¿Para qué sirve la historia?

Autor: Daniel Alejandro Hernández Monterrey.

En el marco por la Jornada en saludo al Día del Historiador Cubano, la Unión de Historiadores de Cuba Filial Villa Clara, convoca al Concurso “La Legitimidad de la Historia”. Hoy compartimos uno de los trabajos que participan en este concurso.

En la oscuridad de la noche, mientras otros dormían para recuperar las fuerzas diezmadas por el trabajo físico y la ausencia de libertad, un historiador exponía su principal preocupación existencial. No se trataba del castigo por venir, ni de la humillación de la derrota, ni del instinto primario de la supervivencia. Su calvario radicaba en el dilema inocente que brota espontáneo de una voz infantil: “¿Para qué sirve la historia?”

Nada le hubiera sido más fácil que concebir una respuesta académica si hubiese tenido acceso a la información recopilada por años de trabajo, pero en la resistencia francesa la vida ya era una carga muy pesada para sumarle a ese peso plomizo la de un libro siquiera. Él escogió los mejores argumentos que vinieron a su memoria y al paso de setenta y ocho años la pregunta resulta igual de compleja; aún con las ventajas obvias en cuanto a acceso a fuentes y experiencia acumulada.

Por tanto, relegando un tema tan complejo como el de la legitimidad, término asimilado por las ciencias jurídicas y políticas, es preciso dedicarnos a otro que visibiliza uno de los dramas de nuestros tiempos: el del pensamiento utilitario. ¿Alguien que conozca la naturaleza de la amnesia como patología orgánica y psicológica elegiría convivir con ella? ¿Pudiera el más pragmático de los filósofos cuestionarse para qué sirve la memoria? Siendo estas preguntas respondidas de forma negativa, apelando al sentido común de los lectores, entonces nos quedaría más llano el análisis de nuestro enigma.

La historia es una necesidad vital para las comunidades humanas. Hemos dejado testimonio de nuestra presencia en el planeta usando todos los modos de expresión alcanzables por los sentidos. Así como los animales marcan el territorio, reconocen a sus depredadores naturales y utilizan estrategias simples de enfrentamiento al peligro; el hombre ha conservado su memoria como un modo de subsistencia y como una necesidad de trascendencia al limitado tiempo vital de nuestra especie.

El olvido para nuestros antepasados primeros probablemente significara la muerte debido a la hostilidad del mundo natural, para nosotros el peligro no es menor por lo errático de nuestras propias creaciones. La historia no está almacenada en volúmenes enciclopédicos, no yace en el pasado lóbrego e irracional, no produce habilidades sobrenaturales de adivinación ni siquiera en el futuro inmediato; pero si la perdemos estaremos asistiendo a la aniquilación del hombre que todas las mañanas nos mira al espejo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.