Fidel y la ciencia en Cuba

Por: Dr. C  Iván P. Santos Victores y MSc. Miguel A. Hernández Garcia

Introducción

No son pocos los que preguntan de dónde sale tanta gente talentosa en Cuba. La interrogante está siempre a flor de piel cuando miramos la distancia recorrida durante estos años, desandando caminos desde esfuerzos propios o porque la propia necesidad, carencias, bloqueos, o la imposibilidad de acceder a mercados del primer mundo impone apretar el paso o buscar alternativas a corto o mediano plazos. Lo cierto es que en Cuba existe mucha inteligencia y talento concentrados. Y eso nadie lo duda.

Pero nada de lo anterior hubiera sido posible, sin un encauzamiento lógico, y bajo el liderazgo de un sistema que apenas instaurado, vio con luz larga que el conocimiento partía de eliminar el analfabetismo, y que a partir de entonces podría ser posible el sueño de “convertirnos en un país de hombres de ciencia”, la frase que nos develó Fidel, el líder indiscutible y vanguardia en el desarrollo de un sistema que devino después, potencial científico con el nacimiento de múltiples instituciones que tributarían al desarrollo del país, como soporte para garantizar una mayor calidad de vida, resistir sin dejar de desarrollarnos, buscar soluciones alternativas a los problemas y no depender de otros, sino de la inteligencia colectiva.

Desarrollo

La importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación en Cuba se fundamenta claramente en muchas citas de Fidel Castro. En uno de sus discursos más medulares, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, afirmaba:

Y el país tendrá mucho más, pero no será jamás una sociedad de consumo, será una sociedad de conocimientos, de cultura, del más extraordinario desarrollo humano que pueda concebirse, desarrollo de la cultura, del arte, de la ciencia, y no para armas químicas, con una plenitud de libertad que nadie puede cortar. Eso lo sabemos, no hay ni que proclamarlo, aunque sí recordarlo. (Castro Ruz, 2005)

Los cubanos actuales en buena medida somos un pueblo de hombres y mujeres de ciencia, y ello lo debemos al pensamiento estratégico del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro. En su alegato de autodefensa en el juicio seguido a los asaltantes al cuartel Moncada, documento conocido como La historia me absolverá, devenido programa de acciones de la Revolución, situó a la educación y a la salud pública como prioridades inmediatas del nuevo sistema social.

Desde la intensa Campaña de Alfabetización que sustentó la elevación del nivel escolar, cultural y científico de la población cubana y con su concepción explícita de que nuestro futuro debía ser de hombres de ciencia, notamos a un joven estadista que avizora las urgencias y potencialidades de sus compatriotas como parte de la obra que debía forjar el naciente proceso revolucionario.

Una obra consolidada en el sector educacional desde los primeros grados hasta la enseñanza universitaria y su favorable impacto en la vida social y económica del país con prioridad en el crecimiento cuantitativo y cualitativo de las instituciones científicas en el territorio nacional, a las puertas del Período Especial, sirvió de basamento para que la genialidad del pensamiento y el accionar del Comandante en Jefe liderara el surgimiento y posterior evolución de los polos científicos, de los cuales es representativa la capital cubana.

Por entonces, cuando materializábamos una inmediata lucha por la subsistencia y para conservar las conquistas básicas de la Revolución, la privilegiada inteligencia de Fidel se detenía a valorar lo que él denominaba como inversión de capital humano, al multiplicar la capacidad científica instalada, tanto en el aspecto tecnológico como en el de la elevación del nivel profesional de tan trascendental sector, con protagonismo juvenil.

Un peculiar impulso recibió, por indicación personal suya, la biotecnología, la industria farmacéutica, la creación y consolidación de importantes instituciones científicas.

La Biotecnología es una de las ramas de mayor desarrollo en Cuba. Medicamentos únicos de su tipo en el mundo como el Heberprot-P, la vacuna CIMAVAX, así como la creación de terapias para el tratamiento de enfermedades del sistema nervioso central, el cáncer, la hepatitis B o la meningoencefalitis han convertido a nuestro país en una potencia mundial.

Pertenecientes al Grupo Empresarial BioCubaFarma, hoy unos 20 mil trabajadores de diversos centros de investigación impulsan una industria que, por su alto costo, parecería destinada únicamente a países desarrollados. Sin embargo, la Revolución Cubana entendió tempranamente la importancia de la biotecnología como un sector fundamental para la salud del pueblo cubano y el despunte de su economía y por eso hoy recoge los frutos de la creación del Polo Científico en medio del Período Especial.

Casi cuatro décadas de esfuerzo han engrosado la cartera de productos biotecnológicos cubanos e instituciones como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), el Centro de Inmunología Molecular (CIM) y el Centro de Inmunoensayo se han convertido en referentes internacionales.

Cuando nos percatamos de los aportes científicos de esas instituciones para sectores como la salud pública, a escala nacional y universal, en batallas como las que libraron nuestros médicos contra el ébola, podemos aquilatar el alcance humanista y la acertada proyección liderada por el líder cubano, colocándonos en posición de vanguardia en el controvertido mundo actual. Cuba es un inmenso laboratorio en sus instituciones de diversos sectores que tributan desde y a la ciencia.

Como expresara Fidel en el discurso pronunciado en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias, el 15 de enero de 1960: “Hoy, en la patria nueva, en la Patria verdaderamente libre, los científicos, los investigadores, tienen todas las oportunidades, sobre todo, la gran oportunidad de que cada una de las cosas que realicen, cada uno de los esfuerzos que hagan, van a beneficiar directamente a su pueblo y a su patria. Hoy tienen la satisfacción de saber que hay un gobierno revolucionario que busca la verdad, que necesita de los científicos, que necesita de los investigadores; porque es el minuto en que todas las inteligencias tienen que ponerse a trabajar, en que todos los conocimientos no son suficientes para la obra que se realiza y son necesarios más conocimientos: y así, el científico, como el artista, tiene hoy el escenario ideal donde su inteligencia y su talento pueden encontrar desarrollo pleno en busca de la verdad y del bien, porque ha entrado la patria por el sendero de la verdad, porque ha entrado la patria por el sendero de la justicia, por el camino donde no se persigue la inteligencia sino que se le estimula y se le premia: ha entrado la Patria por el camino en que es necesario que todos nos pongamos a estudiar y nos pongamos a investigar (…) El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento (…)”

La actividad científica es, en sí misma, una oportunidad de riqueza, quizás la más noble, para nuestra nación contemporánea. Por definición, la ciencia en Cuba es un producto genuino de la Revolución cubana y de nuestras ideas socialistas. Y es el propio proceso revolucionario, en su evolución, el que debería garantizar que no se pierda lo que se ha ganado y que, en cambio, contribuya aún más, y decisivamente, al bienestar de la sociedad, que es también su principal propósito.

La función de la ciencia en el desarrollo social es una de las originalidades (entre muchas otras) de la Revolución cubana: Nunca antes en un país subdesarrollado el pensamiento científico y la práctica de la investigación científica habían tenido una función tan protagónica en un proceso de transformación social; función, además, construida intencionalmente.

Ello se pudiera sintetizar en tres expresiones de Fidel en tres momentos muy distintos:

La primera en 1960, antes de la Campaña de Alfabetización, cuando en un país sin tradición científica, y enfrentado a muchas urgencias dijo:

“El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de Ciencia, de hombres de pensamiento”.

Luego en 1991, cuando se desplegaba ya la crisis del campo socialista europeo y se planteaba la ingente tarea de defender nuestra soberanía expresó:

“La independencia no es una bandera, o un himno, o un escudo. La independencia no es cuestión de símbolos. La independencia depende del desarrollo, la independencia depende de la tecnología, depende de la ciencia en el mundo de hoy”.

Y después en 1993, año en que tocó fondo la crisis económica del período especial que siguió a la desaparición del campo socialista europeo y al reforzamiento oportunista del bloqueo norteamericano contra Cuba, Fidel re-tomó la idea de las funciones de la ciencia en la economía cuando expresó que:

“La Ciencia, y las producciones de la ciencia deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional. Pero partiendo de los escasos recursos, sobre todo de los recursos energéticos que tenemos en nuestro país, tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro”.

No fueron solamente expresiones discursivas, sino que fueron seguidas y respaldadas por acciones concretas. Esas acciones concretas que materializaron su pensamiento son muchas, imposibles siquiera de enumerar en estas breves notas. Ellas incluyen el desarrollo educacional, la creación masiva de escuelas y universidades en todas las provincias, la edición de libros científicos, la formación de miles de científicos en Cuba y en el exterior, la construcción de una institucionalidad para la ciencia, la creación de centros científicos en varios organismos del estado (MINSAP, MINAGRI, y otros), la Academia de Ciencias, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el Fórum de Ciencia y Técnica, el Polo Científico de la Biotecnología, la Universidad de las Ciencias Informáticas, y muchas otras, que  contaron con el impulso, el diseño estratégico y la presencia fundacional del mismo Fidel.

Conclusiones

El talento tomó cauce, y con el tiempo, Cuba pequeña nación de apenas once millones de habitantes, comenzó a sonar más allá de fronteras, por su aporte científico y técnico, y soluciones significativas a problemas. La Ciencia en Cuba no es una entelequia, sino fruto de programas y acciones que están asociados y dirigidas a la solución de problemas concretos en el terreno social o económico, y a la gestión del conocimiento por lo que aporta para otros y la generalización de resultados en las investigaciones que es, al final, una pretensión deseada. Nuestros enemigos saben que en Cuba se hace ciencia, y de la buena. Por eso también nunca han dejado de apostar al robo de cerebros. Al triunfar la Revolución lo hicieron pensando que sería una vida rápida para presionar y asfixiar; después han mantenido esa política con cantos de sirena y estimulando absorber a nuestros profesionales. Nuestros científicos son hombres y mujeres sencillos, que se han abierto paso sobre la base del talento, y que anónimamente, prestan hoy un gran servicio al país. La idea de Fidel de convertir a Cuba es un país de hombres y mujeres de ciencias, es una realidad tangible.

Referencias bibliográficas

  • Citas de Fidel Castro sobre Ciencia e Innovación. Revista Juventud Técnica, 26 noviembre 2016.
  • Cuatro científicos cubanos recuerdan a Fidel y su estrecha vinculación con la ciencia, http://www.cubadebate.cu/
  • Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias, el 15 de enero de 1960.
  • La ciencia cubana y el pensamiento de Fidel, http://www.radiocubana.cu/
  • La Ciencia cubana y el pensamiento estratégico de Fidel Castro, http://www.radiococo.icrt.cu/
  • La ciencia en Cuba: el camino de lo posible, http://www.radiorebelde.cu/
  • La ciencia en el pensamiento de un gigante, Periódico Granma, 25 de noviembre de 2017.
  • La ciencia y la tecnología en Cuba una década después, http://www.temas.cult.cu/

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Por: Dr. C  Iván P. Santos Victores y MSc. Miguel A. Hernández Garcia

Introducción

No son pocos los que preguntan de dónde sale tanta gente talentosa en Cuba. La interrogante está siempre a flor de piel cuando miramos la distancia recorrida durante estos años, desandando caminos desde esfuerzos propios o porque la propia necesidad, carencias, bloqueos, o la imposibilidad de acceder a mercados del primer mundo impone apretar el paso o buscar alternativas a corto o mediano plazos. Lo cierto es que en Cuba existe mucha inteligencia y talento concentrados. Y eso nadie lo duda.

Pero nada de lo anterior hubiera sido posible, sin un encauzamiento lógico, y bajo el liderazgo de un sistema que apenas instaurado, vio con luz larga que el conocimiento partía de eliminar el analfabetismo, y que a partir de entonces podría ser posible el sueño de “convertirnos en un país de hombres de ciencia”, la frase que nos develó Fidel, el líder indiscutible y vanguardia en el desarrollo de un sistema que devino después, potencial científico con el nacimiento de múltiples instituciones que tributarían al desarrollo del país, como soporte para garantizar una mayor calidad de vida, resistir sin dejar de desarrollarnos, buscar soluciones alternativas a los problemas y no depender de otros, sino de la inteligencia colectiva.

Desarrollo

La importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación en Cuba se fundamenta claramente en muchas citas de Fidel Castro. En uno de sus discursos más medulares, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, afirmaba:

Y el país tendrá mucho más, pero no será jamás una sociedad de consumo, será una sociedad de conocimientos, de cultura, del más extraordinario desarrollo humano que pueda concebirse, desarrollo de la cultura, del arte, de la ciencia, y no para armas químicas, con una plenitud de libertad que nadie puede cortar. Eso lo sabemos, no hay ni que proclamarlo, aunque sí recordarlo. (Castro Ruz, 2005)

Los cubanos actuales en buena medida somos un pueblo de hombres y mujeres de ciencia, y ello lo debemos al pensamiento estratégico del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro. En su alegato de autodefensa en el juicio seguido a los asaltantes al cuartel Moncada, documento conocido como La historia me absolverá, devenido programa de acciones de la Revolución, situó a la educación y a la salud pública como prioridades inmediatas del nuevo sistema social.

Desde la intensa Campaña de Alfabetización que sustentó la elevación del nivel escolar, cultural y científico de la población cubana y con su concepción explícita de que nuestro futuro debía ser de hombres de ciencia, notamos a un joven estadista que avizora las urgencias y potencialidades de sus compatriotas como parte de la obra que debía forjar el naciente proceso revolucionario.

Una obra consolidada en el sector educacional desde los primeros grados hasta la enseñanza universitaria y su favorable impacto en la vida social y económica del país con prioridad en el crecimiento cuantitativo y cualitativo de las instituciones científicas en el territorio nacional, a las puertas del Período Especial, sirvió de basamento para que la genialidad del pensamiento y el accionar del Comandante en Jefe liderara el surgimiento y posterior evolución de los polos científicos, de los cuales es representativa la capital cubana.

Por entonces, cuando materializábamos una inmediata lucha por la subsistencia y para conservar las conquistas básicas de la Revolución, la privilegiada inteligencia de Fidel se detenía a valorar lo que él denominaba como inversión de capital humano, al multiplicar la capacidad científica instalada, tanto en el aspecto tecnológico como en el de la elevación del nivel profesional de tan trascendental sector, con protagonismo juvenil.

Un peculiar impulso recibió, por indicación personal suya, la biotecnología, la industria farmacéutica, la creación y consolidación de importantes instituciones científicas.

La Biotecnología es una de las ramas de mayor desarrollo en Cuba. Medicamentos únicos de su tipo en el mundo como el Heberprot-P, la vacuna CIMAVAX, así como la creación de terapias para el tratamiento de enfermedades del sistema nervioso central, el cáncer, la hepatitis B o la meningoencefalitis han convertido a nuestro país en una potencia mundial.

Pertenecientes al Grupo Empresarial BioCubaFarma, hoy unos 20 mil trabajadores de diversos centros de investigación impulsan una industria que, por su alto costo, parecería destinada únicamente a países desarrollados. Sin embargo, la Revolución Cubana entendió tempranamente la importancia de la biotecnología como un sector fundamental para la salud del pueblo cubano y el despunte de su economía y por eso hoy recoge los frutos de la creación del Polo Científico en medio del Período Especial.

Casi cuatro décadas de esfuerzo han engrosado la cartera de productos biotecnológicos cubanos e instituciones como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), el Centro de Inmunología Molecular (CIM) y el Centro de Inmunoensayo se han convertido en referentes internacionales.

Cuando nos percatamos de los aportes científicos de esas instituciones para sectores como la salud pública, a escala nacional y universal, en batallas como las que libraron nuestros médicos contra el ébola, podemos aquilatar el alcance humanista y la acertada proyección liderada por el líder cubano, colocándonos en posición de vanguardia en el controvertido mundo actual. Cuba es un inmenso laboratorio en sus instituciones de diversos sectores que tributan desde y a la ciencia.

Como expresara Fidel en el discurso pronunciado en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias, el 15 de enero de 1960: “Hoy, en la patria nueva, en la Patria verdaderamente libre, los científicos, los investigadores, tienen todas las oportunidades, sobre todo, la gran oportunidad de que cada una de las cosas que realicen, cada uno de los esfuerzos que hagan, van a beneficiar directamente a su pueblo y a su patria. Hoy tienen la satisfacción de saber que hay un gobierno revolucionario que busca la verdad, que necesita de los científicos, que necesita de los investigadores; porque es el minuto en que todas las inteligencias tienen que ponerse a trabajar, en que todos los conocimientos no son suficientes para la obra que se realiza y son necesarios más conocimientos: y así, el científico, como el artista, tiene hoy el escenario ideal donde su inteligencia y su talento pueden encontrar desarrollo pleno en busca de la verdad y del bien, porque ha entrado la patria por el sendero de la verdad, porque ha entrado la patria por el sendero de la justicia, por el camino donde no se persigue la inteligencia sino que se le estimula y se le premia: ha entrado la Patria por el camino en que es necesario que todos nos pongamos a estudiar y nos pongamos a investigar (…) El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento (…)”

La actividad científica es, en sí misma, una oportunidad de riqueza, quizás la más noble, para nuestra nación contemporánea. Por definición, la ciencia en Cuba es un producto genuino de la Revolución cubana y de nuestras ideas socialistas. Y es el propio proceso revolucionario, en su evolución, el que debería garantizar que no se pierda lo que se ha ganado y que, en cambio, contribuya aún más, y decisivamente, al bienestar de la sociedad, que es también su principal propósito.

La función de la ciencia en el desarrollo social es una de las originalidades (entre muchas otras) de la Revolución cubana: Nunca antes en un país subdesarrollado el pensamiento científico y la práctica de la investigación científica habían tenido una función tan protagónica en un proceso de transformación social; función, además, construida intencionalmente.

Ello se pudiera sintetizar en tres expresiones de Fidel en tres momentos muy distintos:

La primera en 1960, antes de la Campaña de Alfabetización, cuando en un país sin tradición científica, y enfrentado a muchas urgencias dijo:

“El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de Ciencia, de hombres de pensamiento”.

Luego en 1991, cuando se desplegaba ya la crisis del campo socialista europeo y se planteaba la ingente tarea de defender nuestra soberanía expresó:

“La independencia no es una bandera, o un himno, o un escudo. La independencia no es cuestión de símbolos. La independencia depende del desarrollo, la independencia depende de la tecnología, depende de la ciencia en el mundo de hoy”.

Y después en 1993, año en que tocó fondo la crisis económica del período especial que siguió a la desaparición del campo socialista europeo y al reforzamiento oportunista del bloqueo norteamericano contra Cuba, Fidel re-tomó la idea de las funciones de la ciencia en la economía cuando expresó que:

“La Ciencia, y las producciones de la ciencia deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional. Pero partiendo de los escasos recursos, sobre todo de los recursos energéticos que tenemos en nuestro país, tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro”.

No fueron solamente expresiones discursivas, sino que fueron seguidas y respaldadas por acciones concretas. Esas acciones concretas que materializaron su pensamiento son muchas, imposibles siquiera de enumerar en estas breves notas. Ellas incluyen el desarrollo educacional, la creación masiva de escuelas y universidades en todas las provincias, la edición de libros científicos, la formación de miles de científicos en Cuba y en el exterior, la construcción de una institucionalidad para la ciencia, la creación de centros científicos en varios organismos del estado (MINSAP, MINAGRI, y otros), la Academia de Ciencias, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el Fórum de Ciencia y Técnica, el Polo Científico de la Biotecnología, la Universidad de las Ciencias Informáticas, y muchas otras, que  contaron con el impulso, el diseño estratégico y la presencia fundacional del mismo Fidel.

Conclusiones

El talento tomó cauce, y con el tiempo, Cuba pequeña nación de apenas once millones de habitantes, comenzó a sonar más allá de fronteras, por su aporte científico y técnico, y soluciones significativas a problemas. La Ciencia en Cuba no es una entelequia, sino fruto de programas y acciones que están asociados y dirigidas a la solución de problemas concretos en el terreno social o económico, y a la gestión del conocimiento por lo que aporta para otros y la generalización de resultados en las investigaciones que es, al final, una pretensión deseada. Nuestros enemigos saben que en Cuba se hace ciencia, y de la buena. Por eso también nunca han dejado de apostar al robo de cerebros. Al triunfar la Revolución lo hicieron pensando que sería una vida rápida para presionar y asfixiar; después han mantenido esa política con cantos de sirena y estimulando absorber a nuestros profesionales. Nuestros científicos son hombres y mujeres sencillos, que se han abierto paso sobre la base del talento, y que anónimamente, prestan hoy un gran servicio al país. La idea de Fidel de convertir a Cuba es un país de hombres y mujeres de ciencias, es una realidad tangible.

Referencias bibliográficas

  • Citas de Fidel Castro sobre Ciencia e Innovación. Revista Juventud Técnica, 26 noviembre 2016.
  • Cuatro científicos cubanos recuerdan a Fidel y su estrecha vinculación con la ciencia, http://www.cubadebate.cu/
  • Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias, el 15 de enero de 1960.
  • La ciencia cubana y el pensamiento de Fidel, http://www.radiocubana.cu/
  • La Ciencia cubana y el pensamiento estratégico de Fidel Castro, http://www.radiococo.icrt.cu/
  • La ciencia en Cuba: el camino de lo posible, http://www.radiorebelde.cu/
  • La ciencia en el pensamiento de un gigante, Periódico Granma, 25 de noviembre de 2017.
  • La ciencia y la tecnología en Cuba una década después, http://www.temas.cult.cu/

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