Contrabando y piratería en San Juan de los Remedios.

Por: Joel Pérez Soto. UNHIC Sección de Base de Remedios.                    

   En 1503 los reyes católicos fundan la Casa de Contratación de Sevilla, con el supuesto objetivo de fomentar y regular el comercio y la navegación con los territorios españoles de ultramar.                

   La población remediana no estuvo ajena a este fenómeno, favorecida en sus inicios por ser la única asentada en el centro-norte cubano y el hecho de contar con el embarcadero natural del Tesico, el que además le posibilita insertarse al ilícito y próspero comercio con cuanta nave corsaria o pirata surcara las costas.

  

Plano de los puertos de Remedios (1828). Archivo del Autor

En julio de 1604 visita el obispo Cabezas y refiere “los vecinos bajaban a los buques piratas para tratar con sus tripulantes y las mujeres acudían alegremente como si fueran al mercado… las remedianas se dirigían bulliciosamente al puerto del Texico, con coquetería, para adquirir vestidos y adornos” (1).

   Para finales de 1605 la Audiencia de Santo Domingo toma cartas en el asunto y envía a Cuba a su oidor Lic. Francisco Manso de Contreras, quien realiza un recorrido durante nueve meses por toda la isla. Como parte de su recorrido se detiene por unos días en la villa remediana, donde de igual manera pudo constatar el alto grado del comercio de contrabando y al concluir su viaje de inspección envía informe al Rey Felipe III: “no hay hombre ni mujer, fraile ni clérigo que no trate desta grangería” (2) ; recomendando como única solución para terminar con el contrabando, apresar a todos los habitantes de Cuba.

   Luego de esta inspección general, el contrabando se reduce por breve tiempo, para florecer nuevamente, aun cuando merodeaban por su jurisdicción marítima, naves en corso, encaminadas a perseguir el contrabando. Las autoridades de la villa, por su parte, se mostraron ajenos al asunto y nunca apoyaron seriamente las persecuciones contra los contrabandistas, por estar conscientes de que estos eran en lo fundamental los que surtían de mercadería a la población.   

   Así encontramos la acreditación de patente de corso por el cabildo remediano en 1731, al capitán D. Diego J. de Avendaño, para que, a bordo de una canoa, tripulada por 10 hombres, persiguiera el contrabando y tres semanas después se recibe un requerimiento del Capitán General a quienes habían concedido el autorizo “en apariencias” por haber puesto constantes trabas a la salida del citado capitán Avendaño quien trataba de impedir un contrabando de negros y mercaderías por nuestras costas.

El Contrabando. Autor Angela Olalde Calzada.

   Once años más tarde, en 1742, el capitán de corso José Vivilani, apresa en sus mares próximos a Remedios una balandra con sus tripulantes, entregados a disposición de las autoridades de la villa quienes impiden su traslado a La Habana, “hecho que provocó la destitución de “los flojos alcaldes remedianos” por el capitán General de la isla” (3).

   La mayoría de los historiadores y cronistas se empeñan en resaltar a la villa de Remedios como una población muy pobre, cabe preguntarse entonces ¿por qué ocurrieron tantas incursiones a esta “villa apócrifa” a lo largo de los primeros siglos de existencia? mientras existieron poblaciones situadas en las costas cubanas y caribeñas que nunca fueron atracadas.   

   Cada una de las incursiones de piratas, corsarios, bucaneros o contrabandistas a esta jurisdicción, siempre fue justificada, invariablemente se surtían de bastimentos; a la vez que los marinos suministraban tejidos, calzados, especias, vinos y todo género de ferretería. A estos trueques o comercios de contrabando se les denominaba de “rescates”

   “Los corsarios, después de sus depredaciones marítimas iban a las costas cuando no a saquear, a vender a los castellanos los objetos que habían robado y traerles negros en cambio de producciones del país y los portugueses emprendieron el comercio menos dañoso del contrabando.” (4)

   La primera de estas incursiones piráticas se produce en 1564, cuando varios colonos franceses, radicados en la Florida, se apoderan de una embarcación para dedicarse a la piratería. Luego de incursionar por diferentes puntos de las costas cubanas, entraron al poblado de Sabana (actual Remedios), donde no se les ofreció resistencia y en consideración, no lo destruyeron tras su saqueo, tomando consigo todo lo que consideraron de valor, incluyendo un buque que se encontraba anclado en su puerto.   

   Para los primeros días de abril de 1578, la situación fue bien distinta, se presentaron corsarios franceses exigiéndole a sus moradores que les entregaran “Bastimentos”, al parecer los remedianos acostumbrados a mercadear con los hombres del mar, se les fue la mano en el regateo con los contrabandistas, haciéndolos enojar y provocando que los mismos saquearan por completo a la población y luego de concluido el atraco, hicieron presa de las llamas las treinta casas de madera y paja, junto a la iglesia y la enfermería contigua, ambas de piedra. Este acto vandálico ocasionó el traslado de la villa hacia su tercera y definitiva ubicación.

    Durante los primeros años del siglo XVII, los vecinos radicados dentro de la Villa no sufrieron directamente ataques de los bandidos del mar, sino que se produjo en las haciendas del Capitán Diego Coloma, rico ganadero que proveía de carne salada a las guarniciones y al presidio de la Florida; durante la incursión fue destruido su ingenio.

   A finales de agosto de 1652 piratas ingleses, procedentes de las islas Tortuga, saquearon a Remedios, muchos vecinos ante la eminencia del ataque se refugiaron en los bosques colindantes, dejando sus propiedades desprotegidas, situación que le sacaron provecho los asaltantes para llevarse gran número de ganado, frutos, el santísimo sacramento, algunos ornamentos sagrados, los archivos, esclavos y algunas mujeres.

   El famoso pirata francés Francisco Nau, “El Olonés”, se apodera por primera vez de Remedios en 1658, entrando por la bahía de Caibarién, fue conducido por prácticos de la zona hasta Remedios. Saqueó sin piedad, realizó todo tipo de horrores y logró apresar algunas mujeres. En 1667 repite su ataque, robando en esta ocasión una embarcación de la armada naval española, pasando a cuchillos a la tripulación. Es de señalar que por este período al temible pirata se le consideraba muerto, por lo que fue una gran sorpresa su aparición por estas costas.   

   La villa nuevamente es saqueada por piratas en febrero de 1668, en esta ocasión no se cometieron asesinatos contra la población, pero si se produjo el robo de aquellos objetos que no fueron trasladados a los bosques colindantes y el rapto de algunas mujeres, por las que exigieron elevadas sumas de dinero. Dentro de ellas estaba Catalina de Velázquez, esposa del Alcalde de la villa. La dama, a bordo de la embarcación pirata, dio a luz a su hijo, nombrándolo Juan, quien fue bautizado por un cura-pirata, por lo que el resto de su vida fue reconocido por el apodo de “el ahijado del pirata”.

   En los próximos años el Ayuntamiento dicta una serie de medidas, para proteger a la villa del peligro de los piratas, prohibiendo en 1696 a Juan Jiménez poblar el sitio Cayo las Vacas, con motivo de estar muy cerca ese paraje del mar. En 1698 dispone que no se quemen las costaneras que sirven de murallas para la defensa a esta villa contra los piratas. Años después se prohíbe abrir nuevos caminos que pudieran denunciar la ubicación de la villa. Se orienta a los vecinos que tengan siempre listas sus armas, como escopetas, lanzas y machetes En 1703 se establece la guardia del puerto del Tesico, con dos vecinos antiguos de la villa y un forastero.

    A pesar de todas las medidas, Dámaso Herrera, procurador general en la villa, informa ante el Cabildo remediano que el día 5 de julio de 1707 “entraron los enemigos en el puerto y se llevó las haciendas y frutos que estaban pronto para conducir a la Ciudad de la Habana…” (5)

   Tanto fue el asedio pirata que la villa establece en 1738 otro punto de guardia costera en el cerro de Guajabana, por ser este lugar más elevado y permitir observar a más de tres leguas de distancia.

   La última noticia de incursiones piratas data de 1822, cuando se produce el robo de la culebrina de la batería del puerto de Caibarién, no reportándose durante el atraco robo de alguna clase sobre las propiedades de sus vecinos, hecho que nos demuestra “la buena relación” entre estos y los piratas.

   Un año más tarde, en el sistema defensivo de la villa se producen cambios significativos: suspensión de los servicios de guardia que hacía la milicia remediana en Jagua, Trinidad y el Tesico, destinándose a los antiguos custodios a reforzar las Milicias Disciplinadas, a las que se les dotó de fusiles y municiones, convirtiéndose estas, en un baluarte de la defensa en las diferentes poblaciones de la antigua Jurisdicción. La toma de esta nueva medida más la decadencia que ya sufría la época dorada de la piratería, trae consigo la tranquilidad a los vecinos de la Octava Villa de Cuba, pero a la vez, la pérdida de uno de sus puntales fundamentales del comercio: el contrabando marítimo.

Notas y referencias bibliográficas

1-Manuel Martínez Escobar. Historia de Remedios. Jesus Montero, Editor. Obispo, 521. La Habana. 1944. Pág. 66.

2- César García del Pino. El Corso en Cuba Siglo XVII. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 2001. Pág. 11. 

3- José Andrés Martínez-Fortún y Foyo. Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su jurisdicción. Tomo I. Imprenta Pérez Sierra y Comp. La Habana. 1930. Págs. 120 y 121. 

4- Pedro José Guiteras Font. Historia de Cuba. Tomo II. Imprenta de Cultural. S.A. La Habana. 1928. Págs. 80-81.

5- José Andrés Martínez-Fortún y Foyo. Anales y Efemérides de San Juan de los Remedios y su jurisdicción. Tomo I. Imprenta Pérez Sierra y Comp. La Habana. 1930. Pág. 82. 

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