La República de la cruz: análisis del periodo 1902-1935

Autora: Ana Karla Hernández Cabrera. Estudiante de 4to año de Lengua Inglesa de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

 “Y es  verdad histórica irrebatible que la República instituida el 20 de mayo de 1902 no fue la que concibieron y por la que lucharon y murieron generaciones de cubanos”

Emilio Roig de Leuchsenring

Introducción

Cuando el 20 de mayo de 1902 se izaba la bandera cubana, nacía una República que contaba con el respaldo mayoritario de la Asamblea Constituyente de 1901. Sin embargo, constituía la antítesis de la soñada por nuestro Héroe Nacional: una República “con todos y para el bien de todos” donde primara la independencia plena, la democracia real, la justicia social y el culto a la dignidad plena del hombre. El nacimiento de la República y con ella, la Enmienda Platt, anulaba también el espíritu independentista que movió a miles de patriotas a empuñar las armas contra el régimen colonial esclavista español.

La República instaurada nacía en el contexto de la emergencia del imperialismo estadounidense, lo cual impactó su evolución en diferentes aspectos. Las formas de ejercer la dominación fueron diferentes a la conocida relación metrópoli-colonia, de ahí que transcurrió algún tiempo para desentrañar los resortes del sistema neocolonial que se inauguraba.

El dominio norteamericano sobre Cuba se estructuró, más allá de la Enmienda Platt que legalizaba el derecho de intervención, desde diferentes espacios, como fueron el económico, el político y el cultural. De esta manera, se articularon grupos oligárquicos que formaron parte orgánica del sistema. Intereses como la dependencia del mercado estadounidense para la producción de azúcar isleña, tendrían un peso fundamental para defender ese estatus (Civeira, 2019). 

Esta breve investigación pretende esbozar las principales características de la República Neocolonial en el periodo de 1902 a 1935 e invitar a la reflexión sobre sus desaciertos y posibles aciertos.

Desarrollo

Antecedentes

Luego de más de treinta años de luchas contra España, las fuerzas cubanas se encontraban agotadas. En teoría, la guerra por la independencia de la isla era batalla ganada para las tropas mambisas. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos, deseoso de apoderarse de la Mayor de Las Antillas, puso en práctica su plan maestro; una estrategia que le permitiría intervenir en el asunto bélico cubano-español.

El día 15 de febrero de 1898, estalló en el puerto de La Habana el Maine, un acorazado buque enviado a Cuba con el objetivo de proteger los intereses de los ciudadanos estadounidenses durante la guerra contra España. Este pretexto constituyó, sin dudas, la declaración de guerra a la vieja metrópoli.

Posteriormente, el 18 de abril, el Congreso norteamericano aprueba la Resolución Conjunta, documento a través del cual se reconoce que “el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”. Se declaraba igualmente el interés de Estados Unidos por pacificar la isla y luego dejar su “gobierno y dominio” al pueblo cubano (Torres-Cuevas, 2001). 

Dicha declaración, que reconocía el triunfo mambí frente al régimen colonial, se obtuvo gracias a gestiones poco éticas realizadas por la delegación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) en Washington, al ofrecer dinero en forma de bonos que serían pagados en la futura República (Torres-Cuevas, 2001). Endeudamiento de tal naturaleza contradecía, sin dudas, el espíritu de la revolución martiana y comprometía el destino de la nación.

La contienda hispano-norteamericana culminó con la firma del Tratado de París, el 10 de diciembre de 1898, que representó el traspaso oficial de la isla de Cuba a Estados Unidos.

En el marco de la modernidad, la sociedad cubana debía enfrentarse a una de las transformaciones más bruscas de su historia. Uno de los problemas que ya se cernían sobre la futura República era la imperiosa necesidad de financiamiento.

Además, las necesidades y proyecciones internas del capitalismo estadounidense eran, en aquel momento, incompatibles con un desarrollo cubano autóctono e independiente.

El intento cubano de establecer una política propia e impulsar una economía que satisficiese las necesidades nacionales sería anulado por un Tratado de Reciprocidad Comercial que “abriría el mercado cubano a su producción agroindustrial” en detrimento del mercado interno de la isla.

La República mediatizada de 1902 a 1935

Sucesora de la conocida República en Armas fundada en Guáimaro en abril de 1969, el 20 de mayo de 1902, nace oficialmente la República de Cuba, a pesar de poseer características totalmente diferentes a las anheladas por los próceres de la independencia.

Entre las diferencias más visibles figura la presencia de una Constitución aprobada en el contexto de la ocupación militar estadounidense (1899-1902), y la imposición de la Enmienda Platt, que laceraba profundamente la soberanía cubana y condicionaría la vida futura de la joven República.

La enmienda, que entre otras facultades, otorgaba a Estados Unidos el derecho de intervenir militarmente en el país cuando estimara necesario, obligaba a Cuba a aceptar y cumplir todas las estipulaciones del Tratado de París, a convalidar los actos del Gobierno Interventor norteamericano realizados durante la ocupación de la Isla, y a vender o arrendar las tierras que Estados Unidos necesitara para la implantar estaciones navales y carboneras (Navarro, 2002).

Además, omitía de los límites de Cuba el territorio de la Isla de Pinos, y limitaba drásticamente las facultades del gobierno criollo para firmar tratados o contraer compromisos financieros con otros países. De este modo, Cuba dejaba de ser colonia de España pero se convertía, evidentemente, en semicolonia de los Estados Unidos.

El país debía mantener la estabilidad para evitar la intervención externa y cumplir los compromisos estipulados en el apéndice constitucional y, conjuntamente, debía organizar su vida interna y atender los múltiples problemas heredados del colonialismo que habían permanecido en los años de ocupación.

Los convenios firmados hacían más sólidos los mecanismos político-jurídicos creados por la Enmienda Platt para la dependencia, pero había que asumir otros mecanismos económicos también fundamentales. En este sentido tenía primera prioridad el tema comercial.

El Tratado de Reciprocidad Comercial, firmado el 11 de diciembre de 1902 y ratificado en 1903, se convertía en un instrumento clave para la dependencia, puesto que impondría una creciente concentración del comercio exterior de Cuba en Estados Unidos, al consolidar la estructura monoproductora y monoexportadora de la economía cubana ya delineada desde el siglo anterior.

Durante el gobierno de Estrada Palma se puso en funcionamiento el sistema político con sus partidos. En todo el período no se realizaron elecciones municipales, violando lo establecido, pues en 1902 correspondía hacer la convocatoria. Se mantuvieron las autoridades electas en 1901, por tanto no hubo incentivo para fortalecer los agrupamientos políticos locales (Civeira F. l., 2003).

Control político

Como en 1905 debía desarrollarse la nueva campaña presidencial, los partidos existentes trabajaron en función de ese momento. Se estructuraron así los partidos nacionales que contenderían por los cargos electivos más altos del país (Civeira F. l., 2003).

Las agrupaciones políticas surgidas durante la ocupación militar habían iniciado alianzas y coaliciones, en 1900 y 1901. Se integrarían entonces en partidos nacionales. De esta manera surgió el Partido Liberal Nacional en 1903 y se estructuró el Partido Moderado.

La aspiración reeleccionista emergió cuando la administración de Estrada Palma había perdido los apoyos iniciales y se expandía el sentimiento de frustración ante la primera experiencia republicana.

Dada esta situación de inestabilidad política, en septiembre de 1906, a petición del presidente Tomás Estrada Palma, las tropas yanquis desembarcaron en territorio insular para contener la sublevación de los políticos “liberales”.

Los liberales presentaron sus protestas ante las violaciones cometidas por el Gobierno sin resultado alguno. La coacción y la violencia llegaron hasta el asesinato político.

En medio de una coyuntura algo compleja a nivel continental, el país vecino se hizo cargo de la situación en Cuba, de acuerdo con lo establecido en el apéndice constitucional y el 29 de septiembre de 1906 comenzó oficialmente la segunda intervención norteamericana en Cuba.

El gobierno interventor tuvo que enfrentar, agitaciones sociales que incluyeron importantes movimientos huelguísticos así como el deber de restructurar la dañada economía.

Junto con la intervención militar, Cuba sufrió la intromisión permanente de los Estados Unidos en el plano político, mediante la imposición y la fiscalización de las decisiones gubernamentales más importantes en la isla, por parte de los embajadores y procónsules norteños (Navarro, 2002).

Entre los representantes más notables de esa política en el periodo de 1902 a 1935, se encuentran Enoch H. Crowder, Benjamin Sumner Welles y Jefferson Caffery.

El primero Woodrow Wilson, vino a Cuba en varias ocasiones, actuó durante el gobierno de Alfredo Zayas como enviado especial del gobierno de los Estados Unidos y decidió quiénes debían integrar el gabinete zayista mientras dictaba al servil mandatario cubano, las decisiones que se tomarían.

Welles desempeñó un papel de mediador al intentar salvar al gobierno servidor de la oligarquía y evitar el triunfo de la revolución popular contra Gerardo Machado en 1933.

Caffery planeó con el coronel Fulgencio Batista el golpe que derrocó al gobierno nacionalista de Ramón Grau San Martín en enero de 1934.

En general, desde la elección del primer presidente republicano, Estados Unidos fue el autor intelectual de los ataques y atropellos que sufrió Cuba. Durante esos años, el intervencionismo político se manifestó abiertamente al igual que la corrupción política y administrativa que constituyó un vicio generalizado en los partidos políticos burgueses y en la administración del país.

Control económico

Uno de los factores más decisivos en la conformación neocolonial en Cuba fue el dominio económico ejercido por Estados Unidos. Desde la segunda mitad del siglo XIX se habían efectuado significativas inversiones estadounidenses en la isla, en los sectores de la minería y la industria azucarera fundamentalmente. Aunque en ese periodo aún existían otros capitales de procedencia española, inglesa, alemana y francesa, entre los años 1899 y 1914, el capital estadounidense se extendió hasta alcanzar la hegemonía total de la economía cubana.

Los capitalistas norteamericanos se adueñaron de los principales renglones económicos de la isla, entre ellos el azúcar, el tabaco y la minería, así como de sectores de gran relevancia como la banca, la electricidad, el ferrocarril, el teléfono y otros servicios públicos.

Monopolizaron el comercio exterior y endeudaron la economía cubana mediante empréstitos y créditos. Tras la crisis de 1920, se apoderaron además, en lo fundamental, de la banca. 

A pesar de los evidentes beneficios de las inversiones estadounidenses en el territorio cubano, estas no estaban destinadas a mejorar las condiciones económicas del país, sino a satisfacer el interés exclusivo de los inversionistas.

La dependencia económica no significó desarrollo, sino deformación estructural pues impidió la industrialización de la isla y propició un alto nivel de desempleo y subempleo.

La sujeción de la economía cubana a los Estados Unidos estaba asegurada legalmente por una serie de convenios firmados con ese país. Por ejemplo, el Tratado de Reciprocidad Comercial, garantizaba que los inversionistas norteamericanos desarrollaran en su propio beneficio la industria azucarera y alcanzaran colosales ganancias de las cuales sólo se reinvertía en la isla una bagatela (Navarro, 2002).

Además, el sistema crediticio que imponían los Estados Unidos reforzaba el régimen de explotación económica y dominación política. Los empréstitos representaron un jugoso negocio para las instituciones financieras de ese país, pero dejaron exhausto al pueblo cubano.

De las decenas de empréstitos negociados con los Estados Unidos, ninguno se empleó para impulsar el desarrollo económico del país. Se utilizaron, en su mayoría para pagar estipendios atrasados o gastos de guerra, aliviar la deuda flotante, realizar obras públicas y sobre todo para enriquecer los bolsillos de altos jerarcas políticos y empresarios afortunados.

Ámbito social

Demagogia y tiranía

En Cuba, en el periodo referido anteriormente, los propios gobiernos demagógicos y “democráticos” cometieron asesinatos de hombres y mujeres de pueblo que reclamaban elementales derechos humanos, e incluso de opositores políticos pertenecientes a partidos burgueses.

En el gobierno de Estrada Palma, por ejemplo, fueron ultimados altos oficiales del Ejército Libertador. En el gobierno de José Miguel Gómez, la represión contra el movimiento Independientes de Color costó la vida a aproximadamente tres mil personas. También el gobierno de Gerardo Machado se caracterizó por la persecución y el asesinato a líderes obreros y comunistas como el joven Julio Antonio Mella.

Esfera cultural

Pese a los altos niveles educacionales alcanzados por una minoría de la población cubana, las grandes deficiencias en los campos de la educación y la cultura afectaron a la inmensa mayoría de los habitantes de la isla.

El país contaba con prestigiosos periódicos y algunas revistas de respeto así como con emisoras radiales. Sin embargo, la mayor parte de dichos medios estaban al servicio de la clase dominante.

Los sectores humildes de la población que contaban con publicaciones propias, defensoras de sus intereses, fueron víctimas, en numerosas ocasiones, de acoso económico y policial, sufrían clausura y sus principales dirigentes eran encarcelados o asesinados.

Algunos problemas sociales presentes

Sin dudas, la República mantuvo una serie de rasgos negativos entre los que figura, la explotación económica y opresión social de las masas trabajadoras, incluidos los productores pequeños y medianos y los intelectuales modestos; alto nivel de desempleo y subempleo; rentas exorbitantes y amenaza perpetua de desalojo para los campesinos trabajadores; discriminación del negro y de la mujer; bajo nivel de vida para la mayoría de la población; elevado porcentaje de analfabetismo, así como de niños y jóvenes sin posibilidad de acceder a los estudios elementales; pésimas condiciones higiénico-sanitarias; saqueo desmesurado del erario público y asesinatos a líderes populares que se enfrentaron a la injusticia social (Navarro, 2002).

Conclusiones

Los años que transcurren entre 1902 y 1935 están signados por evidentes problemas políticos, económicos y sociales que deformaron la sociedad cubana.

El nacimiento de la República dependiente surgida en 1902 provocó la frustración de las aspiraciones martianas y de los heroicos revolucionarios que iniciaron la gesta independentista en 1968. Sin embargo, resulta válido aclarar que su nacimiento evidenció el fracaso de los afanes anexionistas de ciertos sectores de las clases dominantes y de la oligarquía nativa.

El pueblo cubano, después de treinta años de enérgica lucha contra el colonialismo español no poseía más que una bandera, un escudo, una elevada conciencia independentista y un alto grado de combatividad que reditarían las hazañas del 68 y el 95 hasta lograr la victoria definitiva. 

Referencias bibliográfica

Civeira, F. l. (2003). Cuba entre 1899 y 1959: Sis décadas de historia. La Habana: Editorial Pueblo y Educación.

Civeira, F. L. (enero de 2019). La República que nació en 1902. Bohemia(Edición extraordinaria), 6.

Navarro, J. C. (28 de enero de 2002). La República Cubana de 1902: logro y frustración. Casa de Las Américas(226).

Torres-Cuevas, E. (2001). Historia de Cuba 1492-1898. Playa, Ciudad de La Habana: Editorial Pueblo y Educación.

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