Leyendas en Remedios de Cuba. Un complejo mítico inmemorial

Por: Lic. Erick González Bello y MSc. Juan Carlos Hernández Rodríguez. Unhic Sección de Base de Remedios    

            Algunos pueblos y ciudades pueden exhibir una, dos o tres leyendas, fruto de la mixturación entre la realidad y la ficción. En la ciudad cubana de Remedios, sin embargo, se ha ido desarrollando un conglomerado narrativo que fue posible gracias a las condiciones histórico-culturales y demográficas complejas y pluriculturales que enriquecieron, a lo largo de los siglos, diversos barrios y, con ellos, su particularísima identidad.   

            El mito y la leyenda cumplen en Remedios con las características propias del género: el mito es una historia ficticia o narración maravillosa —situada fuera del tiempo histórico, en la época de los orígenes— que condensa alguna realidad humana de profundo significado universal; la segunda es una narración tradicional de hechos imaginarios que es considerada por la comunidad como real, aunque en ella el componente maravilloso tiene un peso evidentemente mayor que el histórico. De ahí que la oralidad —en tanto que vehículo principal de la memoria colectiva— sea imprescindible para la propagación, actualización y funcionalidad del relato.

            No obstante, desde el siglo XIX las leyendas documentadas en Remedios comenzaron a ser recogidas en diversas fuentes escritas por autores remedianos o radicados en Remedios e, incluso, por ensayistas nacionales. Entre los primeros es importante recordar al español Facundo Ramos y Ramos (autor de Cosas de Remedios, crónicas folclóricas aparecidas en la prensa entre los años 1870 y 1890) o a Pedro Capdevila Melián,[1] dueño de una vasta obra que truncó la muerte, pero publicada parcialmente en importantes revistas como Bimestre Cubana o Signos. Entre los segundos destacan figuras de la talla de Fernando Ortiz (Historia de una pelea cubana contra los demonios, 1959), Álvaro de la Iglesia (Tradiciones cubanas, 1981), Salvador Bueno (Leyendas cubanas, 1978), Samuel Feijóo (Mitología cubana, 1986) o Manuel Rivero Glean y Gerardo Chávez Spínola (Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba, 2005). A través de estos vehículos fue que la fabulación remediana trascendió los límites del territorio regional para hacerse parte de la oralidad y el patrimonio cubanos.  

            A los 85 años apenas de haber sido fundada, la tradición dice que la ciudad de San Juan de los Remedios acogió en su seno la aparición, en el año 1600, de la Virgen del Buenviaje. Aquel sería el comienzo de la formación de un complejo de leyendas que hoy son parte de la identidad de la ciudad y que muestra los modos de fabular de los remedianos.

            Con los años, luego de aquella aparición mariana que la población ha considerado un suceso histórico, comenzó a gestarse un universo mítico, que fue moldeándose entre la cruda realidad de los asaltos piratas, las guerras intestinas o el aislamiento en que quedó sumida Remedios en comparación con el resto de las primeras villas cubanas. Así, el corpus de leyendas[2] que hoy, con total vigencia, forma parte de la identidad de Remedios abarca las que los nativos conocemos como Los endemoniados del Cayo, La Rondona, La llorona de la calle de la Mar, La gritona del Seborucal, La Cabeza de Patricio, El Sapo de Jinaguayabo, El baúl de Ña Trina, El güije de la Bajada, La bruja de San Salvador, El indio Martín, Los amantes del Palomar, La loma del perro, La sirena de Caibarién, y La madre de agua… Un corpus riquísimo, variado, pintoresco, que incluye muchos temas, preocupaciones, colores.  

            Muchas de estas leyendas tienen genes españoles; otras son aportaciones de la población de raíz africana; todas terminaron por asimilar una criollidad —devenida remedianidad— que enriqueció las fuentes de las que bebieron. De tal suerte que hoy podríamos establecer clasificaciones a partir de su origen hispano o africano, o de otros criterios: mitos mayores en Cuba, leyendas urbanas, rurales o marinas, leyendas zoomorfas… entre muchas otras. Es curioso, además, que todas las leyendas admitan varias categorías dentro de la codificación.

            Si se vuelve la mirada a los orígenes de algunas de las leyendas remedianas, es posible descubrir elementos que las vinculan con la historia nacional. Así: la leyenda de La virgen del Buenviaje evoca la aparición mariana más importante de Cuba (La Virgen de La Caridad), acontecida unos años más tarde, en 1612; sin embargo, la tradición cuenta que ya en 1600 tres pescadores habían encontrado sobre las costas remedianas —y en similares condiciones— una caja flotando sobre el mar con una imagen de María a la que llamaron “del Buenviaje”, porque buen viaje habían hecho encontrando a la Madre de Dios; Los endemoniados del Cayo deja entrever las tribulaciones acontecidas en la villa en torno a las fatalidades fundacionales de Santa Clara, cuando se armaron tres grupos rivales, encabezados por el alcalde y por los padres Bejerano y José González de la Cruz, respectivamente, para trasladar la villa de Remedios hacia sus propias tierras, arguyendo la apertura de la boca del Infierno a una milla de la población; La cabeza de Patricio guarda vínculo con la toma de La Habana por los ingleses, pues este barómetro natural —y humano—, antes de ser liberto había sido enviado por su amo a luchar en la capital del país, formando parte de las milicias de pardos y morenos que tomaron parte en esa contienda; la leyenda de Los amantes del Palomar hace referencia indirecta a la oleada migratoria de franceses luego de los sucesos de Haití, que en Remedios se asentaron, erigiendo prósperos cafetales, y luego desposaron a lugareñas con las que engendraron un linaje una vez más híbrido; y El indio Martín es un reflejo del bandolerismo que asoló los campos de Cuba durante el siglo XIX, pues este fue uno de esos personajes que dejaron una huella de terror y desolación, que quedó desdibujada entre la realidad y la ficción.   

            Más allá del imaginario popular, construido con el paso de los siglos, el remediano de todas las épocas ha asumido con prestancia y orgullo todas sus leyendas, asociándolas a los momentos culturalmente relevantes durante el año.

            Los preteridos carnavales, las reconocidas parrandas, los antiguos San Juanes, las Semanas y Jornadas de Cultura, los desfiles inaugurales… se convirtieron —desde siempre— en actos de reafirmación identitaria, permitiendo la escenificación de muchas de las leyendas. Desde antaño es usual que los siete Juanes, primerizos y con nombres bien rimbombantes, salgan a capturar al Güije de La Bajada hacia la media noche, cada 23 de junio, vísperas de San Juan. Tras llevarlo al atrio de la Iglesia Parroquial Mayor, el duende escapa luego de escuchar el exorcismo del cura; tradición que se escenifica por aficionados elegidos de entre el pueblo. Además, la Llorona de la calle de La Mar, la gritona del Seborucal, la bruja de San Salvador y muchas otras leyendas son recreadas por niños y jóvenes durante los desfiles culturales que preparan los instructores de arte de la casa de la cultura y los promotores de las escuelas.

            Por otra parte, las diversas generaciones de remedianos han crecido jugando a ser los amantes del Palomar, o temiendo encontrarse con una Madre de agua en el interior de las casonas coloniales, o pronosticando el tiempo mirando hacia la cabeza de Patricio, o persiguiendo desenfrenadamente al güije de la Bajada, o rememorando admirados a los endemoniados del Cayo que una vez pulularon por las plazas y callejuelas de la villa… de lo cual dan testimonio muchos materiales audiovisuales realizados por la Televisión Cubana, Telecubanacán y el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos.   

            A su vez, la perdurabilidad y permanencia en la memoria histórica del pueblo ha elevado a la categoría de icono a todas y cada una de estas leyendas, sin que se establezca un sistema jerárquico entre ellas; permitiendo la convivencia espacial de las más diversas criaturas.

          Pero veamos cómo los remedianos siguen transmitiendo hoy algunas de las leyendas más entrañables de nuestro rico patrimonio oral. Todos los narradores fueron entrevistados por los autores de este artículo en 2015:

La Gritona del Seborucal

Dicen que por el siglo XVII, cuando la villa era atacada por piratas y corsarios, vivía aquí una hermosa joven que parecía celestial. Cuando el ataque de El Olonés, el caserío donde vivía la muchacha fue arrasado, y ella intentó escapar. Pero tropezó y fue atrapada por el mismísimo cabecilla, que al verla quedó prendado, se la llevó y quiso hacerla su amante. La desdichada, que no quería ser convertida en una odalisca de la Isla Tortuga, se defendió con todas sus fuerzas del ataque y le arañó la cara y el pecho… Y el rudo hombre, desesperado y furioso ante tan valiente remediana, arrebató violento un hacha afilada a uno de los suyos y le cortó la cabeza de un tajo. Se cuenta que el cuerpo de la mujer tomó la cabeza entre sus manos y salió corriendo hasta adentrarse en una furnia profunda en la zona del Seborucal, muy cerca de Remedios. Hasta allí la siguieron los bandidos. Cuentan los viejos que en las profundidades se colocó la cabeza en su lugar, y continuó vivita. Solo que permaneció como encantada en su nuevo hogar.

Dicen, además, que durante siglos ha salido cuatro viernes del año (el primero de enero, el de Dolores, el Santo y el anterior a la natividad) y vaga por las calles a partir de las doce de la noche, emitiendo fuertes chillidos capaces de llenar de pavor a cualquier habitante, para que recordaran el crimen ocurrido en el pueblo.

Ante el escalofriante llanto de La Gritona los enfermos morían, las embarazadas abortaban, los perros aullaban melancólicamente, los pobladores se envolvían en sábanas como asolados, y en cada una de las casas se escuchaba la misma expresión de terror: ¡Dios nos asista, ahí viene la gritona de Seburucal! (Lorena Manso Pérez, 12 años).

La Cabeza de Patricio

Cuenta la tradición que el negro Patricio había sido esclavo, pero fue liberado por su amo, después de cumplir una misión que se le encomendó. De su persona lo que más llamaba la atención era su espectacular cabeza con una abundante pasa que semejaba una gran esponja. Esto admiró a los vecinos y, cuando querían establecer comparación con algo muy grande, lo comparaban con la cabeza del zapatero.

Con el tiempo comenzaron a notar que siempre que se nublaba hacia el sur, por donde vivía Patricio, el agua era segura, aunque el cielo estuviera despejado por todas partes. Por eso, con los años, se hizo costumbre que todos asociaran la lluvia con la cabezona del negro.

Todavía hoy escuchamos a los remedianos: ¡Agua segura, miren cómo está la cabeza de Patricio! (David Monteagudo Alcalá, 11 años)

El Sapo de Jinaguayabo

Cuentan los más viejos habitantes de esta villa que, debajo de una piedra, en el camino del Tesico, vivía el Sapo de Jinaguayabo. Nadie lo ha visto, pero se supone que es tan viejo que se dice que tiene su cuerpo cubierto por un duro carapacho.

En la época de sequía se mantiene muy tranquilo, pero al amenazar la lluvia empieza a croar. Primero suave, pero al aumentar la lluvia, emite el sonido tan fuerte que se puede escuchar a varios kilómetros; y cuando escampa, se calla. Dicen que tiene un tamaño normal, pero que lo va aumentando hasta alcanzar el de un chivo… ¡Qué miedo…! (Fabiana Ruiz Orozco, 9 años).

La Llorona de la Calle La Mar

Se cuenta que allá por las últimas décadas del siglo XVIII vivía, al final de la calle de la Mar, un joven matrimonio cuyos ingresos le permitían llevar una vida bastante holgada y contar con algunos esclavos para atender los quehaceres domésticos… y montones de motivos que los hacía felices; hasta que, de vez en cuando, el apuesto joven se salía del cascarón y la muchacha se sentía invadida por los celos, a tal extremo que se celaba hasta de su propia sombra.

El esposo pasaba largas noches fuera, mientras ella sufría callada, esperando ocurriera algún milagro que apartara a su esposo de sus andanzas. Los problemas continuaron aumentando y las noches de espera se hacían más extensas, hasta que una noche en que la muchacha sufría un arrebato de celos, un esclavo suyo, quien quería entrañablemente a la señora por haberle servido desde pequeña, le aconsejó hablar con un anciano brujo que vivía en la zona del Tesico, el cual adivinaba el porvenir a través de las cartas y, además, vendía unos polvos que, agregados al café, hacían que los hombres cayeran rendidos ante sus mujeres.

Entusiasmada la muchacha con la idea de amarrar al marido, y cegada por los celos, se dejó embaucar por esas supercherías y se entrevistó con el brujo. El encuentro se efectúo debajo de unos algarrobos muy frondosos que crecían en el camino de Jinaguayabo, cerca de la loma del Tesico, frente a la laguna llamada de Ruiz. A la luz de una vela en aquel paraje despoblado y sombrío, la muchacha conoció los secretos de la nigromancia, posesión de espíritus de luz, invocaciones a los orichas, filtros amorosos y otros recursos. Durante varios días el marido se mantuvo tranquilo y hogareño dejando de salir algunas noches, lo cual reforzó la creencia en los poderes del brujo.

Al poco tiempo volvieron las andanzas y con ellas los celos de la muchacha, por lo que se repitieron las entrevistas entre la joven y el brujo, quien naturalmente sacaba buenas ganancias al “oficio”. Pero, temiendo caer en una emboscada, para percatarse de que ella venía sola, le aconsejó que desde la puerta de su casa hasta llegar al lugar donde debía encontrarse fuera dando gritos muy fuertes que pudieran ser oídos por él en su escondite, y así salirle al paso en el sitio indicado. La infeliz víctima aceptó lo pactado, tanto más cuando notó que al empezar a gritar los vecinos asustados cerraban las puertas y ella tenía la calle libre para transitar sin ser vista. El esposo en sus correrías nada había oído hablar de aquel asunto hasta que una noche la mujer fue vista por un arriero, quien le comunicó que la mujer le engañaba, pero debía hacerse el de la vista gorda y capturarla in fraganti.

El joven, aunque furioso e irritado por el supuesto adulterio, aparentaba estar calmado, como si nada estuviese sucediendo. Al anochecer se acicaló y salió de la casa como de costumbre para apostarse en la próxima esquina a velar su honra aparentemente mancillada. La muchacha, no sospechando el tortuoso enredo en que estaba metida, tomó el camino del Tesico seguida de cerca por el esposo, convertido casi en un demonio sediento de venganza, hasta sorprenderla en la oscuridad, bajo los algarrobos, hablando con aquel siniestro personaje, que rápidamente se dio a la fuga perdiéndose en la espesura del monte. Poseído por los celos enterró un puñal en el cuerpo de la infeliz. Ella gritaba desconsolada, pues estaba embarazada. Este no cedió ante los suspiros y lamentos, dejando tendido sobre la yerba el cuerpo sin vida de la fiel esposa.

Consumado el hecho, el hombre enterró a la desgraciada en la falda de la loma del Tesico, a un costado de la cueva del Boquerón —considerada la boca del infierno— y huyó muy lejos, donde murió de tristeza y arrepentimiento. Mientras, algunas personas murmuraban que todos los viernes de la cuaresma salía la Gritona por la noche, en forma de fantasma, viniendo desde el Tesico y por toda la calle de la Mar hasta la Iglesia del Buenviaje, pidiendo a gritos el bautismo de su hijo asesinado por el propio padre antes de nacer (Julián Carrazana, 95 años: hoy desaparecido).

La Rondona  

Los más ancianos del pueblo cuentan como algo de absoluta credibilidad que, a finales del siglo XIX, vivía en esta villa una hermosa joven de familia muy decente y de buena posición nombrada María Manuela, cuya belleza era opacada por un aire dominante, áspero e impositivo, así como una vanidad excesiva y muy amiga de que se cumplieran sus mandatos, aún a costa del mal de los demás.

A tal extremo llegaba el engreimiento de la muchacha, que maltrataba a su propia madre, no obstante haberle brindado sus progenitores todos los gustos posibles. Sacaba el cumplimiento de sus caprichos y mataba sus cotidianos antojos, ya que era única hija; había sido criada con mucho mimo, y los padres contaban con una fortuna suficiente para satisfacer sus deseos, aunque estos fueran absurdos, solo para pretender hacerla feliz, sin tener en cuenta el mal que esto podría acarrearle.

Se dice que, en cierta ocasión, su buena madre, por probar cómo reaccionaba, se dirigió a la alcoba de su hija en momentos en que esta escogía en sus enormes escaparates un vestido para salir esa noche a casa de unas amiguitas. No viéndole bien ninguno, encontrándose el cuarto tan regado que se necesitaría al menos tres días para volverlo a organizar, le pidió prestado siete reales, sabiendo de antemano que la joven poseía mucho más de lo solicitado. A lo cual María Manuela, indispuesta, respondió: “Yo no tengo ese dinero, ve a pedirlo a otra parte, y déjame tranquila”; la madre repostó con voz suave: “mi amor, si te lo he pedido es porque he sabido y he visto que lo tienes, y no es correcto comportarse así”. Estas palabras llevaron a la muchacha al extremo de la cólera y con desfachatez e insolencia replicó: “así es que quieres siete reales; pues siete legiones de demonios son las que tengo en el cuerpo”.

Y aquí mismo fue donde comenzó su desgracia, ya que, desde ese momento, no tuvo un instante de sosiego, empezando a experimentar convulsiones y otros síntomas extraños, de los cuales el que con mayor fuerza llamó la atención fue un incesante escupir y sacar la lengua, además de decir palabras y frases de mal gusto e incompatibles con su sexo y raza. Involuntariamente sacaba la lengua a cada instante, y dicen que fue tanto lo que repitió esa operación que se le fue alargando al punto que se lamía hasta la cara, el pecho y otras partes del cuerpo.

Al verla su familia en esa embarazosa situación (téngase en cuenta que dejo de comer, por tanto, pasarse la lengua bajaba cada día de peso, hasta llegar a un estado físico bastante alarmante), dedujeron que estaba realmente poseída por demonios, y decidieron, como se decía entonces, “curarla por la iglesia”, o sea que era merecer aplicarle el exorcismo y conjuros orientados por la iglesia católica contra espíritus malignos. Para lo cual llamaron con urgencia al párroco de La Mayor, el Padre Marcos García, quien acudió de inmediato a la casa de la muchacha acompañado de su sacristán, ya la muchacha no respondía por su nombre, sino por Belcebú, Satanás, Lucifer y otros seres infernales que la rondaban; a partir de entonces el vulgo la bautizó con el sobrenombre de La Rondona.

Luego de cruenta batalla, donde el sacerdote quedó exhausto, pudieron sacarle a la muchacha los demonios. Habiendo costado mucho trabajo sacarle el último, el cual se dice que lo hizo por el dedo meñique del pie derecho, dejando una estela de humo y un fuerte y penetrante olor a azufre. Pero lo que no pudieron quitarle nunca más fue el mote de La Rondona, pues los vecinos insistían en que los enviados malignos continuaban rondándola.

María Manuela murió de una enfermedad histérico-epiléptica, de una edad ya avanzada, y algunos aseguran que tras su muerte los demonios siguen rondando la villa (Esteban Granda Fernández, 93 años: hoy desaparecido).

            La característica arquitectura tradicional de Remedios es un patrimonio que tiene una dimensión sólidamente material. Pero para los remedianos, la cultura oral tiene raíces y dimensiones tan fuertes y perdurables como su patrimonio material. Hoy, Remedios no sabría vivir sin sus vírgenes, duendes, lloronas, bestiarios y barómetros… ni tampoco sin sus parrandas y sanjuanes, que tanto han aportado a la identidad cultural de la región central de Cuba.

Notas:

[1] Como intelectual estuvo vinculado a la figura del gran antropólogo don Fernando Ortiz: padre de la Antropología cubana. En tanto pensador revolucionario, se desempeñó como el secretario personal de Pablo de la Torriente Brau. El hijo de Pedro Capdevila, de igual nombre, conservó en la ciudad de Remedios la casa de su padre y todo el patrimonio documental que este le legara.   

[2] En el 2013 las leyendas remedianas fueron declaradas Memoria Viva de Cuba por el Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello de La Habana. La fundamentación, titulada Leyendas remedianas. Un complejo mítico cuatricentenario, fue realizada por los autores de este trabajo.

3 comentarios en “Leyendas en Remedios de Cuba. Un complejo mítico inmemorial

  1. En este artículo los autores desentrañan las sutiles diferencias entre el “cuento folclórico”, el “mito” y la “leyenda”… recurriendo a referentes científicos que han abordado el tema. Además, se ofrece una clasificación -por primera vez- del corpus mítico remediano.

  2. Hoy descubrí esta pagina, gracias a los amigos Erick y el Juanca, que bien cuando de acercamiento a nuestras raíces se trata, excelente articulo como siempre nos tienen acostumbrados estos colegas amantes de desempolvar las historias que aun duermen en la añeja villa de San Juan Bautista.

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