El Feijóo que no conocimos

Por: Erick González Bello y Juan Carlos Hernández Rodríguez. Miembros de la Unhic Sección de Base de Remedios.

Cuando se nace en Remedios –la villa de San Juan de los Remedios– se tiene la sensación de vivir un constante peregrinar por lo más recóndito del realismo mágico, si lo asociamos a García Márquez y su Remedios la Bella…; o de bruñir lo intrincado de una trama de lo real maravilloso salida de la pluma de aquel autor de arpas y sombras que un día dimensionó la cultura cubana para instalarla en lugares insospechados.

Sin embargo, podría ser un espacio más cercano al mito y a la sorpresa; a la risa y a la tradición; al embrujo y a la oralidad… Y, en tal sentido, habría que redescubrirla desde la dimensión feijoseana: aún no atrapada en su verdadera pluralidad, ni en lo auténtico de la dialéctica que se establece entre significante-significado y viceversa.

Cuando se retoma el legado e impronta de la cultura remediana en la fronda que nos define como nación, es imprescindible volver la mirada hacia aquel que podríamos definir como un miembro honorable de la pléyade de descubridores del folclor cayero[1] integrada por nombres ineludibles como Fernando Ortiz, Facundo Ramos y Ramos, Pedro Capdevila Melián y los hermanos Martínez-Fortún y Foyo.

Samuel Feijóo realizó una magna labor sobre el folclor remediano de la que, por cotidiana, apenas se habla. Su capacidad de visionario le permitió advertir, tempranamente, los peligros que se cernían sobre gran parte de la sabiduría popular gestada por el pueblo. Al respecto dijo:

En Cuba urge, y se sabe bien ya, rescatar, pluma y pentagrama en mano, desde los más humildes sones de monte y las más humildes canciones, trovas, tonadas, ritmos bailables, variaciones dentro de los géneros danzarios y los géneros danzario-cantores, para que no se pierda ni el último matiz original […] ¿Qué se ha hecho de la música del bujo de provincias, del teatro Alhambra? ¿Qué de los valsecitos y danzones del circo pueblerino? ¿Qué de los cantos de comparsas? ¿Qué de los cantos de charangas, de las guarachas que a montones surgían y surgen de labios del Guía de la orquesta popular, provincia tras provincia? ¿Qué de las hermosas, numerosas tonadas guajiras, las que entregan la décima del trovador o repentista de la décima? ¿Y los tumbao, los toques y los golpes variados?[2]

Las recopilaciones y antologías, aun aquellas que se quedan en la recogida del texto y no llegan a publicarse, permiten la recuperación (más allá del rescate) del acervo cultural de los pueblos «y de las historias de vida que siempre la acompañan, elementos indispensables para comprender sus significaciones estéticas y sociales».[3]

Su mirada siempre atenta advirtió la importancia de conservar y recoger los mitos y leyendas que formaban el mundo interior de la gente que no va a parar a los libros de historia. Precisamente, su monumental Mitología cubana atrapó en letras las picardías de güijes, el pavor que provocan las madre de agua, el clamor de las lloronas, el sigilo y sugestión que ejercen las casas embrujadas… y tantas otras criaturas que han poblado nuestro universo más esencial e íntimo. 

Su contemplación de fiestas como las parrandas lo llevó a tener una actitud que se debatía entre el celo y la veneración… Así lo recordamos… cuando, siendo pequeños, íbamos al parque y lo veíamos expectante, deslumbrado, testigo de un suceso que años más tarde sería reconocido como patrimonio cultural de la nación y, más recientemente, insertado en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Su halo de ser mítico impresionaba nuestro sensorium, imprimiéndole respeto y devoción, mientras lo veíamos de lejos, y lo seguíamos, y aguardábamos encontrarnos… Pero eso nunca sucedió.

Andando el tiempo supimos de su altura de prosista, ensayista y poeta. Cómo olvidar aquel Juan que colmó nuestras fantasías en un Pueblo Mocho cercano, tan colindante; o aquel otro Timbereta cuyas canciones eran conocidas… Sin embargo, un día ensordeció nuestras pasiones con un poema inspirado, intenso, que llamó Las Parrandas de Remedios.[4] Y en él deliraba:

   Oscuro el pueblo, cohetes

   Fantásticos llenaron de broncos rojos

   Y dibujos de oro macho el espacio

   Sembraron verdes en el espacio,

   Un campo verde instantáneo todo

                               Espacio.

     Después mataron

   De terror el cielo: una noche

   Completa hicieron estallar

   Y volar

   Con los estruendosos ladridos de los

                                   Diablos que

   Tiemblan en las constelaciones. La

   Tierra se elevaba hasta Casa de Yuca.

   Pleno día el cielo nocturno

                        Lleno de truenos.

   Noche al día, en la tierra

   Pueblo maravillado montando en

                           Potros de jacinto.

   El cielo lleno de caballos

   Reventados

   De relámpagos,

   Infinita carrera.

   ¡Estallan! El ruido se vuelve luz,

                                  Luz

   El ruido innumerable

   (Los gallos cantaron espavorecidos

   A las nueve de la mañana).

   Amanecieron dos paticos en el patio.

El acercamiento antropológico a la vida del ser humano-parrandero-folclorista-poeta, a través de un discurso oral, luego escrito, transmite el sentir comunitario de un pueblo que lo veneró… y de dos niños –hoy hombres– procurando acercarnos al Feijóo que no conocimos.    

Notas y referencias:

[1] Adjetivo que hace alusión y cualifica sustantivos inherentes a la villa del Cayo, nombre con el que se conoció la ciudad de Remedios.

[2] Feijóo, Samuel. «Sobre la necesidad de transcribir nuestras músicas folklóricas», Revista Signos 17, mayo-diciembre, 1975, Santa Clara, pp. 62-63.

[3] Azcuy Rodríguez, María Eugenia. «La poesía oral improvisada: patrimonio de la nación», en El Arte de la Fugacidad, la poesía oral improvisada en el mundo de lo simbólico, de Patricia Tápanes Suárez, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2008, p. X.  

[4] Compuesto por Samuel Feijóo en 1977. Apareció publicado en la Gaceta de Cuba, No. 152, enero de 1877, La Habana, p. 12.

1 comentario en “El Feijóo que no conocimos

  1. Gracias al sitio de los historiadores por permitirnos compartir una visión poco abordada sobre el maestro que fue -y es- Samuel Feijóo…

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