La Virgen del Buenviaje de Remedios

Por: René Batista Moreno

Ilustración: María López Martínez.

Colaboración de la sección de Base de la UNHIC en Remedios.

Muy pocas efigies de la mitología cubana conocí en mi juventud. Sin embargo, me eran muy conocidas las de otras partes del mundo, como el centauro, el minotauro, el unicornio, el dragón, la sirena, por mencionar algunas.

Luego, cuando realizaba investigaciones por zonas campesinas del país que se materializaron en el libro Cuentos de guajiros para pasar la noche—, pude conocer muchas más, y comprendí que nuestra mitología era muy rica y que con una labor paciente, que contemplara también la búsqueda bibliográfica, podría salvar, si no su totalidad, parte de una obra monumental de la imaginación popular cubana, desconocida, insospechada hasta entonces.

Mis pesquisas llevaron al encuentro con la hermana Villa de San Juan de los Remedios, donde cronistas, historiadores y folcloristas dejaron registros de un copiosa mitología en sus libros y en la prensa periódica local de finales del siglo XIX, y de las primeras décadas del XX. Y contactamos a personas que conocían otras criaturas fuera de los contextos mencionados.

Esta región —que de 1672 a 1696 se vio involucrada en «una pelea contra los demonios»—, generó un estallido de bestias y mitos que se prolongó hasta finales del pasado siglo, fenómeno que no ocurrió en otros asentamientos del país, ni aun en los fundados en los primeros momentos de la emigración.

Ningún acontecimiento histórico nutrió más al bestiario cubano que esta pelea. Fue ella la que le dio vida a La gritona de El Seborucal, al sapo de El Boquerón, al cucubá, a la animita, al carbunclo, al perdizón y, entre muchas otras criaturas, el mito más descomunal de la Villa embrujada: la aparición de La Virgen del Buenviaje y su misteriosa leyenda.

Es lógico que una región infectada de miles de legiones de demonios y con la boca del infierno bajo la güira de Juana Márquez la Vieja, en Tesico, viviera aterrorizada por sus propios miedos y fantasías, y que estos estimularan la creación de un mito tan mágico – maravilloso, desbordante de un fuerte fervor religioso popular.

La virgen del Buenviaje.

Tres pescadores llegaron a la playa de Tesico, vieron una embarcación destruida a poca distancia, y una caja de madera en la arena. La abrieron, y contenía una virgen María de más de un metro de altura y la llamaron La Virgen del Buenviaje.

La montaron en un mulo e iniciaron el regreso a la villa, pero al pasar por el bohío del negro Tomás, anciano paralítico, el mulo cayó muerto. Llevaron la imagen adentro, la colocaron en una mesa, y fueron a darle las buenas nuevas al cura párroco de la Iglesia Mayor, quien junto a un grupo de feligreses fue por ella y la colocaron en el altar del templo.

La virgen apareció al día siguiente en el bohío de Tomás, fue llevada al templo nuevamente, pero volvió; lo hizo en varias oportunidades. Y se comentó que escapaba alumbrada cerca de la medianoche y que al andar parecía que no ponía los pies en el suelo.

Mientras que el carbonero José Triana decía que, cerca de la medianoche y de regreso a la villa, vio a unos hombres blancos como la leche, de orejas grandes y puntiagudas, y con alas en los pies, que descendieron llevando a la virgen en sus brazos y la dejaron en casa de Tomás.

Y se acordó, luego de muchas discusiones, hacer una ermita de adobe y guano en el lugar donde se encontraba el bohío y dejarla allí.

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