La visión de Fidel sobre las Bandas de Concierto en Cuba

Autora: Lic. Loani de la Caridad Rodríguez Herrera. UNHIC, sección de base de la UCLV.

La música posee numerosos aportes que constituyen un elemento distintivo de nuestro país; esta, vista en sus formas más complejas, tiene como resultado que se materialice en los valores o tradiciones. En nuestro país existe un legado de generaciones precedentes que marcaron pautas en los diferentes escenarios de la cultura nacional e internacional. Ello se refiere al trabajo que han venido desempeñando las bandas de concierto en algunas provincias del país.

En relación al tema que nos ocupa “Cuba es el primer país de América Latina que más desarrolló el movimiento de bandas; fue una tradición heredada de España”. [1] A lo largo de estos siglos coloniales, no tardó en manifestarse la formación de instrumentistas cubanos con predilección por el timbre y la música que interpretaban. Muchos integrantes de estas agrupaciones españolas enseñaron a numerosos criollos interesados en ejecutar los instrumentos propios de las bandas, y desde entonces, se inició en diversos territorios de Cuba, una gran preferencia por estas agrupaciones, que llegaron a ser consideradas instituciones emblemáticas.[2]

Estas instituciones musicales tuvieron como resultado inmediato su contribución a la formación de identidades, sentidos de pertenencia, de significación patrimonial y en no pocos casos a los valores patrióticos. La tradición de las bandas en Cuba forma parte de los rasgos culturales inscritos en la vida de la Isla tras la conquista y colonización españolas[3]. Las guerras de liberación nacional fueron acompañadas por bandas militares. Es un elemento distintivo de los españoles y que más tarde fue arraigado a la cultura de los cubanos. La conformación de las mismas en Cuba aparece referida durante la primera mitad del siglo XIX en la obra El crisol de la nacionalidad cubana, de José Carbonell. [4]

Desde entonces, en las diferentes provincias del país había regimientos españoles donde existían bandas lo que contribuyó a la formación de instrumentistas. Con el cese del dominio español las tropas españolas se retiraron al igual que las bandas de música de los regimientos y batallones[5]. En tal sentido los colonizadores arriban a Cuba con  bandas de sus regimientos, compuestas de veinticinco o treinta músicos; ofrecían retretas en los parques públicos, después de concluidas sus labores militares. Tras la retirada de los conquistadores cesaron las bandas con sus regimientos militares y algunos músicos españoles se quedaron en la isla convirtiéndose en los directores de sus propias agrupaciones.

En su lugar surgieron las bandas municipales, provinciales y nacionales de los Cuerpos de Bomberos y Policía.[6] Sin embargo, al instaurarse la república todas las ciudades del país fundaron sus bandas. En 1899 ya se había creado la Banda de Policía Municipal de La Habana, bajo la dirección del maestro Guillermo M. Tomás Boufartigue[7]. Poco tiempo después pasó a ser la Banda Municipal de La Habana, por ser la única organización musical de esa índole en nuestro país. Luego tras concluirse la guerra de independencia, tuvo a su cargo amenizar los actos patrióticos y efectuar las retretas para el pueblo.

Un recorrido por las diferentes provincias del país nos permite entender la cantidad de bandas con que contaba la isla por aquellos años. La segunda banda creada tras la Guerra de Independencia fue la de Santiago de Cuba, fundada el 15 de septiembre de 1900, bajo la batuta del maestro Calixto Varona. La Banda del Estado Mayor del Ejército fue la tercera, fundada y dirigida por José Marín Varona en 1902 y 1905 creó la del Cuerpo de Artillería. Posteriormente Rafael Inciarte Ruiz fundó las bandas municipales de Manzanillo y Guantánamo. Poco a poco surgieron otras bandas en distintas villas del país, como la de Pedro Betancourt, fundada en 1909 por Silvestre Alonso Melgares, perteneciente a la provincia de Matanzas.[8]

Por su parte la región central contaba además con bandas infantiles y municipales en gran parte de sus territorios[9]. Se hace necesario destacar la labor de los directores de las bandas de Santa Clara y Caibarién. Ambas fueron dirigidas por los maestros españoles Domingo Martínez Sorando y Ernesto Jarque Gómez radicados en los respectivos municipios. Estos importantes músicos lograron grandes reconocimientos por el público atrayente e innumerables premios en concursos provinciales y nacionales. Se fundó además la banda del Regimiento número dos de la Guardia Rural de Santa Clara, su director fue Cándido Herrero. Esta banda militar se crea provisionalmente el primero de febrero de 1910 a iniciativa del coronel Higinio Esquerra. En ese mismo año hizo su debut en el Parque Leoncio Vidal de la propia ciudad y no es hasta julio de 1912 que se reconoce oficialmente.

En la república mediatizada se manifestaron las tendencias del desarrollo cultural alentadas por una política inicial, desde el imperialismo. En este sentido se consolidó el auge y desarrollo de las bandas de música de concierto. Sin embargo, muchas perecieron debido a la escasez de instrumentos de viento y percusión, otras se desintegraron por razones económicas u organizativas. Pues estas instituciones emblemáticas eran subvencionadas por el Ayuntamiento de cada municipio en nuestro país. Pero otras se han mantenido hasta nuestros días como tal es caso de la Banda Municipal de La Habana, devenida en la Banda Nacional de Concierto por su encomiable labor dentro y fuera de la isla; la Banda Municipal de Santa Clara devenida en Banda Provincial de Villa Clara gozando de la predilección popular con más de cien años.

No obstante, otras en su natural renuevo se mantienen hasta la actualidad, como la banda de Pedro Betancourt, en Matanzas. Esta tras algunos años de silencio retoñó luego del triunfo de la revolución cubana el primero de enero de 1959. Cabe destacar que la Banda Municipal de Santa Clara bajo la dirección del maestro Agustín Jiménez Crespo, recibió a la Caravana de la Victoria presidida por el Comandante en Jefe Fidel Castro. La misma ejecutó el Himno del 26 de Julio en la Biblioteca Provincial Martí el 8 de enero del mismo año. La vida de los músicos se hizo más placentera con el triunfo revolucionario, pues ya no era necesario tener un oficio para poder integrar la banda sino que podían dedicarse de entero a la música. Se aumentaron los salarios y se garantizaron las condiciones necesarias para el desarrollo musical de cada territorio en el país.

A partir de ese mismo año comienzan estas agrupaciones a ser asistidas por las instituciones estatales. Unido a ello en enero de 1961 se funda el Consejo Nacional de Cultura que tenía la responsabilidad de atender a este tipo de agrupación, exceptuado las bandas militares. En 1976 se crea el Ministerio de Cultura, organismo facultado para ocuparse de las mismas. El 11 de marzo de 1989 por la Resolución n. 36/89 se creó el Instituto Cubano de la Música (ICM) y todos los conjuntos instrumentales pertenecientes al Ministerio de Cultura pasaron a ser atendidos por esta nueva institución. El ICM cuenta con ocho programas desarrollo y uno de ellos es destinado a la atención de dichas bandas.[10] En la década de los años noventa el país contaba con muy pocas bandas de concierto y el desinterés por las mismas poco a poco fue menguando.

El 28 de mayo de 2002, durante la inauguración de la Escuela de Artes Plásticas “Carlos Enríquez” en Bayamo, el Comandante en Jefe Fidel Castro, al escuchar a la Banda Provincial de Concierto de Granma […] tuvo la idea de que sería bueno que, […] todos los municipios del país contaran con una banda de este tipo, lo cual le propuso al entonces Ministro de Cultura, Abel Prieto. [11] Ante esta realidad nuestro comandante propuso la creación de escuelas provinciales de bandas de música, con el objetivo de que en breve tiempo todos los municipios que no contaran con dicha agrupación dispusieran de las mismas. Pues solamente estaban constituidas en las capitales de provincia y en algunas localidades importantes.

Tiempo después se le orientó al ICM que priorizara la creación de agrupaciones con este formato en los municipios que no contaran con una, para lo que dicha institución insertó esta tarea en su Programa para el Desarrollo de las Bandas de Concierto, centrado en dos aspectos fundamentales: la creación de nuevas bandas de concierto tanto profesionales como infantiles, y completar las plantillas de las ya existentes, así como tratar de conseguir su perfeccionamiento.[12] Este programa también tomó en consideración la tradicional actividad multifacética de esas centenarias instituciones: ejecutar en espacios diversos, con variedad de géneros y formas musicales, sin requerir de amplificación; promover lo mejor de la música nacional y extranjera; favorecer la formación histórica de educandos y contribuir a incrementar las fuentes de empleo en el país.[13]

Tras la aprobación oficial de dicho programa y de su plan de acción por etapas, fueron asignados los recursos financieros necesarios. Para cumplir con el primer aspecto era necesario formar músicos nuevos, los cuales se buscaron básicamente entre jóvenes de diecisiete a veinticinco años sin conocimientos de música pero con aptitudes para ella, que en ese momento carecieran de ocupación laboral y que no tuvieran vínculos con el sistema de educación en el país. Se creó un tipo de escuela llamada concentrado[14] –para diferenciarla de los conservatorios y de otras instituciones– cuyos educandos tendrían un régimen de becarios (internos de lunes a sábado) y recibirían un estipendio. […] este movimiento contribuiría a la formación musical de esos jóvenes y ofrecería al país una futura fuente de empleos como relevo de los integrantes que fueran pasando a retiro en las bandas ya existentes […].[15]

Sin embargo, en la provincia de Villa Clara por su sostenido empeño en cuanto al trabajo de bandas se refiere solo se creó una escuela de concentrado en el municipio de Encrucijada. Luego se crearon otras en Guantánamo, Holguín, Las Tunas, Santiago de Cuba, Ciego de Ávila y otros municipios del país. En este sentido tal como dijera Abel Prieto siendo el Ministro de Cultura por aquellos años tras la inauguración de una escuela de este tipo expresó: “esta es una oportunidad que brinda la Revolución para desarrollar la cultura en nuestros municipios y comunidades, y contribuye al rescate de los valores universales de la música”[16]. Estas alegóricas instituciones coadyuvan a la enseñanza de las obras más diversas y complejas de la música universal siendo ejecutadas por niños, jóvenes y adultos.

Estas agrupaciones en su composición instrumental, han tenido el reconocimiento del pueblo por su sostenido empeño y su calidad ascendente. Las retretas semanales se convirtieron en una de las tradiciones memorables por el público atrayente y al mismo tiempo propició el desarrollo sociocultural en todos los territorios. Las bandas son una fuente de inagotable historia y al mismo tiempo constituyen una expresión cultural arraigada a nuestras raíces hispánicas. Preservar las sonoridades contemporáneas constituye una premisa importante para el desarrollo de estas instituciones emblemáticas. En tal sentido, sus interpretaciones eliminan las fronteras entre la música culta y la popular a través de un repertorio activo y amplio. Pues como bien dijera el músico y compositor Gonzalo Roig: “Las bandas son el vehículo de comunicación cultural entre el pueblo y el arte musical”.

Bibliografía:

AMER, J. “La nueva banda”. Clave (n. °13), abril-junio 1989.

CASARES, Emilio. Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana. España: Sociedad General de Autores y Editores, 1999.

CALERO MARTÍN, José; y VALDÉS Leopoldo. Cuba Musical (1928). Álbum Resumen Ilustrado de la Historia y de la Actual Situación del Arte Musical en Cuba. La Habana: Imprenta de Molina y Compañía, 1929.

CABALLERO, Elaine y WILLIAMS Ivania: Bandas de conciertos municipales. Patrimonio musical de todos los tiempos. Periódico Trabajadores, Lunes 18 de junio de 2018.

CASANOVA, A; y Valdés A. Relato sonoro de las bandas de música de nueva creación de La Habana (I).Clave (n.° 3), diciembre 2013.

______________________Relato sonoro de las bandas de música de nueva creación de La Habana (II), Clave (n. °1), abril 2014.

GONZÁLEZ, L. Historia de un Cumpleaños inusual. Clave (n. °16), enero-marzo 1990.

GONZÁLEZ, Maira y MARTÍNEZ Irina: La Banda Municipal de Conciertos de Santa Clara: la retreta a través de un siglo. Centro de Investigaciones y promoción Cultural “Samuel Feijóo”. Santa Clara, Villa Clara, 2002.

GUERRA, I. Bandas de concierto ¿Fotografías sin color? Clave (n.° 2), octubre-diciembre 1999.

HERNÁNDEZ, Yelanys: Bandas municipales de concierto. Entre Verdi y Lecuona. Periódico Juventud rebelde, Domingo 12 de abril de 2009, p.13.

HIDALGO-GATO, A. Devenir y contextos de las bandas de conciertos en Cuba. Clave (n. ° 3), diciembre 2013.

RIVAS, Jorge: Vuelven las retretas. Un tesoro regresa la vida cultural de los municipios. Periódico Trabajadores, Lunes 21 de julio de 2008, p.10.

VÁZQUEZ, Omar: Las Bandas de Música crecen en el país. Periódico Granma, 1 de junio de 2005, p.6.

 

Notas y citas

[1] González, Luis A. “Historia de un cumpleaños inusual”. En: Revista Clave 16: enero-marzo 1990, p. 29.

[2] Ídem, p.29.

[3] Casares, Emilio: Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana. Sociedad General de Autores y Editores, 1999. p.146.

[4] Casanova, Ana V.  y Alicia Valdés. “Relato sonoro de las bandas de música de nueva creación de La Habana” (I).  En: Revista Clave (n.° 3): p.42, diciembre 2013.

[5] Ídem, p.146.

[6] Ibídem, p.43.

[7] Principal promotor y director fundador de esta agrupación a principios del siglo XX; figura reconocida como el máximo gestor e impulsor del movimiento de bandas en Cuba.

[8] Hidalgo-Gato, Alfredo. “Devenir y contextos de las bandas de concierto en Cuba”.  En: Revista Clave (n.° 3): p.35, diciembre 2013.

[9] Sagua la Grande (1902), Banda Infantil de Santa Clara (1902), Santo Domingo (1903), San Juan de los Remedios (1904), Placetas (1904), Caibarién (1908), Banda Municipal de Santa Clara (1910), Ranchuelo (1912), Camajuaní (1912), Calabazar de Sagua (1912), Trinidad (1913), la Banda Municipal de Ciego de Ávila (1914), Sancti Spíritus (1923), Encrucijada (1925), El Santo (1925).

[10] Véase en Hidalgo-Gato, Alfredo. p.37.

[11] Ibídem, p.38.

[12] Ídem, p.38.

[13] Casanova, Ana V. y Alicia Valdés. “Relato sonoro de las bandas de música de nueva creación de La Habana (I). En: Revista Clave (n.° 3): p.45, diciembre 2013.

[14] En 2003 se fundó el primer concentrado en Granma, llamado Escuela Provincial de Bandas de Concierto “Rafael Cabrera Martínez”, el cual sirvió como centro de referencia nacional.

[15] Ídem, p.38.

[16] Rivas, Jorge: Vuelven las retretas. Un tesoro regresa la vida cultural de los municipios. Periódico Trabajadores, 21 de julio de 2008, p.10.

 

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