Cayo Francés

Por: Joel Pérez Soto. 

Hay un gran cayo frente al de Remedios que se llama todavía Cayo Francés, por los franceses filibusteros que solían frecuentarlos. El Cayo Francés pudo llegar a ser como otra isla de la Tortuga y Remedios otro Saint-Domingue y luego otro Haití.

    Fernando Ortiz.

   San Juan de los Remedios desde su fundación ha poseído extensos territorios, dentro de los que se encontraba la antigua Colonia de Vives, hoy Caibarién; así como de sus actuales extensiones marítimas, conformada por diversos islotes, dentro de los que descuella por su extraña y fabulosa historia el llamado Cayo Francés. No es hasta el 1 de enero de 1879, que Caibarién constituye su ayuntamiento y pasa a ser partido judicial independiente, apropiándose definitivamente de esta zona costera.  

Este pequeño cayo se encuentra situado al norte de Villa Clara, en el archipiélago de Sabana-Camagüey; cuenta solo con 253,7 hectáreas o sea 2.53 kilómetros cuadrados. Posee forma triangular y cada uno de sus extremos se encuentra empleado para diferentes funciones, en una se encuentra el pontón (1) San Pascual. En su extremo más alejado y debido a los valores de la flora y la fauna funciona un área de la reserva ecológica, para la preservación y reproducción de sus especies. En su otro extremo conocido como Punta la Puntilla, sirve de base para el faro construido desde la época colonial.

 

Prácticos de Cayo Francés. Fotografía de 1938

Por la importancia y peligrosidad de sus costas (rodeada de cayuelos, canalizos y restingas) para la navegación, se realizaron varias gestiones desde épocas distantes para la instalación de un faro. La que se acometió en 1843 cuando “se colocó una asta de madera de 25 varas de altura y donde se izaba por las noches un gran farol” (2), en 1862 perduraba esta medida de prevención para la navegación. Según consta en actas del Ayuntamiento de San Juan de los Remedios del mes de julio de 1878, se toma como acuerdo la construcción de un faro en dicho cayo.

   Ya desde 1866 el remediano Francisco Javier Balmaseda había realizado los trabajos de construcción de un muelle en dicho cayo, con el objetivo de facilitar el comercio, debido a que el embarcadero de Tesico había desaparecido y el de Caibarién no daba suficiente calado a las nuevas embarcaciones. Comienza desde ese momento la proyección de un Ferrocarril Cayero que lo uniría con los grandes almacenes de Caibarién; al año siguiente el gran comerciante estableció el pequeño vapor “Perla del Francés” entre este punto y Caibarién, distante a 16 millas, vapor que también se empleaba para entregar la correspondencia a Sagua y cubría una ruta a San Juan de Morón. El proyecto ferrocarrilero no se llevó a cabo por ser su patrocinador deportado a Fernando Póo al comenzar la guerra de 1868 (siendo considerado el primer intento de unir a Caibarién con este cayerío). 

   Estos faros eran de relevante importancia para España, pues además de emitir la luz que sirve de guía a las embarcaciones durante la travesía tanto del importante servicio de cabotaje como del necesario trasiego de buques a Europa, en las horas de la noche y tiempos tormentosos, le valían además como puntos de vigía para el tráfico ilícito de mercancías, esclavos y cualquier movimiento sospechoso de los Revolucionarios en nuestras costas.

Leopoldo Romañach y Pepe Cruz en Cayo Francés

   El 4 de septiembre de 1888 desde horas de la madrugada y hasta el mediodía un fuerte huracán azotó la comarca, numerosas naves que se encontraban en su puerto fueron a la deriva, desapareció el faro, el número de víctimas se estimó en 40 personas incluyendo el farero, su esposa y sus seis hijos.

En el año 1890 se emprendieron con fuerza las obras de reparación del faro y se inauguraron en horas de la tarde del 26 de junio de 1891, con la presencia del Capitán General de la Isla, Camilo García Polavieja.

   El 6 de septiembre de 1895, hace escala el vapor “Santiago” procedente de Coruña, para desembarcar a 2.739 soldados de los batallones: Burgos núm. 36, Las Navas, San Marcial y el Batallón Expedicionario de Isabel II, los recibió el General Martínez Campos en persona. De este último batallón formaba parte como infante de la sexta compañía Ángel María Bautista Castro Argiz, padre de los destacados revolucionarios Fidel y Raúl Castro. Al respecto escribiría Katiuska Blanco:

El joven Ángel había permanecido en silencio, mientras el vapor Santiago avanzaba vapuleado por el mar, con una cadencia de vals propicia a las meditaciones, desde que zarpara del puerto de Coruña” (3)

   Durante los años de la década del 20 y el 30 del siglo XX el villaclareño y gran maestro de la plástica Leopoldo Romañach pintó en este cayo sus afamadas Marinas, donde resaltó sus paisajes naturales.

   En el año 1932 el cayo afrontó un nuevo ciclón que se llevó a la deriva a algunas naves de menor importancia. Al año siguiente el 1 de septiembre de 1933 el huracán que lo azotó fue de mayor envergadura y ocasionó el naufragio de los vapores Stal y Confit, además de que fue barrida totalmente la casa-aduana y la de los prácticos que se encontraba en la base del faro.

   En 1933 arriba a este cayo el barco San Pascual de más de 100 metros de largo, el gran coloso de su época de hormigón armado fue destinado en sus inicios durante los años de la primera guerra mundial para el trasiego de petróleo, pero sus máquinas fueron mal diseñadas y no tenían la fuerza suficiente para desplazarlo cuando se encontraba al tope de su carga. Esto más ciertas grietas causadas por un mal golpe de ola, lo condenan a salir del servicio para el cual fue diseñado; lo que ocasiona su arribo primeramente a Santiago de Cuba y luego a Cayo Francés, donde permanece fondeado. Fue trasladado por dos remolcadores y adquirido por la compañía Sugar Company con el objetivo de ser utilizado como pontón, para depositar en él las mieles de 13 centrales azucareros.

Pontón San Pascual

   La segunda guerra mundial provocó que a esta región se le considerara como “zona estratégica en el Mar Caribe” y que dicho cayo fuera militarizado, cuando en realidad se empleó para situar en lugar seguro a los hijos de “papá” de los E. U, para no enviarlos a la Europa bélica, enviándose a este lugar 4 guardacostas cubanos y 4 americanos, además de 8 hidroaviones de combate y se colocaron 6 ametralladoras y 2 cañones de popa, convirtiéndose en base marítima y aérea, construyéndose un muelle que unió a la embarcación con tierra firme. Las tropas acampadas en este lugar llegaron a alcanzar una plantilla de 300 militares.

   Por este tiempo se hicieron comunes las broncas entre los “aguerridos” marines yanquis y los humildes pescadores de Caibarién, únicos combates en los que participaron; a la vez que proliferaron las “casas de citas” para atender sus necesidades sexuales. 

   El año 1947 le depara algunos sucesos a este pequeño lugar, el 6 de marzo, queda instalada la radiotelefonía con el puerto de Caibarién, gracias a las gestiones de Miguel Figueroa, Federico Causo y Guillermo Pérez. El 10 de noviembre tiene lugar un hecho desagradable, pues Pedro Rodríguez hiere durante una disputa al Inspector de Aduana, Domingo Pérez y para cerrar el año, el 27 de diciembre se vara el vapor Empire Thomas.

   Al año siguiente el 3 de marzo muere por aplastamiento en su puerto, el estibador Juan Rodríguez de 53 años, a quien le cayeron varios sacos de azúcar encima durante las labores de carga de una embarcación y el 16 de julio ocurre un nuevo accidente laboral, donde resulta herido el marinero Gerardo García.

   El 15 de enero de 1950, llegan a Caibarién los náufragos miembros de la tripulación del vapor hondureño Ingot, el que se había extraviado y naufragado en las aguas de Francés dos días antes. El 17 de abril se vara el vapor hondureño Eurivides y el 20 de julio ocurre el hundimiento del lanchón Emilio, con 1 600 sacos de azúcar a bordo.

   Durante esta década (1950) el destacado revolucionario Marcelo Salado Lastra acostumbraba a realizar en este islote la caza y la pesca submarina; además de utilizarlo como refugio temporal durante la dictadura batistiana, por quienes era perseguido. 

   Este cayo a pesar de ser de poco tamaño, presenta una estratégica posición geográfica y con el pasar de los años no la pierde. El 18 de septiembre de 1958 como parte del plan de Batista por controlar la isla, construye gran número de puestos de la guardia y el No. 30 lo coloca en este lugar. Este mismo mes, el día 30, el comerciante Gerónimo Pérez, de Caibarién valora en el periódico “El Comercio”, que se debe seguir pensando en la construcción del Viaducto entre este municipio y el referido cayo. 

   Cuando la toma de Santa Clara en los últimos días de diciembre de 1958, el pontón fue utilizado para concentrar en él, gran número de prisioneros que pertenecieron al tren blindado y a otros puestos del ejército de Fulgencio Batista.

   En 1960 continúa considerado como un punto importante, por lo que los norteamericanos envían una lancha pirata, la cual efectuó un bojeo al cayo en misión de reconocimiento, ametrallándolo y lanzando una bomba sobre el San Pascual, la que por suerte no lo dañó seriamente.  

   En la década de los 90 se comienza a utilizar como instalación turística durante un tiempo y lo que no pudieron lograr los ciclones ni las bombas, lo logró el fuerte olor que emanaba de sus bodegas, sacarlo de servicio para siempre.

   El San Pascual, aunque seriamente dañado, aún permanece anclado en este sitio, siendo el último barco de su serie que perdura y donde muchos se toman una buena fotografía, para compartirla con familiares y amigos.

   Cayo Francés, hoy día permanece como testigo mudo de los grandes acontecimientos ocurridos en Cuba en sus diferentes períodos históricos.

Notas y referencias bibliográficas

1- Pontón: Buque viejo que amarrado en el puerto sirve para ser utilizado como plataforma flotante con usos diferentes tipos tales como: almacén, para sostener puentes, de hospital, depósito de prisioneros etc.                                                                      

2- José Andrés Martínez-Fortún y Foyo. “Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su Jurisdicción”. Tomo XII. Imprenta Pérez Sierra y Comp. Compostela. Números 102-104. 1931. Pág. 77.   

3- Katiuska Blanco Castiñeira. Todo el Tiempo de los Cedros. Paisaje Familiar de Fidel Castro Ruz. Segunda Edición. Casa Editora abril, 2009. Pág. 19.

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