Juan Pedro Carbó, entre la metralla y la sangre del Palacio Presidencial.

Autor: Joel Pérez Soto. UNHIC Sección de Base de Remedios

                                            Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad.

                                                                                        José Antonio Echeverría Bianchi.

   El 21 de noviembre de 1926 ve la luz por vez primera bajo el cielo de San Juan de los Remedios El Flaco, seudónimo que luego identificaría durante la clandestinidad a uno de los jóvenes más valientes de la última etapa de lucha revolucionaria, Juan Pedro Carbó Serviá.

   Hijo de un Juez y de una ama de casa, asimiló sus primeras letras en una escuela católica y comienza a alcanzar renombre en el Instituto de Segunda Enseñanza de Remedios, donde se destaca en diferentes mítines estudiantiles.

   Siendo estudiante en esta institución y con motivo de las revueltas estudiantiles en que se involucraba frecuentemente, en cierta ocasión es suspendido a clases, planteándole el director que no volviera a poner sus pies nuevamente en el plantel. Al otro día Juan Pedro para dar cumplimiento a las palabras de la autoridad escolar, hace su entrada al lugar montado sobre un caballo, lo que origina un gran alboroto y la correspondiente reclamación por su inusual actitud, a lo que responde que aquello era por lo de no poner los pies en el suelo.

   En 1943, contando con 17 años, se traslada a La Habana matriculando a estudiar Farmacia, estudios que no concluye. Al fallecer su padre en 1949, regresa nuevamente a la capital y matricula en la Universidad, primeramente en la Facultad de Derecho y luego en Veterinaria, graduándose de esta última especialidad en 1953; durante su estancia en la Universidad nunca estuvo ajeno al movimiento revolucionario estudiantil.

   La primera misión internacionalista que cumple la hace recién graduado, cuando parte a México para ayudar a enfrentar una epidemia de Infanta Aftosa que afectaba al ganado; actualmente es considerado como el mártir por excelencia de la veterinaria cubana. En 1955 guía sus pasos hacia Costa Rica junto a otros jóvenes de la FEU, entre ellos Hidalgo Peraza y José A. Echeverría, pero esta vez el objetivo era diferente, enfrentar a la invasión del ejército somocista de Nicaragua.

   Dentro de los rasgos que lo caracterizaban estaba su marcada lealtad a sus amigos, su temeridad y su gusto por el buen vestir, aún en las condiciones más riesgosas en las que participó no descuidaba detalles en su vestimenta. Durante su corta vida, padeció de una profunda debilidad visual.

   Hacemos mención a Juan Pedro Carbó, para que a través de su hilo conductor se comprenda la complejidad y el heroísmo que arrojaron los jóvenes del Directorio Revolucionario, encabezados por Echevarría aquel 13 de marzo de 1957 durante el asalto al Palacio Presidencial y a la estación Radio Reloj, acciones con las que se pretendía ajusticiar a Fulgencio Batista, ajusticiamiento que sería anunciado al pueblo para convocarlo a un respaldo popular. Como parte de las acciones de ese día también comprendía la ocupación de la Universidad de La Habana, donde se situaría la sede del Estado Mayor.

Antecedente del asalto:                                                        

   Todo hecho histórico por aislado que parezca tiene un antecedente al cual debe de prestársele la debida atención, pues este siempre aporta elementos a estimar y a desestimar en aras de lograr el objetivo previamente trazado.

   El asalto a Palacio no fue una excepción de la regla, pues en Cuba durante la época colonial la sede del Gobierno había sido blanco de un atentado, ambas acciones tuvieron el mismo objetivo: librar al país mediante la desaparición física de un tirano. Por su parte el investigador histórico Valentín Molina Piñero, considera que la acción de 1896 se considera el antecedente del asalto al Palacio Presidencial acontecido en 1957.

   El hecho ocurre el 28 de abril de 1896, cuando el joven Armando André Alvarado, luego de haber contactado con Maceo y Gómez sin haber logrado el apoyo de los jefes militares, decidió realizar la acción por su cuenta, acción que había sido concebida por el emigrado y radicado en Tampa, Doctor Lorenzo Montero.

   La idea original era la de recaudar fondos para adquirir mediante compra el local del Café y Fonda El Correo, situado en O´Reilly y Tacón, ubicado próximo al Palacio de los Capitanes Generales, sede del Gobierno de la Isla y residencia en esos momentos del Capitán General Valeriano Weyler y Nicolau, a quien se le pretendía poner fin a sus días debido a la crueldad mostrada y en especial por su política exterminadora de reconcentración, para ello se perpetuaría un atentado en la propia sede del gobierno español en Cuba. A este lugar se pretendía acceder a través de la red de alcantarillado.  

   Como no se contó con el respaldo monetario que se necesitaba, André Alvarado a su regreso desde Nueva York donde residía, se oculta en la casa marcada con el No. 43 de la calle Omoa, en el barrio del Cerro. Al arribar había traído consigo oculta en el doble fondo de su baúl la carga explosiva que emplearía en el atentado.

   Ayudado en lo fundamental por Ceferino Vega (a) el Asturiano y Rafael Domínguez, reorganizan el plan original y deciden situar 23 libras de dinamita en el interior de un estuche similar al de un violín fabricado a los efectos, acompañada de la correspondiente cápsula detonante y una mecha lenta, calculada para accionar la carga en 5 minutos después de incendiada esta.

  El día señalado «André salió de la casa No. 93, en la calle Lagunas, con su pesado estuche a cuestas, lo situó en los servicios sanitarios del Palacio, que quedaban en la esquina de Obispo y Mercaderes, encendió la mecha y se marchó a toda prisa.» (1)

   A pesar de las medidas tomadas y de la explosión escuchada en toda La Habana de intramuros, la descarga no fue lo suficientemente potente para volar la sólida construcción, lo que sí logró fue lanzar excrementos por todo el interior del edificio, que alcanzaron al propio Weyler, quien a partir de este momento refuerza la seguridad de la institución, con lo que fue imposible tratar de perpetuar alguna otra acción sobre la sede.

   Luego de este fracaso, André Alvarado en compañía del Asturiano, colocan el 13 de junio nuevas cargas explosivas en las tuberías que abastecían de gas el alumbrado público

y entre el 28 y el 29 del propio mes realizan un nuevo intento contra la conductora central de gas, en el depósito de Hacendados, en la bahía habanera, pero en todos los casos el bajo poder de las cargas colocadas impidió el éxito de las misiones.

   André Alvarado salió rumbo a Estados Unidos en los primeros días de Julio de 1896, para regresar en tres ocasiones a bordo de igual número de expediciones; al concluir la contienda portaba el grado de comandante. En agosto de 1925, luego de haber publicado una caricatura de Gerardo Machado en el periódico El Día, del que era su Director, fue ultimado a tiros en la puerta de su casa por los sicarios machadistas; este asesinato es considerado como el primer crimen político de aquella tiranía.     

 El Asalto a Palacio:

   La toma del Palacio Presidencial era sin dudas el objetivo principal de la acción concebida minuciosamente, para ello se crea un comando formado por 50 hombres, al frente de quienes se situaron Carlos Gutiérrez Menoyo y Faure Chomón; la acción sería apoyada por un segundo grupo, cuya misión sería la de ocupar los edificios más altos de los alrededores, como La Tabacalera, el Hotel Sevilla y el Palacio de Bellas Artes, para desde estas posiciones apoyar al comando principal.

   El día de la acción al llegar al Palacio, a Juan Pedro Carbó le correspondía la misión junto a Juan José Alfonso Zuñiga y otros compañeros, de neutralizar la guardia del primer piso donde se encontraba emplazada entre otros medios una ametralladora calibre 30, la que fue neutralizada por Juan José con una granada de mano; años más tarde recordando lo difícil de los primeros momentos del golpe de mano, este recuerda «Hubo compañeros como a Juan Pedro Carbó Serviá que le tumbaron los espejuelos con una ráfaga». (2)

   Por las palabras de Faure Chomón Mediavilla se pudo saber de la entereza de Juan Pedro, quien junto a Tony Castell, León Llera y Machadito, debían disparar sobre el parqueo oficial que estaba frente a Palacio.  Carbó al tirarse del camión, recibió varios rafagazos que le hirieron en la planta del pie, le arrancaron la Thompson de las manos y le tumbaron los espejuelos, cruzándole varías balas tan cerca de la cabeza que le dejaron varías quemaduras en el rostro.

   Carbó había quedado sin saber qué hacer momentáneamente y con muy escasa visión por la pérdida de los espejuelos, pero en ese momento escucha el grito de Gutiérrez Menoyo alentando al combate y tras comprobar que aun tenia movilidad a pesar de los impactos recibidos decide continuar en la acción.

   Durante las acciones Machadito lanza varias granadas contra los pisos superiores donde los defensores se habían atrincherado, una de ellas dio contra una columna y rebotó a sus pies, no explotando por suerte; igualmente le sucedió a Carbó, que debido a sus problemas de visión y la pérdida de los espejuelos, lanzó una granada al interior de un cuarto que era de cristal y madera, dándose cuenta de ello después de haber soltado la granada, que tampoco estalló, pues de lo contrario le hubiera matado.

   Julio A. García Oliveras, relató lo difícil de estos momentos de la siguiente manera «Avanzando por el ala derecha de la segunda planta del palacio van Menelao, Carbó,

Machadito, Briñas, Alfonso Delgado, Esperón, Evelio Prieto, Ubaldo Díaz y Abelardo Rodríguez, quienes disparaban hacia la guarnición que los tirotea sin piedad desde el tercer piso…En medio de la confusión, prosigue el combate palmo a palmo, y Carbó, ametralladora en mano, continúa disparando a pesar de encontrarse herido.» (3)

   Relata José Assef Yara (a) El Moro: “Sumamente confiado, Carlos no se percata de que se está exponiendo al fuego enemigo, que incesantemente castiga desde la azotea. Carbó lo ve y trata de alertarlo, pero ya es tarde, Carlos y Castellanos caen mortalmente heridos.”

   Sobre este incidente relata Faure Chomón: “Briñas cae, con un balazo en el pecho, en los brazos de Carbó, que lo lleva al lado de Menelao.”

   Aunque los revolucionarios durante el asalto logran llegar hasta la tercera planta del Palacio, no pudieron ejecutar a Batista, quien se logra escabullir y evadir su ajusticiamiento.

   «El segundo de los grupos, que debía haber apoyado la acción principal aportando refuerzos y ocupando los alrededores del Palacio, no llega al lugar. Los asaltantes se ven obligados a retirarse después de haber sufrido numerosas bajas, sin haber logrado el principal objetivo de la operación.» (4)

   El motivo que más incidió en el fracaso del asalto a Palacio fue el incumplimiento del grupo de apoyo, quienes además de tener la misión de tomar las azoteas aledañas, debían obstruir la intervención del Ejército. Jamás aparecieron.  

   Tras el inminente fracaso de una acción estimada inicialmente para ejecutarse en pocos minutos y que se fue prolongando hasta lo infinito, se decide la retirada, ahora hostigados desde todas las direcciones; ante esta determinación Juan Pedro decide continuar ofreciendo resistencia desde el interior del plantel, para que sus compañeros de acción pudieran replegarse con el menor riesgo posible. Faure Chomón relata luego que al tomar todos en distintas direcciones, a Machadito se le perdió Carbó, por lo que volvió a entrar en el Palacio a buscarlo. Sobre este mismo instante Osvaldo Antonio Castell Valdés (a) Tony recuenta que allí también vio a Machadito, gritando desesperadamente por Juan Pedro, que no acababa de salir del interior de Palacio.   

   Sobre la angustia de la retirada y el empeño de Juan Pedro en no dejar abandonado a uno de sus compañeros, detalla luego Enrique Rodríguez Loeches que Carbó les había dicho que desde el segundo piso había visto a Wangüemert con la camisa ensangrentada, sin poder precisar si era por estar herido de bala, cortado por los cristales que saltaban por doquier, o con sangre de algún compañero.

   Wangüemert logra escapar momentáneamente con Carbó, sobre ellos llovían los proyectiles, en estas circunstancias se dirigen en dirección al Palacio de Bellas Artes, durante el trayecto ambos fueron alcanzados por varios proyectiles, Carbó recibió un peligroso balazo en el brazo que le afectó una vena, a pesar de este impacto y los anteriormente recibidos se pone en pie para continuar la retirada, exhortando a su compañero a hacerlo: “Vamos”, le dijo Carbó; a lo que le responde Wangüemert, “No puedo…Sigue tú”. José Luís Gómez Wangüemert y Maiquez (a) Peligro, fallece ese día a pesar de ser asistido por su compañero durante la retirada.

   Luego de la acción, los sobrevivientes se dispersan por diferentes casas de seguridad. Juan Pedro lo hace en la marcada con el número 201 de la calle Humboldt, edificio 7, donde se encontraban el 20 de abril de 1957 cuando fueron delatados por un traidor, siendo masacrado junto a José Machado Rodríguez (a) Machadito, Joe Crescencio Westbrook Rosales y Fructuoso Rodríguez Pérez, los autores fueron Esteban Ventura Novo (a) El Sicario de traje blanco y sus esbirros policiales. A estas crudas persecuciones la revista Bohemia las denominó La Estela del Palacio.

   Ese fatídico día, cerca de las 6 de la tarde se presentan en la calle Humboldt varios policías, quienes abrieron la puerta principal con las culatas de sus fusiles. Joe había logrado llegar hasta un apartamento vecino, donde fue capturado y sacado a la fuerza para ser asesinado en el pasillo que conducía a las escaleras, muy a pesar de las súplicas de la mujer en cuyo apartamento se había introducido, quien al verlo tan joven rogaba por su vida, todo fue en vano, se reclamaba sangre.

   Por su parte Machadito y Fructuoso corren en dirección contraria por el pasillo, lanzándose desde lo alto por una ventana hacia un pasadizo largo y estrecho perteneciente a la agencia de automóviles Santé Motors Co. sin saber que el pasadizo se encontraba cerrado por un candado; producto de la caída Machadito se había fracturado los dos tobillos y Fructuoso apenas podía moverse, en esa posición los encontraron los batistianos quienes metiendo el cañón de sus fusiles entre los barrotes los ultimaron a balazos.

   Mientras, Juan Pedro Carbó desconociendo que tanto el edificio como todas las calles que daban acceso a este se hallaban rodeadas por efectivos de la policía, se dirige hacia el elevador para tratar de escabullirse, siendo sorprendido en el trance y acribillado a balazos; su cuerpo y su rostro quedaron cercenados por gran número de proyectiles.

   Durante el asalto al Palacio se puso de manifiesto una vez más lo cruel y sanguinaria que solía ser la maquinaria batistiana, a la par que Fulgencio Batista aparentando total calma declaraba a la revista Life, versión en español, a tan solo dos días de trascurrida esta masacre: Yo respeto la vida de los demás. No queremos terror en Cuba.

   Para honrar su memoria en abril de 1959 se coloca una primera tarja en el frente de su casa natal en la calle Carmen no. 9 a nombre del Directorio Revolucionario, la Juventud Católica y del pueblo cubano. Años más tarde, el 20 de abril de 1993, se coloca una segunda placa en el frente de esta vivienda, ahora a nombre del Consejo Científico Veterinario, mientras en el patio del antiguo Instituto donde cursó estudios, hoy día Secundaria Básica que lleva su nombre, reposa un monumento en su honor, en cuya base se lee: “Juan Pedro Carbó Serviá. Ejemplo de Revolucionario. 1926-1957”. Varias escuelas de enseñanza primaria llevan su nombre, como la del poblado de Nela, Yaguajay y la del Entronque de Herradura, Corralillo. Un Consejo Popular rural del Municipio de Placetas también se honra con su nombre. Por su parte Julio Alfredo García Oliveras compañero de batallas de Echeverría y Carbó, tituló a uno de sus libros “Juan Pedro Carbó Serviá un combatiente legendario”.     

Citas Bibliográficas

1- Valentín Molina Piñeiro. El último general mambí caído en combate. ISBN: 978-959-224-414-6. Casa Editorial Verde Olivo. La Habana. 2018. Pág. 111.

2- Mirian Zito Valdés. Palacio Presidencial. Una acción sin retirada. ISBN 978-959-06-1739-3. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 2016. Pág. 82.

3- Mirian Zito Valdés. Palacio Presidencial. Una acción sin retirada. ISBN 978-959-06-1739-3. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 2016. Pág. 94.

4- Francisca López Civeira, Mario Mencía y Pedro Álvarez Tabío. Historia de Cuba 1899-1958. Estado nacional, dependencia y revolución. ISBN 979-959-13-1889-3. Editorial Pueblo y Educación. La Habana 2013. Pág. 328.

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