¿Qué fue del viejo Hospital de Remedios?

Por: Joel Pérez Soto. Unhic Sección de Base de Remedios

Como parte de la retórica que se realiza al comienzo de cada artículo, referiremos que el primer centro donde se prestó atención médica en nuestra vetusta villa y del cual se tiene conocimiento, tuvo lugar estando asentados en la segunda posición, o sea en Sabana;  consistente en una enfermería, de piedra y situada contigua a la primitiva iglesia, edificada del mismo material; financiadas ambas por nuestro Fundador, Vasco Porcallo de Figueroa. Luego existieron otros hospitales como el San Juan de Dios y el del Ejido del Oeste.

Durante 1857 se comenzaron las gestiones para construir una nueva institución médica, ahora en el Ejido del Sur, al final de la calle Jesús Nazareno (Maceo), esta iniciativa estuvo encabezada por el Teniente Gobernador D. Gregorio de Lambea, secundado por varios vecinos de la localidad.

Narra Manuel Martínez Escobar en su “Historia de Remedios” que finalmente el 2 de febrero de 1862, el presbítero Eusebio Bejarano bendice las salas del Hospital Civil. Posterior a ello las modificaciones más sobresalientes fueron: en 1872 se le construye una segunda nave, en 1899 se restaura y en 1909 se le agrega un pabellón de dos niveles en el fondo.

Durante una visita realizada a esta ciudad, en 1937, de la que tomaron parte entre otros el remediano y Presidente de la República Dr. Federico Laredo Bru, surge la idea de construir un nuevo hospital (el existente); las obras comenzaron a ejecutarse en septiembre de 1938 y concluyeron el 4 de septiembre de 1940, fecha en que fue inaugurado y entregado a la Secretaria de Sanidad con el nombre de “Emma Cabrera”. (esposa de Manuel Giménez Lanier, remediano y Secretario de Gobernación, quien había donado los planos, durante su construcción Emma fallece y se decide honrar con su nombre al nuevo hospital). El terreno había sido donado por el también remediano y Senador de la República, Manuel Capestany Abreu.

A pesar de haber sido inaugurado, tras vencer ciertas inconveniencias, el nuevo hospital comienza a funcionar y el “Hospital Viejo” como se le comienza a llamar pasa a ser refugio de los menos afortunados; refiere el Historiador Martínez-Fortún en sus Anales que en enero de 1942 «En el viejo hospital se han alojado numerosos indigentes». Nuevamente retoma el tema en octubre de 1944, al referir: «Los pobres que se alojan en el viejo hospital lo van destruyendo, poco a poco. ¿Por qué no se habilitó para escuelas o juzgados?».

Al respecto dice la prensa local “Vocero Remediano” con fecha del 24 de julio de 1948 en un artículo titulado “El Hospital Viejo es un Foco de Infección”:

«El pasado día 15 del actual fuimos invitados a hacer una visita al hospital viejo de esta ciudad, el cual está convertido en una ciudad habitado por varias familias de mediana posición económica que por la gran escasez de viviendas han tenido que recurrir a ese lugar en busca de un humilde pedazo de techo para cobijar su cuerpo. Y con gran pena e indignación tuvimos que soportar el más bochornoso de los espectáculos ya que estos infelices viven una tragedia sin comparación en toda la historia de nuestra era republicana.

Patio interior del hospital.

No pudimos más que colocar un pañuelo en nuestras fosas nasales por no respirar el desagradable olor de la pudrición que por su cuenta corre en todo aquel infernal patio, foco de infección que las fosas o letrinas brotan por las roturas sufridas, pues permanecen sin limpiar desde hace largos años en las cuales se han venido depositando toda la inmundicia, productos de las reglas necesarias del cuerpo humano a diario.

En fin que todo este local tiene un aspecto de depósito de microbios de todos los tipos, donde no he en muy lejano días, si no se toma medida adecuada y urgente como lo requiere el caso, se desatará una terrible epidemia con grave peligro para toda la población, motivo que nos apresura para dar la voz de alarma para quien tenga por su cuenta ese establecimiento que lo dote de las reglas sanitarias o mejor dicho que haga un centro de limpieza y no un foco de infección como actualmente es.

Queremos llamar la atención al que está administrando ese local que ha de recibir algún beneficio de él, pues que al menos lo tenga limpio porque creemos que los que allí viven son personas y no animales.

De no limpiar debidamente ese local, nos veremos en el preciso caso de acudir a las autoridades Sanitarias para que actúen debidamente, y le sea aplicada las leyes al culpable de tan espantoso, asqueroso e inhumano caso

Pasado algunos años, con fecha del 27 de julio de 1949, Fortún anota: «Visito el viejo Hospital que me trae tantos recuerdos, se acaba, ocupado por indigentes hasta el zaguán, es un verdadero zoco africano, y se hubiese podido condicionar para oficinas o escuelas». Creo preciso señalar, que no es que el historiador fuera insensible para con los pobres que ocupaban el antiguo edificio, es que como médico laboró en el lugar durante sus años mozos y por tanto tenía un aprecio especial por esta edificación; además de ser un gran defensor del desarrollo local.

El 9 de octubre de 1958, durante una visita a esta ciudad; Fortún, quien ya residía en La Habana desde hacía años, se llega hasta el lugar, donde puede constatar que en el mismo vivían más de 200 personas en estado de miseria y algunas entregadas a la promiscuidad, una de las mujeres tiene 12 hijos, otra 13 y una tercera 17.

Pasadas algunas décadas, el autor de este articulo entrevista a una carismática remediana que habitaba el lugar, la ya fallecida María Clofet Rodríguez González, para los que el nombre no les dice nada, les diré que me refiero a la popular “María Pato”, quien me confiesa que nació en este lugar en 1957, el que fue su hogar hasta que cumplió los 12 años, o sea hasta 1969; otra de las confesiones es que su madre tuvo 14 hijos, por lo que fue una de las señoras a las que se refiere Fortún como madre de una numerosa prole.

María me cuenta en el momento de la entrevista, que su mamá tenía en este lugar, una cocina, un baño y un cuarto donde dormían todos; que a pesar del hacinamiento consideraba que había tenido una infancia feliz en el lugar.

Su madre Antonia para sostenerlos se dedicaba a lavar y a planchar “para la calle” y dentro de sus recuerdos, conservaba el hecho de que el Chino Lio, quien poseía carpintería y bodega en la calle Maceo, esquina a Cupertino García, llegada las navidades, les fiaba abundantes abastecimientos, los que luego le eran solventados por su madre a partir de los escasos ingresos con que contaban.

Imagen actual del lugar donde estaba el hospital

Otro de sus recuerdos era que cuando querían “salir para el pueblo”, su madre para evitarlo, los amenazaba con que los iba a coger Bernabé, quien tenía una Agencia Funeraria frente al Instituto, en la misma calle.

En la fecha indicada (1969), se trasladan a vivir para la Tenería de Gumersindo y Ricardo, situada en los terrenos donde se encuentran la Dulcería El Louvre y el Taller de la Empresa Pan y Dulces. Luego de vivir algunos años en este lugar, les entregan una casa de reciente construcción, situada en la calle Capitán Orestes Acosta, esquina a la del Paradero (Máximo Gómez). Como dato significativo María me confiesa que estas viviendas las entregaron con las puertas de sacos de yute y que hacia estas casas se mudaron varias familias que habían morado en el viejo Hospital.

En la segunda mitad de la década del 60 el “Hospital Viejo” fue finalmente demolido y en el terreno que ocupaba se edifican un total de 14 viviendas, todas de mampostería, cubierta de fibro-cemento y de un único diseño (situadas, unas frente a la actual nave del parrandero barrio El Carmen y otras al final de la calle Maceo, frente al terreno deportivo); las que fueron entregadas en 1965, según pudimos constatar en la propiedad de uno de sus propietarios, el también conocido “Juanito Lechuza”. La mayoría de ellas ya han sido divididas, producto de no haberse desarrollado en el municipio un verdadero plan de construcción de viviendas, capaz de enfrentar el constante crecimiento demográfico de las últimas décadas

Es notorio destacar que para la construcción de estos hogares, se empleó gran parte de los materiales que habían conformado cimientos, paredes y techos del viejo edificio; por lo que al final de sus días, le dio continuidad a otra obra de beneficio público para los remedianos.

Prensa Vocero Remediano 24 julio 1948

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