Vigencia del pensamiento de Fidel Castro por la equidad de género en Cuba

Autora: Yaiset Georgina Arias Santos

Introducción

Es necesario que las nuevas generaciones y las no tan jóvenes, los cubanos todos, estudien y aprendan del inmenso caudal de pensamiento que nos legó Fidel para la construcción socialista en Cuba. Como hombre de pensamiento profundo, estadista brillante, estudioso de los clásicos del Marxismo, pero también de las ideas más novedosas que se generaban en torno a los procesos socialistas a nivel internacional. Hombre de pueblo, comunicador insuperable, con su inmensa capacidad de decir y de escuchar la voz de su gente, de los pueblos. Avezado intérprete de la realidad de la época que le tocó vivir, y visionario con la mirada puesta en el futuro. Sin embargo, no se conformó con observar, sino que dedicó su vida y acción contundente a transformar esa realidad, como marxista consecuente.

Fidel es el artífice de la nueva sociedad cubana, y muchos son sus logros e enorme es su legado en la construcción socialista. Hay una dimensión de ese legado que queremos destacar hoy, su pensamiento y acción por el logro de la liberación y plena incorporación a la vida social, política, económica, cultural e incluso a la defensa del país, de la mujer cubana. Creador, conjuntamente con Vilma Espín, de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y las propias mujeres, de una nueva cultura de lo femenino, de género y de la igualdad entre ellos.

No escapó a su ojo avizor, el análisis de la situación de inequidad, vulnerabilidad, sumisión y subvaloración de la mujer en la Cuba prerrevolucionaria. Precisamente, este artículo se dedica a esbozar su comprensión y accionar en torno a la inclusión de la mujer en el proceso de transformación social revolucionario y el logro de la equidad de género, a través del análisis de uno de los tantos discursos donde aborda la temática. Escogido precisamente por la profundidad de las ideas que contiene y por haber sido pronunciado en nuestra provincia. Se trata entonces, del discurso de clausura de la V Plenaria nacional de la FMC, en el estadio “Sandino”, el 9 de diciembre de 1966. Se aborda además, la continuidad y desarrollo de su pensamiento y acción en la nueva etapa de construcción del socialismo próspero y sostenible en Cuba hoy.

Fidel y la incorporación plena de la mujer al proceso revolucionario.

Ya desde el desarrollo de la lucha clandestina y en la Sierra Maestra, Fidel toma conciencia del enorme potencial de las mujeres en todos los órdenes, y del importante papel que podían desempeñar en la guerra para alcanzar el triunfo sobre la tiranía. Hay que destacar el hecho de la conformación del pelotón femenino Mariana Grajales, a pesar de las protestas de los combatientes que no concebían que las mujeres pudieran pelear. Demuestra así Fidel su confianza en las mujeres y en su capacidad de realizar las mismas tareas que los hombres.

Luego del triunfo revolucionario de 1959, profundiza su convicción sobre la necesidad que las mujeres ocuparan el lugar que les correspondía, en igualdad de derechos, oportunidades y posibilidades con los hombres, en el proceso de construcción socialista en Cuba. Reconoce la fuerza que tienen como actor político, y económico para la nueva sociedad.

Fidel va desarrollando con claridad sus ideas acerca del protagonismo de la mujer en la sociedad, las causas de su marginación  y la necesidad de eliminarlas, es por ello que en su primer discurso al país, establece como una de las prioridades, la erradicación de la discriminación a la mujer.

La mujer estuvo presente siempre en el pensamiento y acción de Fidel, quien la consideró un pilar fundamental en la Revolución, que como hecho cultural y social transformador, cambioo de la concepción de lo femenino en Cuba. Las mujeres cubanas, fueron protagonistas en cada una de las batallas sociales, culturales, educacionales que se desarrollaron. Teniendo en Fidel, a un batallador incansable por sus derechos y espacios en la vida política, la dirección y la defensa del país.

Un hito importante en esta batalla por la igualdad, lo constituyó la creación de la Federación de Mujeres Cubanas, por Vilma Espín y el impulso constante de Fidel, quien en el acto de fundación expresó: “Para que tenga la mujer cubana el lugar que le corresponde en la historia de la Patria” (Castro, F., 1960). En fecha tan temprana como agosto de 1960, lo que denota la relevancia que tiene la mujer para la construcción de la nueva sociedad socialista. Se puede reconocer como uno de los actos fundacionales de la nación cubana, después del triunfo de enero del 59, conjuntamente con la creación de la Asociación Nacional de Agricultores pequeños (ANAP) y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Constituye un acto de organización del proceso de eliminación de desigualdades. La FMC representa a todas las féminas, independientemente de su raza, condición social, nivel cultural y aporte a la sociedad. Se constituye como una organización para la reivindicación de los intereses particulares de la mujer cubana y generar el necesario protagonismo en el proceso de su empoderamiento, en vínculo directo con las transformaciones generales desarrolladas.

En el acto de clausura del primer Congreso nacional de la FMC, celebrado en 1962,  Fidel, en esa época Primer Ministro, apunta las líneas esenciales para la erradicación de la discriminación de las féminas en la nueva sociedad, que ayudarían a construir:

Las mujeres, dentro de la sociedad, tienen intereses que son comunes a todos los miembros de la sociedad; pero tienen también intereses que son propios de las mujeres.  Sobre todo, cuando se trata de crear una sociedad distinta, de organizar un mundo mejor para todos los seres humanos, las mujeres tienen intereses muy grandes en ese esfuerzo; porque, entre otras cosas, la mujer constituye un sector que en el mundo capitalista en que vivíamos estaba discriminada. En el mundo que estamos construyendo, es necesario que desaparezca todo vestigio de discriminación en la mujer (Castro, F., 1962). 

Más adelante plantea:

Existen los problemas que se relacionan con una serie de tareas llamadas “domésticas”, que han esclavizado a la mujer a través de la historia; y las mujeres necesitan de instituciones que las rediman también de esas obligaciones, que requieren tanto esfuerzo y tantas energías humanas (Castro, F., 1962).   

Tiene claridad Fidel que aun cuando la Revolución ha construido círculos, escuelas seminternas, internados, comedores obreros, etc., para contribuir con la plena incorporación de la mujer a los espacios sociales y labores, aún resta mucho por conquistar y que la principal protagonista de estas transformaciones es la propia mujer cubana.

En sus primeros años, son muchas las tareas en las que se implican las mujeres organizadas, estudian, trabajan, participan en la misma medida que los hombres en la Campaña de alfabetización, dura prueba en las montañas y rincones más intrincados del país.

La Revolución cubana como proceso de transformación integral, logró significativos avances en el plano de los derechos sociales, civiles, políticos, laborales y sexuales de las féminas, sobre todo en el espacio público, sin embargo, en el ámbito privado, contradictoriamente, sigue reproduciéndose la supremacía masculina.

Al respecto, Mabel Bellucci y Emmanuel Theumer, aseguran que:

La revolución cubana no sólo jugó un papel importante en el debate político de nuestra región sino que también exhibió logros y avances de las mujeres durante el proceso revolucionario: acceso a la educación gratuita y universal sin distinción de raza o clase social, igualdad de salarios, atención a la salud para toda la familia, creación de guarderías infantiles, ingreso de un alto porcentaje de campesinas al mercado laboral, métodos de planificación familiar, aborto legal, seguro y gratuito, programa de educación sexual, cargos directivos en distintas áreas e incluso su presencia institucional en la política; todos estos cambios representaron grandes mejoras e impulsos (Bellucci y Theumer, 2019: 42).

Conquistan así, las mujeres cubanas, su igualdad política y jurídica, refrendada por la legislación, entre las que destaca, el Código de la Familia, aprobado en 1975, uno de los más avanzados del campo socialista.

De acuerdo con lo planteado por Bellucci y Theumer (2019), desde sus inicios, la Revolución con Fidel al frente, apostó por relacionar el cambio social con la liberación de las mujeres y en consecuencia con esa postura, se generó todo un movimiento de transformación mediante programas sociales y de rehabilitación para mejorar las condiciones de vida de las cubanas.

La cuestión de las transformaciones de la vida de las mujeres, y su papel en la Revolución, es una constante en el pensamiento y el quehacer de Fidel, como ya se ha planteado, pero a nuestro entender hay un discurso emblemático, pronunciado en 1966 en la clausura de la V Plenaria Nacional de la FMC, celebrada precisamente en el estadio “Sandino” de la ciudad de Santa Clara, donde afirma:

 …que este fenómeno de las mujeres en la Revolución era una revolución dentro de otra revolución. Y si a nosotros nos preguntaran qué es lo más revolucionario que está haciendo la Revolución, responderíamos que lo más revolucionario que está haciendo la Revolución es precisamente esto; es decir, la revolución que está teniendo lugar en las mujeres de nuestro país. Si nos preguntaran cuáles son las cosas que más nos han enseñado en la Revolución, responderíamos que una de las lecciones más interesantes que los revolucionarios estamos recibiendo en la Revolución es la lección que nos están dando las mujeres (Castro, F., 1966).

Certeza que guiaría todo el proceso de liberación de la mujer cubana.

Sin dudas, el pensamiento de Fidel acerca del papel de las mujeres en la Revolución y su derecho a la equidad de género, va evolucionando ascendentemente y en este mismo discurso reconoce sus propios prejuicios cuando dice:

Pero, ¿por qué esta es una de las lecciones más interesantes?  Ustedes se preguntarán, ¿por qué?  En realidad, la más honrada respuesta que podríamos dar —y les advierto que esta respuesta quien la está expresando es precisamente una persona que se cree que no padecía prejuicios—, la respuesta realmente es que creo que todos nosotros teníamos muchos prejuicios con relación a las mujeres.  Y si alguien me hubiera preguntado alguna vez si yo me creía que tenía prejuicios, habría dicho que no, en absoluto; porque me he creído verdaderamente todo lo contrario.  Que verdaderamente había en la mujer dentro de la sociedad una fuerza potencial y un recurso humano extraordinario para una revolución. 

Pero, ¿qué ocurre?  ¿Qué nos ha ocurrido a nosotros, o qué nos está ocurriendo?  Nos está ocurriendo que, en realidad, esa fuerza potencial es superior a la que los más optimistas de nosotros habríamos podido ver jamás.  Y por eso decíamos que tal vez en el fondo, inconscientemente, inconscientemente había algo de prejuicio o había algo de subestimación, puesto que la realidad está demostrando, apenas comenzando a marchar por este camino, todas las posibilidades y todo el papel que la mujer puede jugar en un proceso revolucionario donde la sociedad se libra de la explotación en primer lugar, de los prejuicios y de toda una serie de circunstancias donde la mujer ocupaba o, se puede decir, donde la mujer era doblemente explotada, doblemente humillada  (Castro, F., 1966).

Alerta a las mujeres, sobre los derechos logrados, que aún eran insuficientes, que no se podían conformar con lo alcanzado, que a la lucha por su plena liberación e incorporación en igualdad de derechos y condiciones a la sociedad, aun le faltaba un largo camino por recorrer. Al respecto les dice:

Por eso los hechos están brindando una gran lección a todos nosotros, a todos los revolucionarios. 

Esos prejuicios naturalmente que todavía persisten en un grado considerable.  Si las mujeres creen que su situación dentro de la sociedad es una situación óptima, si las mujeres creen que la función revolucionaria, su función revolucionaria dentro de la sociedad se ha cumplido, estarían cometiendo un error. 

A nosotros nos parece que las mujeres tienen todavía que luchar mucho, que las mujeres tienen que esforzarse mucho para llegar a alcanzar el lugar que realmente deben ocupar dentro de la sociedad (Castro, F., 1966). 

Se reitera en este discurso el hecho de relacionar las transformaciones sociales con la liberación de las mujeres, cuando plantea:

Ahora bien, ¿la desaparición de la explotación del hombre por el hombre significa que se hayan creado todas las condiciones inmediatamente para que la mujer ocupe un lugar superior dentro de la sociedad?  No.  No significa que se han creado todas las condiciones, porque las condiciones para la liberación de la mujer, las condiciones para el desarrollo pleno de la mujer dentro de una sociedad, las condiciones para una igualdad de derechos realmente, o para una igualdad real de la mujer y el hombre en una sociedad, necesita una base material, necesita tener como base el desarrollo económico y el desarrollo social del país (Castro, F., 1966).

Sobre ese propio proceso de construcción socialista, critica el exceso de burocratismo, aun presente en nuestra sociedad, que atenta contra el logro de una transformación profunda, eficiente y eficaz. Al respecto manifiesta:

La Revolución tiene que ser necesariamente audaz, ¡audaz!  No puede seguir esos trámites largos, interminables.  Claro que es más cómodo y más seguro sembrar una mata este año, dos el año que viene y tres al cuarto año o al quinto año; es más seguro.  Es más seguro para no fracasar, y es lo más seguro para fracasar.

(…) El imprescindible, el mínimo de trabajo de oficina, es necesario; lo que no es imprescindible es el burocratismo, lo que no es imprescindible es la acumulación de burócratas en las oficinas (Castro, F., 1966).

La equidad de género en la actual etapa de construcción del socialismo

Como se ha planteado, la equidad de género es un principio esencial en la construcción del socialismo y en el caso cubano, constituye un legado invaluable del pensamiento y la acción de Fidel, acompañado por Vilma Espín y las mujeres cubanas, unidas en la FMC. Ideas y acciones que se han nutrido y desarrollado en la actual etapa de construcción del socialismo próspero y sostenible al que se aspira.

Al respecto dice Teresa Amarelle Boué, actual Secretaria General de la FMC:

El programa de la Revolución Cubana para potenciar el empoderamiento de las mujeres iniciado en 1959, hoy podemos caracterizarlo, como un Plan de Igualdad aunque entonces se llamara la Batalla por la Igualdad de la Mujer, porque era un conjunto estructurado de políticas, programas y acciones multisectoriales promovidas por el Estado, con metas e indicadores claramente trazados, y con el objetivo de alcanzar la igualdad de la mujer en las condiciones de Cuba.

Cuba aprobó en 1997, el Plan de Acción Nacional de la República de Cuba de Seguimiento a la IV Conferencia de la ONU sobre la Mujer, que tuvo a Fidel como principal defensor y a la FMC como máxima responsable de su implementación.

El Plan de Acción Nacional de Seguimiento a la Conferencia de Beijing[1], establece:

POR CUANTO: El estado cubano, en concordancia con su proyecto de justicia social, de democracia participativa y de lucha tenaz para eliminar toda forma de discriminación y opresión por razones de clase, género y raza ha puesto en práctica desde 1959 su Estrategia Nacional de Desarrollo que comprende la ejecución de forma articulada y armónica de los programas económicos y sociales en tal sentido ha impulsado la creación y desarrollo de las bases económicas, políticas, ideológicas, jurídicas, educaciones, culturales y sociales que garanticen la igualdad de derechos, oportunidades y posibilidades a hombres y mujeres, transformando la condición de discriminación y subordinación a que secularmente habían estado sometida la mujer cubana y promoviendo la eliminación de estereotipos sexuales tradicionales y la reconceptualización de su papel en la sociedad y en la familia (1997).

A partir de la implementación y desarrollo de Plan de Igualdad y sus acciones, Cuba muestra importantes avances en cuestiones de empoderamiento femenino y estos datos, lo corroboran:

La esperanza de vida al nacer de las cubanas es de 80,45 años;

La tasa de mortalidad materna directa es de 27,4 por cada cien mil nacidos vivos;

Representan el 49% del total de las personas ocupadas en el sector estatal civil;

El 48,6% de los altos cargos de dirección;

El 78,5% del personal de salud y el 60,2 de quienes ejercen la medicina;

El 48% de las y los investigadores científicos;

El 67,2% de la fuerza de mayor calificación técnica y profesional;

Poseen como promedio 10,2 grados y son el 65,2% de las personas graduadas en la educación superior.

Son más del 70% de las y los fiscales y jueces. El 53,22% de nuestro Parlamento está formado por mujeres[2].

Es mucho lo que se ha logrado y avanzado en el empoderamiento e incorporación de la mujer al ámbito, social, laboral y cultural, pero también son muchos los desafíos a vencer. Fundamentalmente en el ámbito privado. Concordamos con lo expresado por Raúl, cuando asegura que:

Aún nos queda mucho por hacer. Trabajamos para seguir cambiando los patrones culturales, de forma que se comparta entre hombres y mujeres el cuidado de la familia y se continúe incrementando su presencia en los cargos decisorios a nivel gubernamental, por solo mencionar algunos aspectos (Castro, R., 2015).

Notas y Citas:

[1] IV Conferencia mundial sobre la Mujer, celebrada de Beijing, China, en 1995, donde se elabora y acuerda un programa mundial en favor del empoderamiento de la mujer.

[2] La mayoría de los datos han sido aportados por Teresa Amarelle Boué, en su presentación sobre el Plan de Acción Nacional de Seguimiento a la Conferencia de Beijing.

Bibliografía

August A. (2017). Fidel, el poder político y la nueva cultura. (Presentación realizada en el Panel “Fidel, constructor de la nueva sociedad” del Coloquio Fidel, política y cultura en la Feria Internacional del Libro). Disponible en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/02/15/fidel-el-poder-politico-y-la-nueva-cultura/

Bellucci, M. y Theumer E. (2019). Desde la Cuba revolucionaria feminismo y marxismo en la obra de Isabel Larguía y John Dumoulin. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Disponible en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20191011020931/Desde_la_Cuba_revolucionaria.pdf

Castro, F. (1966.). Versión taquigráfica del discurso de Fidel clausura de la V Plenaria Nacional de La FMC, en el Estadio “Sandino” De Santa Clara, Las Villas, El 9 De Diciembre De 1966.

Castro Ruz, F. (2020). Fidel en la fundación de la FMC: “Para que tenga la mujer cubana el lugar que le corresponde en la historia de la Patria”. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/08/23/fidel-en-la-fundacion-de-la-fmc-para-que-tenga-la-mujer-cubana-el-lugar-que-le-corresponde-en-la-historia-de-la-patria/

Ferrer Gómez, Y. (2017). El concepto de lo femenino en Cuba comenzó a cambiar el día que triunfó la Revolución. Disponible en: http://www.parlamentocubano.gob.cu/index.php/el-concepto-de-lo-femenino-en-cuba-comenzo-a-cambiar-el-dia-que-triunfo-la-revolucion/

Ibarra Cáceres, A. Mujer y nación en Cuba: entre la norma y la performatividad del sujeto. Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422018000200149

Labrador, L. (2016). Una voz unánime contra la violencia de género. Disponible en: http://www.granma.cu/opinion/2016-11-24/una-voz-unanime-contra-la-violencia-de-genero-24-11-2016-21-11-06?page=2

Lott, A. (2017).La igualdad de género es un principio elemental en la construcción del socialismo. Disponible en: http://www.trabajadores.cu/20171005/la-igualdad-genero-principio-elemental-la-construccion-del-socialismo/

Sóñora Soto, I. (2011). Feminismo y género: el debate. Disponible en: http://www.ub.edu/SIMS/hojasWarmi/hojas16/articulos/ivette.pdf

 

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