La Guerra de los Diez Años de Ramiro Guerra Sánchez es un clásico de la historiografía cubana

Autores: MSc. Arelys María Pérez Ruiz y MSc. Vladimir Gutiérrez Gómez. Sección de Base Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

 (…)” Guerra de los Diez Años fue producto de su larga labor de historiador y de hombre de meditación y pensamiento, quizás la mejor obra que tenemos de nuestro pasado revolucionario” (.[1])

El pensamiento cubano posee una rica historia que mucho tiene que ver con la manera como se fue construyendo la nación y la nacionalidad en esta Isla del Caribe y, por tanto con su cultura, con su ser identitario.

Un lugar especial en este proceso lo ha ocupado Ramiro Guerra Sánchez, nacido en el antiguo cafetal Jesús Nazareno del término municipal de Batabanó, provincia Habana el 31 de enero de 1880, a lo largo de su vida dedicó sus mayores esfuerzos al estudio y divulgación de la Historia de Cuba.

Falleció en La Habana el 29 de octubre de 1970. Se cumplen 50 años de su desaparición física este octubre del 2020.

Ramiro Guerra fue uno de los más importantes renovadores de los estudios históricos en Cuba, cuyas proyecciones en la investigación se relacionaron con las posiciones que asumieron ante las dificultades económicas y los cambios políticos que enfrentaba América Latina en la segunda década del siglo.

Orientó su reflexión hacia los problemas nacionales, comenzando su labor historiográfica con el estudio de los siglos coloniales y de las singularidades de la colonización española. Sus investigaciones se plasmaron en las obras Historia de Cuba (2 tomos, 1921-1925), Azúcar y población en las Antillas (1927) e Introducción al estudio de la historia de la colonización española en el Nuevo Mundo. En ellas, Guerra introdujo una visión crítica del pasado, que propiciaba una réplica nacionalista a la supervivencia colonial y a la penetración extranjera. En su exégesis crítica incorporó un estudio comparativo de la realidad cubana con la de las otras Antillas, a partir de su evaluación de los diferentes tipos de colonización y de los efectos del fenómeno del latifundio, hasta que estableció una diferenciación entre la clase terrateniente nativa, no asentista y con vocación de construir un país para sí, por una parte, y el latifundismo extranjero, por otra.

Ramiro Guerra Sánchez fue  un investigador histórico de alcance poco común porque la Historia está ahí, pero mientras el investigador no las rescate y convierta en memoria quedamos ante un conjunto de hechos que no conocemos y puede ser que esa ignorancia de espacios históricos conduzca a errores a la hora de interpretar la Historia, en este caso el investigador tiene que ir en la búsqueda de información, documentación que le permitan realizar un minucioso análisis y arribar a conclusiones, parciales y generales, esa fue la ardua tarea que desarrolló.

  Aportes a la historiografía cubana durante el siglo xx: el positivismo y su influencia en la obra de Ramiro Guerra Sánchez.

La significación de este pensador fue valorada por Carlos Rafael Rodríguez cuando escribió en 1944:”Ramiro Guerra (…), ha ido más allá que el resto de sus colegas. Guerra ha sido el primero de nuestros historiadores de fama -y hay que decir de él que es sin disputa nuestro más alto historiador del período republicano-”([2])

La historia, según el historiador Guerra, tiene como propósito explicar científicamente el proceso de formación y desarrollo de una comunidad nacional, esclareciendo los factores que intervienen en el mismo. El método de Guerra parte de la tesis  de la existencia de leyes que rigen el devenir histórico, a su juicio, derivadas de la vida orgánica, social y psíquica de los individuos; se detiene en la relación hombre, naturaleza y sociedad a partir de la existencia de conflictos permanentes en los pueblos y la influencia del medio geográfico. Además de insistir en el estudio del pasado remoto, considera que la historia debe abarcar la totalidad social.

El  influjo liberal positivista que reciben en alguna medida, contribuye a que estos historiadores  no puedan establecen los nexos adecuados en todos los factores.

Un historiador del renombre de Ramiro Guerra, no iba más allá de considerar lo económico como un factor entre otros. No  deja de insistir Carlos Rafael Rodríguez que dicha historia no podía ser escrita sin partir de los estudios de quien considera el historiador más valioso del país en la época republicana.

Ramiro Guerra nos ofreció con acuciosa objetividad los elementos esenciales que nos permitieron comprender la entraña permanente de las relaciones ambiciosas y opresivas de Estados Unidos con respecto a Cuba ([3] )

Con motivo de la muerte de Ramiro Guerra el 29 de octubre de 1970, en su artículo Aracelis García Carranza  señala tres aspectos en la obra de Ramiro Guerra: historiador, educador y economista. Realiza la siguiente afirmación: (…) “como historiador le caracterizó la posesión de un método con el cual penetró en los hechos relacionándolos en un proceso incesante, haciendo nuestra historia profunda, aclarando las condiciones sociales de nuestra experiencia como pueblo”([4] )

La crítica nacional y extranjera durante los años 50  lo ha señalado como uno de los escritores más relevantes de América.

 Su voluntad y esfuerzo encaminados hacia una firme vocación intelectual hacen recordar, una vez más, el concepto de Cicerón, que calificaba la Historia como maestra de la vida. Sobre este aspecto Carlos Rafael Rodríguez en “El Marxismo en la historia de Cuba” aseveró: “Puede afirmarse que sin atender a Ramiro Guerra, la nueva historia de Cuba no podrá escribirse; pero no será Ramiro Guerra quien escriba en definitiva la nueva historia de Cuba”([5])

Al realizar un estudio sobre  este tema la destacada historiadora Mildred de la Torre plantea que los volúmenes publicadas en Cuba antes y después del triunfo revolucionario de 1959, referidas a lo que comúnmente se entiende como la otra historia presentaron, con más o menos dosis, una relevante combinación de positivismo tradicional e izquierdista.

Con respecto a ello De la Torre expresa que fue una corriente (…)” que  no abrazó las ideas del marxismo-leninismo pero que contribuyó decisivamente a crear valores morales y patrióticos (…) De ello dan crédito las obras de Ramiro Guerra entre otros ([6])

El positivismo puede ser el método adoptado para denunciar o llamar la atención sobre los grandes conflictos históricos que han aquejado y aquejan a los pueblos. Utilizando ese método historiográfico se puede presentar toda la documentación necesaria para revelar  las condicionantes y el contenido de las relaciones históricas de los gobiernos y de las instituciones, del estado y del sistema político en su conjunto, de la cultura, del movimiento de las ideas elitistas o no, de las aspiraciones y de las actividades concretas de los sectores populares para trasformar o corregir sus estatus de vida.

Al realizar un estudio sobre  este tema la destacada historiadora Mildred de la Torre plantea que los volúmenes publicadas en Cuba antes y después del triunfo revolucionario de 1959, referidas a lo que comúnmente se entiende como la otra historia presentaron, con más o menos dosis, una relevante combinación de positivismo tradicional e izquierdista.

Con respecto a ello De la Torre expresa que fue una corriente (…)” que  no abrazó las ideas del marxismo-leninismo pero que contribuyó decisivamente a crear valores morales y patrióticos (…) De ello dan crédito las obras de Ramiro Guerra entre otros ([7])

En el artículo Conversación entre historiadores que  recoge el  diálogo entre Julio Le Riverend y Eduardo Torres-Cuevas Historiador y director de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí hasta diciembre del año 2019, publicado por la Revista de la Biblioteca Nacional  de Cuba José Martí en su primer  número publicado en el año 2012 a la pregunta: Doctor, hay tres figuras que pudiéramos señalar mayores entre los historiadores en Cuba. Una es la de Ramiro Guerra; otra, la de Fernando Ortiz, y la tercera, la de Emilio Roig. En general, hay una tendencia a definir a los historiadores cubanos del periodo republicano como positivistas. En esta simplificación —en mi opinión— se hace tábula rasa en cuanto a los objetos de estudio, a los mé­todos de trabajo, y a las concepciones de los historiadores de este periodo. Mi pre­gunta está encaminada a saber su crite­rio acerca de la obra de Ramiro Guerra, Fernando Ortiz y Emilio Roig. A ello respondió  Eduardo Torres-Cuevas: “El que pudiera asimilarse más al po­sitivismo es Ramiro Guerra, porque fue el primer historiador cubano que trató de aprovechar los documen­tos publicados en España en la se­rie famosa (se refiere a la Colección de documentos inéditos de Indias, publi­cados por la Real Academia de la His­toria) ([8] )

El método positivista que encauza su labor teórica  le imposibilita ver, en toda su magnitud, el carácter determinante de la lucha de clases en el proceso de formación de la nación cubana y en el histórico de forma general.

LA OBRA “GUERRA DE LOS DIEZ AÑOS”.

Acercarse a la obra monumental de Ramiro Guerra Sánchez, especialmente a “Guerra de los Diez Años”, escrita entre  1950  y 1952  permite adentrarse en un período histórico de nuestras  luchas por la independencia  muy rico en hechos, personalidades, contradicciones, estudios geográficos, socioeconómicos y políticos.

La gestación de la nación cubana fue abordada por Ramiro Guerra en esta obra y otras desde la perspectiva política y económica en su interrelación con los acontecimientos internacionales y regionales, centrándose en el proceso de construcción del estado-nación, siendo, sino el primero, uno de los más anticipados en la investigación desde lo universal, norteamericano, latinoamericano, cubano, regional y local.

Los estudios parciales sobre los procesos políticos populares  revolucionarios y los referidos al protagonismo político social vinculado a los fenómenos globales relativos a la esclavitud y al capitalismo componen los temas abordados por los historiadores de Cuba después de la revolución. Excepto  los estudios  de Ramiro Guerra no hubo, antes de 1959, resultados científicos referidos a los asuntos anteriormente señalados.

El Tomo I es  una magnifica  contribución original a la historiografía cubana, particularmente por el análisis de la estructura económica y demográfica de las regiones en las que se forman y actúan los revolucionarios que inician la lucha.

En la obra “Guerra de los Diez Años” define los problemas medulares de la historia política y social de Cuba el problema  del negro y de la esclavitud, percibe en  la guerra la posibilidad  de la libertad de Cuba como nación, pero solo si se logra la libertad del negro y el fin de la esclavitud (…) “La abolición  de la esclavitud, fue, en realidad de los hechos, obra necesaria y forzosa de la revolución libertadora. Esta  hubiera violado y desnaturalizado sus principios y sus fines, si hubiese mantenido en pie  la odiosa servidumbre” ([9])

Interpreta la guerra como el  acontecimiento  histórico que logró fusionar  estos sectores en el plano de la igualdad.

Guerra confiere necesaria importancia a esta etapa por considerarla el  verdadero período de fundación  de la colectividad cubana. Sus estudios proporcionan una imagen renovada de los espacios regionales y locales, los capítulos iniciales de la  “Guerra de los Diez Años” sientan paradigmas en la difícil empresa de captar las peculiaridades regionales e integrarlas en la trama histórica nacional.

La  aptitud objetiva y la parquedad de sus juicios   mantienen  a Guerra dentro del positivismo, pero su obra supera notoriamente el  estadio narrativo que caracteriza esta corriente e imprime a la investigación histórica de la nación rasgos modernos y perdurables.

El rigor en el tratamiento de las fuentes lo acompaña  con un método de análisis que deja apreciar los criterios de selección y abre cierto margen  a las explicaciones y generalizaciones.

El Capítulo VIII El alzamiento y la guerra en Las  Villas es una recreación en la situación existente en el amplio territorio central de Cuba, dividido en 6 jurisdicciones y con una composición social donde predominaba la población blanca comparada con Oriente. Unos 174,600 con cerca de 14,000 peninsulares  y canarios ([10]). Guerra Sánchez realiza un detallado estudio de las  jurisdicciones villareñas con mayor población esclava como base de la economía producto del boom  azucarero, sobre ello expresa: “El número más crecido de esclavos determina también una disposición mayor a la resistencia de  la liberación de los esclavos de parte de los propietarios(…)La  oposición a la terminación de la esclavitud  se hacía más enconada ante la inminencia de que pudiera llegar a producirse  de un día para otro  , a virtud de un movimiento insurreccional, y, por lo tanto sin indemnización([11])

Se destaca en  estas páginas el análisis que realiza el historiador sobre las condiciones desfavorables de Las Villas para  la insurrección, desde la geografía, desarrollo del ferrocarril e interés de las autoridades españolas de impedir la extensión de la guerra hasta occidente por lo que estimuló la formación de numerosos batallones de voluntarios y envío de  tropas de refuerzos pertenecientes al batallón de Tarragona.

Refiere en este capítulo  las desventajas  y retos a que tuvieron que enfrentarse los hombres que protagonizaron el alzamiento el 6 de febrero  del 1869, los caminos que consideraron posibles en tan difíciles condiciones y cierra valorando la insurrección en Las Villas cuando expresa: “Aumentaron en miles de hombres el número de insurrectos cubanos; obligaron al mando español a destinar a la región villareña miles de soldados que de  otra manera hubiera podido lanzar contra Camaguey y Oriente; finalmente, privaron a la Metrópoli de gran parte de los abundantes recursos que obtenía del territorio villareño para sostener la guerra” ([12])

Con un conocimiento considerable y profundo, que sólo la investigación metódica y profunda alcanza, va describiendo a fondo y en detalles todas las tramas y maquinaciones habidas detrás de cada intervención “humanitaria u obligada” en el Tomo II Capítulo VI “Dificultades cubanas en Estados Unidos. Mensajes  de Grant contrarios a los cubanos “

Expone espléndidamente, con moderación en la pasión, todas las interpretaciones contemporizadoras de la Doctrina Monroe, el ejercicio sin límites del Destino Manifiesto, la estrategia de la política norteamericana de “espera paciente”, las causas profundas de orden estratégico y económico detrás de la política de “buena vecindad” la interpretación .unilateral y convencional de cláusulas ambiguas; y sobre todo las especulaciones y tramas fraguadas por grandes prohombres de la democracia norteamericana en las embajadas extranjeras; con el solo fin del ensanchamiento en todos los aspectos del gran coloso del Norte a costa de sus vecinos más débiles.

Al finalizar el Tomo II incluye  en el  Capítulo XXI un balance de la Guerra Grande  en el que realiza valoraciones sobre su significado cuando expresa: “La Guerra de los Diez Años puso fin de manera definitiva a las tendencias anexionistas más o menos teñidas de matiz patriótico. El ideal de independencia apareció tan engrandecido y magnificado por la enconada  y sangrienta lucha, dotado de tan maravilloso poder para elevar al cubano de un solo impulso a la máxima capacidad de heroísmo y de sacrifico embellecido y santificado por  tan cruentos martirios, ungido amorosamente por tanta sangre generosa, ardientes lágrimas, y acerbos y profundos dolores, que la anexión, solución oportunista  de defensa de los intereses  materiales o de hombres de corta y mezquina esperanza, pareció en lo sucesivo un crimen contra la patria empapada en la sangre de sus hijos”(…) Y aún tuvo otra función más alta en la Historia cubana la Guerra de los Diez  Años, en el proceso de la definitiva creación y consolidación de la nacionalidad cubana ([13])

Profundizar en  esta y otras ideas que se presentan  permiten  apreciar   que utiliza un lenguaje literario para valorar el significado de  este majestuoso período  de nuestras luchas.

 Un historiador que en la década   del 50 del siglo XX  no puede escapar del influjo de la situación política  de amplísima corrupción y  entreguismo a los intereses norteamericanos, de la fuerza que va tomando la política de “guerra fría” que se  manifieste a favor del ideal de “patria”, “patrimonio espiritual de gloria y heroísmo”, “epopeya y leyenda” para valorar  nuestra gesta independentista debe ser apreciado en su justa medida.

En el Prefacio escrito por su autor  este expresa: “La Guerra  de los Diez Años, es un gran proceso histórico (…). Cada investigador (…) aporta datos y documentos que después de necesaria depuración crítica, sirven de base a los trabajos de interpretación y de síntesis”.

Los investigadores históricos del siglo XX enfrentaron  los mismos problemas que aún en el siglo XXI siguen presentes, son ellos la dispersión de la información reflejada en documentos, periódicos y revistas de este periodo en Cuba, España, los Estados Unidos y varios países de América, a pesar de los esfuerzos  del gobierno e instituciones como el Instituto de Historia que ha dado pasos muy serios en relación a este tema  lo que permite   que se ponga a disposición de investigadores cubanos la documentación que se encuentra en archivos españoles.

Sobre este período histórico se han publicado investigaciones  de las más diversas índoles, tomando como base la extensa  obra que sobre este tema ha escrito Ramiro Guerra que van desde  biografías de personalidades, historias regionales,  crónicas, relatos y la más reciente “Cuba Libre: La utopía secuestrada” del investigador historiador  Ernesto Limia Díaz, donde es citado en 21 ocasiones, específicamente durante  el estudio de “La Revolución de Yara: Independencia o Muerte”  en 6 ocasiones mayoritariamente por la utilización seria y minuciosa de documentos históricos que le dan veracidad al contenido histórico que se expone por el autor.

Según Julio Le Riverend, en ocasión del centenario del  natalicio de Ramiro Guerra: (…) “introduce en el cuadro de la historia  general de Cuba los hechos económicos, sociales y culturales y sus génesis, así como sus relaciones a la manera de componentes o partes de la totalidad del proceso; aún más, reflejando la propensión positivista de indagar en el “ser nacional”, propone explicaciones de la psicología social cubana. En suma, persigue la aprehensión total del proceso histórico, con lo cual deja abierto un camino todavía hoy por recoger” ([14])

 Araceli García Carranza,  en el artículo citado,  al referirse a la obra  “Guerra de los Diez Años”  la valora como un  fruto de su pródiga labor de historiador  y de hombre de pensamiento, y quizás la más sobresaliente obra que tenemos de nuestro pasado revolucionario hasta la década del  70 del siglo XX.

Sobre esta obra escribieron artículos el Doctor Medardo Vitier en el Diario de la Marina; el Doctor Raúl Roa en El Mundo; el Doctor Emilio Roig de Leuchsrenring  en Carteles; el Doctor Raúl Cepero Bonilla en Prensa Libre y  Loló de La Torriente en Alerta. Todos estos artículos fueron reproducidos en el número tres, julio septiembre, 1950 de la Revista Trimestre.

Escribió Julio Le Riverend el artículo  “Ramiro Guerra: recuento y significación” que fue publicado en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí en enero de 1980: (…) ”El autor mostró nuevas pasibilidades historiográficas. Un gran resumen de los sabido hasta entonces constituía uno de los vacíos más requeridos de atención y también uno de los más difíciles de superar. Lo hizo Ramiro Guerra, con notable sabiduría e innumerables contribuciones personales,  incorporó como un elemento importante de la totalidad del proceso cubano los mecanismos e intereses económicos, llevando el juicio historiográfico hasta el punto en que se requería ineludiblemente pasar a una visión científico marxista integradora de los diversos fenómenos sociales del pasado y el presente…”( [15])

El  libro concentró los cuantiosos materiales que había acumulado para su magnífico proyecto de una historia en varios volúmenes de los cuales solamente publicó los dos primeros.

La obra de Ramiro Guerra, principalmente su historiografía,  reorientó definitivamente las investigaciones en los momentos precisos, cuando todavía la historia se consideraba, al decir de Cepero Bonilla un mero despliegue de erudición o un género literario.

Fue un extraordinario historiador cuya vida y obra poseen  un valor testimonial impresionante sobre la época en que discurren. Le está dado para siempre un lugar en el proceso formativo de la cultura propia de la nación cubana.

Reconocerlo, sin adhesiones ni rechazos superficiales, para superar sus resultados, asimilándolos a nuestro quehacer sería el mejor homenaje que podría hacerle la historiografía marxista del siglo XXI”.

En las valoraciones realizadas por Hernán Venegas señala que “El análisis historiográfico efectuado por Ramiro Guerra significa también una renovación en cuanto al manejo de las fuentes primarias y de todo tipo”([16])

Reafirmando el criterio que existe entre nuestros intelectuales de que es un historiador imprescindible para conocer la Historia de Cuba y que como el resto de los grandes pensadores de la nación cubana aspiraba a una cultura general integral. El  investigador Luis Báez cita una frase  de  Juan  Marinello sobre  Ramiro Guerra: “(…) es el mejor historiador que hemos producido (…) un hombre que tiene esa condición de ver la historia en un sentido moderno y por tanto progresista ([17])

La historiografía cubana se fortifica en la  dimensión en que los cambios se suceden según las exigencias de los tiempos actuales. Los retos no son solo para el presente, lo son también para el pasado y para el futuro. Merecen la dignidad, la valentía y el honor de los hacedores actuales de la historia. Logran que con justicia se conozca la labor de los que desde Cuba hacen posible que llegue a todos lo mejor de la cultura nacional y  universal

Se  concluye  que la obra de Ramiro Guerra Sánchez no solo significó una vasta renovación dentro de los estudios históricos, sino un gran aporte a la cultura y la identidad nacional en el siglo XX  trascendiendo hasta el XXI, fue el  primer historiador en Cuba  que hace ascender la historia de la fase de la crónica a la jerarquía historiográfica.

Bibliografía.

Baez, Luis: “Juan Marinello: otros contemporáneos” Revista La Gaceta de Cuba, Nro 5, 1993

De la Torre Molina, Mildred “Apuntes sobre la historiografía del pensamiento cubano del siglo XX”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, nro 1, enero-abril, La Habana, 1985.

García Carranza, Araceli: Breve bio-bibliografía del Doctor Ramiro Guerra. Revista Biblioteca Nacional José Martí, 1972, enero-abril

García Guridi,  Juan Carlos, Pasión y cubanía Fecha: 2009-01-31 Fuente: Trabajadores Digital

Guerra Sánchez, Ramiro: Guerra de los Diez Años, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1986

Le Riverend, Julio: Ramiro Guerra: recuento y significación. RBNJM 1980 enero-abril

Revista de la Biblioteca Nacional  de Cuba José Martí, Nro 1, 2012

Rodríguez, Carlos Rafael “El Marxismo en la historia de Cuba. En cuadernos de Historia de Cuba T I, Habana Editorial Páginas 1944

 Venegas Delgado, Hernán: ¨América  en la historiografía cubana (1832-1940)¨. En Islas, Revista de la Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, Cuba,  abril-junio de 2002.

Referenecias

[1] Araceli García Carranza: Breve bio-bibliografía del Doctor Ramiro Guerra. Revista Biblioteca Nacional José Martí, 1972, enero-abril. Pág 141

[2] Carlos Rafael Rodríguez:“El marxismo y la historia de Cuba”, en Letra con filo, Ediciones Unión, La Habana, 1987, t. III, pág. 28

[3] Ibidem pág. 436 

[4] Araceli  García Carranza: Breve bio-bibliografía del Doctor Ramiro Guerra. Revista Biblioteca Nacional José Martí, 1972, enero-abril. Pág 148

[5] Carlos Rafael Rodríguez “El Marxismo en la historia de Cuba. En cuadernos de Historia de Cuba T I, Habana Editorial Páginas 194

3 Mildred de la Torre Molina, “Apuntes sobre la historiografía del pensamiento cubano del siglo XX”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, nro 1, enero-abril, La Habana, 1985.

[7] Ibidem.

[8] Revista de la Biblioteca Nacional  de Cuba José Martí, Nro 1, 2012, Pág 37

[9] Ramiro Guerra Sánchez, Guerra de los Diez Años, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1986,  T I, Pág. 107

[10] Ibidem. Pág 126

[11] Ibidem Pág  127

[12] Ibidem Pág. 138.

[13] Ramiro Guerra Sánchez, Guerra de los Diez Años, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1986,  T II, Pág. 341

[14]  Juan Carlos García Guridi, Pasión y cubanía Fecha: 2009-01-31 Fuente: Trabajadores Digital

[15] Julio Le Riverend: Ramiro Guerra: recuento y significación. RBNJM 1980 enero-abril página 114.

[16] Hernán Venegas Delgado: ¨América  en la historiografía cubana (1832-1940)¨. En Islas, Revista de la Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, Cuba,  abril-junio de 2002, nro: 132, pág. 69.

[17] Luis Baez, “Juan Marinello: otros contemporáneos” Revista La Gaceta de Cuba, Nro 5, 1993

 

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