada halagüeños para la diplomacia y el espionaje imperiales: En primer lugar, los reportes de Benjamín Sumner Welles sobre la situación cubana, tendentes a provocar la intervención militar yanqui, a sabiendas de que tal acción no se avenía con la política de “Buena Vecindad” hacia América Latina del presidente Franklin Delano Rossevelt. La única explicación de esta conducta es la frustración de Welles tras los sucesos del 4 de septiembre, que lo tomaron por sorpresa e hicieron fracasar su operación mediacionista. Como segundo elemento a resaltar de los documentos se encuentran los frecuentes errores, imprecisiones y disparates sobre hechos, situaciones y personas, que ponen en tela de juicio la profesionalidad de sus autores y el supuesto buen conocimiento que tenían sobre la realidad de Cuba.

Además de los múltiples documentos históricos que se pueden examinar del periodo, la posición del gobierno estadounidense en la isla se mantuvo latente de disimiles formas, con el fin de mantener a Cuba en calidad de su neocolonia. Tal es el caso de la visita del Presidente Gerardo Machado a la Casa Blanca a rendir cuentas de la situación que se vivía en Cuba y a solicitar la aprobación de la ley de prórroga de poderes, como se evidencia en el documento en que el Secretario de Estado Cordell Hull le transmite a Sumner Welles las instrucciones del gobierno:

“Se informa que durante el curso de su visita a Washington que tuvo lugar después de aprobarse esa Ley por la Cámara de Representantes, el Presidente Machado obtuvo la tácita aprobación del Gobierno norteamericano a los principios generales establecidos en esa legislación”.

Rechazado el plan  y sin esperanza de conciliación, WeIles solicita el envío de buques de guerra norteamericanos, y apremia a los mandos militares para que depongan al dictador. El 12 de agosto Machado presenta la renuncia y huye del país. La victoria de la huelga general significa el fracaso de la mediación yanqui; todo depende ahora de la capacidad del movimiento popular para consolidar el triunfo y establecer un gobierno revolucionario.

Esta historia se repetiría una y otra vez: la intervención del embajador estadounidense Jefferson Caffery luego de los acontecimientos que siguieron al derrumbe del Gobierno de los 100 días; así como el entrenamiento de la Policía Secreta y Judicial, la Sección de Expertos y el cuerpo paramilitar conocido por La Porra, para ser utilizados  en función de su política y de la represión.

Del 10 de septiembre a de enero de 1934 se produjo  en Cuba lo que Carleton Beals, periodista norteamericano que conoció y admiró a Guiteras, calificó  como “romántico y nacionalista sin programa definido”, pero también como el primero en la historia de Cuba “de origen puramente cubano”, el Gobierno de los Cien Días que 15 de enero de 1934  que mediante un
golpe contrarrevolucionario encabezado por Batista y apoyado por el gobierno norteamericano  entregó el poder  al gobierno formado por  Mendieta- Caffery- Batista que se caracterizó  por desatar una política represiva en el país. El militarismo cobró auge.

  La reacción frente al golpe de Estado de 1934 fue muy diversa. 

La reacción frente al golpe fue diversa, pero se manifestó una actitud de resistencia, no siempre organizada, que se opuso al nuevo gobierno. Las fuerzas revolucionarias trataron de retomar la iniciativa aunque se mantuvo la dispersión, ahora acentuada por las nuevas organizaciones que surgieron en 1934.

Las tensiones dentro de la sociedad continuaban, los atentados, incrementados después que el ABC pasó a la oposición,  y las acciones de todo tipo, demostraban que la beligerancia se mantenía. Además de la lucha popular, se sumaba la oposición que había surgido de las divisiones internas y la de los desplazados del poder por los grupos mediacionistas. Políticos, corporaciones burguesas y otros grupos proponían programas para superar la crisis.

En 1934 aparecieron nuevos partidos y agrupamientos políticos que se movían entre el reformismo y la revolución en sus proyecciones programáticas.  Algunos eran pequeños en membresía o tuvieron poca duración, es el caso del Partido Agrario Nacional, de Alejandro Vergara (PAN), la Organización Revolucionaria Cubana Antiimperialista (ORCA), con Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa y Gustavo Aldereguía fundada en el exilio, e Izquierda Revolucionaria, de Ramón Miyar, Ramiro Valdés Daussá y Juan Antonio Rubio Padilla. Las de mayor trascendencia por arraigo y duración fueron Joven Cuba, de Antonio Guiteras, y el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) (PRC-A) cuyo gran líder fue Grau San Martín. El contenido de este último lo ubica dentro de una línea reformista, en la que se aspira a un mayor nivel de soberanía dentro del sistema neocolonial, al tiempo que recogía aspiraciones de mayor justicia social.

La organización “Joven Cuba” creada por Guiteras en 1934 alineaba en la tendencia revolucionaria.  Después del golpe de enero, Antonio Guiteras se integró al Bloque Septembrista salido de un grupo que se separó del proceso de gestación del Partido Auténtico, pero después creó su propia organización que aportaba una estructura organizacional y un programa más fuertes y precisos, cuyos postulados antiimperialistas planteaban el programa que guiaría la primera fase de la revolución.

Estas organizaciones mostraban los cambios operados con la irrupción de los sectores populares en la vida política, en especial las capas medias. 

También el movimiento obrero y comunista hacía balance de lo ocurrido y planteaba sus perspectivas inmediatas. Los movimientos huelguísticos, las manifestaciones y otras formas de protestas se mantenían a pesar de la represión. En los días del golpe se estaba celebrando el IV Congreso Obrero de Unidad Sindical con la presencia de 2 400 delegados. De aquí emanó como objetivo central del trabajo de la CNOC la unidad sindical de clase, al mismo tiempo que se planteó el vínculo con “los sectores explotados no proletarios” en lo que incluían a los campesinos pobres y medios y las capas pobres de la pequeña burguesía urbana.

En abril de 1934, el Partido Comunista desarrolló su II Congreso. Los enfoques acerca del momento y las estrategias se mantenían en la misma dirección ya vista. El Partido se planteó certeramente la lucha por la plena independencia nacional y también por la unidad, aunque en este aspecto mantenía la fórmula del gobierno soviético de obreros, campesinos, soldados y marinos, que no facilitaba la unidad de todas las fuerzas revolucionarias ni atendía las características propias de Cuba.

Los campesinos también se incorporaron a los combates. El caso de mayor trascendencia en aquel momento fue la lucha escenificada en el Realengo 18, en la provincia de Oriente, donde enfrentaron los intentos de  desalojo bajo el lema “Tierra o Sangre” bajo el liderazgo de un veterano mambí, Lino Álvarez. Contaron con el apoyo y asesoría del Partido Comunista y su acción fue de tal fuerza que el gobierno tuvo que pactar.

Los estudiantes universitarios y de la enseñanza media también sostuvieron el combate contra la represión y la ocupación militar de planteles, por mantener la autonomía universitaria y la matrícula gratis para los estudiantes pobres, y por la depuración de machadistas y profesores ineptos. La dirección del movimiento estudiantil se había desarticulado después de la desaparición del DEU, ya que solo quedaba estructurada el Ala Izquierda Estudiantil, mientras que en la masa de estudiantes incidían también antiguos miembros del DEU y otros vinculados a distintas organizaciones como auténticos, abecedarios y otras que daban una gran diversidad ideológica.

En general, se ofrecía una fuerte resistencia a la ofensiva reaccionaria, pero a partir de una gran dispersión de las fuerzas, lo que constituía una debilidad para el movimiento revolucionario.

Esquema que manifiesta la heterogeneidad en el movimiento de resistencia ante el golpe de Estado.

En diciembre de 1934 comenzó lo que sería un gran movimiento nacional. El punto de partida fue la cesantía de Carlos Font, dirigente del AIE, del Hospital Municipal por el Alcalde de La Habana. Este hecho provocó una movilización por su reposición que fue respondida con dos nuevas cesantías de estudiantes dentro de los servicios sanitarios. El movimiento creció y en enero estaban involucrados en la protesta la Federación Médica y los estudiantes de medicina, lo que se amplió dando lugar a la creación del Comité de Huelga Estudiantil Universitario (CHEU), que unificaba a los estudiantes de distintas tendencias.

Frente a los intentos conciliatorios desde el poder, las organizaciones surgidas al calor de los acontecimientos —PAN, JC, APRA— más PC y CNOC rechazaron el arreglo con el gobierno, mientras que las huelgas se iban entrelazando y la tendencia unitaria ganaba terreno. El 23 de febrero el CHEU llamaba a todos los sectores a unirse en la acción huelguística.

El 6 de marzo el CHEU llamó a la huelga general, lo que contaba con los llamamientos hechos por la CNOC, el PC y otros. Se planteaba la sustitución del régimen militarista, la creación de un frente único, la conquista de los derechos democráticos y otras demandas que se sumaban desde las distintas organizaciones al movimiento general. Entre el 9 y el 10 de marzo la huelga general llegó a su máximo nivel, para comenzar su debilitamiento el día 12.

En las circunstancias creadas por el resultado de la huelga, quedaba como alternativa el proyecto insurreccional de Guiteras, interrumpido por la huelga general, pero retomado después de su final. Un grupo de Joven Cuba estaba ya en México preparando la expedición que llegaría por Oriente para iniciar la insurrección. En estas labores se contempló la unidad con otras fuerzas: Joven Cuba estableció contacto con el PRC(A), PAN y APRA, en lo que surgieron discrepancias con los auténticos. El 8 de mayo de 1935 debía salir Guiteras junto a Carlos Aponte, venezolano que tenía los grados de coronel del ejército de Sandino y había sido amigo de Mella, y un pequeño grupo rumbo a México. El grupo fue emboscado en el Morrillo, Matanzas, donde cayeron Aponte y Guiteras. Se había cerrado la última posibilidad de la revolución en aquel momento.

No hubo solución a la crisis cubana ni por la vía de las reformas ni por la revolucionaria, pero la sociedad ya no podía ser igual, ni podía ejercerse la política de la misma manera (…) No se podía borrar el proceso revolucionario de los años 30.

Los  años difíciles para Cuba y Villa Clara de1925 a 1935 

Después de haber analizado el periodo comprendido entre 1925 a 1935, podemos decir  que constituyeron años muy difíciles para Cuba y cada una de sus provincias y habitantes. Con la llegada al poder de Gerardo Machado y Morales, la población cubana, ingenuamente, creyó en sus buenas obras para optimizar la economía y el nivel de vida, como un hombre “del pueblo”. Posteriormente, Cuba se vio sumida en una profunda crisis económica que afectó, no solo a su área productiva, sino a cada uno de los sectores de la economía, y tuvo un profundo impacto, aún más negativo en la clase baja que sufrió los despidos o la reducción de ingresos, hambre y muchas necesidades de todo tipo. Este periodo de profunda crisis combinado con las represiones violentas del gobierno machadista al movimiento obrero y estudiantil, y con sus acciones ilícitas para perpetuarse en el poder, conllevaron a lo que se conoce como la crisis institucional del sistema dictatorial, donde hubo un auge y desarrollo de toda una situación revolucionaria en el país, con el surgimiento de múltiples organizaciones y movimientos de oposición que van a la huelga general que resultó en el fin del mandato machadista y la huida del tirano el 12 de agosto de 1933. 

Después del golpe de estado de 1934 comenzó un periodo fue muy convulso, en el que aumentaron las persecuciones a todos los que asumieron actitudes en defensa de los intereses del pueblo; las fuerzas opositoras continuaron divididas, Guiteras se pronunció a favor de la lucha armada y fundó la Joven Cuba, los comunistas mantuvieron su línea y no se unieron a otros grupos, la CNOC organizó su IV Congreso, conocido como Unidad Sindical y Martínez Villena murió mientras se celebraba esa reunión, a la que dio sus últimos alientos y el campesinado escribió paginas históricas con acciones como la rebelión del Realengo 18, en 1934.

Villa Clara vivió todos estos años intensamente como el resto del país y sus habitantes. La crisis económica de 1929 afectó en muchos aspectos la vida económica de la provincia como ya hemos ilustrado con varios ejemplos y la lucha en oposición al gobierno de Gerardo Machado y posteriormente al golpe de estado se hizo sentir. Hubo acciones significativas en Santa Clara, Remedios, Caibarién, Sagua la Grande y otros lugares como Ranchuelo, donde tuvieron participación   activa   los cigarreros.   Sin embargo,   la falta   de   una adecuada preparación limitó, como en otros lugares de Cuba, la amplitud y fuerza del movimiento. La represión brutal y encarcelamiento de los dirigentes, junto al desplazamiento de muchos de los participantes en la acción, constituyó un duro golpe para los trabajadores y grupos progresistas y revolucionarios en aquello momentos.

Los años comprendidos entre 1925 y 1935 fueron muy difíciles y convulsos para Cuba; fueron años de tiranía; inestabilidad política, económica y social; y represión sin límites. Las masas populares habían logrado quebrar el poder oligárquico, pero no tuvieron posibilidad de ganar la revolución. La necesidad histórica del cambio se había hecho patente, pero no pudo concretarse el cambio revolucionario. Sin embargo, el protagonismo de los grupos populares ya no podía desconocerse ni  la urgencia de introducir modificaciones al sistema. No hubo solución a la crisis cubana ni por la vía de las reformas ni por la revolucionaria, pero la sociedad ya no podía ser igual, ni podía ejercerse la política de la misma manera. El cierre del ciclo revolucionario marcó la recuperación de la hegemonía por los grupos oligárquicos, pero tenían que asumir la nueva realidad: se imponían las reformas al sistema para sostenerlo, para lo cual había que tomar en cuenta el protagonismo de los nuevos sectores presentes en la política. No se podía borrar el proceso revolucionario de los años 30.

Al no existir durante la Revolución del 30 una conducción unificada, el lugar de las personalidades reconocidas resultó más descollante, pero sus actuaciones, a la vez, fueron menos efectivas. La Revolución del 30 constituyó un momento central y una articulación en la acumulación de fuentes que posibilitaron en Cuba la opción de una Revolución como la que triunfó en 1959 y cambió al país en los años inmediatos. El radicalismo en la Revolución del 30 asumió el antimperialismo y el socialismo, dos nuevas dimensiones respecto al patriotismo nacionalista y la ideología mambisa de los radicales previos.

La Revolución del 30 constituye una de las etapas más importantes y aleccionadoras en la larga lucha del pueblo cubano contra sus opresores extranjeros y nativos. En los seis años transcurridos de 1929 a 1935, el panorama político del país cambió radicalmente.

La conciencia antimperialista y anticapitalista del pueblo alcanzó un alto grado de desarrollo; por primera vez después de instaurada la República, el pueblo desafiaba masivamente el poder de la oligarquía y las amenazas de intervención militar de Estados Unidos. Se rompió el dominio absoluto de los viejos partidos oligárquicos, dando paso a nuevas organizaciones y partidos de proyecciones nacionalistas, antimperialistas y revolucionarias.

El joven y pequeño partido marxista-leninista ganó extraordinaria influencia entre los trabajadores manuales e intelectuales, adquirió inapreciables experiencias y sentó las bases para convertirse más tarde en un partido de masas.

La Revolución del 30 confirmó al proletariado como la clase más firme y consecuente en la lucha por profundas transformaciones económicas, políticas y sociales, y mostró la necesidad imprescindible de la alianza de la clase obrera con los campesinos trabajadores y con el ala izquierda del estudiantado, la intelectualidad y los profesionales, capas y sectores a los que correspondió un papel decisivo en el proceso revolucionario.

Al mismo tiempo, esa Revolución evidenció la debilidad y el carácter vacilante y sumiso de la burguesía doméstica, y corroboró una vez más el papel antipopular, reaccionario, pro-imperialista y de traición nacional de la oligarquía nativa, de lo fundamental de las dirigencias políticas burguesas y del ala derecha de la pequeña burguesía.

Por último, entre otras valiosas enseñanzas, la Revolución del 33 probó que el triunfo de un movimiento revolucionario depende en gran medida de la capacidad que tenga para utilizar todas las formas de lucha, crear su propio aparato militar y combinar la acción armada con una amplia y potente movilización de las masas.

De modo que las experiencias de la Revolución del 30, sus éxitos y reveses, sus aciertos y errores, sus lineamientos estratégicos y tácticas de lucha, tuvieron un valor inapreciable para los grandes combates posteriores, patentizando la continuidad histórica del proceso revolucionario cubano.

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