Alejandro del Río

Por: Joel Pérez Soto. Unhic Sección de Base de Remedios.

En estos días se cumplen 153 años de aquel histórico levantamiento armado llevado a cabo por Carlos Manuel de Céspedes, por este motivo hablaremos de la figura que fraguó los aires independentistas en Remedios. 

Alejandro del Río fue el hombre escogido en la jurisdicción debido a sus dotes de organizador, sus principios humanos, de justeza social y la alta influencia de que gozaba en esta villa lo convierten en el líder natural.

Desplegó al efecto una gran energía sin límites, coordinó  las comunicaciones por medio de emisarios con Cienfuegos, Trinidad, Santa Clara, Santi Spíritus, Puerto Príncipe y Bayamo, siendo esta última ciudad donde radicaba el organismo central del movimiento insurreccional y separatista. Dentro de las personas con las que más conspiró se encontraban: los hermanos Federico y Adolfo Cavada, Miguel Jerónimo Gutiérrez, Arcadio García, los también hermanos Antonio y Guillermo Lorda, Eduardo Machado, Honorato del Castillo, Marcos García, el Márquez de Santa Lucia (Salvador Cisneros Betancourt), Agramonte, Céspedes, Aguilera y  con los Figueredos (17).

Meses antes de que el movimiento insurreccional se levantara en armas, Ignacio Agramonte llega a Remedios y se hospeda en su residencia, sostiene con él una entrevista reservada por espacio de varias horas para coordinar, sin riesgo de infiltraciones los próximos movimientos conspirativos. Posteriormente se reúne con los hermanos de la Logia Masónica “América” número 13, contigua a su farmacia (ubicada donde años más tarde encontraba la reparadora de calzado)

El 14 de febrero de 1869, siete días después del levantamiento en Manicaragua protagonizado por Miguel Gerónimo, Remedios y su amplia comarca responden al compromiso de pelear por liberar a la patria. Entre los levantados están dos extranjeros, el venezolano Salomé Hernández y el polaco Carlos Roloff; los cubanos patriotas y masones Aquilino Tuñón, Andrés Boitel, Daniel Morales, los Crespo y Jesús Crespo Moreno Crespo.

El 14 de febrero, durante la noche comienzan las persecuciones y detenciones en la villa de Remedios extendiéndose hasta el 20, el Gobernador decidió comenzarlas antes de la fecha de cuarenta días de amnistía que había concedido. Son detenidos los remedianos de mayor prestigio, encarcelados, incomunicados y despojados de todos sus papeles en busca de indicios que los encausaran.

Alejandro del Río, la noche del 14 es buscado para ser apresado, se encontrara de visita en casa de su hermana Rosa, y al llegar los soldados españoles para atraparlo, se escabulló de habitación en habitación, hasta llegar al patio y desde éste pasó por los colindantes hasta alcanzar los ejidos de la población.

Por dos años permaneció en Camagüey cumpliendo funciones en la Cámara del Gobierno, en 1871 retorna a Las Villas con el cargo de Inspector de las Fuerzas Armadas; es  capturado el 28 se septiembre de 1872, dándosele la oportunidad de negar su participación en la lucha armada, se niega a esta solicitud afirmando su condición de Representante a la Cámara del Gobierno y alega que no contribuiría con esta falsa, la que empañaría su imagen y la de la causa de todos los cubanos.

Luego es conducido hasta su natal Remedios, donde tan alta consideración le tenían cubanos y españoles que según nos contó Julián Felipe Pérez Guevara (a) Carrazana,  cuando su esposa o alguna de sus hijas iban a visitarlo al El Cuartelillo (Hoy Sala de Rehabilitación), se le sacaba de su celda y se le permitía recibir estas visitas en las  afueras del edificio y sin custodia, para que no pasara la vergüenza de ser visto en estas condiciones tan precarias por las damas de su familia.

Aunque muchos remedianos intervinieron a favor de su salvación, mientras su hermana Narcisa intervino ante el Capitán General de la Isla, todo fue inútil, su sentencia se hizo efectiva el 10 de octubre de 1872; cuando iba hacer fusilado le ordenan arrodillarse, más el condenado se niega a cumplir esta orden, diciéndoles “solo ante Dios se doblarán sus rodillas y no ante los hombres.

Por este motivo se colocaron colgaduras y gasas negras en los frentes de las casas, los establecimientos no abrieron las puertas por más que se les amenazara, las casas de familias se encontraban con sus moradores recogidos en señal de intenso dolor, habían perdido una de las figuras más ilustres y caritativas, Don Alejandro del Rio. 

La noche antes de ser fusilado le escribió una carta a su esposa, cuyo contenido se los damos a conocer a continuación:

Remedios, octubre 9 de 1872.

Doña Josefa Cabrera.

Mí querida esposa: dentro de pocas horas dejaré de existir y como mi conciencia está tranquila y soy fervorosamente cristiano estoy resignado a lo que disponga el grande Arquitecto del Universo.

Sí yo pudiera vivir algunos años más todo mi conato seria proporcionarte y a mis pobres niñas todas las comodidades. Consuélate hijo y templa el dolor que mi muerte les ocasionará a mis niñas. Te encargo a ti y a mis niñas que no se entreguen a un sentimiento excesivo, y como te conozco sé que mis niñas marcharán siempre por el camino de la virtud. Nunca te ha olvidado tu primo que desea tu felicidad.   

                                                                                                    Alejandro del Río

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