Santo Domingo. Historia de la fundación de un municipio villaclareño.

Autores: Wirson Fabero Rodríguez (UCM-VC); Carlos Albero Aguila Vega (Dirección Municipal de Cultura. Santo Domingo) y Madelaidys Díaz Hernández (UCM-VC).

La historia colonial del actual municipio de Santo Domingo en la provincia Villa Clara  tiene profundas grietas historiográficas que imposibilitan hacer en el orden científico cualquier tipo de análisis sobre lo acontecido en esta localidad entre 1819 y 1899.

Existe la investigación: Síntesis histórica del municipio de Santo Domingo  realizada por los autores principales: Alejo R. Basanta Hernández, Bárbara A. Benítez  Hernández y 9 colaboradores que aborda en su capítulo II la etapa colonial (1492 – 1898) donde se evidencia el  análisis agudo y coherente en el tratamiento de la temática por los investigadores. Sin embargo, por su carácter de síntesis no profundiza en determinados asuntos que se consideran medulares para la inserción de lo local en la región y de ahí su vínculo con la historia nacional. No se conocen de otros trabajos con la cientificidad requerida que aborden el tema y no existen publicaciones que corroboren la consolidación y desarrollo de este territorio en el período señalado.

De significativa importancia resulta conocer los acontecimientos, figuras, hechos, procesos y fenómenos en los que se cimentó el actual municipio. Allí se conformaron tradiciones, se encontraron y mezclaron los componentes étnicos que matizan hoy la comunidad. Las formas económicas que explican el desarrollo logrado en la producción de rones, azúcar y productos agrícolas. 

Por tanto, es objetivo de investigación: caracterizar la etapa colonial del municipio villaclareño Santo Domingo.

Desarrollo

El proceso fundacional del actual municipio Santo Domingo, en la provincia Villa Clara se inicia  en el año 1819. 

 La política española dirigida a propiciar el aumento de la población blanca en la Isla de Cuba, condujo a que el 21 de octubre de 1817 se dictara la Real Cédula para el fomento de colonos blancos en la Isla. Al calor de esta Real Cédula, que favorecía con la exención del pago de diezmos y otros tributos a los colonos que se establecieran, surgieron nuevas poblaciones en la Isla, Santo Domingo, Cienfuegos, Nuevitas, fueron algunas de ellas.

En el Boletín del Archivo Nacional (1923) se menciona que el 22 de Diciembre de 1818 la Junta de Población, fundada, por el antiesclavista Alejandro Ramírez Blanco, dispuso el pago de $ 20.000, en que el Sor. José Ricardo O’Farril remató la hacienda de Santo Domingo y, que casi un año después, en fecha 3 Noviembre de 1819, el Capitán D. Mateo Casanova tomó posesión de la misma, acompañando una memoria sobre la naturaleza de los terrenos. (p.2)

 De esta manera Santo Domingo y Fernandina de Jagua (Cienfuegos) se convirtieron en las dos colonias que en la jurisdicción de Santa Clara surgieron en 1819.

Venegas et al., (2006) plantea que los antecedentes más conocidos de la zona se asocian a su cercanía al antiguo Partido Pedáneo de Álvarez el cual fue en su momento un famoso “paradero” o sitio de descanso y abrevadero de las reses situado en el camino ganadero que avanzaba desde la llanura tunera hasta el sur de La Habana. (p.93)

 De San Narciso de Álvarez dice el historiador sagüero Alcover, (1905) que fue una hacienda comunera antiquísima de cuya merced no se tiene noticia alguna: no obstante, su Partido fue en tiempos primitivos uno de los más extensos de la isla a tal punto que en un momento llegó a abarcar casi la totalidad de los partidos que constituía la otrora jurisdicción de Sagua la Grande incluyendo a la misma Sagua y también a Santo Domingo al que después se incorporó hasta el día de hoy. (p.577)

Sin embargo, aclara el propio Alcover, (1905) que la merced más antigua de que se tienen noticias acerca de los terrenos que corresponden a la jurisdicción del actual Municipio Santo Domingo nos sitúa en las postrimerías del siglo XVI cuando el entonces cabildo de Sancti Spíritus determinó conceder a D. Antón Díaz la hacienda de Amaro en 1591. (p.575).

Santo Domingo no evolucionó con la rapidez que lo hizo Sagua la Grande (1812) y Cienfuegos (1819), a pesar de formar parte del mismo proyecto de este último asentamiento poblacional,  su condición de tierra adentro lo ponía en desventajas con los dos prósperos  puertos que se abrían desafiantes al norte y sur en el centro de la isla. Una característica de este extenso proceso de fundación, consolidación y desarrollo del pueblo devenido en municipio en 1879, y que constituye un obstáculo a considerar para las investigaciones históricas; es el haber nacido en la jurisdicción de Santa Clara y encontrar cierto esplendor económico perteneciendo a la Tenencia de Gobierno de Sagua la Grande donde quedó en los arreglos territoriales que tuvieron lugar en 1849. Se le suma a las complejidades de búsqueda de información en fuentes primarias  en la etapa inicial, la desaparición del poblado de Álvarez, el más cercano y mejor organizado en la localidad para ese período. Los archivos sobrevivientes a un incendio que tuvo lugar en 1842 de la Parroquia de San Narciso de Álvarez que datan desde 1794 se conservan en la Parroquia de Rancho Veloz.

Las fuentes primarias más cercana que se han encontrado hasta el momento, se han ubicado en las actas capitulares en el Archivo Histórico Provincial de Villa Clara, de las cuales  no existen referencias de haber sido consultadas por investigaciones anteriores.  Se añade  como inconveniente al proceso de búsqueda de información,  el retiro del acceso al público, por su estado de deterioro,  del Tomo X que agrupa las contenidas entre los años 1790 hasta 1819.  Por otra parte, el Tomo XI que inicia en el año 1820  se encuentra  prácticamente  ilegible. No obstante, como positivo,  el trabajo con los fondos informatizados de esta institución, ayuda con sus descriptores a la ubicación espacio temporal, además de otras informaciones de valor, a los investigadores para construir y fundamentar sus hipótesis.

La Junta de Fomento de la Isla de Cuba en sus informes y documentos ubica a Santo Domingo en la historia nacional: Noticias de la hacienda Santo Domingo, jurisdicción de Villa-Clara, sacadas de las actas de la Junta de Población. Este trabajo, publicado en el Boletín del Archivo Nacional en 1923 constituye una verdadera joya en la construcción historiográfica entre 1818 y 1843, tampoco referenciada por los investigadores dominicanos. Otras ponencias de esta institución recogidas fundamentalmente bajo la  autoría o supervisión del destacado médico y científico: Dr. Tomás Romay y Chacón, ofrecen datos de relevancia que permiten esclarecer algunas dudas que aparecen en las investigaciones de este tipo.

Entre las llamadas fuentes secundarias, la obra de Manuel Dionisio González: Memoria  histórica  de la Villa Santa Clara y su jurisdicción (1858), la de Antonio Miguel Alcover  y Beltrán: Historia de la villa de Sagua la Grande y su jurisdicción, (1905) y la de Enrique Edo, Memoria histórica de la villa de Cienfuegos y su jurisdicción (1861) por su amplio y profundo trabajo con las fuentes primarias se convierten en imprescindibles. A ellas, por su  valor extraordinario, se adicionan otras como la de Jacobo de la Pezuela: Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la isla de Cuba. Tomo Cuarto  (1866), Con Sagua, por Sagua, y para Sagua. Aportaciones a la Historia de Sagua la Grande, de José E. Pérez, (Pepe-Hillo), (1945); Anales de la Isla de Cuba. Diccionario Administrativo, Económico, Estadístico y Legislativo de Félix Erenchun, (1858); Memoria sobre el Progreso de las Obras Públicas en la Isla De Cuba. Desde 1° de Enero de 1859 a fin de Junio de 1865. Publicada por la Imprenta del Gobierno y Capitanía General (1866). Otras fuentes publicadas en el siglo XIX e inicio del XX completan la relación de textos propuestos.

De interés  también, en el análisis del estado actual de la temática, es el escaso o nulo tratamiento que recibe Santo Domingo en las obras de los más destacados historiadores cubanos sobre esta etapa: Ramiro Guerra y Julio Le Riverend, quienes  en sus magistrales análisis de procesos y fenómenos del siglo XIX lo mencionan pero a la vez lo excluyen, dirigiendo los argumentos de sus fundamentaciones, hipótesis y teorías a Cienfuegos, Santa Clara y Sagua la Grande, minimizando, quizás sin proponérselo, el papel de este espacio vivo y activo en todo lo que acontece entre 1819 y 1899 en el centro de estas tres ciudades. Fenómeno  que se reitera entonces en casi todas las investigaciones que le han sucedido a Manual de Historia de Cuba (Económica, Social y Política) e Historia Económica de Cuba, calando tan profundo el mal que ensombrece, para los dominicanos, hasta el contenido de los textos más importantes logrados en la provincia en pleno siglo XXI. No resulta extraño encontrar en libros, revistas y prensa  la presencia de  hechos, acontecimientos y personalidades nativas de Santo Domingo que hasta 1849 se le atribuya a la jurisdicción de Santa Clara y posterior a esta fecha a la de Sagua la Grande. La información no es errónea pero en la actualidad con las vigentes divisiones políticas administrativas es imprecisa.

Sobre lo acontecido en los primeros años del proceso fundacional existen algunas hipótesis que fijan la fecha de 1819 y se remiten en un salto histórico vacío a las décadas de los años treinta o cuarenta; y otras, que ponen en dudas el año 1819 como el de fundación. Los documentos encontrados recientemente en el Archivo Nacional de la República de Cuba esclarecen el enigma que tantas polémicas ha generado.  

En el Legajo No. 10 del Expediente  No 265, en el fondo: Gobierno General bajo el título: Antecedentes sobre la Colonia Neg.do de Estadistica, Colonia de Sto. Domingo (1853-1859) se explica que en 1819 tuvo principio esta Colonia por disposición de la Junta de Población Blanca. Nombrándose para su reparto y celo a los señores López Silveiro y Ramos, residentes en Villa Clara. Ahora, ¿qué sucedió?, ¿por qué no se inició un proceso igual que el que tenía lugar en Cienfuegos, Nuevitas y otros puntos de la geografía nacional   organizados por la misma institución? Pues, aquí primaron intereses personales de poderosos propietarios locales, fundamentalmente de la villa Santa Clara que obstaculizaron el desarrollo del naciente asentamiento poblacional. Certifica textualmente el documento que el:

veinte y dos de Julio de 1824 hicieron presente dichos Sres. á la Junta, que en el tiempo de cinco años solo se habian establecido quince familias, atribullendo tan precaria poblacion al valor escesivo que sedió á los terrenos, y á la falta de un agrimensor que los de lindase y midiese; suplicando dichos comisionados, que se les esimiese del referido encargo, por hallarse á la distancia de diez a doze leguas de este fundo, donde tenian su residencia y que en su lugar se nombrase á D.n Fran.co Arencíbia que habitaba en unas de sus haciendas distante tres leguas de Sto. Domingo.(p.28)

Evidentemente, las justificaciones utilizadas no explicaban la esencia de lo que sucedía realmente, argumentos que aparecen descritos  en otros informes rendidos por las autoridades que se crearon en la colonia de Santo Domingo, ubicados también en el Archivo Nacional. Esas especificaciones serán objeto de otros trabajos investigativos que en estos momentos se realizan.

Finalmente  la Junta de Fomento designó y facultó también a Francisco Arencibia para que impulsara los trabajos de reparto de tierra a nuevos colonos y la vigilancia del cumplimiento de la ley y el orden en la colonia, labor que desempeñó desde 1824 a 1829.

En la obra: Cuadro estadístico de la siempre fiel isla de Cuba, correspondiente al año de 1827 (1829) se registra:

Esta pequeña colonia no tiene aun población formalizada: los sitios y habitaciones de los actuales habitantes, están situados en varios puntos del territorio mas feráz de su comprensión.

A mediado del año de 1827 habia 40 casas de embarrado y guano y 56 de tabla y guano, 2 pulperías, una zapatería, 3 potreros, 72 estancias y sítios de labor, y una poblacion de 672 blancos. y 140 esclavos que son 812 almas. (p.76)

Y,  en Archivo Nacional (1923): se da cuenta del censo: hay 99. caballs. pobladas por 472 blancos; esclavos 81. asalariados 129; artesanos 30, suma 730. (p.167)

Donde se perciben las diferencias en la cantidad de habitantes pero se evidencia cierta consolidación en la ocupación del espacio geográfico e incremento de pobladores. 

La principal actividad económica en esa época era la ganadería, seguida por cultivos menores en los que se destaca el trigo y el tabaco y una reducida producción azucarera que a finales de1849 poseía 3 ingenios.

La consolidación de la región Sagua la Grande en la primera mitad del siglo XIX, impulsada por  la voraz oligarquía habanera, a través de Francisco de Arango y Parreño y el apoyo de otros influyentes personajes de la época, atrajo hasta esta zona, mayoritariamente, la concurrencia del capital habanero y matancero, y en menor medida el trinitario y villaclareño, desencadenando con el desarrollo económico la autonomía que logra definitivamente en 1844 cuando se separa administrativamente de Santa Clara, con su propia Tenencia de Gobierno. De todo este proceso se beneficia Santo Domingo por encontrarse dentro de la ruta trazada por los poderosos oligarcas cubanos respaldados por los representantes de la corte española en la isla, que tenían en él intereses invertidos o buscaban también sus propias ganancias. Fue la industria azucarera y el ferrocarril fundamentalmente quienes destacaron esta zona y para beneplácito de los dominicanos, cuando muchos creyeron un fracaso el intento de establecer una colonia de población blanca de pequeños y medianos propietarios, para contener el creciente número de esclavos, en 1849 en un nuevo arreglo de límites entre Santa Clara y Sagua, Santo Domingo  pasó a ser parte de la Tenencia de Gobierno sagüera, en la que desde un principio estaban incluidas las Capitanías de Partido de Álvarez y Amaro entre otras.

En 1860 precisa Alcover (1905)  el ferrocarril de Sagua la Grande se había extendido hasta Cruces pasando por Rodrigo y Santo Domingo. Este tramo lo unía con el puerto de Isabela por el norte y con Cienfuegos por el sur (p.137). Facilitando el comercio con el ya poderoso Estados Unidos y con América del Sur respectivamente. Así, Santo Domingo desplazó a Álvarez en importancia, con el consiguiente éxodo de sus habitantes hacia este lugar, que llegó a ocupar una posición privilegiada como centro de las comunicaciones de la región.

En 1871, según Deere et al. (1998),  el ferrocarril de Cárdenas hizo posible el enlace de Santo  Domingo con La Habana, pasando por Macagua en la provincia de Matanzas y luego por las inmediaciones de Álvarez.(p.132)  Se incrementa como resultado de estas transformaciones la urbanización en el territorio, se fundó el poblado de Rodrigo (1871-1872), el de Mordazo hacia 1875 y el de Manacas  en 1878, todos ubicados junto a las líneas férreas. Alcanzó en esta década como expresa Deere et al. (1998),   10 501 habitantes, 2 escuelas de primera enseñanza, 14 potreros con fincas grandes, más de 500 fincas menores (Deere et al., p.135)  y para 1877, según la Dirección General de Hacienda de la isla de Cuba (1877), el partido de Santo Domingo tenía 22 ingenios, a  los que se le sumaban 1 del partido de Álvarez y 20 del de Amaro  para un total de 43, lo que evidencia el desarrollo económico que había alcanzado. (p.33)

Se convirtió este pueblo entre 1860 y 1871 en el entronque de una vasta red ferrocarrilera, como lo pudo constatar  O’Kelly (1888), corresponsal del ” Herald “, quien escribió:

Al llegar al paradero de Santo Domingo, donde termina la línea del ferrocarril, lo encontramos lleno de una multitud curiosa que embarazaba el libre movimiento de los pasajeros quienes tuvieron que hacer los mayores esfuerzos para comprar sus billetes y atender á que sus equipajes fueran reembarcados para Las Cruces en los trenes de la otra línea. (p.29)

Tuvo la colonia un acelerado crecimiento poblacional producto del desarrollo que alcanza la industria azucarera en la región, desde los finales de la década del cuarenta, llegando a convertirse en 1856 según Erenchun (1858) en capitanías de segunda clase (p.1006), cesando por poder garantizar sus funciones y pagos de forma autónoma, como plantea Alcover (1905), los privilegios especiales de que gozaban los vecinos con arreglo a la real Cédula de 1817 (p.577)  y cumpliendo  la Ley Municipal del 21 de junio de 1878,  como describe Pérez, (1945): que autorizaba a todo territorio de 2,000 habitantes como mínimum para constituirse Municipio, si contaba con recursos para sufragar sus gastos. (p.34) en municipio.

El 1 de Enero de 1879 Santo Domingo forma su Ayuntamiento. La naciente municipalidad como expone Rousset (1918):

fue el resultado de la integración de tres de los seis partidos pedáneos que en 1843 constituyeron la otrora jurisdicción de Sagua la Grande: Álvarez, Amaro y Yabú y los barrios que en un principio la integraron fueron: Pueblo o Cabecera, Álvarez, Arenas, Baracaldo, Cerrito, Manacas, Mordazo, Puerto Escondido, Rio, Rodrigo, San Marcos, San Bartolomé y Yabucito Posteriormente en 1900 se le incorpora Cascajal segregado de Cartagena, y luego se le agregan Jicotea y Yabú en enero de 1902. (p.247)

Amaro fue un término municipal también en 1879, como expresa Alcover (1909), cuya cabecera estaba en el pueblo de Cifuentes, y al suprimirse este Ayuntamiento en 1901, por virtud de una orden Militar del Gobierno Interventor, el  barrio de Amaro le tocó a Santo Domingo. (p.42)

Lucha contra el colonialismo español (1868-1898)

 

Guerra de los Diez Años (1868-1878)

 

El 6 de febrero de 1869, se levantaban en armas los grupos revolucionarios de Las Villas, incorporando esta importante región a la lucha contra el colonialismo español.

Santo Domingo por la importancia económica que había adquirido la región azucarera de Sagua la Grande, donde se enmarcaba, y el aspecto estratégico que representaba el ferrocarril para el traslado de tropas y material bélicos hasta las zonas de conflicto, mercancía y las riquezas que servían de sostén a la guerra, fue convertido en una plaza militar con una nutrida presencia del ejército peninsular y voluntarios a su servicio.

Muestra de ello, fue el intento de tomar el pueblo, el 17 de febrero de 1869 por las tropas del mayor general mambí, Carlos Roloff Mialofsky, acción considerada por Cabrera, (2005)  como el primer encuentro de importancia después del alzamiento en la región central, que tuvo como desenlace, el fracaso de las huestes insurrectas que tuvieron que retirarse hasta zona de Rodrigo sin lograr su objetivo. (p.21)

Unos días después, registra Escalante et al. (2004), en fecha 6 de marzo, Roloff y sus tropas traban combate nuevamente con las tropas españolas, esta vez comandadas por Trillo Figueroa, acción esta conocida como Las Cuevas, efectuada en Amaro a unos 18 kilómetros de Santo Domingo. (p.125).

Otro ejemplo de la consideración ibérica de área baluarte peninsular, en esta zona,  fue la construcción y fundación en sólo 3 años (1872- 1875) de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de los Dolores, bendecida como nuevo recinto sagrado el 28 de noviembre de 1875 como símbolo de la fe católica, pero con ella, también los españoles quisieron lanzar un mensaje sobre su autoridad, dada las características en tamaño y fortaleza de la edificación en un lugar del interior de la Isla en pleno desarrollo de la Guerra de los Diez Años.

Juan Emilio de la Caridad  Núñez Rodríguez (1855-1922), nació el 27 de diciembre de 1855, en el ingenio San Francisco,  territorio dominicano, en la antigua jurisdicción de Sagua la Grande. Ingresó a las fuerzas independentistas en julio de 1876 con  20 años de edad y combatió junto al entonces Teniente Coronel Francisco Carrillo hasta incorporarse a la caballería del Regimiento Occidente, perteneciente a la Brigada de Cienfuegos, bajo el mando del General de Brigada Henry Reeve (El Inglesito), de quien fue ayudante. Con  grados de teniente, integró junto a su jefe, la Brigada de Colón y estuvo en Yaguaramas donde cayera el valeroso general internacionalista. Al frente de un grupo de valientes campesinos con grados de comandante se mantuvo en acción en la zona de Santo Domingo hasta que obligado por las circunstancias nacionales capituló el 18 de marzo de 1878. Este prócer fue combatiente de las tres guerras de independencia contra el colonialismo español.

En  la Campaña de Las Villas y Colón  desarrollada entre  1875 y 1876  protagonizada por el Brigadier Henry Reeve, sus tropas estuvieron en contacto reiterado con los territorios dominicanos. En estas tierras aplicó la tea  incendiaria reduciendo a cenizas cañaverales y propiedades de colonialistas, enfrentó y derrotó a tropas españolas como ocurrió el 26 de noviembre de 1875 en la línea central entre Cascajal y el Paradero de Rancho Negro o el  combate en Zacatecas el 10 abril de 1876.

 

Tregua Fecunda.

 

Chiquita  (1879-1880)

Inconformes con los resultados del Pacto del Zanjón y la capitulación de marzo de 1878, la familia Núñez Rodríguez continuó conspirando, lista para emprender nuevamente el camino de la lucha armada. A finales de agosto de 1879, cercano al inicio de La Guerra Chiquita, fue detenido Emilio y enviado al Morro de La Habana. 

Puesto en libertad y mandado a arrestar nuevamente para ser ejecutado sumariamente acusado de conspiración, logra escapar y, en circunstancias muy difíciles, llega hasta la finca “La Olayita” de propiedad familiar, cerca del poblado de Rodrigo, de donde parte en la noche del 12 de noviembre de 1879 hacia San Diego de Nigua (hoy San Diego del Valle), con varios hombres a cumplir la orden de la Junta Revolucionaria de Nueva York, de iniciar la lucha en Las Villas.

Su hermano mayor Bernardo Núñez Rodríguez, otro dominicano por nacimiento, sucedido el 25 de octubre de 1853, en el ingenio San Francisco, veterano también de la Guerra de Los Diez Años fue de los sublevados de “La Olayita” y con grados de Comandante cayó heroicamente, según Benítez (1955), el 17 de noviembre de 1879 en los campos de “Viajacas”. (p.8)

En territorios del municipio se desarrollaron varias acciones militares, la de mayor significación fue la de Lomas de Amaro, el 26 de diciembre de 1879, protagonizada por el entonces Coronel Emilio Núñez Rodríguez.

También sucedió en la zona, el 27 de mayo de 1880 que el brigadier cienfueguero Cecilio González Blanco, veterano del 68, luego de su arribo a Cuba desde el extranjero, había logrado llegar al pueblo de Santo Domingo, para desde este lugar, salir junto a sus compañeros Emilio López y Antonio Morfi, y entrar en campaña,  pero denunciado por traidores, una tropa de la Guardia Civil al mando de  Domingo Lomo los sorprendió cerca de un lugar denominado Sao de San Vicente y detenidos por el teniente Francisco Valverde fueron asesinados y después de identificados los cadáveres en Santo Domingo, fueron conducidos a Santa Isabel de las Lajas, incinerados y sepultados en el cementerio de esta localidad.

Fracasada la Guerra Chiquita el Coronel Emilio Núñez Rodríguez  se resistió a deponer las armas y se mantuvo en la manigua con unos cien hombres hasta que el 3 de diciembre de 1880 en que por instancias de José Martí a nombre del Comité Revolucionario Cubano, marchó a los Estados Unidos, saliendo por el puerto de Isabela de Sagua este mismo mes.

En Carta de Martí (1991) a Emilio Núñez  del  13 de octubre de 1880 le aconseja:  

[…] deponga Vd. las armas. No las depone Vd. ante España, sino ante la fortuna. No se rinde Vd. al gobierno enemigo, sino a la suerte enemiga. No deja Vd. de ser honrado: el último de los vencidos, será Vd. el primero entre los honrados. (p.163)

También en la década del 80, específicamente en marzo de 1884, tuvo lugar un alzamiento de cierta relevancia local en la zona de Rodrigo, protagonizado por Víctor Durán. Alcover y Beltrán lo asocia a la lucha de sectores autonomistas y el dominicano Aniceto Benítez lo relaciona con la captura del líder independentista Coronel Emilio Núñez Rodríguez que había venido del extranjero por Isabela de Sagua a conspirar y se encontraba prisionero. El objetivo de los rebeldes era liberarlo de las cárceles españolas y evitar su asesinato. Por una causa o la otra, Durán y sus seguidores fueron cruelmente masacrados: unos, cayeron enfrentando las guerrillas encabezadas por el Dr. Eugenio Lazo y, otros, fueron macheteados al caer prisioneros. Pocos lograron sobrevivir como describe Benítez (1955)  a la feroz persecución que se emprendió contra ellos. El cadáver de Víctor Duran fue exhibido como escarmiento en el poblado de Rodrigo. (p.12)

Encendido todavía el espíritu de lucha, no tardaron los independistas dominicanos en incorporarse a la organización de la Guerra Necesaria. Acompañado de sus amigos Pedro Rodríguez Mora y el Dr. Ricardo Pocurrull Oña, en diciembre de 1892, el  destacado patriota Gerardo Castellanos Lleonard, enviado por el Partido Revolucionario Cubano, visitó, en el ingenio La Esperanza, entre Santo Domingo y Rodrigo, a Francisco de Paula y Machado, un acaudalado hacendado que fuera condiscípulo suyo y que luego fue alcalde de Sagua, con el objetivo de incitarlo a incorporarse al movimiento revolucionario que Martí proyectaba en Cuba. Allí nacieron algunas entrevistas que se continuaron en la botica del doctor Rico, en Santo Domingo, y entre cuyos participantes se encontraban, además del Dr. Pocurrull, José Luis Robau López, el doctor Piña y los hermanos Núñez (Juan, Desiderio y Leoncio), así como un jovenzuelo que, por aquel entonces, estaba empleado en la botica de Rico y que resultó ser Emiliano Amiel.

Se destacaron también en estas peligrosas labores conspirativas en Rodrigo  José Sánchez Jorro, el licenciado Luis Mesa, Elvira Delmonte Lamar (Chacha), y Narcisa Rodríguez Bonau.

 

Guerra Necesaria. (1895-1898)

El día 3 de junio de 1895, como expresa Mazón (2016);

José Luis Robau, Ricardo Pocurrull y un nutrido grupo de valientes se concentraron en el puente de Jiquiabo, término municipal de Santo Domingo dando inicio a la guerra en Sagua la Grande. (p.26)

Durante este periodo de máximo auge revolucionario el territorio dominicano constituyó un importante espacio de participación activa de destacados líderes cubanos de otras regiones, quienes con sus tropas estuvieron en él, entre ellos: el General de División José Lacret Morlot, en 1895, así como el Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales durante el paso de la Columna Invasora a occidente y tras el combate de Mal Tiempo, acampó en un lugar conocido como Jagüey situado al sudeste y a corta distancia del poblado de Santo Domingo. El General en Jefe Máximo Gómez Báez que también estuvo Jagüey con Antonio Maceo, el 17 de marzo de 1896, cuenta Boza (1974), descarriló un tren en la vía férrea entre Sagua y Santo Domingo. (p.192)

Días antes, describe Escalante et al. (2004), el Brigadier José Quintino (Quintín) Banderas Betancourt combatió en la zona, en las cercanías del ingenio La Olayita el 29 de febrero y El Mamey, el 2 de marzo de 1896. (p.192)

La derrota de las fuerzas españolas en La Olayita motivó a las hordas colonialistas en arrebato de impotencia a consumar  una de las masacres más horrendas contra civiles en esta guerra. Más de veintitrés pacíficos, peones agrícolas y sus familias, empleados en el ingenio y hasta el administrador Braulio Duarte, ciudadano francés, fueron macheteados, tiroteados o quemados. No se respetó  ni sexo, ni edad, ni color de la piel. Un impactante relato recoge Grover Flint sobre lo que vio en el lugar días después de la matanza en su libro: Marchando con Gómez.

También en la localidad, la  noche del 18 de mayo de 1896  el  Coronel Francisco Pérez Garoz y sus tropas atacaron el poblado de Cascajal dejándolo parcialmente destruido y causando bajas al enemigo. Y el 7 de octubre, en el Colorado, un ingenio demolido situado a unos 10 kilómetros al S.E de Santo Domingo, las tropas orientales que trataban de avanzar hacia el Occidente al mando del Mayor General José María (Mayía) Rodríguez Rodríguez fueron atacadas por una columna española resultando herido, este distinguido  líder mambí en la pierna sana, lisiada de la otra por un balazo desde 1873.

Fueron muchos los hijos de este pueblo los que se lanzaron a la lucha en la manigua  y cayeron heroicamente enfrentando al ejército colonialista. El joven mártir teniente Eustaquio Delgado Núñez demostró el desinterés y amor a la patria cuando ofrendó su vida, como describe Franco (1997), el 5 de mayo de 1896, en Cañada de la Perra, Barrio Dos Ríos, municipio Quemado de Güines. (p.2)

En suelo dominicano el 15 de agosto de 1897 cerca de Cascajal cayó el coronel Enrique Armando del Junco Cruz Muñoz (1873-1897) que por su edad y ascenso postmorten a General de Brigada se convirtió en el General más joven de la Guerra del 95.Es natural de este pueblo Fernando del Río Leal  quien alcanzó los grados de Teniente Coronel en esta contienda.

Fue testigo este territorio del genocidio colonialista por la Reconcentración (1896-1897) dictada por el  General español Valeriano Weyler. En él se sufrió de todas las calamidades y muerte que trajo consigo tan nefasta medida.

La entrada oportunista de los norteamericanos en la guerra hispano-cubana (1898) y el despojo posterior de la independencia nacional tuvieron como escenario también la jurisdicción dominicana. Los campamentos levantados en Rodrigo y Amaro por  las tropas estadounidenses y su presencia durante el periodo de ocupación militar (1899-1902) evidencian las apetencias imperialistas sobre esta  rica región azucarera.

En Santo Domingo vivió, formó una distinguida familia y murió  Gregorio (Ibarra) Ramírez Laza quien fuera de los 16 combatientes del Alzamiento en Ibarra, ocurrido el 24 de febrero de 1895 y en el que participó Juan Gualberto Gómez.

 

Conclusiones

La Junta de Fomento compró en 1818 la hacienda Santo Domingo y fundó en 1819 una pequeña colonia, como parte de la  materialización del  proyecto nacional de fomento de población blanca en Cuba, concediéndole participación en los procesos y fenómenos más relevantes ocurridos en la región y el país en el siglo XIX.

A finales de la década del cuarenta se dinamiza el crecimiento poblacional, teniendo una mayor expresión en la del sesenta, proceso asociado a la llegada del ferrocarril y florecimiento  de la industria azucarera en la región.

En 1879, Santo Domingo se convierte en municipio y en sus territorios se destacaron combatientes de las guerras de  independencia y fue escenario de importantes acontecimientos históricos.

 

Referencias bibliográficas.

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  • Alcover M. (1909). La Villa de Sagua la Grande. “La Imprentas Unidas Historia” y “El Comercio Español”, Sagua la Grande.
  • Archivo Nacional de Cuba (1853-1859). Legajo No. 10 del Expediente  No 265, en el fondo: Gobierno General bajo el título: Antecedentes sobre la Colonia Neg.do de Estadistica, Colonia de Sto. Domingo.
  • Benítez A.  (1955). Apuntes biográficos de la vida del General Emilio Núñez Rodríguez. Editorial CONGRESO. La Habana.
  • Boletín del Archivo Nacional. Publicación Bimestral. (1923). Tomo XXII: Imprenta La Filosofía, La Habana.
  • Cabrera Cuello M. (2005). La guerra del 68 en Villa Clara. Editorial Capiro, Santa Clara.
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