Una Revolución naciente

Autora: Lic. Tania Vázquez Luna. Sección de base Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

Introducción:

La necesidad de crear un gobierno provisional  había sido un tema latente entre los líderes revolucionarios. La decisión de quién sería el presidente del Gobierno Provisional estaba sustentada sobre la base de criterios de buscar la unidad entre las fuerzas y los sectores de oposición a Batista, y las fuerzas revolucionarias.

Tras el derrocamiento de la tiranía batistiana, el triunfo revolucionario abrió una nueva página en la historia de Cuba. Con la Revolución de enero de 1959, comenzaba un período de profundos y radicales cambios, destinados a poner fin al régimen neocolonial existente en Cuba.

Se inició un proceso que conllevaba grandes tareas y dificultades no solo para el pueblo sino también para los principales líderes de la Revolución que tendrían en sus manos la enorme tarea de guiar el proceso. Las medidas tomadas por la Revolución en los primeros tiempos, habían sido esbozadas en el programa del Moncada y estaban encaminadas a resolver las necesidades inmediatas del pueblo.  Con ellas, se inició la transformación de la sociedad cubana que llevaría de manera ininterrumpida a la adopción de medidas más profundas.

Conjuntamente a la destrucción de los males de la dictadura batistiana se creaba un nuevo Estado, un gobierno que respondería a los intereses de las masas populares, integrado por los distintos sectores que de una forma u otra participaron en la lucha. De esta forma se establecía el poder del pueblo y por primera vez se pretendía que este viera reflejada sus necesidades en el órgano gobernativo. En los inicios se incorporaron al nuevo gobierno algunos elementos derechistas que en el transcurso de las tareas y medidas emprendidas, mostraron su incapacidad para proceder de acuerdo con las necesidades de la Revolución, lo que motivó su desplazamiento del gobierno.

Fue en estas circunstancias que Fidel ocupó el cargo de Primer Ministro del Gobierno Revolucionario con el respaldo del pueblo. Se suceden una serie de situaciones que agudizan las contradicciones con algunos sectores del gobierno, dando lugar a crisis ministeriales, hasta llegar el punto de no poder reconciliarse. En este escenario asume el cargo de presidente de la República Osvaldo Dorticós, luego de la renuncia, bajo la presión popular de Manuel Urrutia, quien venía desempeñando ese cargo.

Se inicia así un proceso de fortalecimiento del aparato estatal revolucionario, bajo el liderazgo de Fidel Castro, sobre la base de unir las fuerzas populares y revolucionarias. 

Sin embargo este es un período que muchas veces pasa desapercibido en los constructos tanto académicos como históricos. Siendo de gran utilidad para entender de manera contextual las aproximaciones cronológicas de la formación de la Revolución en el poder, la estructuración de su aparato estatal y aún más significativo, la legitimación de la figura de Fidel como líder y figura política, ya no solo entre las tropas rebeldes sino en su ejercicio público en relación con el pueblo. A través del método bibliográfico documental se establece como objetivo general de este trabajo:

  • Caracterizar la conformación y posterior desenvolvimiento del Gobierno Provisional en los primeros años de la Revolución.

Para ellos será vital:

  • Analizar los inicios de la conformación del Gobierno Provisional en los primeros años de la Revolución.
  • Describir las principales contradicciones que se establecieron durante el período de mandato del Gobierno Provisional con Manuel Urrutia como presidente del mismo.
  • Determinar el accionar de Fidel como figura pública en su relación con el pueblo en esos primeros años de la Revolución en el poder.

Desarrollo:

Conformación de un gobierno provisional

La unidad era un objetivo estratégico del movimiento revolucionario y, en la medida en que el Ejército Rebelde se iba convirtiendo en una fuerza fundamental en el escenario político cubano se pudo impulsar más el trabajo en esa dirección. En su estrategia de lucha contra Fulgencio Batista Zaldívar, el Movimiento 26 de Julio estimó conveniente constituir un gobierno provisional con el  apoyo de los sectores revolucionarios, políticos y sociales opuestos a la dictadura, para devolver al país la legalidad quebrantada y restablecer la Constitución de 1940.

Un hecho patente del cambio cualitativo de la situación cubana fue la reunión que sostuvieron en la Sierra Maestra; Raúl Chibás, presidente del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo; el ex presidente del Banco Nacional de Cuba, Felipe Pozos Roque y el ex presidente del  Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC), Justo Carrillo Hernández. (Buch, L.M. & Suárez, R. 2009) Entre los puntos desarrollados en aquella reunión, estaba la posibilidad de constituir un gobierno provisional que podría radical en el exilio o en la Sierra Maestra. En el Pacto los firmantes acordaron (López, F. 2009):

  • Formar un gobierno provisional cuya elección estaría a cargo de las instituciones cívicas una vez que tuviera lugar la renuncia de Fulgencio Batista.
  • Oponerse a la injerencia en los asuntos internos de Cuba por parte de cualquier nación. Declarando: “(…) el Frente Cívico Revolucionario no invoca, no acepta la mediación e intervención alguna de otra nación en los asuntos internos de Cuba.” (Buch, L.M. & Suárez, R. 2009 p.3)
  • Además exigir la suspensión del envío, de armas y pertrechos de guerra a Cuba por parte de cualquier nación mientras estuviese en pie la dictadura batistiana.

En definitivas la decisión tomada en la reunión era la formación de un gobierno provisional cuyo presidente fuera designado por las propias instituciones cívicas una vez que renunciara Batista. Comentaba el Che:

 (…) nosotros sabíamos que era un programa mínimo (…) pero también sabíamos que no era posible establecer nuestra voluntad desde la Sierra Maestra y que debíamos contar durante un largo período con todo una serie de “amigos” que trataban de utilizar nuestra fuerza militar y la gran confianza que el pueblo ya sentía por Fidel Castro.(López, F. 2009, p.225)

Por otro lado, Pazos, quien había participado en la reunión de la Sierra Maestra comenzó a maniobrar, en Estados Unidos, con organizaciones revolucionarias y partidos políticos para la constitución de un organismo de unidad.

En sus gestiones logró convencer a Lester Rodríguez Pérez , responsable de Asuntos Bélicos en el exterior del Movimiento 26 de Julio; también obtuvo el apoyo de diferentes organizaciones, como el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) , el Partido Revolucionario (Auténtico), la Organización Auténtica (OA), la Federación Estudiantil Universitaria y el Directorio Obrero Revolucionario, para suscribir en octubre de 1957, un documento por el que se pretendía llevar a cabo una supuesta unidad de los sectores revolucionarios (López, P. 2009).

El documento fue denominado “Acuerdo de la Junta de Liberación de Cuba”, conocido también como “Pacto de Miami”. En realidad el pacto se había fraguado a espaldas del Movimiento. Lester Rodríguez y Felipe Pazos se habían arrogado facultades que no tenían y habían adulterado, en lo fundamental, los planteamientos suscritos en el manifiesto de la Sierra Maestra.

En el pacto, se señalaban la forma en que debía conducirse la Revolución y el programa político que se pondría en práctica después del triunfo. En él se trazaba la constitución de una Junta de Liberación Cubana que se encargaría de unificar las fuerzas y organizar la transición hacia un gobierno constitucional y democrático, lo que situaba la dirección de las acciones fuera de Cuba y en manos de esa Junta también se incluían aspiraciones como la liberación de los presos políticos, etc.

En relación con la constitución de un Gobierno Revolucionario, expresaba : “Reiterar que se aspira a un gobierno constitucional, legal y democrático , en el que el pueblo de Cuba pueda expresar sus aspiraciones , y declarar que la tiranía nunca ha sido capaz, ni lo será nunca, de ofrecer algo que no sea anarquía, recesión y pillaje.” (Buch, L.M. & Suárez, R. 2009, p.5)

Una vez que se conoció este pacto y la participación de Pazos, el Movimiento 26 de Julio emitió su respuesta en carta de Fidel Castro desde la Sierra Maestra. El Movimiento rechazó el pacto de inmediato. (López, P. 2009)

En la carta de Fidel Castro se puntualizaban los aspectos básicos de desacuerdo: la supresión de la declaración expresa de rechazo a toda tipo de intervención extranjera y a todo tipo de junta militar para gobernar a Cuba. En su carta del 14 de diciembre de 1957, Fidel expresa: “Pero lo importante para la Revolución no es la unidad en sí, sino las  bases de dicha unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones patrióticas que la animen (…) ¡Háganse revolucionarios los políticos, si así lo desean, pero no conviertan la Revolución en política bastarda!”(López, F. 2009, p. 226)

En la respuesta, Fidel Castro fijo posiciones fundamentales: era necesario un acuerdo sobre las bases de una estrategia definida, desde el exterior se debía ayudar y denunciar los crímenes pero no dirigir la Revolución que se estaba haciendo en Cuba.

En Santiago de Cuba, Armando Hart Dávalos convocó a una reunión en la cual se ratificó lo acordado en la Habana: desautorizar a los firmantes del Pacto de Miami y no reconocer a la llamada Junta de Liberación. En la reunión también se trató la necesidad de cubrir el cargo de presidente del gobierno provisional.

Se sugirieron nombres de distintas personas pero en definitiva coincidieron en el doctor Manuel Urrutia LLeó, presidente de la Sala Tercera de la Penal de la Audiencia de Santiago de Cuba. Manuel Urrutia, natural de Yaguajay, en su condición de presidente de la referida Sala, había emitido un voto particular absolutario de los acusados en la causa No. 67 de 1956, por haber tomado parte en el alzamiento del 30 de noviembre de 1956, y en la expedición del yate Granma. Discrepando de sus colegas de profesión, se apoyó en el artículo 40 de la Constitución del 40, para reconocer el derecho de los cubanos a la resistencia frente a la opresión de sus derechos.

Al asumir esta posición hizo una valiente denuncia a la violación de los derechos individuales. Eran momentos en que la revolución necesitaba una persona que representara una posición lo más neutral posible, y Urrutia era el indicado porque era un hombre respetado, con cierta actitud antibatistiana, justo, honesto, etc. Era el candidato ideal del Movimiento 26 de Julio en su propuesta para presidente del Gobierno Provisional.

Por su actitud fue propuesto por la dirección del Movimiento 26 de Julio, en diciembre de 1957 para ser el futuro presidente en la República y enfrentar las maniobras de la recién creada Junta de Liberación, cuyos acuerdos fueron objetados por la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio. Ante la propuesta Urrutia expresó: “No tengo ningún inconveniente en acatar con toda responsabilidad el cargo que me proponen. Díganme lo que tengo que hacer. Yo estoy en la entera disposición de la Revolución.”(Buch, L. M. & Suárez R. 2009, p.8)

Urrutia después de aceptar el cargo salió al exilio, donde cumplió diversas tareas de apoyo a la Revolución. Con posterioridad, en la reunión efectuada en Miami, el 11 de agosto de 1958, por el Frente Cívico Revolucionario, fue aprobada la candidatura del doctor Manuel Urrutia como presidente provisional.

La permanencia de Batista en el poder y su salida anticipada fue objeto también de consideración en los inicios del año y, con ello, la posible constitución del  gobierno de transición, en lo que se manejó tempranamente la formación de una Junta Cívico Militar.

En carta a Mario Llerena y Raúl Chibás, Fidel les comenta:

Consideramos que este es un momento adecuado para constituir un gobierno provisional revolucionario. Lo que en otro instante pudiera parecer ineficaz, hoy es un magnífico golpe psicológico ante la opinión nacional e internacional, porque precisamente es una reafirmación de fe ante el revés que levantaría los ánimos de lucha. Cuando la dictadura dice que estamos vencidos nosotros responderemos anunciando al mundo la constitución del gobierno provisional en el territorio libre de Cuba (…) después de constituir el gobierno habría que gestionar poco a poco el apoyo de otros sectores y entonces tendríamos la unidad en la forma ideal y combativa , a través del gobierno provisional revolucionario de la República de Cuba (…) El doctor Urrutia podría arribar directamente a nuestro territorio, ser proclamado presidente, constituir un Consejo de Ministro y proceder a designar representantes legales para el exterior (Buch, L. M & Suárez R. 2009, p 16).

En el mes de diciembre ya no existían dudas del descalabro del régimen de Batista. El comandante en jefe, Fidel Castro, consciente de la caída inminente del tirano, convocó a la Dirección Nacional y a los coordinadores provisionales del Movimiento 26 de Julio, así como a los Comandantes Raúl Castro y Juan Almeida y a los dirigentes del Movimiento de Resistencia Cívica a una reunión en la Rinconada, sede en ese momento de la Comandancia General del Ejército Rebelde. Entre otros temas, se trataron diferentes cuestiones referentes a la formación del Gobierno Provisional. Fidel informó que el Frente Cívico Revolucionario había designado a Manuel Urrutia como presidente provisional de la República, quien juraría el cargo en el histórico poblado de Baire.

Triunfo de la Revolución: comienzo de una nueva etapa.

Las decisiones tomadas por el mando rebelde y la movilización popular frustraban las maniobras de última hora para impedir el triunfo revolucionario. Al entrar triunfante Fidel a Santiago de Cuba expresó: “(…) Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado (…) Esta vez no se frustrará  la Revolución. Esta vez, por fortuna para Cuba; la Revolución llegará de verdad a su término. (…) ¡Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas, esta vez sí es una revolución!” (1959, p.120)

Fidel dispuso que se convocara a los santiagueros a un acto masivo en el parque Céspedes, donde se informaría al pueblo de Cuba el triunfo de la Revolución, la conducta a seguir y la proclamación de Urrutia como presidente. En su intervención manifestó que Manuel Urrutia tomaba posesión de la presidencia provisional de la República y comunicó: “Yo tengo la seguridad de que tan pronto tome posesión y asuma el mando el presidente de la República, decretará el establecimiento de las garantías y la absoluta libertad de prensa y todos los derechos individuales del país.” (Buch, L.M. & Suárez, R. 2009, p. 45)

Al concluir la intervención de Fidel, Urrutia prestó su juramento de toma de posesión y se dirigió al pueblo en su función de presidente.

Se cerraba seis décadas de una historia que había estado signada por la dependencia a Estados Unidos, el desarrollo de una cultura de resistencia como parte de la consolidación permanente de la nación cubana y el funcionamiento de una república burguesa en la cual se gestó el cambio cualitativo del primero de enero de 1959. La República de Cuba entra en una nueva etapa histórica (López, F. 2009, p. 244).

Una vez triunfada la Revolución desde Santiago de Cuba, partía la Caravana de la Libertad, encabezada por Fidel. El jueves 8 de enero de 1959, el pueblo de la Habana se volcó en las calles en manifestación para recibir al jefe de la Revolución.

Ya desde la noche del 5 de enero, el gobierno había quedado instalado en el Palacio Presidencial. Urrutia había concluido la estructuración de  su gabinete de gobierno. (Anexo 1)

Urrutia hizo pública su determinación de designar a Fidel Castro como delegado personal del presidente de la República en los institutos armados y Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire. También nombró al Coronel José M. Rego Rubido, como Jefe del Estado Mayor del Ejército; al Comandante Gaspar Brooks, en el cargo de jefe de la Marina de Guerra Revolucionaria, y al comandante guerrillero Efigenio Ameijeiras Delgado, como jefe de la Policía  Nacional revolucionaria. Le confió la presidencia del Tribunal Supremo de Justicia al doctor Emilio Menéndez  Menéndez y designó como Fiscal del Tribunal Supremo al doctor Felipe L. Sebrango. (Buch, L.M. & Suárez, R. 2009)

Este Consejo de Ministros, se caracterizaba por su composición heterogénea y las diferentes tendencias políticas que defendían sus integrantes, algunos de posiciones derechistas, otros más moderadas y varios con posiciones unitarias y progresistas. Su composición respondía en gran medida a la situación política del momento, a la necesidad de atraer a amplios sectores no radicales de la población y de evitar un enfrentamiento prematuro con el gobierno de los Estados Unidos.

A pesar de la distribución del gabinete, la labor de Fidel estaría fundamentalmente acompañando al pueblo como había expresado: “(…) yo estaré en contacto con el pueblo, en reunión con los obreros, en radio y televisión, criticando los errores que se cometan.”(Buch, L.M. & Suárez, R. 2009, p.31) Son los primeros contactos entre el pueblo y la dirigencia revolucionaria.

En las primeras semanas del Gobierno Revolucionario, se daban situaciones de crisis en algunas regiones del país. Es el caso de que algunos campesinos de la región de las Villas habían tomado tierras sin esperar la promulgación de la Ley de Reforma Agraria. A lo cual el presidente manda a Camilo Cienfuegos y Ramiro Valdés a desalojar a los campesinos como medida represiva. Ambos comandantes expresan a Urrutia, que no pretendiera que ellos desalojasen a los campesinos con las mismas armas con que habían luchado por la libertad de Cuba (Núñez, A.1982). Comienzan a darse situaciones que en sucesivo van aumentando para acarrear en contradicciones más profunda con el aparato gobernativo.

Principio del fin del Gobierno Provisional

A pesar de ser el presidente del gobierno, aún Urrutia manifestaba ideas derivadas de su procedencia de clase burguesa. Consecuentemente con lo que había planteado en la reunión de La Rinconada, Fidel intercambiaba criterios con el pueblo en las calles y en los centros laborales y desde esa posición combatía los errores que comenzaban a emanar desde los “despachos” del gobierno. Pronto comenzaron a manifestarse también contradicciones entre los integrantes del gabinete.

Esto obstaculiza el buen desenvolvimiento de la gestión del gobierno. Se adoptan inicialmente algunas medidas impostergables, en muchos casos ya promulgadas desde la Sierra Maestra, y en sus intervenciones públicas, Fidel  explica los puntos fundamentales de la reforma agraria que se preparaba, dejaba sentado el derecho de Cuba a gobernarse sin tutela extraña y señalaba cuáles eran las medidas inmediatas que debían adoptarse.

Sin dudas, finalizado el mes de enero, se hace visible la lentitud del gobierno en llevar a la práctica el programa trazado por la dirección revolucionaria. Comienza también a incidir la demora en el descontento popular por la demora del Gobierno Provisional para adoptar las medidas que el país necesitaba con urgencia.

Las quejas de los ministros se recrudecían en contra de las sesiones diarias. El gobierno no funcionaba con la acometividad que el pueblo reclamaba. Había transcurrido más de un mes sin haberse tomado medida alguna de carácter social y comenzaba la intranquilidad en la población. La crisis interna se intensificaba sin vislumbrarse una solución.

Era necesaria una autoridad de prestigio y arraigo popular. A mediados de febrero se produce la primera crisis ministerial: renuncia el Gabinete en pleno y Fidel asume el cargo de Primer Ministro. Fue el propio Miró Cardona quien presentó su renuncia explicando que su decisión obedecía al hecho de que el cargo de Primer Ministro le correspondía a un verdadero jefe de gobierno y que esta deben asumirlas quien por su jerarquía histórica era el Jefe de la Revolución, el doctor Fidel Castro (Buch, L.M. & Suárez, R. 2009).

De ahí las contundentes palabras de Fidel: “Necesitamos que la maquinaria estatal funcione sistemáticamente si queremos hacer avanzar el programa revolucionario. (…) el gobierno luce como atrasado en la realización del programa revolucionario. (…) eso fue lo que determinó mi presencia en el Consejo de Ministros.”(Núñez, A.1982, p.81) Una vez asumido el cargo comienza a hacer usos de sus facultades. Muchas fueron las medidas promulgadas por Fidel para reavivar las medidas que la revolución había prometido. Estaba en juego el prestigio de la Revolución ante la incapacidad del Gobierno provisional para poner en marcha las  transformaciones que se le habían prometido al pueblo.

La actuación de Urrutia, en poco tiempo, se convirtió en un freno para el complimiento del programa revolucionario, pues retrasaba la firma de determinadas leyes acordadas en el Consejo de Ministros, alguna de las cuales eran de un alto valor político, creando  una situación de desconfianza. La falta de tacto del presidente provocó no pocas situaciones negativas, las cuales fueron lesionando su prestigio y autoridad, pues en ocasiones desarrollaba una política radical y en otras mostraba posiciones conservadoras oportunistas.

A pesar de que Fidel fortalecía e inyectaba gran impulso al gobierno, no todos los ministerios avanzaban de acuerdo con la urgencia requerida por la Revolución y las esperanzas del pueblo. La Revolución tenía que realizar grandes transformaciones para reanimar la obra revolucionaria. Por este motivo era preciso crear un Estado nuevo, que se sustentará en leyes justas, encaminadas a garantizar el bien del pueblo. Urgía acometer los cambios estructurales anunciados por Fidel.

Tenía lugar así una reorganización del Gabinete como resultado de la cual son sustituidos cinco ministros. Algunos de ellos son revolucionarios que van a desempeñar nuevas responsabilidades; pero otros, como Humberto Sorí Marín, Roberto Agramonte y Elena Mederos, salen del gobierno porque discrepan de las medidas radicales que se están adoptando y las que se proyectan.

Los nuevos ministros son el comandante Pedro Miret Prieto, de Agricultura; José A. Naranjo, de Gobernación; doctora Raquel Pérez, de Bienestar Social; doctor Serafín Ruiz de Zárate, de Salubridad y doctor Raúl Roa García, de Estado. (Cantón, J.C. & Silva, A. 2009)

Las contradicciones entre el Presidente y la Revolución eran irreconciliables.

Sin embargo la situación de Urrutia, se hacía cada vez más conflictiva. Continúa entorpeciendo la adopción de leyes indispensables por el Consejo de Ministros y sabotea su aplicación después de aprobadas; al mismo tiempo que se  atribuye una serie de privilegios personales transgrediendo las medidas de austeridad tomadas oficialmente.

Estos problemas comenzaron a provocar incertidumbre e intranquilidad en el pueblo. Se corría el riesgo de que se perdiera la fe en la Revolución, ya que las medidas fundamentales planteadas en la Historia me Absolverá y en los manifiestos del Movimiento 26 de Julio y de otras organizaciones revolucionarias se iban retrasando.

Fidel era el jefe político y en él recaía la responsabilidad máxima. No podía permitir que las intransigencias y los ataques de Urrutia a hombres del gobierno crearan confusiones entre los revolucionarios. Había que tomar una decisión para que la revolución marchara con la intensidad requerida. Muy lejos estaba el pueblo de Cuba de saber que al día siguiente, 17 de julio, los ciento setenta y dos mil ejemplares del periódico Revolución, anunciarían, cintillo gigantesco, una noticia que conmovería a toda la nación: “Renuncia Fidel”.(Núñez, A.1982, p.216)

En las últimas semanas Urrutia, desde la presidencia, estaba haciendo una campaña pública reaccionaria, anticomunista, que se sumaba, a la traicionera propaganda del imperialismo y los enemigos de la Revolución, que intentaban confundir y dividir al pueblo. Se estableció así un conflicto entre el Primer Ministro, Fidel y el presidente provisional de la República.

Fidel contaba con todos los medios para resolver drásticamente la contradicción surgida. Pero evitando una situación que pudiera a la imagen de la revolución en el extranjero, prefirió renunciar al cargo de Primer Ministro. Dando un verdadero ejemplo de espíritu democrático y desinterés. Al fin y al cabo siempre dijo que no había luchado nunca por cargos y honores públicos. Al exponer los motivos de su dimisión, dijo: “La razón de la renuncia es una razón de orden interno (…) obedece a la imposibilidad por mi parte de continuar ejerciendo el cargo en las actuales circunstancias dadas las dificultades con el señor Presidente de la República”. (Buch, L.M. & Suárez, R. 2009, p.140)

Se produce una honda conmoción popular. Las masas salen a la calle en todo el país exigen la renuncia de Urrutia y el regreso de Fidel a su cargo. Al final Urrutia de ve obligado a presentar su renuncia ante el Consejo de Ministros. Posteriormente Osvaldo Dorticós Torrado, hasta entonces Ministro de Leyes Revolucionarias, es designado, nuevo Presidente de la República. (López, F. 2009)

No obstante, pasan varios días sin que Fidel retire su renuncia y se intensifica el movimiento popular que exige su regreso. (Historia de Cuba 1959-1999 p.5) Las calles de la Habana se inundan de consignas: Renuncia ¿para qué? Con Fidel hasta el fin. Fidel, Cuba te necesita. (Cantón, J. C. & Silva, A. 2009)

Si bien la crisis planteada por la absurda actitud del ex presidente Urrutia, es superada al designarse un nuevo presidente, todavía flotaba en el aire la ansiedad popular debido a la renuncia mantenida por Fidel al cargo de Primer Ministro.

Fidel responde al clamor unánime del pueblo y anuncia que se reintegra al cargo de Primer Ministro. Este incontenible clamor nacional se explica por el hecho de que Fidel se había convertido en ídolo del pueblo cubano: encarnó las aspiraciones de emancipación nacional y social de este pueblo; hizo suyos los sueños frustrados de José Martí y de los más radicales dirigentes revolucionarios de las luchas liberadoras desde el siglo XIX hasta nuestros días; trazó el camino aceptado para convertir en realidad esos sueños, unió a todas las fuerzas progresistas de la nación con ese propósito y marchó al frente de ellas, hasta conducirlas a la victoria.

Conclusiones

La unidad se había convertido en una necesidad de primer orden para el Movimiento 26 de Julio, de ahí la necesidad de crear un gobierno que representara al movimiento revolucionario una vez alcanzado el tan ansiado triunfo.

Sin embargo un gabinete de gobierno en los primeros años de la Revolución marcado por la heterogeneidad dio al traste con su fracaso. En ello influía, entre otros factores, sus intereses de clase, procedentes de la burguesía, su mentalidad anticomunista, la imposición de sus intereses personales ante los colectivos que iba en contra de la línea altruista de la Revolución, la acción de la propaganda enemiga que aprovechaba todas las oportunidades para combatir el peligro que representaba para sus intereses una verdadera Revolución en Cuba.

El gobierno que durante los primeros años acompañó a la revolución no compartió los ideales que esta defendía porque no respondía a sus intereses y porque la mentalidad que muchos funcionarios poseían aun estaba arraigada a las conductas politiqueras que habían dominado durante años en Cuba.

Es por ello que desde los primeros momentos comienzan a manifestarse contradicciones serias entre las principales figuras del gobierno y el verdadero poder revolucionario, representado por el Ejército Rebelde que se plantea como uno de los  primeros retos de la Revolución. Se confrontaba ideales y “modos de hacer” que diferían tanto en intereses como en la radicalización del pensamiento que requería el proceso. Hasta el punto que las contradicciones pusieron en juego a la Revolución y su veracidad ante el pueblo y ante la opinión internacional. Lo cual provoca el empleo de medidas extremas como la renuncia de Fidel al cargo de Primer Ministro, de gran utilidad tanto para la erradicación de los males que corrompían a la alta dirección del país, como ratificar a Fidel como máximo líder revolucionario.

Bibliografía:

Albelo, R. M. Gallo, G. & Valdés, M. M. (2014) Historia de Cuba. La Habana: Pueblo y Educación.

Buch, L.M. & Suárez, R. (2009) Gobierno Revolucionario: primeros pasos. La Habana: Ciencias Sociales.

Cantón, J.C.  & Silva, A. (2009) Historia de Cuba 1959 – 1999. Liberación nacional y socialismo. La Habana: Pueblo y Educación.

Castro, F. Discurso pronunciado el 2 de enero de 1959, en cuaderno de historia habanera, N° 66, Oficina del historiador de la Ciudad de la Habana.

López, F. (2009) Cuba entre 1899 y 1959. Seis décadas de historia. La Habana: Félix Varela.

Núñez, A. (1982) En Marcha con Fidel 1959. La Habana: Letras Cubanas.

Ramonet, I. (2006) Cien Horas con Fidel. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.

 Anexo 1

Gabinete de Manuel Urrutia

Ministerio

Ministro

 

Primer Ministro

José Miró Cardona

 

Ministerio de Estado

Roberto Agramonte Pichardo

 

Ministerio de Justicia

Ángel Fernández Rodríguez

 

Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados

Faustino Pérez Hernández

 

Ministerio de Gobernación

Luis Orlando Rodríguez Rodríguez

 

Ministerio de Obras Públicas

Manuel Ray Rivero

 

Ministerio de Agricultura

Humberto Sorí Marín

 

Ministerio de Comercio

Raúl Cepero Bonilla

 

Ministerio de Educación

Armando Hart Dávalos

 

Ministerio de Trabajo

Manuel Fernández García

 

Ministerio de Hacienda

Rufo López Fresquet

 

Ministerio de Comunicaciones

Enrique Oltuski Ozacki

 

Ministerio de Defensa Nacional

Augusto Martínez Sánchez

 

Ministerio de Bienestar Social

Elena Mederos Cabañas

 

Ministerio Encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias

Osvaldo Dorticós Torrado

 

Ministerio Encargado del Consejo Nacional de Economía

Regino Boti León

 

Ministerio Encargado de la Corporación Nacional de Transporte

Julio Camacho Aguilera

 

Ministerio de la Presidencia

Luis Buch Rodríguez

 

 

 

 

 

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